uruguay

Elecciones: La fantasía del exilio a Uruguay

29 octubre, 2015 in Poder

uruguay

Por @xavier.

“Durante milenios el hombre siguió siendo lo que era para Aristóteles: un animal viviente y además capaz de una existencia política; el hombre moderno es un animal en cuya política está puesta en entredicho su vida de ser viviente”. Foucault

Este texto pretende reflexionar, a partir de la consigna surgida en Facebook de “Si gana Macri nos vamos todos a Uruguay”, no solo el hecho aislado –aunque actualmente haya cambiado la consigna a “Nos quedamos gane quien gane”- y su llegada, sino también la idea del exilio que estuvo en boca de varios personajes mediáticos de diferentes tendencias ideológicas.

Creer que una persona va a tirar abajo el país tiene lógica para aquellos que piensan que dos presidentes lo sacaron a flote. Y no que detrás se construyó un dispositivo, que a su vez es continuidad y reciclaje de dispositivos anteriores, que detrás se alineó una clase trabajadora, cediendo ganancias, pagando impuestos, dando la fuerza de trabajo como el vapor que mueve a la locomotora del progreso, y me refiero a las 8, 10, 12 horas diarias de trabajo. Sin dejar de mencionar las distintas organizaciones sociales, de las fábricas recuperadas, de los comedores, muchos de ellos hoy  burocratizados por el aparato estatal. Se genera una impotencia en el acto de votar -para aquellos que el resultado los angustia, además de los que no tuvieron posibilidad de participar en la interna de su partido-, o para decirlo de otra manera: la importancia del voto como única herramienta política del ciudadano.

Al parecer, esto deja como escenario posible, tener que abandonar el país. ¿De qué escaparíamos? ¿De la explotación? ¿De la prohibición? ¿De la mano dura? ¿De la destrucción de la cultura? ¿De la instauración del mercado? ¿A qué le tenemos tanto miedo? ¿Existe, fuera de nuestro país, la tierra de la felicidad? ¿Y por qué Uruguay es la imaginada como tal? ¿Desde cuándo da tanto asco la derecha? Esta fantasía del exilio, surge para atender la angustia que genera un posible cambio. Pero, ¿por qué la primera fantasía que aparece es la del exilio y no la de una revolución? ¿La de una lucha nacional y popular? Como si esa pelea ya hubiera sido dada, o tal vez el miedo es que sin un estado protector, si un estado a favor nuestro, no tendremos fuerza para vivir -para hacer valer nuestra vida.

Algo similar ocurre en la 6ta temporada de The Walking Dead: aparecen dos clases, los sobrevivientes, quienes están en lucha constante con los Zombis, y los residentes de Alexandria, una zona casi segura de los zombis. Cuando Alexandria es amenazada por estos, los residentes quedan expuestos: no saben defenderse. Esta zona es una comunidad forjada justamente a partir del exilio, y por ende de la exclusión de los zombis. Tal vez ahora que descubrimos que los Zombis neoliberales salen de sus tumbas y caminen entre nosotros, asuste un poco, y plantee esta necesidad de comunidad refugiada/exiliada/exiliadora de los otros. Es aquí que las instituciones se ven amenazas. Por supuesto, que el FPV, como dispositivo político, tomó la responsabilidad de refugiar a la comunidad amenazada. Hoy, las elecciones como hecho simbólico e imaginario, está estableciendo la derrota del pueblo. Y no solo esto, sino que un reclamo y un repudio surge, un pueblo herido que le reclama a los otros -los otros, que son votantes, y no humanos, zombis y no humanos. ¿Cómo podremos vivir bajo el mismo techo, hermanos tan distintos? Parece que nos enfrentamos a la clásica dicotomía católica: el bien contra el mal, Macri con los ojos rojos del diablo.

La idea del bien y el mal, la división de pueblo, y la constante redefinición del mismo, genera la pregunta obvia ¿Qué pueblo debería irse y que pueblo debería quedarse? A pesar del foco podría parecer Macri, como símbolo, representa un símbolo religioso con el cual identificar a los hermanos: nos horroriza quien está al lado nuestro, su estilo vida neoliberal, tan distinto al nuestro. En donde tal vez el exilio del pueblo, sea la mejor forma de negar ese otro pueblo, latente e intrínseco de nuestro territorio.

Quiero volver a un punto anterior, lo que da miedo son los cambios institucionales y de una concepción del mercado, que puedan introducirse en nuestras vidas. Es paradójico que ambos candidatos respondan a una lógica capitalista de mercado global (sí, es cierto que desde ópticas distintas), y que ambas posiciones esgriman argumentos similares recurriendo al pasado menemista, a la dictadura, a material de archivo. Pero esto ocurre porque el ataque no es hacia los dirigentes, sino más bien una batalla fanática, interna, nacional, popular e histórica. Entonces, de nuevo, la fantasía da cuenta de cómo imaginamos que va a ser nuestra vida de ahora en más: ¿cambiará nuestro trabajo? ¿nuestra forma de relacionarnos? ¿cambiará la idea que tenemos de cuerpo? ¿volveremos a odiar a los homosexuales? ¿le voy a empezar a pegar a mi hijo y a mi mujer para hacer valer la Ley? ¿cambiaremos la forma de vestirnos? Y si aparecen tantas preguntas, si aparecen fantasías, miedos, y pasiones, es porque estos más de 10 años, no nos son indiferentes en nuestra vida personal y cotidiana. Agamben habla de una forma-de-vida, en tanto que una vida es inseparable de una forma. Y la forma implica un modo de vivir donde se pone en juego la vida misma. Es este modo de vivir, el que define la vida, no como algo cerrado sino -en las propias palabras de Agamben- hacen del ser, un ser en potencia: vivir es una posibilidad y por esto mismo los “comportamientos y las formas del vivir humano no son prescritos en ningún caso por una vocación biológica específica ni impuestos por una u otra necesidad; sino que, aunque sean habituales, repetidos y socialmente obligatorios, conservan en todo momento el carácter de una posibilidad”. Apertura desde la cual, la política, entendida en un sentido más profundo, es intrínseca a las formas de vida de una sociedad. Qué pasa con los dólares, la educación pública, la devaluación, la inflación, no son preguntas más importantes que la de ¿cómo vamos a vivir de ahora en más? Intentar responderla, podría significar volverse sujeto político, en vida.

Otro eje que podría dar cuenta a este proceso de la última década, es ¿por qué un partido político, o mejor dicho una alianza, es capaz de destruir una década ganada? Que una década haya sido ganada, debería hablar no de un slogan publicitario de un partido político, sino de las conquistas sociales conseguidas, las cuales no deberían ser abandonadas por un cambio institucional, incluso ideológico de un gobierno, porque su origen mismo no surgió del estado (aunque luego se haya articulado en la lógica del estado), sino que surgió desde la necesidad popular, debido a un proceso mucho más extenso y anterior al menemismo, del cual todavía no nos hemos recuperado, desde donde “se ha vaciado de sentido a las instituciones”, según Ana María Fernandez. Sin embargo, vale la oportunidad preguntarse por las instituciones actuales, las públicas y las privadas, donde están y que forma-de-vida nos permiten.

La fantasía abre una posibilidad -nueva para algunos sectores y olvidadas para otros- que es la de la política como forma-de-vida, lo cual significa que no hay que votar a consciencia, ni útilmente, ni en blanco, sino que vivir ya es un acto político en su totalidad, lleno de potencia y posibilidad. Lo que hagamos en vida, en comunidad, depende de nosotros, donde las instituciones pueden ser una expresión de nuestra voluntad y no que -este es el gran riesgo- la instituciones, públicas y privadas, manejen y manipulen nuestras voluntades, limiten y determinen nuestra potencialidad. El esfuerzo aquí, ya no es solo reflexionar sobre una fantasía, sino el intento de devolvernos a nosotros -seres políticos, habitantes del mundo- la fuerza, la voluntad, la posibilidad de elegir de qué manera vivimos, nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, y nuestra historia.