Matías Pertini

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Sueños de chicos

9 agosto, 2016 in Literatura

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Por @matias-mrp. Foto: Feria de Editores.

La última gran crisis de la Argentina de diciembre de 2001, con cinco presidentes en una semana, y un índice de pobreza que se engrosaba en el minuto a minuto, dejó un panorama crítico para la industria cultural. Crear un nuevo proyecto estaba más cercano a una escena del romanticismo del siglo XIX que un hecho criterioso. Sin embargo, entre tanta oscuridad, en Argentina aparecían las editoriales independientes.

La V edición de la Feria de editores Libro en Buenos Aires resulta un claro reflejo de lo que ha sucedido, a lo largo de estos años, en el mercado editorial de Argentina. 87 editoriales independientes de diversas provincias y temáticas estuvieron presentes el 6 y 7 de agosto en “Central Newbery” (Jorge Newbery 3599). Muchas por primera vez, y con esperanzas de volver a repetir.

Resulta una frase hecha que “de toda crisis, surgen oportunidades”. Pero mientras sucedan hechos que la ratifiquen, esta frase devenida en popular, permanece vigente.

Previo a esta crisis, durante los años 90’s las grandes editoriales como “Planeta” o “Random House” compraron a las medianas editoriales como “Seix Barral”, “Tusquets”, “Mondadori”, “Alfaguara” y tantas otras, convirtiendo el mercado editorial argentino (y también el sudamericano) en un oligopolio. La política de estas editoriales es, al día de hoy, no editar primeros trabajos de autores, lo que brindó a las editoriales independientes, en sus comienzos, una gran oportunidad.

Una de las primeras editoriales que surgieron fue “Milena Caserola”. Y su nombre rescata el valor del amor en tiempos difíciles. “Milena”, por la amada y musa del escritor Franz Kafka (y a quien dedicó sus más fervorosas cartas) y “Caserola”, por los “Cacerolazos” que eran, por entonces, el novedoso procedimiento de protesta social. La “s” en vez de la “c” en “Caserola” por puro azar. Un error de tipeo, del que no se pudo volver atrás.

El editor, y líder, de “Milena Caserola” es Matías Reck. Asume su rol en el mercado literario sin demasiadas vueltas: “Nosotros editamos autores ultra desconocidos”. No sólo los editan, sino que además los instruyen, en lo que a “editar” se refiere. En “Milena Caserola” se trabaja desde pulir el texto hasta definir el formato que tendrá el libro, el tipo de letra y el arte de tapa.

“Alguien tiene que editar los primeros trabajos de un escritor”, dice Matías Reck. Y así es, alguien debe darles la posibilidad a los jóvenes, o no tanto, escritores que recurren a “Milena Caserola” para poder dar su primer paso en el mundo de la literatura.

Francisco Garamona, editor de Mansalva discrepa en el concepto de “independientes”.  Respecto al mercado de éstas editoriales dice: “Somos editoriales dependientes; dependemos del público, dependemos de la buena voluntad general del planeta, se depende de todo”.

“Mansalva” nació como librería de usados en 2002, y en 2005 pegó un giro a la edición. “La idea de hacer una editorial es partir desde la idea de vivenciar una dificultad”, afirma Garamona. Con más de 150 títulos en su haber, la editorial se asienta en una realidad que le resulta cómoda y con un público propio. Agrega Garamona:“el que compra un libro de Mansalva es porque les representa algo en particular. La idea, más que de crear lectores es de crear compañeros; cómplices. Un club de lectura sin membrecía”.

Otro caso de una librería que comenzó a editar fue el de “Eterna Cadencia”, unos años después, en 2007. Por entonces los editores Pablo Braun y Leonora Djament (con pasado en “Editorial Norma”) unieron sus ganas por hacer algo diferente. A principios de 2008 salían a la venta sus primeros libros.

La variedad de autores extranjeros que publica “Eterna Cadencia” (Kobo Abe, George Perec, consagrados como James Joyce, etc), es una característica de la editorial y una gran noticia para los lectores más curiosos. Sin embargo no es en este punto donde buscan su diferenciación. “No me gusta pensarlo de esa manera. Como si publicáramos lo que los otros dejan de lado. Creo, en cambio, que nuestra diferencia es seguir pensando en términos de catálogo. Creemos que un editor diseña un catálogo, mientras hace malabares para subsistir económicamente”, declara Leonora Djament.

Algo muy distinto a estas ediciones más refinadas son la editoriales cartoneras. En este rubro la madre de la idea es la multipremiada “Eloísa Cartonera”. Una idea que tuvo el poeta Washington Cucurto en el año 2003, y que desafío al mismo arte: publicar narrativa y poesía reciclando la basura que arrojaba la sociedad.

En sus inicios, primero en la zona del Abasto y luego en La Boca, esta editorial se distinguía porque obtenía su materia prima (el cartón), comprando a los cartoneros que recorrían el barrio, y pagando por encima del valor del mercado. Con eso confeccionaban sus libros, que iban desde autores locales como de Sudamérica.

Este 2016 encuentra a Eloísa en su mejor momento. El 14 de febrero pasado inauguraron su local propio en el barrio de Almagro. “El primer sueño era la editorial en sí misma, su plena existencia, después todo lo demás es puro sueño” confiesa Cucurto.

El arte como respuesta

En épocas de turbulencias los más grandes temen tambalearse y caerse. Su respuesta a estos inconvenientes es aferrarse y evitar trastabillar. En cambio los más pequeños, que poco tienen para perder, pueden permitirse sucumbir en el intento de llegar al ojo del huracán.

El aporte de las editoriales independientes a la cultura argentina ha sido muy superior al reconocimiento y apoyo que el Estado les ha brindado. El aporte no se limita solamente a los textos publicados, sino también a la discusión artística que han planteado.

Cuando las grandes editoriales internacionales previeron las distintas crisis económicas que han sucedido en los últimos años, su respuesta fue ajustar sus tiradas de publicaciones, y abaratar los costos de edición. Hoy se exhiben múltiples ediciones de bolsillo con papel de baja calidad y letras cada vez más reducidas.

En el caso de las editoriales independientes, el arte de edición no es un tema “ajustable”. Francisco Garamona, dice al respecto: “Por amor al libro buscamos hacer buenas tapas, buenas cartulinas, que los blancos sean generosos. Generar un producto estéticamente bello”.

Matías Reck quita toda importancia a la editorial como entidad y habla de una obra de arte en su conjunto. “Uno puede hacer la tapa que quiera, y ponerle si quiere ‘Random House Mondadori’, o ‘Milena Caserola’. El libro es del autor y no puede ser que no tenga injerencia en la edición”.

Otra editorial reconocida por sus ediciones es el caso de Interzona, cuyo editor es Guido Indij, y es también buscada tanto por los autores, como por los lectores fetichistas. Por esta participación que le otorgan al autor en el proceso de edición,es que autores como el prestigioso César Aira (nominado para el Premio Nóbel de Literatura 2015), que cuenta con una producción de más de sesenta libros (el año pasado publicó dos nouvelles en Mansalva, por ejemplo) y elige publicar por medio de éstas editoriales.

Desafíos del 2016

Ni bien cambió el gobierno y se propuso desbloquear la importación de libros (Ley N° 25.446), lo primero que se escuchó decir por los medios fue: “Será un duro golpe para las editoriales independientes”.

“Mansalva publica libros que no están en las importaciones, esa demanda es distinta a lo que publicamos nosotros. Sí entiendo que al abrirse la importación van a llegar muchos libros que en Europa son saldos y van a venir acá como era antes”, responde ante ésta inquietud Francisco Garamona.

Para “Eterna Cadencia” el principal problema no son las importaciones. “Lo que está perjudicando verdaderamente al sector editorial en este momento es la enorme inflación que tenemos, el desempleo creciente y los salarios que no acompañan a la inflación y han producido en estos primeros meses del año una contracción de todo el consumo muy preocupante. Después podemos hablar de las importaciones de libros y de cómo promover políticas de fomento al sector editorial nacional: una cosa sin la otra puede ser muy delicado”.

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Alberto Laiseca: “¡Que se guarde memoria de mí!”

16 junio, 2016 in Literatura, Perfil

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Escritor de culto difícil de encasillar. Durante décadas sus libros circularon de mano en mano a espaldas del gran público. Ya en el siglo XXl, el canal I-SAT le dio un espacio para contar cuentos de terror que lo hicieron popular. Hoy desde una casona en Caballito su preocupación es el olvido: “Quiero ser traducido al inglés para perdurar”.

Por @matias-mrp. Foto: Alejandro Santa Cruz – Télam.

La condición para visitar a Alberto Laiseca es llevar un paquete de cigarrillos imparciales y una lata de Heineken bien fría. Con eso basta para una charla de horas.Todavía conserva sus facciones características. Su bigote es menos tupido y más canoso respecto al que se veía por televisión. Su pelo sigue crecido detrás de la nuca, y su voz no ha perdido la cadencia. Se encuentra en el último espacio disponible en la tercera y última sala de una vieja casona, en el límite entre Caballito y Flores. Se queja de las mujeres que lo cuidan por su severidad. De todas maneras, quizás por cansancio, a Laiseca le conceden ciertos permisos.

Está sentado en una silla de ruedas e inclinado sobre la mesa. No está solo, hay dos libros. Uno de ellos “Ante la Ley” de Kafka. Cuando le avisan que tiene visitas se alegra: le trajeron cigarrillos.

No te permitas el nihilismo porque es un gas venenoso e insidioso. Que atraviesa todas las paredes, incluso la más gruesa. Nada de nihilismo, flaco.

Laiseca no tiene vueltas, contesta a cualquier pregunta con énfasis. Profundiza y teoriza. Es un maestro sabio, enseñándole a las nuevas generaciones. Tiene una fuerte necesidad por dejar en claro varios puntos. Se toma su tiempo para responder, pero no deja ningún concepto sin redondear. “Ojo, cuesta bastante ignorarlo. Pero es el único camino”.

Laiseca tiene ganas de charlar. Su tema no es otro que la literatura, a lo que ha dedicado su vida. No solo a escribir, sino también a leer, aunque en los últimos años estuvo peleado con las letras. “Por odio había dejado de leer y de escribir. Ahora por lo menos estoy leyendo y me estoy haciendo la cabeza para seguir y terminar un trabajo. Es una novela buenísima: Camilo Aldao se llama”. Aldao es el nombre de la ciudad donde se crió.

Ahora solo, y sin tener mayores distenciones, recuerda con nitidez su infancia, sus años felices en un pueblo límite entre Córdoba y La Pampa. Incluso sus primeras lecturas.

Su voz grave, y su tono dulzón resaltan entre los ancianos que lo rodean. “No sabés el poder que tiene el cigarrillo. Viaja en el espacio / tiempo”, sonríe como un abuelo que hace un chiste a su nieto. Una vez que sabe que ha generado una intriga, no tarda en aclarar: “Es una epopeya delirante de mi pueblo. En la novela hay pterodáctilos. No hay que fumar, porque cada vez que uno prende un cigarrillo cae un pterodáctilo. Lo pongo tan fresco como si fuera cierto”.

La enfermera, al ver su gesto suplicante, le permite un cigarrillo. Laiseca se toma su tiempo para encenderlo, sabe que por unas horas no habrá otro y se predispone al disfrute. Expulsa el humo y concluye: “No saben el poder que tiene el cigarrillo”.

Laiseca es una rareza de la literatura nacional. Desde su primera publicación (“Su Turno”) los críticos literarios ven en sus textos un desafío para catalogar. En sus narraciones hay pasajes históricos mechados con acontecimientos sobrenaturales, cierto barroquismo y atemporalidad. Algunos han resuelto la encrucijada encasillándolo en el “Realismo Delirante”.

Hasta en sus influencias, que se pueden catalogar como decimonónicas y que Laiseca no da demasiadas vueltas para asumirlo, se diferencia de los autores nacionales. Entre sus más queridos escritores se encuentran Edgar Allan Poe y Franz Kafka, pero por encima de todos ellos, Oscar Wilde.

En el país de Borges, Laiseca no reacciona de la mejor manera cuando se lo nombra. “¿Borkus? Ni me nombres ese bicho”, se muestra ofendido y amenaza con terminar la charla. Después de un silencio incómodo, retoma la palabra: “Ese bicho es muy nombrado, pero no muy nombrable”. Sí rescata a Cortázar, aunque no se extiende demasiado. Aprecia y sorprende por su conocimiento sobre José Hernández y el Martín Fierro.Cuando se le menciona a Leopoldo Marechal sonríe y  celebra: “Claro, Marechal sí. Un genio.”

Laiseca solicita un poco de cerveza y un cigarrillo. Al primer pedido acceden y le traen en un vaso azul de plástico, la mitad de la lata. Respecto al cigarrillo, le recuerdan que no hace mucho se fumó uno. Laiseca se ofusca e insulta en voz baja. Mira para los costados y trata de pensar en otra cosa. “Hay mucha creación de mitos alrededor mío. Alrededor de un tipo como yo siempre se hacen mitos”. Sonríe.

De los autores contemporáneos, Laiseca menciona a César Aira, lo cual tiene cierta lógica. Aira también se zambulle en lo delirante. También menciona a sus discípulos más conocidos: Leonardo Oyola y Selva Almada.

“Los chicos nuevos están haciendo cosas buenas. Yo era de los que decía ‘Ya no se lee más’. Y me decía ‘La puta, no quiero tener razón’. Si me equivoqué… ¡en buenahora!”. Hace una pausa y piensa un poco… Se alegra y concluye: “Por suerte me equivoqué”.

El taller de literatura fue otra vocación de Alberto Laiseca, y no menos valorable ha sido su desempeño como formador de escritores. Comenta que “hay más gente con talento de lo que uno se imagina. Pasa que hay que despertárselo. Yo soy muy bicho para eso”.

Sobre qué narrar y cómo adhiere que “se va aprendiendo sobre la marcha. Vas aprendiendo de vos mismo. El maestro, a veces sin darse cuenta hace que vos te des cuenta de vos mismo”. Las pruebas, con los años, le dieron la razón a Laiseca. Sus pichones ya vuelan solos, y bastante bien.

Leonardo Oyola hace años que viene teniendo éxito con sus publicaciones, y es colocado en el podio de “los nuevos escritores”. Su último trabajo “Kryptonita” llegó al cine y gozó de un apreciable éxito. Por su parte Selva Almada publicó hace unos años su trabajo periodístico “Chicas Muertas” por la Editorial Random House, y un compilado de relatos llamado “El Desapego es una forma de Querernos”, de buena circulación también.

Laiseca está al tanto de sus avances, y es visitado semanalmente por ambos, lo agradece con afecto. Por momentos se lo nota viejo, con sus pausas, su mirada que se detiene y contempla a su alrededor. Pero no menos lúcido. Su cansancio es entendible, como todo vanguardista a Laiseca el camino recorrido le ha costado más que a otros escritores.

Su mayor obra lleva por nombre “Los Sorias”. Es un tratado literario de 1400 páginas. Además es la novela de mayor extensión de la literatura argentina. Fue escrita en el asilo al que se sometió durante los años de dictadura, y la terminó con el advenimiento de la democracia. Una vez concluida, pasó a manos de diversos editores, que vieron su trabajo como algo inviable para el mercado. A “Los Sorias” le tomó 16 años ser publicada.

“Va por su tercera edición. Mis libros más imposibles, como ‘Los Sorias’ y ‘El Jardín de las Máquinas Parlantes’ son los que más se han vendido. Me hace muy bien eso”. Pero no le basta para sentirse realizado. Pese a todos los golpes que un artista recibe, Laiseca no se ha endurecido del todo, y tampoco tiene resentimientos. Su mayor preocupación es pensarse olvidado, que su trabajo no se valore y por ello, su última esperanza es ser traducido a la lengua inglesa. “Sigo sin ser traducido al inglés. Es lo que más quisiera, me gustaría mucho. No es ninguna garantía, como lo es nada en este mundo. Lo que me interesa es la perduración. De ser traducido al inglés podría pelear. Pelear por la memoria”. Hace una pausa, está emocionado. Toma aire, tose y concluye: “¡Que se guarde memoria de mí!”.

La posibilidad de que no ocurra esta traducción lo aflige a Laiseca. Pero no tanto como para deprimirlo. Si algo en la vida ha aprendido es a esperar: “A los 16 años de terminado ‘Los Sorias’, pensé que no lo iba a editar jamás. Eso es tener fe hasta el último día”. La única forma que tiene un artista de vencer a la muerte es por medio de su obra. Laiseca sabe esto, pero también sabe que los milagros ocurren, y más cuando se los busca. En lo inmediato recibe la mejor noticia que podría recibir, se forma en su cara una sonrisa que lo rejuvenece, sus ojos se iluminan y pide fuego. Acaba de pasar una hora y le traen otro cigarrillo.

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