St Pauli: lo que importa es el amor

Gegengerade

Por @gonzaloag.

El FC St. Pauli ha renacido. Aquel equipo fundado en el año 1910, famoso por tener una calavera en su bandera y por su filosofía política ha renacido. La génesis de esta historia data de mediados de la década del 80′, e implica una mudanza. Los terrenos de juego pasaron al muelle de St. Pauli, muy cerca de las calles en donde la vida nocturna de Hamburgo tiene lugar (Reeperbahn). Allí convergen las más diversas minorías que intenta ocultar la pulcra Alemania: prostitutas, okupas, inmigrantes, homosexuales, punks; los cuales viven en armonía junto a obreros y estudiantes. La esencia de este lugar es aquello que define a la institución. En los últimos años ha logrado tener una masa de seguidores cercana a los once millones alrededor de todo el globo y más de quinientos clubes de aficionados, todo esto generado más por sus políticas que por lo hecho dentro del campo de juego.

En esta nota no hablaremos sobre fútbol, sino más bien de valores. Como la famosa anécdota del 2012, en la que Marius Ebbers, jugador histórico de la institución anotó un gol con la mano que ponía al equipo en ventaja. Segundos después, Ebbers se acercó al arbitro para confesar el delito: el gol fue anulado. Por suerte, aquel partido se ganaría en el último suspiro con un gol de Ebbers. Un acto de justicia.

 

 

La mirada vanguardista y el accionar de sus hinchas, dirigentes y jugadores hacen que FC St. Pauli se destaque dentro de las instituciones europeas. “Los piratas del Elba”, como es su apodo, tienen un escudo no oficial: la bandera Jolly Roger, con el cráneo y las dos tibias cruzadas. Convergen en las gradas del FC St. Pauli ideologías heterogéneas, en las que podemos encontrar anarquistas, comunistas y socialistas. Banderas flameando con el rostro del “Che” Guevara, los colores  del LGBT, y una de sus marcas registradas: la esvástica tachada. Porque ante todo son antirracistas, antisexistas y antifascistas, según la rúbrica de su estatuto. Pues, tienen el privilegio de expresar que se convirtieron en el primer club del mundo en perseguir y prohibir toda actividad de carácter fascista o nacionalsocialista.

En una zona con alrededor de 23.000 habitantes, FC St. Pauli logra llenar su estadio, el Millerntor- Stadion, con capacidad para más de 29.000 personas en cada partido. Sumó una gran masa de aficionadas  gracias a su ideología pregonada, tanto en la teoría como en la práctica. Podemos remitirnos al año 2002, cuando retiraron del estadio la publicidad de la revista para hombres “Maxim”, gracias a las incesantes protestas de los fanáticos. Estos consideraban que las imágenes de los anuncios eran sumamente sexistas. También se destaca por contar con Corny Littmann, el primer presidente de una institución de fútbol alemán en declararse abiertamente homosexual.

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En cuanto al núcleo duro de la afición, a pesar de su rudeza, son sumamente altruistas. Los encontraremos en manifestaciones por causas de injusticias sociales, por ejemplo en apoyo a los desahuciados o ayudando a los necesitados mediante donaciones y demás.

Argentina también tiene su relación con el St Pauli. Hinchas de Platense armaron una peña, las Kumbia Queers y hasta jugó Gustavo “Cepillo” Acosta. El ex mediocampista de Ferro fue el primer futbolista latinoamericano en integrarse al equipo alemán.

FC St. Pauli es un caso que podría imitarse para salir del tedio actual, tan frío y especulativo que tienen las instituciones de fútbol en todo el viejo continente. El pensamiento mega capitalista y de derechas, de maximizar las ganancias al punto límite de exprimir al club y a sus aficionados, conservar las formas y tradiciones, ocultar la suciedad bajo la alfombra y demás no le hace bien al deporte que, al menos, en el muelle de Hamburgo está recobrando su frescura y descontaminándose de tanta inmundicia propiciada por los altos mandos de la FIFA y su gerontocracia que parece no tener fin.

Entrando a las gradas, vemos un mural en la pared. Son dos hombres besándose apasionadamente y por encima de ellos la frase, “Lo único que importa es el amor”.

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