Sueños de chicos

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Por @matias-mrp. Foto: Feria de Editores.

La última gran crisis de la Argentina de diciembre de 2001, con cinco presidentes en una semana, y un índice de pobreza que se engrosaba en el minuto a minuto, dejó un panorama crítico para la industria cultural. Crear un nuevo proyecto estaba más cercano a una escena del romanticismo del siglo XIX que un hecho criterioso. Sin embargo, entre tanta oscuridad, en Argentina aparecían las editoriales independientes.

La V edición de la Feria de editores Libro en Buenos Aires resulta un claro reflejo de lo que ha sucedido, a lo largo de estos años, en el mercado editorial de Argentina. 87 editoriales independientes de diversas provincias y temáticas estuvieron presentes el 6 y 7 de agosto en “Central Newbery” (Jorge Newbery 3599). Muchas por primera vez, y con esperanzas de volver a repetir.

Resulta una frase hecha que “de toda crisis, surgen oportunidades”. Pero mientras sucedan hechos que la ratifiquen, esta frase devenida en popular, permanece vigente.

Previo a esta crisis, durante los años 90’s las grandes editoriales como “Planeta” o “Random House” compraron a las medianas editoriales como “Seix Barral”, “Tusquets”, “Mondadori”, “Alfaguara” y tantas otras, convirtiendo el mercado editorial argentino (y también el sudamericano) en un oligopolio. La política de estas editoriales es, al día de hoy, no editar primeros trabajos de autores, lo que brindó a las editoriales independientes, en sus comienzos, una gran oportunidad.

Una de las primeras editoriales que surgieron fue “Milena Caserola”. Y su nombre rescata el valor del amor en tiempos difíciles. “Milena”, por la amada y musa del escritor Franz Kafka (y a quien dedicó sus más fervorosas cartas) y “Caserola”, por los “Cacerolazos” que eran, por entonces, el novedoso procedimiento de protesta social. La “s” en vez de la “c” en “Caserola” por puro azar. Un error de tipeo, del que no se pudo volver atrás.

El editor, y líder, de “Milena Caserola” es Matías Reck. Asume su rol en el mercado literario sin demasiadas vueltas: “Nosotros editamos autores ultra desconocidos”. No sólo los editan, sino que además los instruyen, en lo que a “editar” se refiere. En “Milena Caserola” se trabaja desde pulir el texto hasta definir el formato que tendrá el libro, el tipo de letra y el arte de tapa.

“Alguien tiene que editar los primeros trabajos de un escritor”, dice Matías Reck. Y así es, alguien debe darles la posibilidad a los jóvenes, o no tanto, escritores que recurren a “Milena Caserola” para poder dar su primer paso en el mundo de la literatura.

Francisco Garamona, editor de Mansalva discrepa en el concepto de “independientes”.  Respecto al mercado de éstas editoriales dice: “Somos editoriales dependientes; dependemos del público, dependemos de la buena voluntad general del planeta, se depende de todo”.

“Mansalva” nació como librería de usados en 2002, y en 2005 pegó un giro a la edición. “La idea de hacer una editorial es partir desde la idea de vivenciar una dificultad”, afirma Garamona. Con más de 150 títulos en su haber, la editorial se asienta en una realidad que le resulta cómoda y con un público propio. Agrega Garamona:“el que compra un libro de Mansalva es porque les representa algo en particular. La idea, más que de crear lectores es de crear compañeros; cómplices. Un club de lectura sin membrecía”.

Otro caso de una librería que comenzó a editar fue el de “Eterna Cadencia”, unos años después, en 2007. Por entonces los editores Pablo Braun y Leonora Djament (con pasado en “Editorial Norma”) unieron sus ganas por hacer algo diferente. A principios de 2008 salían a la venta sus primeros libros.

La variedad de autores extranjeros que publica “Eterna Cadencia” (Kobo Abe, George Perec, consagrados como James Joyce, etc), es una característica de la editorial y una gran noticia para los lectores más curiosos. Sin embargo no es en este punto donde buscan su diferenciación. “No me gusta pensarlo de esa manera. Como si publicáramos lo que los otros dejan de lado. Creo, en cambio, que nuestra diferencia es seguir pensando en términos de catálogo. Creemos que un editor diseña un catálogo, mientras hace malabares para subsistir económicamente”, declara Leonora Djament.

Algo muy distinto a estas ediciones más refinadas son la editoriales cartoneras. En este rubro la madre de la idea es la multipremiada “Eloísa Cartonera”. Una idea que tuvo el poeta Washington Cucurto en el año 2003, y que desafío al mismo arte: publicar narrativa y poesía reciclando la basura que arrojaba la sociedad.

En sus inicios, primero en la zona del Abasto y luego en La Boca, esta editorial se distinguía porque obtenía su materia prima (el cartón), comprando a los cartoneros que recorrían el barrio, y pagando por encima del valor del mercado. Con eso confeccionaban sus libros, que iban desde autores locales como de Sudamérica.

Este 2016 encuentra a Eloísa en su mejor momento. El 14 de febrero pasado inauguraron su local propio en el barrio de Almagro. “El primer sueño era la editorial en sí misma, su plena existencia, después todo lo demás es puro sueño” confiesa Cucurto.

El arte como respuesta

En épocas de turbulencias los más grandes temen tambalearse y caerse. Su respuesta a estos inconvenientes es aferrarse y evitar trastabillar. En cambio los más pequeños, que poco tienen para perder, pueden permitirse sucumbir en el intento de llegar al ojo del huracán.

El aporte de las editoriales independientes a la cultura argentina ha sido muy superior al reconocimiento y apoyo que el Estado les ha brindado. El aporte no se limita solamente a los textos publicados, sino también a la discusión artística que han planteado.

Cuando las grandes editoriales internacionales previeron las distintas crisis económicas que han sucedido en los últimos años, su respuesta fue ajustar sus tiradas de publicaciones, y abaratar los costos de edición. Hoy se exhiben múltiples ediciones de bolsillo con papel de baja calidad y letras cada vez más reducidas.

En el caso de las editoriales independientes, el arte de edición no es un tema “ajustable”. Francisco Garamona, dice al respecto: “Por amor al libro buscamos hacer buenas tapas, buenas cartulinas, que los blancos sean generosos. Generar un producto estéticamente bello”.

Matías Reck quita toda importancia a la editorial como entidad y habla de una obra de arte en su conjunto. “Uno puede hacer la tapa que quiera, y ponerle si quiere ‘Random House Mondadori’, o ‘Milena Caserola’. El libro es del autor y no puede ser que no tenga injerencia en la edición”.

Otra editorial reconocida por sus ediciones es el caso de Interzona, cuyo editor es Guido Indij, y es también buscada tanto por los autores, como por los lectores fetichistas. Por esta participación que le otorgan al autor en el proceso de edición,es que autores como el prestigioso César Aira (nominado para el Premio Nóbel de Literatura 2015), que cuenta con una producción de más de sesenta libros (el año pasado publicó dos nouvelles en Mansalva, por ejemplo) y elige publicar por medio de éstas editoriales.

Desafíos del 2016

Ni bien cambió el gobierno y se propuso desbloquear la importación de libros (Ley N° 25.446), lo primero que se escuchó decir por los medios fue: “Será un duro golpe para las editoriales independientes”.

“Mansalva publica libros que no están en las importaciones, esa demanda es distinta a lo que publicamos nosotros. Sí entiendo que al abrirse la importación van a llegar muchos libros que en Europa son saldos y van a venir acá como era antes”, responde ante ésta inquietud Francisco Garamona.

Para “Eterna Cadencia” el principal problema no son las importaciones. “Lo que está perjudicando verdaderamente al sector editorial en este momento es la enorme inflación que tenemos, el desempleo creciente y los salarios que no acompañan a la inflación y han producido en estos primeros meses del año una contracción de todo el consumo muy preocupante. Después podemos hablar de las importaciones de libros y de cómo promover políticas de fomento al sector editorial nacional: una cosa sin la otra puede ser muy delicado”.

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