Biografía de un Desconocido

Ellos alegran un instante de nuestras vidas, si vamos sin auriculares nos damos la vuelta para encontrar de dónde viene ese sonido y por más de que muchos no se tomen más de unos pocos segundos para apreciarlos ellos están ahí, de día, de noche y a veces todo el día.

En esta vida ansiosa y delirante donde todos corremos para subir a un vagón del subte que nos deja cerca de la puerta de donde bajamos, y que esto lo hacemos sólo con intenciones de  tomarnos otro colectivo, tren o para hacer combinación con otra línea, ellos no están corriendo, no están pensando en como solucionar un problema académico, laboral o económico. No están pensando en que se van a poner el sábado en la noche, ni en el chico o la chica que van a ver o que acaban de ver y que los vuelve locos de amor o de rencor. Ellos solo piensan en la delicadeza de repetir una vez más con la misma pasión que la primera vez esa nota que los llevará a otra nota musical.

Tocan el violín y el violonchelo, tocan el acordeón, la guitarra eléctrica, criolla o acustica, mientras que algunos otros solo cantan.

A veces no solo en el transporte público, sino también en alguna esquina añejada de Buenos Aires, allí un par de espectadores hacen ronda para verlos y a veces solo una sola persona se para a bancar a ese músico que estuvo en ese lugar por horas solo por pasión y para obtener algunos pesos para el día.

Así es como debajo de la escalera manual de la la línea B del subterráneo que lleva a cientos de personas todos los días de Juan Manuel de Rosas a Leandro N Alem o de Alem a Rosas está él, sentado en forma de indio mientras que a su lado se encuentra un estuche con algunos billetes no mayores a diez pesos, de cabello rubio oscuro y con una mirada perdida entre las notas que salen de memoria, Martín Palma toca el acordeón. Martín que con 20 años vino de San Luis a Buenos Aires solo para aprender teatro en la escuela de formación actoral Caliban.

Un dato curioso, cuántos mundos hay detrás de una persona, cuántos mundos uno jamás se pone a pensar. Probablemente muchos de nosotros pensamos que los músicos callejeros están todo el día de acá para allá con una guitarra solamente y es así como empezó esta historia, la misma que cuenta un pedacito de la vida de  un músico que aprendió a tocar el acordeón sacando notas del soundtrack de Amelie, disco que escuchaba desde los diez años. Pero que para poder hacerlo tuvo que aprender por años a tocar el piano de la mano de la mejor profesora del mundo. Olga muller, pianista de shop theme que con 85 años sigue tocando el piano para el mundo. Un mundo que pocos tienen el placer de conocer, pero un mundo infinito para ella, que quizás no sea la pianista más consagrada por los profesionales de la música. Pero si para Martín, porque no solo es una gran pianista, una gran profesora, es una gran abuela que por las tardes entre meriendas le enseñó el Don de apreciar la música, tomarla como un legado familiar, como una herencia que trasciende distancias y que le dió espíritu para llevar la música a donde sus sueños vayan.

Siete minutos de entrevista, para dejarse llevar e imaginar un poco el mundo de un músico desconocido que como un espíritu  libre persigue sus sueños, comenzando con un viaje, un estudio y más que una anécdota para contar de grande de los pasillos del subte de la línea B.

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