Vine por la chacarera

peteco1

Por @floma.
Fotos: Pablo Caputo.

Es de noche, cambio de quincena y adentro de Ciudad Cultural Konex se espera que empiece la peña. Sí, una peña, en verano y en la Capital Federal; pero no cualquiera, la de Peteco Carabajal.

– ¿Escuchás?–dice un chico de musculosa roja y le golpea el brazo a su amigo que está formando fila delante de la barra que vende bebidas.

–Algo. No entiendo muy bien de dónde viene. Creo que es de adentro pero hasta recién no había música –responde el otro agarrándose el brazo adolorido.

–Cada vez es más fuerte. ¿Es Peteco? ¡Seee! Chau, me voy adentro– grita y corre hacia el sonido.

En un instante, y a treinta minutos de la medianoche, el salón de la planta baja se veste de polleras largas con estampas floridas, bombachas de campo, boinas color beige, camisas cuadriculadas, sandalias y alpargatas y los infaltables pañuelos de colores. El mayor de los hermanos Carabajal, escondido entre las personas, hace sonar su violín a todo volumen para dar comienzo a una noche campera y a puro folclore.

***

Peteco, conocido como uno de los compositores referentes del género en el país -además de haber tocado con grosos como Mercedes Sosa-, fue la mente maestra de este encuentro nocturno en la capital porteña. Fue quien decidió hacer la movida, llenar el espacio vacío, convocar a los músicos. Ahora, ¿por qué?

Si bien durante el año existen lugares en los que el folclore suena y reúne a personas de todas las edades que desean bailar y cantar al ritmo de las bandas en vivo que lo interpretan, la aproximación a las fechas de carnaval provoca el éxodo de los conjuntos musicales hacia las diferentes provincias del norte argentino eliminando por completo a las famosas peñas porteñas.

Para el compositor era también una oportunidad para tocar temas nuevos –lanzó a mitad del año pasado “Caminos santiagueños”, su último disco solista en el que homenajea al lugar en donde nació y a su trayectoria musical-; y de interpretar las viejas canciones con su banda actual que es más bien eléctrica.

-¡Qué lindo que es! Su voz no envejece -dice una señora de cabello blanco que sentada en una reposera en frente al escenario del salón de las columnas del Konex, toma de la mano a su nieto un poco grandulón.

***

Una noche atípica. Porque es en el Konex y porque es una peña, aunque estén ausentes las comidas típicas pero estén presentes los nachos con queso. Aunque haya mucho fernet con coca y mucha cerveza pero, más que nada, se tome vino tinto.

Una fiesta de cuatro horas que dejó transpirados, pero de alegría, a un buen número de personas animadas a bailar y levantar la polvareda de la ciudad, divertidas por las chacareras, por los zarandeos y el zapateo del gato, y por el romanticismo que envuelve de las zambas.

peteco2

Vinieron no sólo por el cantautor –que abrió, acompañó a los músicos y cerró la noche- sino también por los otros artistas que subieron al escenario: Mavi Díaz y Las Folkies, Laura Ros, Demi Carabajal -hermano menor y también baterista de la banda de Peteco-, Anabella Zoch y Luis Gurevich.

***

–¿Querés bailar?– le dice ahora el chico de musculosa roja a una chica de su misma edad y vestida con pollera florida.

–No sé cómo –responde desanimada.

–Es fácil, yo te guío. Esto es una zamba –define con entusiasmo.

– ¿Zamba? Te juro que zamba, no. Chacarera es más fácil.

Quizás, lo que sucede es que la zamba, coreográficamente, es el ritmo más complejo. Parece un tanto histérico -visto desde afuera- ya que la pareja va de un lado a otro de manera impredecible, se miran a los ojos y menean el pañuelo que llevan en sus manos.

 “Ven, bailemos la zamba los dos solitos, quiero trampearte el alma con mi gualicho. Tu pañuelito al aire busca consuelo”, dice “Zamba de carnaval” de Gustavo “Cuchi” Leguizamón.

Quizás también este ritmo resulta difícil de llevar porque el contacto con el otro es inevitable y cuando se baila, el amor recorre el espacio. Intimida al que quiere tener pareja, al mismo tiempo que provoca el abrazo cariñoso entre los que no se animan a danzar.

-Vuelvo para la chacarera- dice entonces el varón animado aunque luego se aleja sin dirigir la mirada.

En las peñas, a diferencia que en los boliches, no se procede con insistencia, no se desespera. Se invita a bailar una sola vez y se promete la compañía de baile varias veces porque todo vale y todo se acepta. En el folclore, lo más importante, es compartir.

-No desesperes, va a volver y te va a sacar a bailar; sino, será alguien más – consuela la amiga de la de pollera florida. Ya tocarán otra chacarera.

historia

LECTURAS RELACIONADAS

Deja un comentario