Tener a Coetzee de compañero de banco

Por Mariana Liceaga. Aborígenes y colonialismo. Seminario de posgrado de Literatura australiana en Anfibia.

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La escritora Gail Jones dio su clase en la redacción

El miércoles pasado el auditorio de la Revista Anfibia funcionó como aula del seminario de posgrado Literatura de Australia: un programa de la cátedra a cargo del Nobel J.M. Coetzee en la UNSAM.

Veinte participantes –entre los que se encontraba el propio Coetzee vestido de pantalón y saco negros– escucharon atentos durante dos horas a la escritora australiana Gail Jones, una mujer menuda, de voz suave pero firme y ojos grandes verdes que miran atentos. Su trabajo se reparte entre la academia y la literatura: es autora de cuatro novelas que están atravesadas por la pintura, la fotografía y el cine, sus otros intereses. Jones exhibió los rasgos distintivos de la literatura aborigen de su país y los puentes o los diálogos que podemos establecer con la experiencia de nuestros pueblos originarios.

El recorrido que propuso Jones para conocer la cultura nómade que existía desde hace sesenta mil años, antes de que llegaran los blancos, incluyó pinturas de Paddy Japaljarri Sims. Estas reflejan la cosmovisión de los aborígenes: la diferencia de pensar el mundo donde la perspectiva del cielo y de la tierra está en el mismo lugar, donde nadie tiene posesiones y donde la manera de ver y mirar una historia está atravesada por una forma espacial y no por una progresión lineal.

La resistencia de los aborígenes también se escuchó en una elegía escrita por Oodgeroo Noonuccal, una mujer que relata el conflicto entre sistemas de creencias diferentes. Cuando llegaron los blancos y desplegaron sus acciones feroces había seiscientos grupos lingüísticos. Bill Neidgie fue el último aborigen en hablar Gaagudju, una lengua que se extinguió con su muerte. Este hombre también fue conocido porque hizo campañas en contra de la minería para la extracción de uranio. A través de sus manifiestos sabemos que los colones no les pagaban a los aborígenes con plata sino con víveres.

2Cuando los blancos llegaron a Australia trataron esas tierras como si fueran un gran basural y a los nativos como si fueran parte de la naturaleza, no como personas. Utilizaron la violencia física y epistémica para reducir la cultura existente al tratarla –según su visión europea y racional– como inferior: corrompieron sus lenguas, sus costumbres, sus dioses y creencias, su territorio y las relaciones trivales.

Los colonos impusieron sus leyes y nombraron las tierras como lo consignaba el derecho británico: terra nulis es decir, que eran tierras sin gobierno, sin soberano. Esto les permitía hacer lo que quisieran porque estaban desprovistas de un dueño.

“En Argentina –dice Alexis Panosso, un asistente al seminario– esto también se replicó con otras características, en la campaña del desierto primero, en la conquista del desierto después. ‘Desierto’ lo llamaron, cuando en realidad siempre hubo un grupo o varios que habitaron allí. Ya desde el nombramiento de esa campaña se los ultrajó, se los quitó de cualquier plano de humanidad”.

Entre los paralelismos de las acciones de los colonizadores de Argentina y Australia – Jones se mostró interesada en conocerlos y pidió ejemplos– sobresalen las similitudes estructurales. En ambos territorios, en los períodos de conformación de los Estado- Nación se redujo, desplazó, colonizó y ejerció algún tipo de violencia física y epistémica sobre ellas. En Australia se construyó una historia oficial alrededor del mito de la “nación blanca”, en Argentina, también. Las poblaciones originales fueron diezmadas y llevó mucho tiempo –aún continúa, por lo menos en nuestro país– que esta situación sea revertida y que se las reconozca desde todo sus ámbitos: político, social, territorial. En Australia recién en 1967 se reconoció a los aborígenes como ciudadanos.

“Los Qom son un ejemplo claro y concreto de la situación de poblaciones desplazadas, masacradas e invisibilizadas en nuestro país” –dice Panossi.

Mientras se desarrolla este charla en la sede de Anfibia, a esa misma hora, integrantes de la comunidad Qom y otras veintisiete grupos aborígenes, instalaron una nueva carpa junto a la grande que está en la avenida Nueve de Julio desde hace cincuenta días para reclamar por sus tierras y por la salud y la educación. El recorrido de Jones incluyó, sin saberlo, esos reclamos.

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4 Responses

  1. Bien!!! Qué bueno haber estado ahí. Besos!

  2. Me gustó la nota pero no leí nada de este escritor. ¿Por dónde empiezo?
    Felicito a la Universidad de San Martín por la iniciativa de traer a un Premio Nobel.
    Formo parte de un grupo de escritores en San Martín. Dos de mis libros han sido declarados
    de interés legislativo por el Consejo Deliberante. Hasta ahora sólo habíamos
    encontrado respaldo en la secretaria de cultura del partido de Tres de Febrero(gestión Hugo Curto).
    Es un orgullo haber empezado a formar parte de esta comunidad.

  3. Fernando, muy interesante lo que planteás.

    Silvia, te dejo un artículo donde la escritora Claudia Pineiro hace un recorrido por la obra de Coetzee; seguro te dispara alguna idea sobre por dónde empezar a leerlo! :) http://www.revistaanfibia.com/cronica/me-encantaria-escucharlos/

    Saludos!

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