Dolores Blasco

Sudado 1

El lugar perdido en construcción

11 junio, 2015 in Teatro

Sudado 1

Por Dolores Blasco

Sudado está en cartel hace cinco años y este viernes cumple su función número 150. Dolores Blasco reseña la historia de tres hombres que, entre el desarraigo y un presente en construcción constante, llevan adelante la remodelación de un restaurant peruano en el Abasto.

Algo sucede apenas ingresamos a la sala. Como si nos hubiésemos equivocado, en silencio pedimos permiso a los albañiles que están trabajando, atravesamos la escena y nos sentamos a mirar y escuchar: una pared de durlock, herramientas varias sobre una mesa, el desorden y las voces de los obreros que se dan indicaciones sobre cómo seguir con una refacción. Cae un pedazo de esa pared y empiezan a asomar las caras de los personajes. Nosotros, como moscas en la pared, observamos desde nuestras butacas.

Punto de partida: un hombre debe hacerse cargo del negocio de su padre, muerto hace una semana. El primer día de trabajo se reúne con dos albañiles, uno peruano y otro argentino, y discute sobre el futuro del local, un restaurant peruano. Comienza a convivir con ellos en ese espacio en pleno proceso de remodelación.

El conflicto se instala desde el minuto cero: la cabeza del negocio murió, pero de algún modo hay que seguir su mandato. Otra persona debe tomar las decisiones, desde las más estructurales hasta elegir dónde se ponen las luces y la barra, o cuándo y dónde se “arma el baile”. ¿Qué es lo que marca las tensiones en escena? ¿La presencia del hijo, que intenta ocupar el espacio vacío y quiere relacionarse con los albañiles del mismo modo que lo hacía su padre? El lugar perdido tiene que fabricarse, valga la redundancia, nuevamente: la remodelación sigue y los cimientos, al igual que las relaciones entre las personas,  tienen que volver a reforzarse.

Sudado

Instalado antes del comienzo de la obra, el conflicto actúa como una fuerza capaz de “poner en funcionamiento” a las diferentes materialidades escénicas: es en la misma puesta donde podemos ver plasmadas las tensiones.

A medida que avanza, el argumento aborda el vínculo que los tres personajes mantienen con su tierra de origen. El restaurant peruano está ubicado en el Abasto, barrio porteño atravesado por las migraciones regionales de los últimos años en la Ciudad de Buenos Aires. Es allí donde confluyen todas estas subjetividades latinoamericanas: en el local se extraña el lugar de nacimiento, se rememoran costumbres y sabores. Y al mismo tiempo, en ese espacio en construcción todos se sienten extraños.

“Y hoy te vas te vas te vas te vas /Pero sé que por algo me has de recordar” canta la banda de Chiclayo Grupo 5, y la sonrisa orgullosa se dibuja en la cara de Lalo– el albañil peruano-. La música también define esa subjetividad, esa tierra “perdida”. Pero no es el único elemento escénico que nos remite a Perú: el gran cuadro del Machu Pichu, iluminado e iluminando la escena en un fuerte verde neón, los platos típicos peruanos que Lalo nombra, las tonadas y formas de decir remiten desde lo sensorial a la presencia andina. Son esos gestos, inflexiones, expresiones individuales las que delimitan y dan vida al albañil argentino, al obrero peruano y al hijo del dueño.

Sudado está en cartel hace cinco años. Este viernes 12 de junio llega a su función número 150. No es solo un número: también es un símbolo que da cuenta del trabajo sostenido que cada actor realiza con su personaje, con la escena, con el texto, con la puesta.

*Sudado de Facundo AquinosJulián CabreraBelén CharpentierJorge EiroFacundo Livio MejíasPaul Romero y dirección de Jorge Eiró.

Fotos: Prensa Sudado

Lejos

El pasado como un grito que perturba

21 abril, 2015 in Teatro

Por Dolores Blasco.

Lejos
Reseña de Lejos, el unipersonal que dirige Mariana Sarmiento en el Beckett.

Una imagen borrosa de un cuerpo sin rostro está pegada en la puerta del Teatro Beckett. Esta fotografía es el afiche de Lejos, unipersonal que dirige Mariana Sarmiento y protagoniza Florencia Bergallo. Dentro del teatro vemos más fotos, vemos a la actriz interpretando diferentes papeles. Hay algo perturbador en esas imágenes. Una vez dentro de la sala, una gran tela blanca cae desde el techo llenando todo el espacio y esperando a ser completada. Tres luces verticales, la gran tela y el sonido. De repente vemos a la actriz que aparece. Traza una diagonal, se para en una esquina y se viste con un traje blanco que roza lo futurista- que en cierto punto también parece un traje de esgrima-, zapatillas y una toalla. Florencia Bergallo empieza a recorrer ese espacio blanco delimitado por el gran lienzo blanco. El ritmo lo da su cuerpo, su respiración.

Como cuentan las autoras, “Lejos se inició a partir de una investigación con una actriz (Florencia Bergallo), una fotógrafa (Mariana Roveda) y una coreógrafa/directora (Mariana Sarmiento). Es una búsqueda artística en la que el pasado, como conjunto de legados personales y generacionales, se presenta como un ruido. Se desarrolla de acuerdo a una relación temporal no lineal entre pasado/presente que pone en tensión el vínculo cuerpo, memoria y representación”.

El pasado como un ruido. Volvemos a esa imagen borrosa de la entrada del teatro que intentamos descifrar. Borrosa como los retratos de la memoria que se superponen y donde la lógica temporal desaparece. Imágenes espectrales, fugaces y perturbadoras que nos inquietan. No hay linealidad, sino el devenir de un cuerpo que se agota y carga cada vez más. De allí van a aparecer una escala de sonidos que van del aullido al susurro, del francés a grito sin sentido.

La respiración- movimiento involuntario del cuerpo- aparece completamente controlada, marcando los ritmos y tiempos de la obra. La misma respiración llena de sonoridad el espacio: existe como música, cuerpo, presencia. Es un personaje más- como abstracción – que nos cuenta su propia historia. Entre el orden de la sensibilidad y el orden físico, ocupa un lugar central para llevar adelante la puesta. Y al mismo tiempo, funciona como uno de los elementos fisiológicos que dinamiza los recorridos: la circulación, la energía en cualquier sujeto.

En toda la obra, el cuerpo de la protagonista queda implicado como conjunto, desde lo vocal hasta las miradas. Florencia Bergallo camina por el espacio, se mueve, lo habita. Pareciera que en escena no hay una actriz, sino muchas. No es ella sola: el escenario se llena de presencias que invaden todo ese espacio blanco. Con sus movimientos, acompañados por imágenes que se proyectan en su cuerpo y en su rostro, la actriz crea un lenguaje independiente de su discurso. Son pocas las palabras que se pronuncia. Y sin embargo, Lejos grita, perturba y desde este acto catártico conmueve a los espectadores. Su cuerpo – junto con los elementos lumínicos, de escenografía, sonoros, plásticos –hace que comencemos a pensar de qué modo el vínculo y la comunicación entre ella y los espectadores ya no sean del orden racional sino físico, sensorial: es inevitable no sentir su agotamiento, el cansancio de su cuerpo.

La investigación realizada por este equipo logra que la mezcla de danza contemporánea, fotografía, sonido, dé como resultado una puesta muy interesante, difícil abordar desde un único punto de vista. Al finalizar la obra el sentido no cierra: siguen disparándose interpretaciones una vez pasadas las horas.

En este unipersonal, “La actriz (re)presenta las imágenes y acciones de su pasado, con un cuerpo ficcional-biográfico. Lejos se pregunta cómo habitar un espacio vacío y desterrar físicamente cierta memoria. Es un intento por transformar los mecanismos de la representación en busca de un pequeño gesto de autonomía.” La historia deja sus marcas en el cuerpo construyendo una memoria física. En Lejos esa memoria se vuelve presente. Las situaciones pasadas están ahí, conviviendo unas con otras. Todo aquello que estaba en la mente se vuelve materia presente en el cuerpo de Florencia Bergallo. Sin que necesariamente nada se resuelva, pone en escena las contradicciones.

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Lejos es la segunda obra que forma parte de una trilogía (EIR / Lejos / Sarmiento) en la cual la autora y directora busca reflexionar sobre la relación presente/pasado.A no perder de vista esta obra a la que le quedan solo tres jueves: 16, 23 y 30 de Abril.

¿Dónde la podemos ver? En el teatro Beckett (Guardia vieja 3556). Reservas por Alternativa Teatral.