Las muñecas han empezado a olvidar

etiopia

Por @maleazcona.

“En la obra Etiopía, dos muñecas, Brumaria y Germinal, esperan el regreso de Herminia, la pequeña hija de dos militantes de los años setenta que, inexplicablemente para ellas, han desaparecido”.

Brumaria y Germinal tienen muy pocos recursos –históricos y materiales– para saber qué pasó con Herminia y sus padres. Pero cuentan con algo muy poderoso: amor. Y así, solas, movilizadas por ese amor, pasan a la acción y emprenden su búsqueda. (¿Algún paralelismo con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en sus inicios, cuando no se tenían más que a ellas mismas?).

Las muñecas, que todo lo que saben es lo que les enseñó Herminia, han empezado a olvidar. Así que lo primero que hacen es intentar recuperar el lenguaje de la niña, que es el lenguaje de los padres militantes. Entonces repiten: revolución, plusvalía, tirano prófugo, utopía, sin poder darles un sentido ni una conexión.

En la búsqueda recurren a los elementos que tienen a mano, pero limitadas a las instrucciones de los padres (“Con las cosas de Alicia y Federico no se juega, porque pueden tener pólvora y explotar”). Les da miedo prender el equipo de música, se preparan para la explosión, pero cuando finalmente se reproduce una grabación con sus voces (que es un texto de la obra Nuestra Señora de las Nubes de Arístides Vargas), piensan, como los chicos, que ellos están ahí dentro. Una muestra de la ternura infinita de esas muñecas que todo el tiempo está en contradicción con las palabras que usan y sobre todo con la situación, que los espectadores pueden decodificar, pero ellas no.

Ya con un mapa, decididas a salir a la calle, previo repaso de las normas de seguridad (“Si nos paran, tenemos que decir que vamos para otro lado”), Brumaria y Germinal –nombres con Revolución– se preguntan adónde tienen que ir, dónde quedan Exilio y Extranjero, hasta que encuentran el lugar: Etiopía.

Para quienes leyeron la novela Pequeños combatientes de Raquel Robles, se hace imposible no asociar la obra con una escena especialmente conmovedora de la historia: Una amiga de los padres desaparecidos de los “pequeños combatientes” vuelve a la casa familiar –a pesar de todo el riesgo que eso implicaba– para recuperar un libro de cuentos de los niños. Además del peligro de la acción, la tensión mayor está en que la casa había quedado intacta desde el momento en que el grupo de tareas se había llevado a los padres militantes. La casa vacía de personas, pero llena de cosas todas revueltas.

Con una escenografía llena de color –en obvio contrapunto con la densidad del contenido de la obra–, las actrices, Carolina Setton (Brumaria) y Gabriela Julis (Germinal), resuelven muy bien la difícil tarea de reproducir el hablar de los juguetes durante toda la obra. Punto destacado para la belleza del diseño y la realización del vestuario: lleva directo al “jugar a las muñecas” de la infancia.

A 40 años del último golpe de Estado, Etiopía sigue contado la represión de los años setenta, sobre todo las consecuencias de esa violencia. La tristeza y el amor de esas muñecas por Herminia, pero también, del dolor que todavía tenemos como sociedad. Desde el teatro, Etiopía se inscribe en ese “género” de historias que sacan el punto de vista del militante y lo pone en el de sus hijos, como la película Infancia Clandestina, de Benjamín Ávila, o los libros La casa de los conejos, de Laura Alcoba, y el ya mencionado Pequeños combatientes, de Raquel Robles. En este caso, más mediado aún porque la acción la desarrollan las muñecas de la hija de los militantes, quienes tienen que aprender el lenguaje para poder contarse lo que pasa.

En 2015, Etiopía ganó el premio Artei a la producción de teatro independiente. Mariana Mazover (Buenos Aires, 1979), autora de más de siete obras, ya había escrito sobre la última dictadura cívico militar argentina: en Piedras dentro de las piedras (2012) trabajó sobre la Guerra de Malvinas sobre Los pichiciegos de Fogwill.

 

Etiopía se presenta el domingo a las 18, en La Carpintería Teatro, Jean Jaurès 858, Ciudad de Buenos Aires.

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Mariana Mazover
Actúan: Gabriela Julis, Carolina Setton
Voz en Off: Iara Aguilar, Laura Lértora, Hernán Lewkowicz
Zapatería Teatral: Julio Dozo
Iluminación: Félix Padrón
Diseño de maquillaje: Ana Pepe
Diseño de vestuario: Pía Drugueri
Diseño de escenografía: Félix Padrón
Realización de vestuario: Pía Drugueri
Edición de sonido: Eugenia Brañeiro, Sebastián Romero
Fotografía: Gustavo Pascaner
Asistencia de escenografía: Víctor Marín
Asistencia de dirección: Carolina Mazzaferro
Prensa: Carolina Castro, Malena Schnitzer
Producción ejecutiva: Carolina Mazzaferro
Dirección: Mariana Mazover

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