¿Para qué invitás a McDonalds?

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Por Florencia Pacífico.

Una jornada para chicos en una plaza de Moreno se convierte en territorio de disputa contra el imperialismo. Un texto trabajado en el taller anfibio dictado por Sebastián Hacher. Fotos: Yani Miguel.

Es una tarde de sábado del último día de febrero. En la plaza de Villa Anita, en Moreno Norte, un par de chicos miran cómo crecen los castillos inflables sobre el pasto a medio cortar. Hay pocos juegos y nada de árboles ni bancos. Se asoman banderas y remeras que anuncian nombres de candidatos a intendente y gobernador: en todas se repite el dibujo de una mano con los dedos en V. La Comunidad Organizada y la Juventud Peronista están realizando una jornada para los chicos del barrio. Festejan el fin del verano. El sol brilla sobre un cielo todo azul, un gran día peronista.

De un 207 rojo se bajan Gonzalo y su novia. Él viste bermudas de jean, zapatillas blancas de lona y la remera de la agrupación a la que le cortó las mangas. Se mueve de un lado a otro, no termina de aterrizar. Tres chicas más salen del auto: maquillaje perfecto, pantalón de oficinista, camisa blanca con lunares y una letra M bordada en el bolsillo. Perón y McDonalds comparten la tarde.

Gonzalo tiene 24 años, estudia derecho, milita desde los 17 y es parte de la Mesa de Conducción de Comunidad Organizada. Del baúl del auto saca un bidón de 20 litros de jugo de naranja. No hay donde apoyarlo y él no pierde el tiempo: toca el timbre de unos vecinos y pide una mesa. Se la niegan, insiste. Consigue un par de cajones de cerveza y los acomoda armando un cuadrado. La plaza se va llenando de niños que hacen cola para saltar, para tomar jugo, para ser pintados por las empleadas de McDonalds. Ellas dibujan en sus caras antifaces, mariposas, pelotas de futbol, flores y corazones. El papá de Gonzalo, vestido de payaso, entrega globos de colores que tienen el logo de la casa de comidas.

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— ¡La chica me dijo que es gratis!—dice una nena de unos seis años que tironea a su mamá.

El festival está saliendo tal como fue pensado y Gonzalo se va aflojando:

—Viste cómo es, traemos castillo inflable, payaso, pero los chicos están contentos porque vino McDonalds. Con el liberalismo no se puede— dice mientras mueve la cabeza de lado a lado.

Cuando un año y medio atrás, él y otros compañeros se propusieron armar una organización, muchos dijeron que eran cuatro chetos que no iban a llegar a ningún lado. Hoy han crecido y vecinos no chetos se acercaron desde distintos barrios a militar con ellos. Formaron un frente de género compuesto por algunas mujeres del Programa Ellas Hacen, organizan jornadas de cine barrial los domingos y crearon una escuela de formación política virtual. Piensan que hacer política no puede ser sólo pegar carteles y se entusiasman cuando hablan de armado territorial:

— ¿Vos sabías que Obama tomó cosas del peronismo para ganar sus primeras elecciones?
— ¿Posta me decís?
— Posta. Yo al principio no lo creía. Pero parece que los yanquis estuvieron investigando distintos procesos revolucionarios de Latinoamérica y lo que más les copó fue la idea de comunidad organizada. ¿Sabés cómo es?
— No
— Cada nueve manzanas una casa peronista con un referente barrial y participación de los vecinos. Así se va armando el territorio.

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Mientras infla globos con un mini compresor de aire, Gonzalo habla por teléfono y combina detalles para mañana. Al día siguiente se abrirán las sesiones ordinarias en el Congreso. Hay que estar ahí, bancando a Cristina, cantando que no pasa nada si los traidores se van con Massa. Está empezando un año intenso y el desafío es posicionarse en el mapa político nacional sin descuidar el local. La disyuntiva está presente esa tarde en la plaza. Tienen que acomodarse para estar un poco en el barrio, entre globos, castillos y pochoclos y un poco en los micros, los cantos y las banderas del día que vendrá. Se sacan fotos junto a una bandera que dice que el que sueña solo, sólo sueña pero el que sueña con otros, hace historia. No tardaron en entender que para sostener el trabajo territorial, lo que importa son los vínculos

—Yo le dije “Normita, si todo esto lo pudimos hacer solitos, ¿vos te imaginás hasta dónde podemos llegar si nos juntamos?”— dice Lorena durante una reunión de la agrupación. Es presidenta de una cooperativa del Ellas Hacen y hace varios meses que milita con Gonzalo. Está contando una conversación que tuvo con la responsable de la dirección de la mujer del municipio.

—Lore, sos la reina de la rosca— Gonzalo sonríe con orgullo.

De repente todos ven un auto que estaciona en la plaza. Dos hombres se bajan, conectan un par de ampllificadores y empieza a sonar reggaetón

— ¿Y eso?
— Lo trae la gente de José.

José es un concejal que está con la Juventud Peronista. A veces, su equipo y la agrupación de Gonzalo hacen actividades en conjunto. Si alguien le pregunta a Gonzalo o alguno de sus compañeros “¿ustedes están con la Jotapé?”, lo más probable es que éste se encoja de hombros, mueva la cabeza de lado a lado en un gesto que dice sí y no al mismo tiempo y responda:

—Articulamos.

Articular quiere decir que son y no son la misma cosa. De la misma familia, pero con diferencias. Papas y batatas. El 2015 es un año de definiciones. Se lanzan candidaturas, se trazan alianzas. Se adivinan algunas lealtades y se desconfía de otras. Se especula quién irá con quién, quiénes se bajan. Militantes y votantes se debaten entre los gobernantes que quieren y los que sienten que podrán elegir. Mientras tanto, el trabajo del territorio se articula.

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Dos meses después, integrantes del equipo de José y la comunidad organizada comparten una reunión en el concejo deliberante. Guadalupe, que milita con José, recuerda el festival que habían compartido en la plaza de Villa Anita:

— ¿Cómo es la cuestión con McDonalds? ¿Qué hacían ahí?
— Nada, los llamás y vienen, traen jugo para los chicos, juegos- Gonzalo hizo una pausa y, adivinando la opinión de Guadalupe, continuó- Es medio gorila traer a McDonalds, es verdad. Pero hay que combatirlo desde adentro al imperialismo.
— ¿Para qué invitás a McDonalds entonces?- insistió ella con cierta indignación
— Y… Ahí entra el tema del trasvasamiento generacional. Si vos agarrás a los pibitos y le decís “No, en Mc Donalds no comás, porque son una multinacional que son una mierda y bla bla bla”, el pibe no te escucha. En cambio trayendo a McDonalds, los chicos se acercan.

Guadalupe arqueó las cejas.

—Al pueblo hay que darle lo que el pueblo pide- sintetizó Gonzalo.

Guadalupe no dijo más nada. No estaba claro, ni importaba, quién corría al otro por izquierda. Para Gonzalo, traer a McDonalds no era sólo una estrategia de marketing político, era ideológico.

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