La película como una pintura

un viajero atrapado en un proyectil terraza y cielo

Julieta Benedetto critica “Un viajero atrapado en un proyectil”, de Luigi Voglino.

Largometraje para tres proyecciones en simultáneo –tres “cintas” paralelas que arman la escena sobre 27 metros de pantallas-, con concierto de la música original en vivo e instalación sonora circular 7.1, diseñada al estilo sweet spot para que los espectadores tengan una experiencia única de inmersión desde cualquier lugar de la sala. Así se presenta “Un viajero atrapado en un proyectil”, la opera prima de Luigi Voglino, quien como director, productor y sonidista apuesta en contra de la forma de realización y reproducción del cine actual.

La proyección de la película implica la utilización de tecnología de avanzada, sin embargo el eje no es lo espectacular, sino que apela a la contemplación de las imágenes como cuadros pictóricos. El cineasta en la entrevista que mantuvo con Anfibia, expresó la intención del trabajo es propiciar “algo de la unicidad de la experiencia de Benjamin, la discusión basamental de cuestiones estéticas de las obras de arte en la reproductibilidad técnica, es volver atrás eso” y agregó que también es una forma de oposición y rebeldía “negarse al dispositivo actual de las salas”.

El montaje de la película y el set up que Voglino desarrolló junto a Cristian Tapiés, se ajusta a los espacios donde se presenta. Los elementos que la componen no están editados en un master -o copia final-, sino que cada uno es una entidad autónoma que se pone en funcionamiento de forma simultánea en la exhibición. Y así, la música original, compuesta por Liza Casullo, Cho Wa, Ezequiel Spinelli y Mateo González Aguilar tampoco está grabada, la banda sólo puede escucharse en vivo.

La historia simple, romántica y trágica transcurre en una tarde. El joven protagonista – interpretado por Jada Sirkin-  atraviesa la ciudad para ir a una entrevista de trabajo, mientras piensa y sueña con un amor perdido que quiere volver a encontrar. Con preciso y tallado monólogo interior en off –sólo mantiene un diálogo por teléfono- recorre y deriva por calles, túneles subterráneos, trenes, ascensores, edificios, terrazas.

Fue rodada durante 6 años de forma documental, con largos planos secuencia, “sin intervenir en el movimiento caótico y no caótico de la ciudad”, esta obra se inscribe entre el naturalismo y el neorrealismo, y plantea una reflexión crítica sobre el cine en todas sus fases de realización. Con un equipo reducido, sin sonido directo –hicieron un registro posterior-, ni puestas de luces, y sin tratamiento ni corrección de color en postproducción.

Un viajero atrapado en un proyectil muestra “algo autóctono, lo que somos un poco acá” dice Voglino, quien relata en primera persona la situación que marca el final de la historia ficcional. El director logra captar algo del espíritu de época del ser urbano contemporáneo, al tomar como lienzo “la duración de la ciudad” para bordar una trama singular que pone al descubierto como el tiempo de la ciudad distancia en la cercanía, y propicia reacciones humanas descarnadas.

La duración como forma de tiempo es un concepto central. Duración y simultaneidad, son conceptos bergsonianos que la peli lleva a delante”, explica Voglino y cuenta que el título es una alusión al pensamiento de Henri Bergson “Es una hipótesis de la física, que planteó en una discusión cara a cara con Einstein cuando éste publica la teoría de la relatividad. Bergson se pregunta ¿pasaría con un viajero atrapado en un proyectil en relación al tiempo? ¿El tiempo es el tiempo exterior o es el tiempo dentro del proyectil? El personaje está atrapado en su cabeza, pero se sigue moviendo y esta todo el tiempo en la tensión de si el tiempo pasa o no pasa Porque mientras piensa en ella el tiempo no pasa. Y en un momento dice “me da miedo eso, que pase el tiempo que no pasa y no verte mas”. Y cuando toma la desición de salir al mundo exterior para ir por ella la realidad lo aplasta”.

un viajero atrapado en un proyectil ciudad 

En el libro “Pensar entre imágenes” Jean-Luc Godard dice “El cine es un instrumento de pensamiento original que está a medio camino entre la filosofía, la ciencia y la literatura, y que implica que uno se sirve de los ojos y no de un discurso ya hecho”. Agregaría también la técnica.  Asistir a la función abre la posibilidad de presenciar un juego complejo de fragmentación de este instrumento para que al ensamblarlo de otras formas, pueda revivir sus potencias.

Es una película que sólo puede verse en vivo?

Únicamente. Es una pintura, no hay copias. La película se ve con nosotros. El que la quiere ver, viene a verla

Es una rareza

Esto también tiene que ver con la tecnología y la apropiación de la realidad. En este momento en que parece que puedo tener todo siempre, o verlo, adquirirlo, comprarlo. Pseudo todo eso. Esta película dice no. No es posible. No es verdad, no se puede ver todo en Youtube o Netflix. No lo ves en una pantalla, no podrías escucharlo.

Tampoco puede verse en una sala de cine

Lo que hicimos fue oponernos a la forma de las salas que piensan en si mismas, para que entre la mayor cantidad de gente en un cuadrado. Rediseñamos eso en una forma circular, para que el sonido llegue de fuentes puras y se escuchen las variaciones, la espacialización del audio no en estéreo. La radicalidad del dispositivo se basa en que es un trabajo destinado a la experiencia concreta, que nos obliga al contacto con la gente. Estamos ahí, los músicos tocan, yo mezclo la banda en vivo, hay un ingeniero en sonido.

Es una postura crítica que difícilmente se lleva adelante, que la producción sea independiente hasta en la forma de exhibición

A veces no se reflexiona acerca del proceso y en un momento dado cedés y eso te pone en contradicción. Hice esto solo con una intensión de mundo, de no reproducir al mundo en automático. Y la sala y la forma en la que se reproduce la película forma parte de un principio automático. Si siendo cineasta, tratas de no ver, y destinas la mirada sólo al contenido, te destinas a los fines y te olvidas de los medios.

Sostener esa tensión es complejo y a la vez determinante.

Conozco un montón de películas que, siendo independientes y habiéndose filmado en mucho tiempo, terminan en un estudio estándar haciendo una película en dos semanas para poder presentarse y sonar en la sala. Decís llegue hasta acá, ya hice la peli, pasala ahí, no importa. Las cosas no cambian, en un punto, porque estás haciendo algo que legitima que no cambien.

Cómo llegas a decidir esta forma de proyección?

La cuestión de las pantallas y el espacio surgió mirando un terreno baldío, un recoveco entre edificios en microcentro en el cual quiero proyectar. Esta puesta está customizada medio como nave para la situación de sala, en el terreno son dos paredes enfrentadas. En lugar de ser un plano y contraplano, la gente queda en medio del conflicto, donde todas las cosas suceden un poco simultáneamente y al mismo tiempo progresan.

un viajero atrapado en un proyectil tren

El film transcurre en los antiguos trenes de la línea A del subterráneo, en una de las terrazas más altas de Buenos Aires y por algunas zonas de la ciudad, que ya no están. El tiempo es cercano a la contemplación de un paisaje con cortes abruptos a cero. Fragmentos en blanco y negro. Composiciones abstractas. Yuxtaposiciones. Tomas indescifrables. Imágenes casi transparente fundidas al negro, al blanco. Una voz en off con métrica cuidada, como huella de una canción. Múltiples capas sonoras. Silencios. Instrumentos y melodías que inciden y construyen una atmósfera cruda y profunda. Pocas palabras que regresan, sobre el amor, el tiempo, el trabajo, el campo y la ciudad, derramados grafismos de carteles, revistas, casas de lotería nacional.

La mejor experiencia posible de recepción no implica que sea fácil, cómoda, pasatista. El personaje no produce empatía, “está en el límite entre un personaje y una función. El espectador no tiene donde asirse”, lo describe el autor. El clima se tensa hasta la desidia. Uno sale del cine algo perturbado, las imágenes devuelven la realidad, aumentada, y el tren de madera que ya no está, árboles pelados contra el cielo blanco, las luces invertidas que parecen estrellas, la libertad del horizonte, lo que queda guardado como secretos recovecos en la mente.

En “Estilos Radicales”, un estudio sobre las películas de Godard,  Susan Sontag plantea algo que bien aplica a esta película, dice que “son sencillamente lo que son y también son acontecimientos que empujan a su público a reconsiderar el sentido y la magnitud del arte que representan: no son sólo obras de arte, sino actividades meta artísticas encaminadas a recomponer la sensibilidad total del público.”

Quien quiera verla, en abril, se proyecta en la sala A del Centro Cultural San Martín,  Sarmiento 1551, CABA-, los sábados 1, 22 y 29, a las 21 hs: y domingos 23 y 30, a las 20.

Duración: 77 minutos. Entradas $130

LECTURAS RELACIONADAS

Deja un comentario