Marseille: el poder del subsidio

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Por @nbiazzini.

-¿Para el club de Box? Gran iniciativa. Puedo conseguir el subsidio- aseguró el candidato a intendente de Marsella, Lucas Barrè. Con porte juvenil y anteojos de marco transparente, el hombre más poderoso en ese pequeño suburbio francés, intentó no poner distancia con su interlocutor.
– ¿Cuánto?- quiso saber un veinteañero áspero, con acento árabe.
– Todo lo que necesiten- respondió Barrè.
– A cambio, haz que voten por él- le dijo uno de sus secretarios y le tendió en la mano una pila de panfletos con el rostro del postulante.
– ¿Quién me garantiza que me dará lo que prometió? Soy leal, pero debo asegurarme el sustento- insistió el joven.
-Hablaremos de eso tras las elecciones. Pero si el barrio no vota por mí, no tendrán nada- sentenció el candidato.

El diálogo anterior tuvo lugar en los suburbios de la ciudad francesa de Marsella y pertenece a una escena de la nueva producción de Netflix. La ciudad más antigua de Francia fue la elegida por la plataforma online para desembarcar su primera producción europea. Barrè (Benoît Maginel) es la contrafigura de Robert Taro (Gérard Depardieu) en su rol de alcalde desde hace veinte años.

“El poder no se da, se toma”, es una frase que se pone en valor en cada uno de los ochos capítulos, cuya duración oscila entre 35 y 45 minutos.

Con una relación paternal, Taro le enseñó a Barrè el arte de la política y pretende hacerlo su heredero después de haberlo tenido como su vicealcalde. En la ficción se visibilizan reclamos de la ciudadanía marsellesa que son los mismos que se expresan en el cotidiano del conurbano bonaerense o en las provincias: suciedad en las calles, inseguridad, lucha contra las drogas y mejoras en los servicios públicos. La posible instalación de un casino y la relación con las mafias serán el comienzo de disputa entre estos dos pesos pesados de la industria cinematográfica francesa.

Con 41 años y una veintena de películas en su carrera artística, Maginel ganó el premio como mejor actor en el Festival de Cannes por su papel en La Pianista (2001). Depardieu, quizás uno de los actores franceses más conocidos en el mundo, se luce en este rol de mezcla de padre bonachón y político ambicioso, que ama a su Marsellesa más que al poder mismo. O eso cree él.

Las escenas se sacuden entre un thriller político que revela conspiraciones, traiciones y actos de corrupción con el amor por la familia. La rivalidad de Barrè y Taro estará atravesada por el cariño que siente Barrè hacia la hija (Stéphane Caillard) y la esposa del alcalde (Géraldine Pailhas), la violonchelista Rachel Taro, que impregna escenas con su música. En Marsella, los caminos del poder político se entrecruzan todo el tiempo con el amor y el sexo; con los celos y los desengaños.

Otro de los ejes que se intenta plasmar con ritmo dinámico es la integración de la población musulmana en la sociedad francesa. Cómo la estigmatización y violencia son problemáticas cotidianas en la periferia de las grandes urbes. Escenas en donde se contraponen la música rap, que representa a los pobres, con la música clásica, que simboliza desde siempre a la burguesía. También se visibiliza el universo de las drogas, pequeños y grandes traficantes de sustancias ilegales en la Francia del Siglo XXI.

 

Una de las escenas muestra a un grupo de jóvenes que milita casa por casa en un barrio pobre, en plena campaña electoral municipal. En un complejo de edificios, una mujer de unos cincuenta años con un pañuelo colorido en la cabeza abre la puerta y los escucha. A cambio de su voto, ella pide una heladera, pero quiere saber si será de mejor calidad que el que más temprano le prometieron otros militantes de la oposición.

¿Para lograr la transformación social y mejorar la calidad de vida de los pueblos, las convicciones y lealtades deben ser valores inherentes al rol del político, del funcionario público? ¿Cómo se construye un candidato? ¿Es legítima la perpetuación de un hombre en el poder? ¿Cómo inciden los medios de comunicación en la vida política? Son algunas de las preguntas que intenta responder Marsella en un juego que muestra las tácticas y estrategias del socialismo, la derecha y la izquierda francesa.

Sin embargo, el guionista de la serie, Dan Franck aclaró en la gala de presentación: “No es una serie política, es una producción que cuenta una historia humana”. Además, diferenció su producto con la estadounidense House of Cards, que constó de cuatro temporadas y que fue protagonizada por Kevin Spacey. “El combate no se libra por voluntad de poder, sino por amor a la ciudad de Marsella”, agregó Franck.

La banda sonora de Marsella fue diseñada por Alexandre Desplat (El Gran Hotel Budapest, Godzilla, Harry Potter y las reliquias de la muerte, El discurso del Rey) y Jean Pascal Beintus (Estados Pasiones).

Para la prensa del país galo, la serie no tuvo críticas favorables. Pero lo cierto es que la trama genera empatía con el folklore de la política local. El cierre de listas, la militancia en la calle, los grupos de pintadas y pegatinas en las paredes y el expectante día de la elección. Y también genera el sentimiento compartido de la pasión por el fútbol, el estadio del club Marsella, el faraónico Stade Vélodrome, sirvió de escenario para escenas clave de la saga.

Con el encanto del acento francés, se muestra una ciudad portuaria exuberante, paisajes bellos con su mezcla de arquitectura: construcciones modernas por un lado y edificaciones que evocan a la Francia antigua y medieval por otro, las raíces de una tierra de libertades.

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