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¡Llegó Piognak!

26 febrero, 2016 in Personajes

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Por @pablengas.

Con 37 años y una valija de doctor, Esteban Laureano Maradona bajó del tren en la estación de Guaycurri y dejó que lo internaran en el monte formoseño. Dentro del poblado de chozas y casas de barro una parturienta con un feto mal ubicado se moría. Él era el único médico en el tren y tuvo que aceptar el trabajo más por obligación que por voluntad propia.

Llegó a una casa con piso de tierra, se arremangó la camisa, perdió su corbata para siempre y salvó tres vidas: la de la niña, la de la madre y la suya. Lo hizo como cuando, recién recibido de médico en la Universidad de Buenos Aires, fue a Paraguay a trabajar como camillero en la guerra del Chaco y atendió aliados y enemigos por igual, sin dudar ni juzgar, ni perder un segundo la concentración.

Al terminar, con la camisa manchada de sangre y barro intentó volver a pie hasta la estación, pero vio en el camino como la esencia de la vida de ese pueblo, y de todos los pueblos originarios, se esfumaba junto con hombres coléricos, con las tuberculosas, en los niños desnutridos y en los cuerpos palúdicos que ardían como el sol. Una esencia que espera todavía hoy que la salven. Entendió que los microbios no alcanzan para enfermar, que se necesita también la miseria, la tristeza, los vicios y la ignorancia. No volvió a la estación de tren, ni volvió a usar un traje jamás.

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Se dio cuenta de inmediato que necesitaría usar todos los recursos a su disposición para luchar contra la decadencia en que se vivía en ese pueblo. Aplicó sus conocimientos en botánica para elaborar medicamentos propios. Enseñó a los hombres y mujeres del poblado a cocinar ladrillos y transformó los ranchos y taperas en casas resistentes a las inclemencias del clima y donde la vinchuca no podía anidar.

El tiempo pasó rápido. En 1986, cincuenta y tres años después de esa tarde en que perdió su corbata y encontró su misión en la vida, mientras otro Maradona se consagraba como la cara más conocida del fútbol argentino, su cuerpo cansado reclamó la atención que había tan generosamente dado a los demás y lo obligó a dejar esa tierra. En una última mirada antes de subir al tren que lo llevó a Rosario, donde vivió hasta los 99 años, pudo ver a la gente del pueblo aclamándolo, sonriéndole, bien vestidos y libres de infecciones, vitoreándolo en mataco con el nombre que lo había hecho conocido entre todos: “¡Piognak!” que traducido significa “Doctor Dios”.

* El 4 de julio se instituyó por la Ley Nº 25.448 el Día del Médico Rural, en conmemoración al nacimiento del doctor Esteban Laureano Maradona.

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