Modern Love

frances-ha

Por Karen Montero @karenmontero

Foto: ‘Frances Ha’ (Noah Baumbach, 2012)

Anochece. La poca luz natural que queda evidencia la belleza de la pasión entre Carol y Therese, dos mujeres que coinciden en los años 50. En la habitación del hotel queda toda una noche por delante para amarse. Los labios de ambas se descubren para sentirse en su plenitud. Para liberarse y, a la vez, unirse una a la otra. Una, para dejar atrás un marido controlador. La otra, para evitar un novio incapaz de escuchar lo que no quiere oír.

De nuevo, anochece, pero esta vez a finales de los 90. Manuela, madre soltera, se sienta a cenar con su hijo Esteban de 17 años tras una jornada laboral más. En televisión emiten All about Eve, de Mankievicz. Esteban le confiesa a su madre que está escribiendo sobre ella en su cuaderno. De su padre solo sabe que su madre nunca ha querido decirle su paradero real. Un padre, un marido, un amante del que ella se emancipó hace ya muchos veranos.

En la ciudad de las luces también se pone el sol. Frances intenta fumarse un cigarrillo al lado del Sena, pero el mechero se ha quedado sin gas. El jet lag todavía le dura: duerme durante el día y sale de noche a horas intempestivas. Trata de airear sus ideas escapándose durante un fin de semana en París y de huir de la realidad de sus frustraciones en Nueva York. Frances es bailarina y es la protagonista de su propia historia.

‘Carol’ (2015), de Todd Haynes; ‘Todo sobre mi madre’ (1999), de Pedro Almodóvar, y ‘Frances Ha’ (2012), de Noah Baumbach, muestran una evolución de la realidad feminista entre los siglos XX y XXI desde la mirada cinematográfica. En Hollywood, a raíz del caso Weinstein, salieron a la luz numerosos casos de actrices acosadas por productores, directores y otros cargos de la industria cinematográfica norteamericana, lo que hizo replantear la tradición patriarcal de muchísimos países a nivel mundial. Fue el caso de España, que con el caso del juicio a La Manada por una violación sexual hecha durante los Sanfermines de 2016, se puso sobre la mesa el arraigo de la cultura machista que todavía pesa en este país, tan camuflado incluso en el propio mundo del cine, como escribía en octubre de 2017 la directora de cine Leticia Dolera. Estos casos han hecho visibilizar un problema de base común: la liberalización total de la mujer es todavía una utopía.

¿Y no es lo que sucede en cine, muchas veces, un espejo de las ganas de progreso de una sociedad? La voluntad de la liberalización de la mujer en tres épocas distintas nos sirve para desenfundar los problemas reales de una cultura tradicionalmente patriarcal con puntas de iceberg todavía por resolver. El director de ‘Carol’ traslada mediante una historia bellísima las preocupaciones de la protagonista, interpretada por Cate Blanchet, que se siente atraída por otras mujeres en los años 50 en Estados Unidos y decide divorciarse de su marido, acarreando consigo todas las consecuencias. Ella quiere a su hija por encima de todo, pero no puede tener una custodia compartida con su marido, que se atiene a una “cláusula de moralidad” para hacerse con la suya. Porque, según él, Carol ya no puede cuidarla. Ya no es apta para ser una madre modélica. Si él ya no puede poseerla como esposa, ella ya no podrá ejercer de madre.

La potencialidad de esta película y la de las otras dos mencionadas recae en la belleza expuesta en la libertad de la mujer en pantalla. En el caso de Manuela, la protagonista de ‘Todo sobre mi madre’, se entrevé en la superación de sus problemas cuando ayuda a otros y, así, soluciona los frentes abiertos que su pasado dejó latentes. Con 20 años, dejó a su marido en Barcelona y se mudó a Madrid para buscar un nuevo futuro embarazada de su hijo. Manuela se emancipó de un hombre que la limitaba y desconfiaba de ella por el simple hecho de ser mujer. Pero como dice más adelante el personaje de Antonia San Juan, “una es más auténtica cuando más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Almodóvar vuelve a acercar a Manuela a Barcelona para zanjar su pasado con vistas a reconciliarse consigo misma. Para tener la vida que siempre quiso. El director manchego logra romper los tabús machistas de una España tradicional y muestra un relato protagonizado por una mujer libre que una vez escapó de la jaula que suponía estar al lado de una persona machista.

Esto no ha sido un esfuerzo en vano: la visión de la mujer en la sociedad ha evolucionado entre los años 50 y 90 y, por suerte, es mucho más frecuente crecer con la naturalidad del feminismo, como se representa en ‘Frances Ha’, hecha y ambientada en la actualidad. Precisamente, esta es una película clave para el feminismo porque no hace falta que se hable de ello como tal: la manera de ser de Frances es la propia imagen de la mujer liberalizada. Las ideas sobre teoría de género y emancipación de la mujer están tan integradas en el personaje que casi pasan desapercibidas. Baumbach y Greta Gerwig -la actriz que la interpreta- no representan a una chica que va a la búsqueda de la felicidad mediante el amor, sino a través de sus ambiciones artísticas, rompiendo así los esquemas típicos de Hollywood. Una protagonista que refleja su libertad en una de las escenas más recordadas de la película, corriendo y bailando por las calles de Nueva York mientras suena ‘Modern Love’, de David Bowie. “God and Man don’t believe in modern love”.

A pesar de la oscuridad, siempre acaba amaneciendo. Las protagonistas de las tres películas aprenden a luchar, se superan, resuelven solas sus problemas. Aunque queden muchísimas brechas por solucionar y falte mucho para que desaparezcan los roles sexistas, el camino a la utopía conlleva un avance tremendo en temas de equidad. Como en ‘Carol’, cada vez se visibilizan más situaciones de opresión y culpabilización. Como en ‘Todo sobre mi madre’, cada vez salen más casos a la luz de maltrato dentro de una relación y de violencia de género. Como en ‘Frances Ha’, cada vez más mujeres se rebelan y viven libremente siendo ellas mismas. Bowie lo dejaba claro: aunque bastantes partes de la sociedad no vayan acorde a tus pasos de baile, hay que continuar bailando. Continuar para, finalmente, vivir en un mundo en el que el ser mujer no justifique el miedo a ser libres.

bannercronica

LECTURAS RELACIONADAS

Deja un comentario