Contra los equipos

Mi país es un partido de futbol. Todo es un arengar. Bancar la parada, hacer el aguante.  Chamuyar y resistir.  No sé si saben pero en otros países no existe el chamuyo. No existe el engaño, el convencer al otro. Chamuyar es eso, es vender algo que no es. Pescado podrido. El chamuyo argentino es engaño cruel, vil. La piolada, el amague.

El argentino siempre está orgulloso de quien es, orgulloso de su equipo. El argentino encara, mueve la cadera, le gana la espalda al defensor. El japonés solo quiere ganarte en velocidad, no te miente. EL argentino juega bien al futbol porque está en su naturaleza. Maradona metió ese gol increíble porque era el argentino original, el Adán del choripan. Pura cepa, chamuyador en movimiento. Infalible artista de la bola blanca y negra, del “voy por ahí, no, al final voy por acá”. El ultimo ajedrecista del tiempo y el espacio.

Mi país es una maquina de construir personajes, ídolos. En Argentina nunca se  eligió a los políticos por sus habilidades o sus condiciones. Se los elige porque sí, porque es del equipo de tus papas, porque nació en tu barrio. Hay un nexo inevitable entre el argentino y su partido político. El mismo tipo de vínculo que con su equipo de futbol. Todo es un ganar el campeonato, hacer puntos, sumar de a 3. Hoy perdimos un torneo de cuatro años. Pasado el alargue, esos 15 minutos donde todos se acalambran y ya nada es lindo, el partido que llamamos Argentina se fue a los penales del ballotage. Y todos sabemos que los penales se ganan por suerte o por un arquero que hizo trampa. Un papelito mágico que contiene los trucos, la matemática. El futbol se vuelve estadística, burda y organizada investigación (ese día en que nos gano un papelito tendríamos que haber aprendido algo). Todo es cuestión de si definiste el partido, si aprovechaste los tiros al arco. Una de las más interesantes leyes del futbol es la del karma que dice que los goles que no haces, te los hacen. Si no lo liquidas, si el relator no dice “partido liquidado”, estas en el horno. Te lo empatan y si te lo empatan, te lo ganan.

El futbol es una cuestión de camiseta. Y el peligro, nadie nunca lo dice, es que la camiseta te la podes sacar. La camiseta muta, te compran el pase. Defender los colores es una cuestión de temporadas, de si queres viajar y jugar en un equipo mejor. La camiseta es el contrato que firmes con tu representante. Más tarde o más temprano, la hinchada de uno se mata con la hinchada del otro equipo. Cada tanto algún muerto que quedo en el medio.

Mi país es un recital. Ir a una concentración política en la Argentina es como ir a River. Olor a pancho, canticos, alguno que resulta ser puto siempre. El que no salta es un inglés o la derecha o un gorila. Nenes que van arriba de los hombros de sus padres para ver al ídolo, para aprender quien es Spinetta, quien es Messi y quien es Cristina. Desde que soy chica no paro de agitar. En la calle, en el patio del colegio. En el living de mi casa. Salto. Grito. Le pido huevo a los jugadores. Aplausos, bengala y paty. Tomar una latita de birra en la marcha, fumarte un fasito en la vereda. Pines, remeras, bandanas. Caminar por el campo, escuchar a los músicos que te hablan. Colgarte la bandera en la espalda cual superhéroe del rock. Y siempre en algún momento el que canta te hace llorar porque te habla a vos en todas las edades, en todos los lugares donde fuiste feliz. La política en mi país, es música. Apela a la emoción y no a la razón. Mi país es un campo sin numerar donde no entendes porque algunos van a la platea.

Cuando una vive en un recital se cansa rápido. Te cobran cara el agua, te duelen los pies. Hay un olor raro, te empujan y es un bardo salir. Mi país es un recital en el que a veces la entrada te salió demasiado cara. No se escucha bien, no hay suficientes pantallas. Una voz se filtra en un sinfín de personas apretadas que creen, que cantan y le cuidan la espalda a la novia que tienen agarrada de la cintura. Y siempre hay una radio que relata los goles. Y te arrimas y seguís bancando una promesa y un juego bonito que no queres que se termine nunca.

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