Limbo scroll: el reciclaje virtual

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Por @yuke (Julieta Benedetto).

Una obra experimento performático que refleja el mundo de las relaciones contemporáneas, mediadas por un entorno eminentemente tecnológico. La obra es una máquina que nunca deja de funcionar. Tanto que si el espectador quiere, se puede quedar horas percibiendo imágenes, sonidos y cuerpos en situaciones repetidas. Eso hace que el final sea atípico: sin aplausos, ni oscuridad, sólo continuo maquinal.

Scroll significa en la actualidad el desplazamiento de los contenidos en la pantalla de la computadora cuando navegamos en una pagina o red social. También en ingles scroll significa papiro, el sistema de los rollos sin cortes con escritos anteriores a la imprenta. Las autoras ponen en escena un hábitat donde la tecnología todo lo atraviesa, y observan cómo el avance de la técnica se conecta con el desarrollo de herramientas e inventos antiquísimos. Así van, de los sensores al telégrafo de caracoles sin escalas.

Tres personajes en escena, vestidos de overol rojo, azul, blanco; Liza -música, actriz- una usuaria de redes sociales;  Tálata -poeta, performer- el navegador de internet corporizado; y Federico Joselevich Puiggrós -actor y performer- que es satélite, interactúan con diferentes elementos , sonidos y proyecciones de imágenes pobres, pixeladas, multiplicadas, que de forma aleatoria se presentan en escena. El núcleo orgánico está en una pecera, hábitat de caracoles que tendrán y perderán protagonismo dependiendo de la cámara, en el transcurrir de tiempos yuxtapuestos.

La puesta puede verse como una investigación de formas interiores, tanto humanas como tecnológicas, que se hacen metáfora o condensación en los caracoles. Las autoras cuentan que “desde el comienzo nos imaginamos un caracol en escena, con su propia temporalidad, paralela y ajena a todo lo pautado. Más tarde, descubrimos la teoría de la brújula pasilalínica-simpática de caracoles, conocida como telégrafo de caracoles, de Jacques Benoit”  Esta teoría, que desarrolla la usuaria frente a una cámara para compartir con una comunidad virtual de aficionados en el tema, explica cómo los caracoles que mantuvieron relaciones amorosas quedan conectados telepáticamente, y pueden funcionar como un telégrafo a miles de kilómetros de distancia. Tal como una red virtual.

Esta instalación, dicen Tálata y Liza, es el emergente de momentos compartidos, “una expedición al campo, corazones rotos, horas de scrolleo, libros en común”. Inquietudes y experiencias que fueron acumulando hasta llegar a Limbo Scroll.  Tálata aportó su investigación sobre la cantidad de texto que se produce en redes y hasta que punto eso cuenta una historia, lo que ella llama “reciclaje virtual”, y utilizaron la técnica cortar y pegar lenguaje residual de las redes. Liza junto a Federico Joselevich Puiggrós -artista visual y programador- avanzaron en experimentaciones  sonoras con “voces procesadas, samples, objetos microfoneados en vivo, pads y otros sonidos de la puesta”. El diseño de las visuales es intervenido por movimientos mecánicos corporales, que replican bailes contemporáneos que circulan viralizados en la web. Cruzaron todas estas líneas para observar el vacío y la vulnerabilidad  en la que nos encontramos frente a la capacidad de la redes de atraparnos. La expectación de la obra puede resultar por momentos incómoda, distante, pero también encantadora.

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Las autoras se preguntan sobre la alienación que produce la sociabilidad virtual, la obsesión ante la posibilidad incierta de obtener información íntima y vital de seres desconocidos y objetivados en el deseo. ¿Estamos perdiendo o haciendo tiempo? Dicen que la hicieron “como tratamiento de rehabilitación para volver a estar con personas”. Y a partir de lecturas compartidas -como Los Condenados de la pantalla, de Hito Steyerl quien propone “observar lo que el arte hace, no lo que muestra”, y Escritura no creativa, de Kenneth Goldsmith- con lo que llaman “lucidez punk”, avanzaron sobre diferentes conceptos: reeditar, reconstruir, reorganizar, destrozar, articular, alienar, liberar, acelerar, habitar, ocupar.

Liza y Tálata tienen como antecedente de primer trabajo compartido “Luz Escrita”, una pieza cinta de moebius en traducción simultánea portugués español donde recitaban junto a Arnaldo Antunes con el fondo y figura de las esculturas sonoras de León Ferrari, en el CAFF.

Ambas tienen recorridos propios como artífices de lenguajes en múltiples formatos.

Tálata Rodriguez rapea, recita poemas preciosos mientras viaja en teleférico, o en tren por las ciudades, interviene la urbanidad –pueden verse videos en youtube- también da clases de arte a niñas y niños en Belleza y Felicidad Fiorito, y fue parte del ciclo “Mis Documentos”, dirigida por Lola Arias, donde presentó Padre Postal -cartas que su papá le escribió durante años, que podrán leerse en la noche de los museos en el CCK-.

Liza Casullo, rockera, guitarrista, cantante, compositora, música intensa y adorable que cada tanto se presenta en vivo donde despliega su humor y sensualidad. También participó en el ciclo Mis documentos, Capitulo 35 -en relación con el libro y la historia de “El frutero de los ojos radiantes” de su padre Nicolás Casullo- y actuó en “Mi vida después” de la misma directora, entre otras. Pueden verse y escucharse sus canciones por la web.

En esta ópera prima conjunta toman el riesgo de ir hacia los bordes sin miedo a caer. Y permiten al abrir sus experimentos la posibilidad de percepción de diferentes intensidades en un mismo momento/movimiento.

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Elenco: Liza Casullo, Maximiliano de la Puente, Federico Joselevich Puiggrós / Dramaturgia y dirección: Liza Casullo, Tálata Rodriguez / Diseño sonoro: Liza Casullo / Técnica y visuales: Federico Joselevich Puiggrós / Asistencia general: Belén Charpentier / Objetos: Ale Baamonde

Limbo Scroll, de Liza Casullo y Talata Rodriguez, dentro del ciclo Operas Primas.  Viernes 30 de octubre y 6 de noviembre  21.30 – Sala Cancha Centro Cultural Rector Ricardo Rojas Av. Corrientes 2038 – $60

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