Un viaje por el México gay

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Por Laura San José.

Mientras los presentan, el periodista mexicano Guillermo Osorno escribe algo en una hoja y se la pasa a Cristian Alarcón. Se conocen. Se tratan hace tiempo. Tal vez más de 20 años. Por eso se los ve como dos compañeros de banco en la escuela primaria. El motivo de la charla: la presentación de “Tengo que morir todas las noches”, la reciente publicación de Osorno, director editorial de Gatopardo, quizás la revista de crónicas más importante de América Latina.

“Este libro es una indagación, es una crónica de un viaje a lo largo de dos décadas”, empieza Alarcón. “La vida gay en México es muy distinta a Buenos Aires. Por eso la maravilla de leer este libro es sumergirse en ese otro mundo, en ese otro territorio ajeno: los gays de la elite mexicana. Memo –como lo va a llamar durante toda la charla- se atreve a indagar en las vidas de esas maricas, lejos de la perspectiva del gay como víctima”.

Alarcón habla de Osorno como si él no estuviera ahí. Le habla directamente al público que, en cantidad, se acercó indiscretamente a escuchar. El stand de México en la Feria del Libro es muy abierto, por eso a veces, solo por momentos, se escucha el eco de otras charlas y aplausos de otros públicos. Y, de a poco, se va a ir metiendo cada vez más, hasta invadir el espacio auditivo con un canto. Pero eso será después. Ahora solo genera una leve interferencia.

Cristian y Memo hablan de México. De México y de Buenos Aires.

- México es todavía más tremendo: machista, misógino y homofóbico. Así que imagínense cómo, en ese contexto, se gesta una especie de revolución nocturna que está guiada por un territorio que es una discoteca: el Nueve, el bar gay más popular de la Ciudad de México. Y también por un personaje, Henry Donnadieu – dice Alarcón poniendo la boquita en “u” para simular el acento francés que tan bien le sale– uno de los dueños del bar.

-Donnadieu – repite Osorno.

-Sí, ese. Un francés que está vivo, tiene setenta años y es un ser bastante digno después del reviente de los últimos cuarenta años de su vida. Lo cual nos da esperanzas a todos- suelta histriónico.

Osorno juguetea con la mano en su barba, escucha a su compañero de mesa y lo interrumpe:

-Conocí a Henry porque conocí el Nueve. Un lugar de muchas manifestaciones culturales del país, el centro de la vida gay en los años ochenta, de la contracultura, del pop, del rock. Era importante para mi generación porque después no hubo otro lugar así en la ciudad.

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Cuando Cristian Alarcón habla se le mueve el jopo. Porque gesticula, con sus manos, con su cabeza. Tiene puesto un saco turquesa, una camisa que deja ver en sus solapas dibujos color durazno, igual que sus zapatillas, y el pantalón beige. Guillermo Osorno es más leñador: camisa cuadrille y jean oscuro. Se vuelve a tocar la barba pero esta vez en una señal de la cruz: primero los pelos debajo de su boca, luego los de la pera, mejilla derecha, mejilla izquierda. Movimientos cortos, rápidos, tirando monedas al aire. Goza con el tironcito.

-Este libro nos lleva a otra zona de la cultura- dice Alarcón- nos obliga a desprendernos de un imperativo de análisis cultural donde todo está regido por una tensión entre clases sociales. Lo que dice Memo es “me cago en la ideología, yo les voy a contar cómo se vivió la vida nocturna en esta ciudad”. En México hay una represión altísima con respecto a lo gay, pero un grupo dice basta, yo la quiero pasar bien. Y esto es cultura, esto es Industria Cultural. Ahora estos putos se van a Acapulco – chicanea Alarcón.

-¿Alguno de ustedes fue a Acapulco?

Alguien dice sí.

-Un bajón. Este señor (por Osorno) nos cuenta en este libro, el Acapulco de oro: el que inventaron los putos.

- Lo que hice en este libro fue contar desde otra perspectiva lo gay- retoma la charla Osorno- toda mi generación, que es la generación del Nueve, fueron expuestos a un gay, a un travesti. Y eso fue mucho más educativo que un manifiesto político.

Lo que quiere explicar Osorno es cómo el grupo Café Tacuba, por ejemplo, un grupo de hombres “machotes”, fue a cantar al Nueve, territorio de gays, y cómo uno de ellos le gritó a los que están sobre el escenario “¡Bajate los calzones!”. La posibilidad de enfrentarse a lo distinto. Él dirá:

-A toda esa generación se los expuso a la diversidad.

-Me encanta el verbo que usaste: “los expuso”- le dice Alarcón.

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