Tomás Pérez Vizzón

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Faro verde en América Latina

13 agosto, 2018 in Feminismo

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Por @crisgarciacasado. Fotos: @akarinadelgadod.

La cronista española Cristina García Casado y la fotógrafa Ana Karina Delgado estuvieron en Buenos Aires el 8A. En esta crónica cuentan cómo la lucha feminista local inspira los movimientos de mujeres de América Latina y España.

“Alerta, alerta, alerta que camina. La lucha feminista por América Latina. Se cuidan, se cuidan, se cuidan los machistas, América Latina va a ser toda feminista.”

Agostina Guerra, una activista de pelo verde y bailarina por la legalización, lidera los cantos reivindicativos en uno de los techos que sirven de refugio en este miércoles 8 de agosto de lluvia, viento y calle. Nos hace un hueco. Somos una fotógrafa colombiana, Karina, y una periodista española, Cristina. Estamos de paso por Buenos Aires y nos acercamos a la vigilia porque queremos contar el eco del verde argentino en la región. “Qué lindo, siéntense.” El lema prende mecha enseguida. La siguen lxs amigxs, algunxs recién hechos, con los que compartimos resguardo. También prenden los cantos que se oyen por las calles aledañas a Callao. En la arteria porteña, la “alerta feminista” es uno de los temas más bailados en un boliche al aire libre con o sin paraguas. La zona pañuelo verde es la mejor fiesta que hay este miércoles en Buenos Aires.

Luca Hardmeier, “feminista y actor”, corre a sentarse al lado de Agostina. “Esta ley y el hecho de que haya tanta movilización es absolutamente necesario para generar el despertar de la militancia tanto en este país como en otros”, dice. “Por ejemplo, en Brasil se está volviendo a activar el tema, se empezó a mover la militancia, las marchas en las calles para legalizar el aborto, eso a lo que le decimos la ola verde, el faro verde, activar el movimiento del feminismo latinoamericano”, explica. La marea verde argentina se ha sentido en toda la región, con especial fuerza en Brasil y Chile, donde el aborto solo está permitido en caso de violación, riesgo en la salud de la madre y otras causales como inviabilidad del feto. Como en Argentina, que tras el NO del Senado, se queda con una ley de 1921.

El impulso verde en Argentina salta las fronteras y copa las luchas en otras partes de América Latina. En las tertulias debajo del “techito”, una sentada popular entre mate y fernet, se habla también de la violación grupal de “la manada” en España y de las dificultades para conseguir movilizaciones masivas como las porteñas en Colombia.

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– Yo creo que es más difícil militar el aborto en Colombia que en Argentina, ¿no?

- La autoconvocatoria es más complicada. Tenemos una lectura negativa de la actividad política, por eso que estas cosas se movilicen cuesta más. Pero lo que pasa en Argentina genera impactos en colectivos e individuos.

- ¿Influye la Iglesia como acá?

- Posiblemente más. Los mandatos morales sobre el aborto están más instalados, aunque la ley es similar a la argentina.

Karina Delgado, fotógrafa y cronista colombiana, ha encontrado un perfil poderoso de una de las amigas de Hardmeier, el actor feminista. Dejan el diálogo ahí. Yo, una periodista española nacida dos años después de la despenalización del aborto (1985, Ley de Supuestos), quiero contarles que no se puede dar nada por hecho, ni siquiera en mi país guardamos el pañuelo. En 2010, el gobierno socialista español hizo posible la situación actual: el aborto inducido está despenalizado en cualquier circunstancia durante las primeras 14 semanas de embarazo y, en los casos donde corra peligro la vida de la madre o el hijo, hasta las 22. Los conservadores del Partido Popular movieron cielo y tierra para modificar esta ley, pendiente aún del recurso que presentaron ese año ante el Tribunal Supremo. Esa formación tiene ahora un líder ultraconservador, Pablo Casado. Pero el Gobierno es de nuevo socialista. Y el que tiene más ministras (y feministas) del mundo.

De este lado del charco, en América Latina y el Caribe, alrededor del 90 por ciento de las mujeres en edad reproductiva vive en países con leyes de aborto restrictivas. En El Salvador, Honduras, Nicaragua y Haití está prohibida sin excepciones la interrupción voluntaria del embarazo. Las mujeres son víctimas tres veces: las violan, les prohíben abortar y las meten en la cárcel por agarrarse al único clavo ardiendo, el aborto clandestino. En Venezuela, Paraguay, República Dominicana, Costa Rica y Belice el aborto solo es legal cuando la vida o la salud de la embarazada corre peligro. Solo Uruguay, Cuba, Puerto Rico, Guyana y Guayana Francesa permiten abortar sin condiciones en las primeras semanas de gestación, con distintos plazos según sus leyes.

En el brote de virus del Zika de 2015 y 2016, una crisis que sacudió sobre todo a América Latina, hubo un debate intenso sobre el aborto, los anticonceptivos y el derecho de la mujer a que nadie planee por ella cuándo tener hijos. O no tenerlos. Puerto Rico, Ecuador, Colombia, República Dominicana, Jamaica, Honduras, Panamá y El Salvador pidieron a sus ciudadanas no quedarse embarazadas mientras hubiera zika. El Salvador exigió no tener hijos por dos años. El 56 por ciento de las gestaciones latinoamericanas no son planificadas ni deseadas, según la cifra con la que trabajan las organizaciones internacionales. El acceso a los anticonceptivos puede variar tanto como de entre un 47 % y un 7 % según zonas y barrios, indica la OPS (Organización Panamericana de la Salud).

Iglesia celeste e Iglesia verde

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Nos costó, pero finalmente llegamos a la zona celeste. Este miércoles Argentina estuvo dividida por una valla que cercó la plaza del Congreso en Buenos Aires. Las defensoras del aborto legal del lado norte de la ciudad, los antiderechos desde la zona sur.

– Cris, quita la pegatina del “Gracias Martha” de Anfibia del celular. Yo tengo otra en casa, te la doy luego. No la vayan a ver y tengamos problemas.

Le dije a Karina que sí, pero no lo hice. Bastante me había dolido tener que dejar el pañuelo verde en el balcón de casa. Tanto, que antes de dejar la zona pro ley de aborto legal me compré una remera feminista de Frida Kahlo. Con el pañuelo puesto pide “Abandoná a tu Diego Rivera”. Me cambié en un baño y la puse debajo de las mil capas de ropa que llevaba. Karina tenía razón, una psicóloga celeste nos miró con odio total cuando vio mi celular: le pedimos que nos tomara una foto entrevistando a Génesis.

A Génesis le pusieron droga en su bebida. Burundanga. Era la fiesta de una amiga. La primera a la que iba poco tiempo después de llegar a Argentina. Se pasa el día trabajando en un “chino”. Se lo pasaba, ahora está embarazada de dos meses y la han despedido. Es venezolana y está sola en Buenos Aires. Hoy se hizo una ecografía por primera vez. “Será niño -fantasea- y será un genio”. Génesis estaba confundida hasta este miércoles, siempre había tenido la idea de que el aborto era “algo que las mujeres hacían para tener una vida mejor”. Tras hablar con las psicólogas de Catedral de la fe, en un rinconcito de su puesto médico en la zona celeste, Génesis hasta cree en un Dios por el que nunca antes se interesó. “No soy de ninguna religión pero, ahora que me pasó esto a mí, siento que tengo que tenerlo”, dice.

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La Iglesia que estaba en la zona celeste era muy distinta a la del sector verde. La jovencísima monja Ana Laura Aranguiz, entre rap católico y canciones de misa, cuenta que está ahí para “defender las dos vidas”. ¿Y si a una niña la viola su padre o padrastro? -como a Mainumby en Paraguay-. “A una niña violada por su papá hay maneras de acompañarla, el aborto nunca es la solución”, defiende.

Al otro lado de la plaza del Congreso están las activistas de Católicas por el derecho a decidir, fundadoras de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En su puestecillo, donde huele a bife de chorizo y perfume, regalan pines con mensajes como “No es aborto sí o no, es aborto legal o aborto clandestino”.

“Nuestra organización nace a principios de los noventa. Tenemos asociaciones hermanas en diferentes países de Latinoamérica: Colombia, México, Brasil, El Salvador, Ecuador, Perú. Reivindicamos la teología feminista”, explica Angélica Peñas Defago, activista católica y docente en la Universidad Nacional de Córdoba. “Estamos en momentos diferentes, tengamos en cuenta la historia de Argentina pero también de otros países de América Latina. En los noventa seguíamos consolidando nuestros derechos después de la vuelta democrática, estábamos fortaleciendo nuestra lucha en los barrios y también dentro de las iglesias Hemos madurado. Pero las marchas de hoy también son producto de lo que pasó en los noventa y los 2000”, dice.

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El Código Canónico, en su última versión de 1983 respecto al aborto, “tiene permisiones más amplias que la mayoría de nuestras leyes en América Latina”. “El aborto –dice la activista- es una cuestión de conciencia entre la mujer y Dios. Si la mujer está en situación de miedo extremo y siente amenazada su vida y su salud, no corre el riesgo de excomulgación. No se conoce esto y es un texto oficial de la Iglesia”. Y no es casual, “la jerarquía católica se encarga de ello”.

Himnos panamericanos

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En un “minitechito” de Callao, cuando quedan solo minutos para el NO del Senado, la veinteañera Malena García enseña el “Alerta feminista” a un grupo de brasileñas llegadas desde Sao Paulo. Se conocieron unas horas antes caminando por Corrientes y ya la pronuncian con musicalidad porteña. Ahora es el turno de Malena (y nuestro). “Legaliza, é o nosso corpo, é a nossa escolha, é pela vida das mulheres”, cantan.

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“En Brasil, el movimiento es muy inferior a lo que ustedes tienen en Argentina. No hay un movimiento de masas, está restringido a un pequeño sector feminista. La gran mayoría de brasileños está aún en contra de legalizar el aborto, pero el número de oponentes es menor después de esta pauta marcada por Argentina”, dice la candidata al Senado brasileño Silvia Ferraro, adalid del aborto legal y seguro en su país.

Las Silvia, Malena, Angélica, Luca, Agostina, Karina, Cristina que soportaron el miércoles bajo la lluvia y el viento una derrota anunciada, se niegan a guardar el pañuelo verde. Alerta, alerta, alerta que camina. América Latina seguirá luchando. El revés del Senado es solo es un revulsivo: “se cuidan, se cuidan, se cuidan los machistas. América Latina será toda feminista”.

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La revolución de las hijas

2 agosto, 2018 in Feminismo

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Vivimos la previa del #AbortoEnElSenado en Anfibia. Las esperamos para conversar con Luciana Peker y las pibas del pañuelos, las hijas que pusieron el aborto en la mesa familiar, las que se cargan al hombro la política de los centros de estudiantes: Ofelia Fernández, Sofía Zibecchi,  Catalina Distéfano, Juana Garay. Lunes 6 de agosto a las 18 hs en Av. Belgrano 768 3°F, CABA.

Anotate mandando un mail a anfibiafeminista@gmail.com con tu nombre completo en el asunto

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K-popers

31 enero, 2018 in Cultura, Destacados

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Se cumplieron tres años desde la primera Talgui Fest, una fiesta de K-Pop, pop coreano, que convoca a más de seiscientas personas. Tomás Plibersek cuenta la experiencia. 

Por @totopliber (Tomás Plibersek).

Son las doce de la noche y una fila de una cuadra de pibes se forma en la puerta del boliche VOX, ubicado sobre la calle Hipólito Yrigoyen a media cuadra de la Avenida 9 de Julio. Van vestidos con ropa oscura, jogginetas, buzos de béisbol, gorras de visera, camisas a cuadro y gorros de lana. Algunos usan piercings en el labio o la nariz. Hoy se cumplen tres años desde la primera edición de la Talgui Fest, una fiesta de pop coreano, K-Pop, que se realiza una vez por mes. Esta edición se espera una gran convocatoria de más de seiscientas personas.

El K-Pop es un género musical proveniente de Corea del Sur que sienta sus bases en el pop, pero que está mezclado con recursos de otros géneros muy variados, desde el heavy metal hasta el hip hop. Nace a principios de los noventa como consecuencia de la influencia del pop europeo y el rap, hip hop y la electrónica norteamericanos. Esta apropiación de los estilos extranjeros empezó a finales de la década del cincuenta, con la conclusión de la Guerra de Corea en el año ’53, que marcó la separación en las dos Coreas que existen hoy: la del Sur, que se siente atraída por la cultura y forma de vida norteamericana y europea, y la del Norte, último bastión socialista que mantiene su industria cultural fuertemente aferrada a “lo tradicional”.

Sin embargo, el K-Pop es todo lo contrario a repetición. Su rasgo más característico es lógicamente el idioma, que se mantiene a lo largo de todas las canciones, a pesar de que, con la escalada mundial que ha vivido el género, los temas se suelen titular en inglés y tener alguna frase del estribillo en ese idioma. Más allá de eso, puede verse adentro del propio género una variabilidad de subgéneros o estilos propios. Bandas que recurren a los riff de guitarra y a los pelos largos, bandas con versos hiphoperos y ropa de beisbolista, solistas que cantan baladas románticas como Lionel Richie, pero los más populares son los grupos de varias personas, generalmente del mismo sexo. Porque el K-Pop no se trata sólo de la música, sino también de la presentación del artista y del show. Cada uno de los temas está acompañado por una coreografía que la banda ejecuta en los shows en vivo y en los videos de sus temas que se suben a las redes sociales. Los fanáticos pasan horas frente a las pantallas de sus dispositivos mirando los movimientos de sus ídolos, los practican en solitario, y se juntan una vez al mes a lucirlos en esta fiesta en la que únicamente se pasan temas de este género.

En la entrada está parado el organizador del evento. Se llama Maximiliano Kim, tiene treinta años y es descendiente de coreanos. Los habitué pasan y lo saludan. Es una celebridad: lo apodan Max. Usa una camisa negra lisa, jeans achupinados y lentes de marco ancho. Me dice que es empresario, pero no quiere especificar en qué rubro; más tarde me enteraría por otra fuente que tiene varias tiendas de ropa parecida a la que usan los que asisten a sus fiestas. Estudió Taekwondo, el arte marcial coreano por excelencia, gastronomía, hotelería y es barman y DJ.

-A mí el K-Pop mucho no me interesa. Yo no vivo de esto, en realidad pierdo plata.

-Pero si te da pérdida y no te interesa, ¿por qué lo organizas?

-Es que en realidad el K-Pop es más como una subcultura que va a durar, no es pasajero como el animé o las cosas japonesas.

-Tiene algo que ver con tus raíces, con tu familia…

-Sí, un poco.

En la fila, Adriel, un pibe de 18 años, me diría lo mismo. Estaba parado con un grupo de amigas, y mientras esperaba para entrar repetía los pasos de una coreografía.

-Por ejemplo, a mí sí me gustan las cosas japonesas. Yo sí soy otaku, pero ellas no, no les interesa. Lo que sí miran son por ejemplo son los dramas.

-¿Los dramas?

-Sí, son como novelas pero coreanas.

El drama coreano, o K-Drama, es un tipo de serie de televisión proveniente también de Corea del Sur, cuya estructura narrativa y temática es muy similar a las telenovelas occidentales, con lo cual fueron eficazmente exportadas a varios países del mundo. En Argentina, el primer caso fue “Jardín Secreto”, transmitida en el país de origen entre el 2010 y el 2011, pero que llegó a nuestro país recién en el 2015 en el canal Magazine. Después se transmitieron tres más; la última fue “Mirada de Ángel” el año pasado en Telefé.

Pero esa no fue la única aparición de la cultura coreana en la televisión argentina. En el año 2014, Marcelo Tinelli incorporó en su programa “Bailando por un Sueño” este ritmo en varias galas. Esta incorporación vino de la mano de la popularidad del tema “Gangam Style” del solista coreano PSY, que popularizó el ritmo en todo el mundo con su baile parecido al trote de un caballo. Sin embargo, a pesar de ser visto en la televisión y escuchado en los principales boliches del país, la expansión del ritmo fue sólo una moda pasajera que murió a mediados del 2015.

-Entonces no sólo les gusta la música.

-No, también la ropa, la comida y eso. Pero lo principal es la música. Somos K-Popers.

-¿Entienden la letra de los temas?

-Sí, muchas cosas sí. Es que las letras son parecidas, y si no entendemos algo usamos el traductor.

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Para los K-Popers, el sistema de ídolos es muy importante, tanto que reemplaza la letra de los temas. Ellos imitan a sus ídolos de la otra parte del mundo. Se cortan el pelo como ellos, usan ropa parecida, se delinean los ojos, se hacen peircings en los labios. Copian sus bailes.

El cuento es muy sencillo: en Corea del Sur, existen un par de empresas productoras, siendo S.M. Entertainment, YG Entertainment y JYP Entertainment las tres más importantes, que se encargan de producir no sólo los nuevos temas que van a salir en el mercado sino también a los nuevos ídolos: los aspirantes a miembro de una banda pasan por un extenso entrenamiento en donde se les enseña a cantar, a moverse y se les “corrige” el estilo para ser llamativo y atraer al público. No hay un tiempo estipulado para ser aprendiz, pero en cierto momento cuando “están listos” los postulantes debutan en un show en su país, filman sus videos musicales y los suben a YouTube. Y saltan a la fama.

Los shows suelen ser muy llamativos, llenos de luces, colores, humo y música frenética. Las empresas productoras invierten mucho dinero en producir los videos que los promocionan; es estratégico: ésta es la forma en la que sus artistas se hacen conocidos en todo el mundo.

El K-Pop es perfección, es llevar al máximo el detalle en el cuerpo esbelto y limpísimo, es moverse rápido en un ritmo programado y perfectamente sincronizado. Es color, mucho color y fluorescencia. Es llamar la atención.

El boliche tiene dos plantas. Son prácticamente iguales: paredes lisas color oscuro con dibujos extraños de calaveras, alienígenas, budas y dioses hinduistas de muchos brazos, una barra que vende tragos estándar y de baja calidad, un baño de azulejos blancos mojado y lúgubre y con las puertas de los inodoros rotas y llenas de inscripciones. No hay publicidades de cigarrillos ni de bebidas energizantes, sólo fluorescencias. En la planta baja, pasan música más tradicional: cumbia, reggaetón, algo de electrónica, hits conocidos por todos. En el subsuelo, “sótano” para el lugar, exclusivamente K-Pop. Mientras bajo las escaleras, me recibe un cartel escrito sobre la pared que las separa de la pista, en pintura fluorescente verde: “Otra noche en el paraíso”.

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Una pista de baile pegada a la cabina del DJ, bien iluminada, con luces blancas. Suena a todo volumen un tema en un idioma que no puedo entender, de ritmo rapidísimo y electrónico. Un grupo de pibes alrededor gritando de emoción. En el medio, ocho pibes bailan con envidiable sincronización una danza rápida, coreografiada. Hacen los difíciles movimientos todos a la vez, como si la hubiesen ensayado horas antes.

El tema termina. Todos aplauden y gritan. Las luces se apagan, la ronda se deforma. Cambian de tema. Los pibes se juntan, en sus grupos, a bailar un poco y repetir coreografías.

La ropa que antes era oscura, como oculta, ahora brilla. Afuera no había notado los detalles blancos de las remeras y los buzos, que acá adentro brillan por la luz fluorescente. En una esquina, una chica con varios tarros de pintura flúor de muchos colores, pinta los brazos, las manos, el pecho y la cara de los que se forman frente a ella. Después me enteraría que era parte del staff de la noche, junto con la fotógrafa.

Prácticamente nadie toma alcohol. El barman está aburrido, y cuando me acerco tímidamente a la barra, me saluda. También se llama Maximiliano pero tiene un aspecto diferente. Es alto y de espalda ancha, gordo, de pelo rapado a los costados y largo en el medio, con una remera blanca con muchos adornos. Parece sacado de otro lugar.

-¿Vos trabajas sólo acá?

-No. Vengo cuando me llaman.

-¿Y qué te gusta más?

-Y, acá. La música es una mierda. Pero la gente es buena.

-¿Cómo? ¿No te llaman la atención estos pibes?

-No, es lo más. Acá hay mucha buena onda. Te tratan bien, te piden todo bien. Hay mucha buena onda.

La música sigue sonando. Los pibes siguen bailando. Cada tanto, suena un hit que yo no conozco, y todos gritan de la emoción. La mayoría son mujeres, y no están vestidas como las del resto de los boliches “comunes”. No usan maquillaje, ni vestidos, ni calzas. Tienen un estilo más rebelde. Shorts, jogginetas, buzos y zapatillas suelen ser las preferidas, junto con polleras a cuadros como de colegiala. Pañuelos en la cabeza. Algunas vinchas con orejas de gato.

A mi lado, dos pibes conversan. Uno es se llama Yongoo, es coreano de Seúl y tiene el pelo rubio teñido con una raya al medio. Está en Argentina estudiando en una academia de música para aprender a tocar el contrabajo. El otro se llama Nicolás, es argentino, tiene veintiocho, una camisa manga corta con pintitas y baila tango en la misma academia que estudia Yongoo, de ahí se conocen. Le pregunto a Yongoo si entiende la música y si vienen acá para que él pueda estar más cerca de su cultura, de su juventud.

-Entiendo, sí, pero no me gusta. Yo estoy acompañando a mi amigo.

Nicolás me cuenta que el fanático del K-Pop es él. Lo conoció en su academia, a través de un amigo que participa de las competencias de Pump It Up, un juego de máquinas árcade que consiste en bailar un ritmo que aparece en una pantalla pisando unas flechas en el piso. Dice que la mayor cantidad de temas en este juego son de K-Pop, y que, como bailarín, cuando lo vio le llamó mucho la atención, y empezó a practicarlo un poco también, aunque no profesionalmente.

-Mi primer show de tango fue para la comunidad coreana cuando tenía 14 años. Pasaban música coreana, hacían comida coreana. Me gustó todo y me interesé. Después conocí el K-Pop y lo empecé a escuchar.

-¿Cómo lo definirías?

-Con los videos. Le diría a cualquiera que mire los videos.

Una chica desbloquea su celular. De fondo de pantalla tiene la foto de un cantante coreano. De ojos azules y pestañas largas, pelo corto, bien maquillado, y con un aro largo en una oreja. Abre WhatsApp y entra al grupo “Talgui Fest”. La invitación a ese grupo la había mandado días atrás el propio organizador, Max, a través de su cuenta de Facebook, y en la página de la fiesta. Lee los mensajes, lleno de emoticones. Se ríe y lo guarda.

Se me acerca un chico de remera roja con un dibujo grande en negro. Un flequillo largo le tapa toda la frente, para un costado. Tiene un pilón de tubitos fluorescentes, de esos que se enganchan con un tubito transparente. Me da dos y me los guardo en un bolsillo. De repente, miro como toda la pista se volvió fluorescente. Los tubos ahora son anillos en las manos de los bailarines, collares en sus pechos, coronas en sus cabezas. Y se mueven rápido, con ritmo, de golpe parecidos, sin que se vea la figura que los hace mover.

A las dos de la mañana, un animador sube a la cabina del DJ. Anuncia que esta noche, como muchos saben, se va a sortear una entrada para ver a KARD, una banda de K-Pop que se va a presentar en el Teatro Vorterix el 3 y 4 de Octubre. Anuncia que comienza la batalla de fandancers, con premios de 1500, 1000 y 500 pesos en efectivo para el primer, segundo y tercer lugar, respectivamente. Un fandancer, como se adivina de la palabra, es un bailarín amateur que se junta con un par de amigos y forma un grupo de baile tributo, copiando las coreografías de sus bandas preferidas. Aprenden a bailar entre ellos, entrenando solo con los videos de sus ídolos que ven en internet. Casi tienen un rigor profesional, de culto.

Gabriel baila en uno de los grupos que se presentan, los K-Jokers. Es morocho, alto y usa una remera de béisbol blanca con una gorra de visera derecha. Es bailarín casi profesional; estudia danzas clásicas y baila en festivales de hip hop, pero no vive de la danza. Se anota en fechas importantes, sobre todo cuando hay premios en efectivo, porque a él le interesa ganar.

-Lo diferente del K-Pop con los otros estilos de danza es la personalidad. Tiene que ser más marcada, más exigente. Es una danza mucho más técnica, con más compromisos.

-¿Se les complica la coordinación entre ustedes?

-Se hace con práctica. Hay que escuchar bien los temas. Pero lo fundamental es la amistad. Aporta mucho. A mí no me cuesta bailar con mis compañeros porque son mis amigos, y hay que hacer eso, ser amigos.

Bailan todos los fandancers; son cinco grupos. Algunos mixtos, otros sólo de pibes del mismo sexo. Tras cada ronda hay aplausos, ovaciones. La fiesta sigue.

Cerca de las cuatro se buscan los ganadores. El animador se para junto al DJ, y va pidiendo aplausos, grupo por grupo. El grupo SWITCH se los lleva todos, junto con el primer premio. Después, se sortea la entrada.

La noche del K-Pop termina a eso de las cinco. Termina de la misma forma que terminan otras noches de otros boliches en otros lugares. Gente yéndose, de golpe, del lugar en el que pasaron las últimas horas. Casi ninguno sale borracho, la policía no ronda mucho el lugar: sí están los patovicas, imponentes pero invisibles.

Los K-popers se van a su casa después de haber disfrutado de cinco horas en exclusiva de su música preferida, tan poco conocida para el común de los porteños. Cinco horas en las que sus ídolos de la otra parte del mundo fueron su centro, el lugar común. Cinco horas en las que se sintieron a gusto en un lugar que era para ellos, y no tuvieron que excluirse como hubiesen hecho en otro lugar. Cantaron un idioma que no conocen, bailaron una danza que les fue mandada por YouTube, gritaron por sus bandas favoritas.

En el piso quedan gotas y charcos de líquido flúor. Algunos tubitos no sobrevivieron.

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Foto 1: extracto del video del tema “DNA” de la banda BTS subido en YouTube / Foto 2: extracto del video “Cheer Up” de la banda Twice / Foto 3: Talgui Fest, Facebook.

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Nuevas teconologías: Las fronteras del arte

19 septiembre, 2017 in Destacados, Taller gratuito

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ACTIVIDAD GRATUITA – CON INSCRIPCIÓN PREVIA (CUPOS LIMITADOS)

Las nuevas tecnologías expanden las fronteras del arte. Robótica, algoritmos, aplicaciones, interfaces, pantallas. Los cruces que se producen en nuestras experiencias con el cuerpo, la realidad, el espacio y el tiempo permiten crear imágenes, perfomances y vivencias nuevas. En esta actividad gratuita que proponemos desde Revista Anfibia junto al artista digital Emiliano Causa veremos cuáles son los desafíos que tiene el arte frente a los cambios vertiginosos y constantes que nos trae el mundo tecnológico.

Fecha: viernes 29 de septiembre
Horario: 19 horas
Lugar: Av. Belgrano 768 (CABA)

Emiliano Causa

Fundador grupo Proyecto Biopus
Prof. Asoc Tecnología Multimedia I y IV – UNLP
Prof. Titular Informática Aplicada II y Artes Multimediales III – UNA
Prof. Sistemas Dinámicos II – Maestría Artes Electrónicas UNTREF
Prof. Investigación y Realización de Objetos en la Especialización de Teatro de Objetos – UNA Dramáticas
Director Laboratorio emmeLab Fac. Bellas Artes – UNLP
Coordinador MediaLab – CCEBA
Consultor a cargo del Laboratorio de Arte – DEAR Prov. Buenos Aires

Inscribite acá:

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Nuevas lectura de lo popular

19 abril, 2017 in Entrevistas, Investigación colectiva

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El trabajo de Denis Merklen entusiasma a varias generaciones de cientistas sociales y lectores en general. Orientado por una preocupación política sobre las clases populares, sus formas de movilización y los sistemas de protección social, viajará desde París, donde es profesor de la  Sorbonne Nouvelle – Paris 3 a Buenos Aires. En Anfibia presentará uno de sus libros más influyentes: “Bibliotecas en llamas. Cuando las clases populares cuestionan la sociología y la política”. Y, a días de las elecciones en Francia, discutirá con Pablo Seman sobre el panorama político actual. El encuentro es gratuito pero con cupos limitados, en  Av. Belgrano 768-3 F, el martes 25 de abril a las 19 hs. ¡Asegura tu lugar! Anotate en talleresanfibia@gmail.com.

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La película como una pintura

30 marzo, 2017 in Cine, Destacados

un viajero atrapado en un proyectil terraza y cielo

Julieta Benedetto critica “Un viajero atrapado en un proyectil”, de Luigi Voglino.

Largometraje para tres proyecciones en simultáneo –tres “cintas” paralelas que arman la escena sobre 27 metros de pantallas-, con concierto de la música original en vivo e instalación sonora circular 7.1, diseñada al estilo sweet spot para que los espectadores tengan una experiencia única de inmersión desde cualquier lugar de la sala. Así se presenta “Un viajero atrapado en un proyectil”, la opera prima de Luigi Voglino, quien como director, productor y sonidista apuesta en contra de la forma de realización y reproducción del cine actual.

La proyección de la película implica la utilización de tecnología de avanzada, sin embargo el eje no es lo espectacular, sino que apela a la contemplación de las imágenes como cuadros pictóricos. El cineasta en la entrevista que mantuvo con Anfibia, expresó la intención del trabajo es propiciar “algo de la unicidad de la experiencia de Benjamin, la discusión basamental de cuestiones estéticas de las obras de arte en la reproductibilidad técnica, es volver atrás eso” y agregó que también es una forma de oposición y rebeldía “negarse al dispositivo actual de las salas”.

El montaje de la película y el set up que Voglino desarrolló junto a Cristian Tapiés, se ajusta a los espacios donde se presenta. Los elementos que la componen no están editados en un master -o copia final-, sino que cada uno es una entidad autónoma que se pone en funcionamiento de forma simultánea en la exhibición. Y así, la música original, compuesta por Liza Casullo, Cho Wa, Ezequiel Spinelli y Mateo González Aguilar tampoco está grabada, la banda sólo puede escucharse en vivo.

La historia simple, romántica y trágica transcurre en una tarde. El joven protagonista – interpretado por Jada Sirkin-  atraviesa la ciudad para ir a una entrevista de trabajo, mientras piensa y sueña con un amor perdido que quiere volver a encontrar. Con preciso y tallado monólogo interior en off –sólo mantiene un diálogo por teléfono- recorre y deriva por calles, túneles subterráneos, trenes, ascensores, edificios, terrazas.

Fue rodada durante 6 años de forma documental, con largos planos secuencia, “sin intervenir en el movimiento caótico y no caótico de la ciudad”, esta obra se inscribe entre el naturalismo y el neorrealismo, y plantea una reflexión crítica sobre el cine en todas sus fases de realización. Con un equipo reducido, sin sonido directo –hicieron un registro posterior-, ni puestas de luces, y sin tratamiento ni corrección de color en postproducción.

Un viajero atrapado en un proyectil muestra “algo autóctono, lo que somos un poco acá” dice Voglino, quien relata en primera persona la situación que marca el final de la historia ficcional. El director logra captar algo del espíritu de época del ser urbano contemporáneo, al tomar como lienzo “la duración de la ciudad” para bordar una trama singular que pone al descubierto como el tiempo de la ciudad distancia en la cercanía, y propicia reacciones humanas descarnadas.

La duración como forma de tiempo es un concepto central. Duración y simultaneidad, son conceptos bergsonianos que la peli lleva a delante”, explica Voglino y cuenta que el título es una alusión al pensamiento de Henri Bergson “Es una hipótesis de la física, que planteó en una discusión cara a cara con Einstein cuando éste publica la teoría de la relatividad. Bergson se pregunta ¿pasaría con un viajero atrapado en un proyectil en relación al tiempo? ¿El tiempo es el tiempo exterior o es el tiempo dentro del proyectil? El personaje está atrapado en su cabeza, pero se sigue moviendo y esta todo el tiempo en la tensión de si el tiempo pasa o no pasa Porque mientras piensa en ella el tiempo no pasa. Y en un momento dice “me da miedo eso, que pase el tiempo que no pasa y no verte mas”. Y cuando toma la desición de salir al mundo exterior para ir por ella la realidad lo aplasta”.

un viajero atrapado en un proyectil ciudad 

En el libro “Pensar entre imágenes” Jean-Luc Godard dice “El cine es un instrumento de pensamiento original que está a medio camino entre la filosofía, la ciencia y la literatura, y que implica que uno se sirve de los ojos y no de un discurso ya hecho”. Agregaría también la técnica.  Asistir a la función abre la posibilidad de presenciar un juego complejo de fragmentación de este instrumento para que al ensamblarlo de otras formas, pueda revivir sus potencias.

Es una película que sólo puede verse en vivo?

Únicamente. Es una pintura, no hay copias. La película se ve con nosotros. El que la quiere ver, viene a verla

Es una rareza

Esto también tiene que ver con la tecnología y la apropiación de la realidad. En este momento en que parece que puedo tener todo siempre, o verlo, adquirirlo, comprarlo. Pseudo todo eso. Esta película dice no. No es posible. No es verdad, no se puede ver todo en Youtube o Netflix. No lo ves en una pantalla, no podrías escucharlo.

Tampoco puede verse en una sala de cine

Lo que hicimos fue oponernos a la forma de las salas que piensan en si mismas, para que entre la mayor cantidad de gente en un cuadrado. Rediseñamos eso en una forma circular, para que el sonido llegue de fuentes puras y se escuchen las variaciones, la espacialización del audio no en estéreo. La radicalidad del dispositivo se basa en que es un trabajo destinado a la experiencia concreta, que nos obliga al contacto con la gente. Estamos ahí, los músicos tocan, yo mezclo la banda en vivo, hay un ingeniero en sonido.

Es una postura crítica que difícilmente se lleva adelante, que la producción sea independiente hasta en la forma de exhibición

A veces no se reflexiona acerca del proceso y en un momento dado cedés y eso te pone en contradicción. Hice esto solo con una intensión de mundo, de no reproducir al mundo en automático. Y la sala y la forma en la que se reproduce la película forma parte de un principio automático. Si siendo cineasta, tratas de no ver, y destinas la mirada sólo al contenido, te destinas a los fines y te olvidas de los medios.

Sostener esa tensión es complejo y a la vez determinante.

Conozco un montón de películas que, siendo independientes y habiéndose filmado en mucho tiempo, terminan en un estudio estándar haciendo una película en dos semanas para poder presentarse y sonar en la sala. Decís llegue hasta acá, ya hice la peli, pasala ahí, no importa. Las cosas no cambian, en un punto, porque estás haciendo algo que legitima que no cambien.

Cómo llegas a decidir esta forma de proyección?

La cuestión de las pantallas y el espacio surgió mirando un terreno baldío, un recoveco entre edificios en microcentro en el cual quiero proyectar. Esta puesta está customizada medio como nave para la situación de sala, en el terreno son dos paredes enfrentadas. En lugar de ser un plano y contraplano, la gente queda en medio del conflicto, donde todas las cosas suceden un poco simultáneamente y al mismo tiempo progresan.

un viajero atrapado en un proyectil tren

El film transcurre en los antiguos trenes de la línea A del subterráneo, en una de las terrazas más altas de Buenos Aires y por algunas zonas de la ciudad, que ya no están. El tiempo es cercano a la contemplación de un paisaje con cortes abruptos a cero. Fragmentos en blanco y negro. Composiciones abstractas. Yuxtaposiciones. Tomas indescifrables. Imágenes casi transparente fundidas al negro, al blanco. Una voz en off con métrica cuidada, como huella de una canción. Múltiples capas sonoras. Silencios. Instrumentos y melodías que inciden y construyen una atmósfera cruda y profunda. Pocas palabras que regresan, sobre el amor, el tiempo, el trabajo, el campo y la ciudad, derramados grafismos de carteles, revistas, casas de lotería nacional.

La mejor experiencia posible de recepción no implica que sea fácil, cómoda, pasatista. El personaje no produce empatía, “está en el límite entre un personaje y una función. El espectador no tiene donde asirse”, lo describe el autor. El clima se tensa hasta la desidia. Uno sale del cine algo perturbado, las imágenes devuelven la realidad, aumentada, y el tren de madera que ya no está, árboles pelados contra el cielo blanco, las luces invertidas que parecen estrellas, la libertad del horizonte, lo que queda guardado como secretos recovecos en la mente.

En “Estilos Radicales”, un estudio sobre las películas de Godard,  Susan Sontag plantea algo que bien aplica a esta película, dice que “son sencillamente lo que son y también son acontecimientos que empujan a su público a reconsiderar el sentido y la magnitud del arte que representan: no son sólo obras de arte, sino actividades meta artísticas encaminadas a recomponer la sensibilidad total del público.”

Quien quiera verla, en abril, se proyecta en la sala A del Centro Cultural San Martín,  Sarmiento 1551, CABA-, los sábados 1, 22 y 29, a las 21 hs: y domingos 23 y 30, a las 20.

Duración: 77 minutos. Entradas $130

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Rodolfo Walsh: aquella noche de verano en que su vida cambió para siempre

9 enero, 2017 in Destacados, Periodismo

Por Ulises Rodríguez @ulisesroman A 90 años del nacimiento del autor de “Operación Masacre” recordamos un momento clave que cambió el rumbo de la historia.

Cuando alguien le dijo al periodista y escritor “hay un fusilado que vive” no le importó más nada a partir de ese momento. Ese dato que parió al libro “Operación Masacre” transformó a un laburante en un hombre comprometido con su tiempo.

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Rodolfo Jorge Walsh era un laburante que se levantaba a las 6 de la mañana y se tomaba el tren a Buenos Aires, donde se ganaba el mango escribiendo notas para distintas publicaciones. A la noche estaba de vuelta en casa. Pero enterarse de esta historia cambió su vida y la de toda la familia.

“La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fines de ese año, en un café de La Plata donde se jugaba al ajedrez (…) Una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice: -Hay un fusilado que vive.”

Estas palabras pertenecen al prólogo de su libro Operación Masacre, la obra maestra del periodismo de investigación con la que el autor demostró la verdad de lo sucedido aquella trágica noche de junio.

En aquel entonces, el periodista –asesinado el 25 de marzo de 1977 por un grupo de tareas de la Esma- vivía en la ciudad de La Plata, en una casa de ubicada en 54, entre 3 y 4, junto a su mujer Elina Tejerina (maestra de disminuidos visuales) y sus dos hijas, María Victoria y Patricia.

Vivir en peligro

“Ahora, durante casi un año no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Francisco Freyre, tendré una cédula falsa con ese nombre, un amigo me prestará una casa en el Tigre, durante 2 meses viviré en un helado rancho de Merlo, llevaré conmigo un revólver y a cada momento las figuras del drama volverán obsesivamente.”

Así relata Walsh las peripecias que tuvo que vivir para llevar adelante la investigación. Abandonó su casa de La Plata y formó equipo de trabajo con la joven periodista Enriqueta Muñiz. Hasta ese momento Rodolfo Walsh era un antiperonista confeso. “Pero no pude entender ni soportar semejante injusticia: que hubieran matado a trabajadores pobres, peronistas, a gente que no tenía nada que ver.” Eso, sobre todas las cosas, lo ofendió.

Rodolfo Walsh y el ajedrez. La táctica y la estrategia de la literatura.

Rodolfo Walsh y el ajedrez. La táctica y estrategia de su literatura.

Para Rodolfo Walsh, haber conseguido el dato del “fusilado que vive” significaba jugar en el límite entre la justicia y el periodismo. A él le parecía que le podía dar fama, popularidad, dinero, éxito; era todo lo que le interesaba en ese momento. Pero al investigar se encontró con una historia terrible sobre los límites de lo que se puede hacer con las personas: llevarlas de madrugada a un basural, fusilarlas, incluso a algún sobreviviente ir a buscarlo al hospital y volver a secuestrarlo. Allí cambió todo lo que pensaba anteriormente.

Un oficio violento

Cuando los asesinatos ocurrieron, en los diarios no salió una línea al respecto. “Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar, y casi ni enterarse”, cuenta en el libro el periodista, que logró sacar las primeras notas entre enero y marzo de 1957, sin firma, en una hoja gremial que se distribuía en los kioscos.

Posteriormente, del 27 de mayo al 29 de junio del mismo año, publicó nueve artículos más en la revista Mayoría. La primera edición de Operación Masacre apareció varios meses después en Ediciones Sigla, con el subtítulo Un proceso que no ha sido clausurado.

El costo de jugársela fue enorme. Todo esto devino en la separación de su mujer y sus hijas. Elina Tejerina se fue a Chile por un año y sus hijas estuvieron un año internadas en un colegio católico. Para ese entonces Rodolfo Walsh vivía un poco en todos lados.

Las desmentidas, réplicas, apéndices y corolarios se extendieron hasta abril de 1958 y la obra, como se la conoce hoy, le llevó al periodista cerca de quince años de trabajo, ya que en 1972 efectuó la última corrección, para lo que sería la cuarta edición del libro.

A esta investigación parida en La Plata hay que entenderla como lo que Walsh llamaba “el violento oficio de escribir”, no porque estuviera diciendo que había que hacerlo con sangre en la máquina de escribir, sino porque no hay posibilidad de dar testimonio, de hacer denuncias o de hacer periodismo de investigación o crítico sin dejar de reconocer que será incluso violento lo que uno diga y violento lo que le puedan contestar.

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Una fiesta de ángeles y demonios

21 diciembre, 2016 in Destacados, Viajes

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A 3.706 metros de altura Bolivia celebra el carnaval de Oruro. Una fusión de tradiciones ancestrales, leyendas populares y profunda devoción a la Virgen de los Mineros. Un festival de bandas profesionales y miles de bailarines. Una celebración que también es un gran negocio. 

Por Marisa Rojas

“¿Cómo va a continuar ahora el Carnaval? Lo que ha pasado es una tragedia. Todo Oruro está de luto. El presidente Morales ha manifestado su pesar. ¿Cómo vamos a volver a bailar si todavía se está limpiando la sangre en la Avenida del Folklore?”, dice a cámara una jovencísima y desconcertada china Suphay.

La calle que en los mapas lleva el nombre de 6 de Agosto es la arteria central de la mayor expresión folklórica del Estado Plurinacional de Bolivia. Y en la noche de la Entrada del Carnaval del año 2014 es puro caos. En las imágenes que muestra la televisión local se ven amontonamientos humanos, fierros desparramados y cables por el piso. Se escuchan aullidos de sirenas, murmullos que hablan de 4, 5 muertos, gritos que cuentan unos 70 heridos, todos quebrados. Pero es Sábado de Peregrinación y hay que llegar al Socavón para cumplir la promesa a la Virgen Morena.

“Acaso hoy, en un momento tan doloroso, deban hacerlo más que nunca”, intenta reflexionar la conmovida movilera de Bolivia Tv. A su espalda, en el suelo, se ven los hierros retorcidos que, hasta hace un par de horas, sostenían una de las cuatro pasarelas metálicas que cada Carnaval se instalan en las esquinas de la ciudad para facilitar la circulación de los cientos de miles de espectadores que por entonces toman las calles. Unos 500 mil: casi dos veces el número de la población local.

“Nuestro Carnaval es una fiesta y esto ensucia la imagen de Bolivia en el mundo. ¿Cómo se va a suspender? ¿Qué van a decir los turistas? Esta es una irresponsabilidad de las autoridades, que vayan y se arreglen con los de la constructora. Nosotros tenemos los puestos repletos de mercadería. Además, si los músicos desistieran de continuar, la Asociación de Conjuntos Folklóricos podría denunciarlos por incumplimiento de contrato”, dice exaltado un hombre bajito y morrudo al que en la puerta de la Alcaldía rodean cámaras y micrófonos.

“Hoy sábado toca peregrinación, a mí no me importan los negocios ni la Asociación ni todos los que aprovechan esta fiesta para andar borrachos. Hoy marchamos hacia la Mamita porque eso es lo que hemos prometido y las promesas se cumplen”, sentencia una mujer de gesto imperturbable desde la pantalla del tercer canal al que llego haciendo zapping en busca de alguna respuesta ante la tragedia que pone en suspenso al Carnaval.

 

La ciudad del Carnaval

El Carnaval de Oruro es el más importante del Altiplano y fue declarado por la UNESCO “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. En los días de las celebraciones centrales, miles de integrantes de conjuntos folklóricos y bandas profesionales, promesantes devenidos en bailarines y turistas -la mayoría del propio país-, desbordan la ciudad.

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Gran parte de los extranjeros llegamos a Oruro en tren desde Uyuni, allí donde encandila el desierto de sal más alto del Planeta. Es temprano y hace mucho frío, la mañana está apenas soleada y asoma tumultuosa sobre el andén donde los guardas del Wara Wara del Sur acumulan montañas de bolsos, valijas y mochilas.

Oruro tiene más de una fecha de fundación: el 1 de noviembre de 1606 el oidor de la Real Audiencia de Charcas, Manuel de Castro y Padilla, la llamó “Villa San Felipe de Austria” en honor a Felipe III, en cuyo nombre la corona española se apropió de las riquezas minerales de la región. El 5 de septiembre de 1826 un decreto del presidente Mariscal Antonio José de Sucre le dio su nombre actual, reconociendo así a los habitantes originarios del lugar: los urus, uno de los pueblos más antiguos de los Andes. En tiempos de la Colonia, Oruro creció por el auge minero y hasta mediados del siglo XX fue la ciudad más moderna de Bolivia. Hoy vive del comercio formal e informal. En sus calles, testimonios de la más exquisita arquitectura colonial conviven con casas bajas de ladrillo y chapa y edificios espejados de colores intensos (del estilo de los que el albañil Freddy Mamani comenzó levantando en El Alto de La Paz dando origen a la llamada ‘nueva arquitectura andina’, o cholets). A la altura de los techos, cables negros forman enmarañadas multitudes como cubriendo las calles que suben y bajan contenidas por angostísimas veredas de cemento donde casi no se plantan árboles. Desde la cima del cerro Santa Bárbara, a 3.850 m.s.n.m., nos vigila el Monumento Escultórico a la Virgen de la Candelaria, marco favorito para las selfies de los turistas del siglo XXI.

 

La previa

El spot oficial del Carnaval 2014 dice que este es “ese lugar en el mundo donde la magia de una cultura ancestral se respira, se VIVE”; así, con mayúsculas.

Hoy viernes es día de la Anata Andina: hombres, mujeres y niños llegados de las entrañas rurales de Oruro avanzan hacia el Santuario del Socavón al ritmo de sikuris y zampoñas. Vienen para agradecer a la Madre Tierra los frutos de la siembra. A su lado, trabajadores de la Alcaldía se ocupan de los últimos detalles en las graderías donde el fin de semana se desatará la fiesta.

¿Cómo es una peregrinación en la que danzan ángeles y demonios? ¿Cómo las máscaras y las ropas invitan al juego de la inversión de roles? ¿Cómo se borran los límites para que –al menos por un par de días- todo un pueblo VIVA la misma fiesta?

Buscando respuestas avanzo por los alrededores del circuito carnavalero entre puestos que venden hierbas medicinales, electrodomésticos, esqueletos de fetos de llama, frutas de todos los sabores, polleras con puntillas y zapatillas que imitan a las de las marcas internacionales. Las cholas se encargan de los improvisados fuegos en las esquinas donde se cocinan sopas y motes. Un grupo de rubios prolijos delicados jóvenes de una ONG francesa hace campaña por la no violencia contra mujeres y niños en el Carnaval. Un anciano corta naranjas y las hace jugo.

“¿Ya tiene sus asientos mamita? Mire que se acaban, cómprelos ahora”, me dice, sonrisa plena, una niña de sombrero rosa que se recubre del sol con paraguas.

Los asientos para vivir el carnaval cuestan entre 250 y 700 bolivianos (unos 500 a 1400 pesos argentinos), dependiendo del sector: en los alrededores de la plaza principal -donde se instalan las autoridades- y a lo largo de la Avenida Cívica –frente al santuario de la Virgen-, están los más caros. En el comienzo del recorrido, sobre la Avenida del Folklore, los más económicos.

A diferencia de otros atractivos turísticos en el mundo, aquí el precio no distingue entre locales y visitantes.

En Bolivia, en febrero de 2014, el salario promedio de un trabajador es de 1500 bolivianos.

 

Los orígenes

“El actual Carnaval de Oruro es una festividad religiosa en la que se rinde pleitesía con música y danza a la Virgen de la Candelaria, patrona de los Mineros. Pero tiene su origen en invocaciones ancestrales a las deidades andinas”, explica la solemne guía del Museo Antropológico, donde se exhibe una modesta colección de máscaras, trajes e instrumentos de viento y percusión.

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El carnaval más famoso de la región andina se transformó a comienzos del siglo XX cuando los conjuntos folklóricos se institucionalizaron. Hoy, 48 agrupaciones representan 18 danzas, pero la Diablada sigue siendo la principal y sus danzarines, dicen, los más devotos.

La Diablada representa la lucha entre el bien y el mal protagonizada por el Arcángel San Miguel en batalla contra los demonios -representados en los Siete Pecados Capitales- y las legiones infernales -diablos, diablesas, chinas Suphay, chinas diablas y ñaupas-, a quienes conduce ante Nuestra Señora del Socavón para invocar su redención. La historia cuenta que esta danza remite a la que los españoles recién llegados al Altiplano vieron hacer a los urus –en honor a una ñusta por cuya intersección salvaron sus cultivos de las plagas enviadas por el dios Huari- y entendieron como una evocación a Mefistófeles. Luego otros pueblos americanos interpretarían esta danza para agradecer a la Virgen por su bondad. Y también los mineros que en Carnaval sacan a bailar al Tío de la Mina y a su esposa, la china Suphay, para pedir protección en las oscuras profundidades de la Tierra.

 

Dos días en la vida

El Sábado de Peregrinación amanece helado. Son las 6 de la mañana y desde la plaza principal llegan los ecos de la presencia de los grupos folklóricos que, alcohol mediante, desafiaron el bajo cero de la madrugada con una Serenata a la Virgen. Hoy es el día de la Entrada fastuosa para la que 30 mil promesantes ensayan coreografías durante todo un año y manos artesanas cosen y bordan trajes de una belleza imponente: con polleras largas y otras cortísimas, con pantalones tipo babuchas que terminan en una multitud de cascabeles, de colores intensos, repletos de lentejuelas, plumas y cintas infinitas. Algunos, llegan a pesar 20 kilos.

El Carnaval de Oruro comienza en el mes de noviembre después de la celebración de Todos los Santos y se extiende hasta tres días antes del inicio de la Cuaresma. Las jornadas más espectaculares son el Sábado de Entrada y el Domingo de Corso, un fin de semana entre comienzos de febrero y finales de marzo, según el calendario de la liturgia católica y en coincidencia con el tiempo de la cosecha.

A las 7 en punto comienza la Entrada en ‘el bajo’ de la ciudad. El aire se cubre de repicar de redoblantes y vibrar de trompetas. El cielo se tiñe de verdes azules naranjas de bengalas. Un auto cubierto de platería reluciente circula lento llevando en el techo una pequeña imagen de la Virgen de la Candelaria adornada con tules y flores. Los promesantes, emocionados, avanzan danzando junto a los músicos contratadas para la ocasión. En las graderías, 500 mil espectadores nos sumamos a la fiesta peregrina.

Curiosa devoción esta de hombres y mujeres que andan en la altura dando saltos acrobáticos y pasos sensuales durante 3.5 kilómetros hasta un santuario.

A media mañana el sol y el calor se vuelven implacables. Pienso en lo acertado del paraguas de mi vecina boliviana de platea. Voy por la primera cerveza del día – Paceña, auspiciante exclusiva del Carnaval- y confirmo que hay costumbres a las que nunca me voy a acostumbrar: en Bolivia, como en Perú, la cerveza se toma ‘al tiempo’ (natural).

Por las calles danzan radiantes chinas hermosas, el maquillaje y el peinado imperturbable, luciendo piernas de modelo montadas sobre tacos de 20 centímetros. Enérgicos caporales bailan y saltan como acróbatas sin descanso, representan, látigo en mano, al capataz de las fincas coloniales donde se explotaba a los esclavos. “Cuando yo bailo tiembla la tierra, soy caporal”, dice la canción.

En Oruro el Sábado de Entrada es un día devocional. Pienso en cuán particular puede ser todo eso que llaman ‘el milagro de la fe’.

“¡Ahí están Los Tolkas, son los mejores tinkus que van a ver!”, alerta a los extranjeros una vecina de gradería, una abogada de La Paz llegada con toda su familia –madre, padre, marido, 2 hermanos, 2 hijos y 5 sobrinos-, a festejar el Carnaval.

“La danza de los tinkus representa a la cultura charka, la primera nación del Qolla Suyu que hizo alianza con los castellanos durante la Conquista”, dice el programa de mano del espectáculo. Me pregunto si eso significa que los tinkus fueron los primeros traidores a la causa originaria. Y es entonces cuando un mar bravío de fucsias violetas y amarillos nos inunda de una alegría para la que no hay resistencia posible. Cientos saltamos ahora sobre las improvisadas butacas de las graderías que las familias orureñas se reparten para vender cada Carnaval.

Morenadas –con la presencia de la presentadora de televisión Claudia Fernández, la bella esposa del vicepresidente del país, Álvaro García Linera-, fraternidades de combativos Inkas, Tobas y Negritos, Zampoñeros, Doctorcitos, Solteras y Solteros de la Kullaguada, Llaneros, Qantu, Wititis, Osos y Suri sikuri continúan danzando. El desfile de colores, plumas, pañuelos, bordados, máscaras bellísimas y de terror, avanza sin pausa rumbo al santuario de la Virgen Morena. Son miles que danzan en honor a la Patrona de los Mineros. Y con ellos peregrina danzando toda Bolivia.

Vivo el Carnaval en el final del recorrido. Son las 5 de la tarde y la fiesta lleva unas diez horas, casi la mitad de su duración total. El último conjunto puede ingresar al Socavón a las 4 de la madrugada. En el Santuario es hora de la misa, los promesantes ingresan de rodillas y rezan frente a la imagen de la Candelaria. Ya no lucen las máscaras endiabladas, ahora son lágrimas conmovedoras las que cubren sus caras. Desde las alturas del templo los custodian pinturas del Espíritu Santo, la Virgen María, Jesucristo, los doce Apóstoles y siete Ángeles Arcabuceros.

 

La tragedia

Cuando la noche empieza a vestir el Socavón en la platea volvemos a vestir nuestros abrigos: en la altura del Altiplano la amplitud térmica no es un dato de color. Estamos expectantes que al doblar la esquina, justo frente al palco principal, las bengalas y las trompetas anuncien la llegada del ángel de cara endemoniada que vestido de soldado romano viene a librarnos de todo mal.

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En la mañana, cautivada por los primeros conjuntos que veo en la Avenida del Folklore, y sin la astucia para avanzar por los atajos del circuito carnavalero hacia el Socavón, no llego a tiempo para la entrada de la Diablada del Centenario, la primera de todo Oruro, fundada por los matarifes en 1904. Me quedo con ganas de más cuando por la tarde aplaudo la presentación de la Diablada Oruro, la segunda más antigua, creada por maestros artesanos, peluqueros y sombrereros en 1944. Ahora es el turno de la Diablada Ferroviaria que los trabajadores de los trenes formaron en 1956. La expectativa por la llegada del Arcángel San Miguel crece con la oscuridad del cielo.

Pero las horas –y el frío- avanzan y un extraño vacío va cubriendo las calles por las que ya no repican los pasos de los danzarines ni los platillos de las orquestas. En las esquinas, los caldos de las ollas lucen cada vez más espesos. Un silencio oscuro se apodera de las graderías en el Socavón. La marcha de la Entrada se detiene. Algo huele a podrido en Oruro.

Como en Procesión, locales y extranjeros abandonamos nuestros asientos y caminamos rumbo al bajo de la ciudad buscando saber qué sucede. Las plateas alrededor de la plaza principal también se vacían. Desde la Avenida del Folklore llegan gritos y sirenas. La policía nos prohíbe seguir avanzando.

 

Oh poderoso San Miguel Arcángel (…)

a tí acudimos con confianza,

para que vuelvas a librar la batalla contra los espíritus malignos

que agitan y pervierten las conciencias y la sociedad,

tratando de imponer su imperio de corrupción y soberbia.

Oración a San Miguel Arcángel

(fragmento)

 

En la televisión del hotel dicen que se desplomó la pasarela de la esquina de 6 de Agosto y Cochabamba en el momento en que pasaba por allí la Banda Intercontinental Poopo acompañando a la Diablada Ferroviaria. Unas 100 personas ocupaban entonces la pasarela por la que ya no circulaba nadie y cuyas lonas laterales habían sido cortadas para mirar la fiesta desde lo alto. Un total de 5 muertos -4 de ellos integrantes de la banda- y 88 heridos, es el saldo de la tragedia que cambiará para siempre la historia del Carnaval donde los asientos cuestan hasta la mitad del salario promedio de un boliviano.

La jornada inaugural de la celebración folklórica más impactante de Bolivia se reanuda a la medianoche. Quedan dando vueltas en el aire debates morales, religiosos y económicos. Conjuntos, fraternidades y bandas continúan la Entrada marchando con pena por las calles de la tragedia. En los estandartes y en los trajes llevan cintas negras. Ya no hay saltos ni coreografías festivas. Los rostros de los promesantes lucen descubiertos desde mucho antes de llegar al Santuario de la Virgen donde las bandas entonan fúnebres acordes. Oruro vive su noche más oscura y fría.

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Carne propia: no hay asado sin trabajo

21 diciembre, 2016 in Cine, Destacados

Por Ulises Rodríguez @ulisesroman Si en algo estamos de acuerdo los argentinos es en el asado. Eso no se discute. Está en los genes. Seco, jugoso, a punto, a la leña, a la estaca. Como sea, el asado es folklore: está en el Martín Fierro, en la chacarera, en el rock, en la cumbia y hasta en una revista: Asado.

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Un trabajador del frigorífico Subpga en plena faena.

 

El asado se comparte con la familia, con amigos porque un asado es celebración. Cómo será de importante el asado que Stella, mi peluquera, cobra el corte de pelo lo mismo que un kilo de asado. Y cuando hablamos de asado pensamos en la costilla, en la tira de asado. El chorizo, la morcilla, la bondiola y el vacío acompañan pero el asado es el Diego de la parrilla.

Para los que viven en las grandes ciudades el asado siempre estuvo y va a estar en la carnicería o en las góndolas de los supermercados. Pocos se preguntan cómo llegó ese cacho de carne hasta ahí.

Partiendo de esa base el director de cine Alberto Romero filmó el documental “Carne propia” que no cuenta la historia del asado solamente sino que va en busca del animal -en este caso de un toro- que se transformará en el alimento del argentino ávido de comer carne.

Con la voz de Arnaldo André ese Abardeen Angus va relatando sus días como campeón en la Rural, la paz del campo y la angustia de saber que su final no será otro que la parrilla de un argentino devorador de vacunos.

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Rodaje del documental durante una asamblea de los trabajadores.

 

En el trayecto en que el camión jaula conduce al toro al mercado -y luego al matadero- nos va adentrando en el origen de esa costumbre de comer carne. En la historia del país exportador por excelencia, en los años dorados del Swift y el Armour de Berisso que con su lucha dieron el puntapié inicial al 17 de octubre de 1945 hasta llegar a un siglo XXI en crisis.

Es ahí cuando la carne se hace lucha. El documental se enfoca en la vida de los trabajadores del frigorífico Subpga de Berazategui, recuperado en agosto de 2006 por sus trabajadores y trabajadoras y convertido en una cooperativa.

Más de 350 operarios que resistieron el desalojo, los golpes de la policía y detenciones por defender sus puestos de trabajo. El toro llega hasta ese frigorífico para cumplir con su destino final pero a pesar de que terminará su vida en ese sitio no deja de sentir cierta admiración por esos hombres y mujeres que se la jugaron por permanecer en el lugar que les permitía alimentar a sus familias.

El toro que va narrando, en la voz de Arnaldo André, su vida hasta llegar al frigorífico.

El toro que va narrando, en la voz de Arnaldo André, su vida hasta llegar al frigorífico.

En el balance de estos 10 años como cooperativa los obreros coincidieron en que este “fue el peor año”. Los aumentos en electricidad, gas y agua los dejó en la cuerda floja. Pasaron a de pagar $100.000 a $800.000 en servicio de energía. Imposible para una cooperativa.

Así y todo no bajan los brazos y el viernes realizaron el brindis de fin de año con la proyección de la película “Carne propia”, junto al grupo de realizadores de la productora Puente Films, en el salón comedor del frigorífico.

Proyección de "Carne propia" con los trabajadores de Subpga.

Proyección de “Carne propia” con los trabajadores de Subpga.

Muchos de ellos, por primera vez, tuvieron la oportunidad de ver el documental que los tiene como protagonistas. Con sus hijos, con sus parejas. No podían creer verse en la pantalla, reconocer a sus compañeros y reflejarse en esa lucha que aún no termina porque cada mañana hay que levantarse para poner el hombro en una empresa sin patrones.

La carne propia es de los que trabajan; de los que se la ganaron en la semana, de los que lucharon para que esté en la parrilla el domingo y sentirse parte de una argentinidad que no sería lo que es sin ese asado nuestro.

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Mejor que no vuelvas, Manuel Puig

16 diciembre, 2016 in Cine, Literatura

Por Ulises Rodríguez @ulisesroman “Regreso a Coronel Vallejos” es el documental del ciudadano ilustre que nunca llegó a ser ilustre en sus pagos. Manuel1

El filme dirigido por Carlos Castro abrió este jueves la 5ta Semana del Cine Documental Argentino, que se realizará hasta el 21 de diciembre en el Cine Gaumont, con entrada gratuita.

El director reconstruye una parte de la vida del escritor Manuel Puig en General Villegas: el pueblo que lo vió crecer pero que nunca terminó de aceptarlo del todo.

Primero fue “La traición de Rita Hayworth” donde aparece Villegas como escenario pero fue la publicación del libro “Boquitas pintadas” el que condenó al autor por haber “ventilado chismes del pueblo”.

En el pueblo la mayoría estaba convencido de que sus personajes en la novela eran hombres y mujeres que conoció en su infancia; que su madre le contó todos esos chusmerios y él los escribió.

Las tres vecinas. Personajes fundamentales para entender la idiosincrasia de un pueblo.

Las tres vecinas. Personajes fundamentales para entender la idiosincrasia de un pueblo.

 

Varios de sus personajes eran mujeres de buen apellido, hombres poderosos, intocables e intachables para la sociedad villeguense que no leyó el libro como una novela sino como una crónica del pueblo.

“Creo que no es para tanto”, dice una señora mayor que toma el té junto a otras dos vecinas mientras que una de ellas le responde: “A vos porque no te menciona en el libro”.

Si los menciona o no fue la discusión en 1969 cuando apareció el libro. Manuel Puig fue condenado a no volver al pueblo donde pasó las tardes yendo al cine del brazo de madre y en el que creció escuchando música clásica y con pocos amigos por ser “un chico raro” por no decir puto.

El odio era tan fuerte que cuando se estrenó la versión cinematográfica de “Boquitas pintadas” -dirigida por Leopoldo Torre Nilson en 1974- no pudo exhibirse en el cine de Villegas por amenazas de bomba y de que le iban a prender fuego la sala. Los villeguenses tuvieron que viajar a ciudades vecinas para ver la película.

Patricia Bargero, una bibliotecaria que quedó hemiplégica tras un accidente en auto, vive en la que fue la casa del escritor y muchos la llaman “La viuda de Puig”.

Con una pasión formidable Patricia narra esta historia que recorre los paisajes del pueblo al que Puig describió en sus novelas y mete el dedo en los prejuicios de los pueblos: ese sentir constante de que la mirada de los otros siempre está juzgando al de al lado.

“Acá vos vas al teatro y por más que un chiste te cause mucha gracia no te vas a reír a carcajadas porque pensás que van a pensar los otros”, dice un odontólogo de Villegas.

“La Pampa es un espacio sin paisaje, una pantalla donde cada uno proyecta su propia historia”, lee Manuel Puig en un archivo fílmico perteneciente a Felisa Pinto del piloto del programa de televisión “Identikit” que nunca salió al aire.

Carlos Castro, el director, junto a Patricia Bargero, la narradora del documental.

Carlos Castro, el director, junto a Patricia Bargero, la narradora del documental.

Carlos Castro, al igual que Puig, es villeguense y como lo hizo el escritor no busca juzgar a la gente de su pueblo sino reflejarse en sus miradas, en sus creencias, en sus tabúes y hasta en sus resentimientos.

El documental no es del todo sobre Puig, ni sobre Villegas, ni tampoco sobre “la viuda de Puig”. Es un rompecabezas de piezas que no encajan en la vida del ciudadano ilustre de la vida real.

El tipo jodido al que le advirtieron a través de un artículo en la revista Semana -que se titulaba “General Villegas no es como dice Puig”- “mejor que no vuelva: ese será su peor castigo”.