Discriminación: lo que se es, y lo que se quiere ser

Breve reflexión sobre la realidad cotidiana que deben afrontar gran cantidad de personas: el racismo. Un relato para repensar y cuestionar algunos valores arraigados entre los miembros de una misma cultura.

*Este texto fue realizado en el marco del taller Caja de herramientas para periodistas, dictado por Silvina Heguy.

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Por Fátima Monasterio Mercado (@fatimamonasterio)

Estoy en el vuelo 709 de Boliviana de Aviación procedente de Buenos Aires hacia Santa Cruz de la Sierra, y con conexión a las ciudades de Cochabamba y La Paz.

Creo que conté un total de 6 argentinos y 3 gringos. El avión viene repleto de bolivianos que retornamos a nuestro país.

Mientras estamos esperando que todos los pasajeros tomen sus lugares, cajas de cartón y bolsas de yute con ropa, comida, y artículos de todo tipo, son colocados en los compartimentos de manera un tanto caótica.

—¿Te podés levantar que ahí se va a sentar el señor? —dice el aeromozo, dirigiéndose a un joven de aspecto humilde que se encuentra delante mío.
—¿Por qué? —responde sorprendido el joven
—El señor viene con su hijo, que es menor de edad —contesta, señalando a un adulto y a un niño de unos 13 años —. Así que te vas a sentar allá, recogé tus cosas.

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Sorprendida y sin hacer nada más, empiezo a mirar a mi alrededor y a percatarme de distintas formas de discriminación; formas que van desde violencias más abiertas hasta otras más sutiles y menos aparentes.

El papá al que se refería aquel aeromozo boliviano parece ser extranjero: tiene los ojos verdes, el pelo dorado y la piel trigueña. Muy diferente al joven que ahora se encuentra dos filas más atrás, con cabello negro pajizo, la piel oscura y los ojos tristes.

¿Por qué las cosas serán así? Los procesos de aculturación y modernización han logrado que nosotros, los indios, nos sintamos inferiores.

—¿En qué piensa, señorita? —me dice el señor que se encuentra a mi lado derecho.

Pienso que es compleja la sociedad boliviana. No solamente es un país heterogéneo en términos de diversidad étnica, sino que operan de forma subyacente estructuras coloniales de dominación, que se reconstituyen continuamente. ¿Cómo pensar la complejidad sin caer en valoraciones simplistas y excluyentes? El racismo nos atraviesa a todxs, en tanto somos sujetos como objetos de la discriminación. Estas formas de colonialismo están presentes en la estratificación societal, pero también en los imaginarios colectivos de los bolivianos, y que se traducen en mecanismos específicos de segregación que caracterizan la estructura sociopolítica de un país ahora Plurinacional.

Vuelvo la mirada al señor de mi derecha y solo digo:

—El racismo me da asco.
—Sí, al final nadie es puro. Todos somos mestizos, ¿no? —dice, mientras voltea con discreción su cuerpo hacia el otro lado. Entiendo que es el fin de la conversación.

Pero no, el mestizaje no es la resolución de la contradicción colonial de fondo, ni tampoco un espacio libre de las relaciones de poder, sino una categoría homogeneizante —como una bolsa donde todo cabe siempre y cuando se amolde a lo que es deseable— y que en realidad se constituye, justamente, en base a los términos de dominación originales.

Pasado un rato de vuelo, una señora de unos 55 años me pide que le llene los papeles migratorios. Me dice que es de Cochabamba —una ciudad boliviana— y que vive en Buenos Aires desde el ’99. Cuando me alcanza los documentos, me entrega un DNI expedido por la República Argentina. Aquella mujer estaba a punto de ingresar a su propio país con un documento extranjero.

Converso un rato con ella y con varios bolivianos que están alrededor. Todos migrantes, desarraigados de su tierra. Tienen un acento “gaucho”, efecto del cambio cultural o de la auto-negación. Intentan, como muchos, superar a través de la migración el dilema entre lo que se es y lo que se quiere ser.

En aquel vuelo llené 8 formularios de bolivianos que ingresaban al país. Solo uno con nuestro documento nacional.

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