Sou Todo Dia: la irrupción drag en el Carnaval de Brasil

Por Ana Iriarte

Son apenas las seis de la tarde pero el sol se refugió hace rato en Fortaleza; la playa Iracema brilla ahora iluminada por los reflectores del escenario montado para el primer día del Carnaval en Brasil. Arriba de las tablas, enfundadas en sus trajes de lentejuelas y tacos imposibles, sacudiéndose al compás de los hits del verano, brillan ellas también: las drag queens del colectivo As Travestidas, conformado hace dieciséis años, a cargo del show principal de la velada.

portada drag

La energía desborda el escenario y es infecciosa; es difícil resistirse a seguir el paso marcado tan hábilmente por caderas y percusiones hipnóticas. La multitud corea  (y en ocasiones aúlla) los conocidos estribillos que las artistas proponen, mientras las birras heladas y los besos quentes recorren las olas de jóvenes disfrazadxs que se forman hasta rozar la orilla del mar. El colectivo LGBTTI local subraya con orgullo la fluidez de géneros y la diversidad de amores presentes esta noche, desafiando las miradas extrañas bajo el amparo de las divas del escenario y de esa sensación poderosa de libertad que estas fechas siempre conceden. El paroxismo se alcanza cuando desde los parlantes nos llega el himno del Carnaval carioca de este año, interpretado fielmente por el Bloco das Travestidas:

“Eu não espero Carnaval chegar pra ser vadia

sou todo dia, sou todo dia”

 

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El hit del verano brasileño es fruto de una colaboración entre la drag queen estrella del momento, Pabllo Vittar, y Rico Dalassam, autodenominado el primer rapero gay de Brasil. Pabllo es hoy en día una figura indiscutida del pop internacional: imponiendo su voz y ritmo al verano brasileño desde hace un par de años, con hits como “Corpo sensual” y “K.O.” (con más de 275 millones de vistas en YouTube) revolucionó la escena drag local y se posicionó como una referencia a nivel mundial. Además de “Todo dia”, en este Carnaval protagoniza otro éxito, “Joga bunda”, con las también reconocidas drag queens Aretuza Lovi y Gloria Groove (la última dueña de su propio hit, “Bumbum de ouro”).

 

Con tan sólo 23 años, Pabllo encabezó este verano la scola de samba Beija Flor, una de las más populares del Carnaval de Rio, que se consagró finalmente como la comparsa ganadora de 2018, representando la promoción de la tolerancia como temática principal. La historia de esta joven drag queen nos trae hasta el nordeste brasileño, al Estado de Maranhao, el único de Brasil con más de la mitad de su población viviendo en extrema pobreza, donde fue criado por su madre enfermera junto a sus hermanas, tras el abandono de su padre. Hoy, dos de las tres canciones más escuchadas de Spotify Brasil cuentan con su participación, y ha colaborado con prestigiosos artistas internacionales (como Major Lazer, Diplo y Anitta) en numerosos hits. El pop y el funk que atraviesan su música, junto al mundo sensual que Pabllo construye con su voz y sus bailes (muy recomendable darse una vuelta por algunos de los videos de su canal de YouTube), tienen mucho que ver con la alegría y la irreverencia del Carnaval, con el placer de los cuerpos, el goce desprejuiciado de los sentidos. No es para extrañarse entonces que haya tantas drags en Iracema esta noche, arriba y abajo del escenario, encarnando lo mejor de la tradición de estas fiestas: cierta liberación de tabúes, prejuicios y reglas, que nos acercan un poco al Carnaval medieval estudiado por el estructuralista ruso Bajtin, esa segunda vida del pueblo, pero vida “festiva”.

El fenómeno drag que conquista y mueve Brasil ya casi no necesita introducciones, pero aquel que quiera comenzar a adentrarse en este mundo no tiene más que mirar en Netflix las primeras temporadas de Ru Paul´s Drag Race, el popular (y adictivo) reality show norteamericano en el que la drag queen más icónica de la última década, RuPaul, busca a la próxima estrella drag de Estados Unidos entre un grupo de talentosas y feroces competidoras. Fue este show, que Pabllo vio por primera vez con un novio suyo a los 17 años, la inspiración que llevó al brasileño a iniciarse en el drag. La cuestión de género atraviesa al colectivo drag por el vértice, no sólo por la diversidad de identidades de las artistas, muchas de ellas gays, travestis o transexuales, sino también por la reivindicación de cierta construcción de lo femenino que las drags realizan en sus transformaciones. Una finalista de la segunda temporada del reality de RuPaul, Jujubee, observaba al respecto: “No nos odian porque somos gays, odian que seamos femeninas. Ven lo femenino como algo débil. Hacer drag es una forma de empoderarnos siendo femeninas”. El drag es, a la vez, una forma de expresión artística y de empoderamiento, y algo más también. Tomar cualidades que son consideradas propiamente “femeninas”, y por tanto, “débiles”, para exacerbarlas, empujándolas más allá de sus límites, hasta crear con ellas algo nuevo, hermoso, audaz: ése es el gesto rebelde e incómodo del drag, tan femenino como poderoso.

Sin embargo, no todo el año es Carnaval en Brasil: el país es líder en la región latinoamericana en violencia hacia las minorías sexuales, contabilizando un total de 387 asesinatos violentos de personas LGBTTI en el 2017, un 30% más que el año anterior, según un estudio reciente del Grupo Gay da Bahia (GGB). Además, de acuerdo a la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra), el año pasado un total de 179 travestis y transexuales fueron asesinadxs en territorio brasilero, 69 de ellxs en el Nordeste, donde se encuentran Fortaleza y Maranhao. Esta realidad es frecuentemente denunciada por las drags más famosas: Gloria Groove declaró conocer los riesgos a los que se expone al salir al escenario como queer, femenina, y drag queen no-blanca en el país que más personas LGBTTI mata en el mundo, y Pabllo Vittar señaló en una entrevista reciente para la revista Rolling Stone la contradicción que implica la violencia transfóbica en Brasil y que una drag esté en la cima de la escena pop al mismo tiempo.

La situación en Argentina, lamentablemente, no es muy distinta. La expectativa de vida de la comunidad de transexuales, transgénero y travestis en nuestro país no supera los 35 años, y la ley de cupo laboral trans aún no ha sido reglamentada. Esta ley fue impulsada en provincia de Buenos Aires por la activista trans Diana Sacayán, cuyo travesticidio cometido en 2015 ha alcanzado la instancia de juicio oral en estos días. La comunidad trans de Argentina formó parte activa de la Asamblea de Mujeres que preparó durante febrero el paro y la marcha del 8 de marzo de este año, y lxs activistas de la comunidad pidieron que su participación sea en sus propios términos: elaboraron un documento propio para el acto del 8 y reclamaron que el crimen de su compañera de lucha fuera presentado como un “travesticidio”, figura legal nueva, y no un femicidio (como en el documento original del acto), respetando la identidad de género de Diana.

Gloria Groove sintetiza esta realidad, en Brasil y en Argentina, cuando afirma en una entrevista a Revista Zoeira que para ella ser artista es también una forma de resistir para mantenerse fuera de las estadísticas, esas que señalan que sus hermanas trans no viven más de 30 años.

¿Qué significa entonces el fenómeno drag en Brasil y el éxito de Pabllo Vittar? ¿Estamos realmente ante un cambio cultural o apenas una mayor tolerancia hacia ciertos “casos testigo”? ¿Qué relevancia cobran estas cuestiones, hoy tan visibilizadas, una vez que termina el Carnaval? Más allá de la concientización acerca de las problemáticas de la comunidad de trans, travestis y drags, ¿se ha avanzado en algún cambio concreto de los que la comunidad demanda? ¿Son escuchados y tenidos en cuenta sus reclamos y propuestas, en sus propios términos?

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Esta noche en en el escenario de Praia Iracema ella se luce y nos seduce a su propio ritmo: la Mulher Barbuda forma parte hace tres años y medio del colectivo As Travestidas y ya es una de las “queens” favoritas del público. Rodrigo Ferreira, como se llama cuando no hace drag, en una entrevista a Diário do Nordeste destaca la importancia de la integración LGBTTI y de la explosión de la diversidad que se ve en colectivos de Carnaval conformados por trans, drags y travestis para que sea realmente el Carnaval de todxs. Rodrigo además propone a la comunidad LGBTTI ocupar el espacio público en Carnaval, como una forma no sólo de imponer respeto, sino también de naturalizarlo, de construir “puntos de encuentro”. “Nuestra presencia es una forma de cuestionar”, afirma, “necesitamos salir de nuestros guetos, andar por las calles juntos, en lugar de huir de ellas o buscar las nuestras”. La apropiación del espacio público surge entonces como una forma de resistencia y un principio de cambio, compartido, colectivo, urgente. En este sentido, un desafío planteado hoy en Brasil, en Argentina y en el mundo, es conquistar las calles para que sean de todxs, en Carnaval y todos los días. Y es que, como afirma cierto hit de este verano que  terminó hace poco, “Sou todo dia, sou todo dia”.

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