La salvamos

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Por Paula Di Carlo (@pauladicarlo)

L.G. estuvo desaparecida una semana. Lo último que se sabía era que le había pedido la tarjeta SUBE a su hermana para ir a encontrarse con alguien en Plaza Moreno. Pero las horas pasaban y nunca volvía. La red feminista de La Plata se cargó la búsqueda al hombro y logró rescatarla. Paula Di Carlo cuenta la experiencia en primera persona.

 

Es lunes. El grupo de whatsapp de las mujeres organizadas estalla de repente. A pesar de que las informaciones de chicas buscadas son casi cotidianas, algo vibra distinto y rápidamente nos juntamos en las calles 7 y 56.

Llegamos alertadas por Flavia y Silvina, dos mujeres que fueron las primeras en comprender la urgencia del caso. Incluso las primeras en llegar sin dimensionar de qué se trataba.

Dan las 15, el frío humedece el banco de madera en el que algunas estamos sentadas mientras otras siguen paradas. Vamos y venimos por los nervios y la tensión. No sabemos dónde está L.G. No sabemos por dónde buscar ni a quién llamar. Tenemos una sola certeza: si no nos movemos rápido la vamos a perder.

Ninguna conoce a L.G. Cómo tampoco conocimos a Micaela. Ni Araceli. Ni Lucia, Chiara, Carolina, Laura, Susana, Marisol, Mariana, Sandra o Gladys. Ni a Elena, Adriana, Cecilia, María Marta o Alicia.  No conocimos a ninguna, no hasta el día de su muerte. Por eso la urgencia. Queremos encontrarla viva. Porque vivas nos queremos. También libres y felices.

Reconstruir la historia y seguir las pistas

L.G desapareció el 22 de mayo de este año. Ese día le había pedido la tarjeta SUBE a su hermana para ir a encontrarse con alguien en Plaza Moreno. Tenía puesto un buzo bordó y una calza gris. Es todo lo que sabemos y no alcanza ni para empezar. Una habla por teléfono. Otra manda whatsapp. Otra cruza al kiosco a comprar cigarrillos y algo para los almuerzos tardíos.

Ya son las 19 y la tarde oscurece sin negociarnos nada. Una de nosotras está en un grupo de mujeres periodistas y logra conseguir el teléfono del juez, también del fiscal. El frío está más intenso y ya es de noche. L.G no aparece.

Alguien dijo que se fue con un “noviecito”. ¿Un pibe de 16 años? No. Es bastante mayor que ella. Triplica su edad, su tamaño y experiencia. Rápidamente comprendemos que allí, más que una relación amorosa, lo que hay es una relación de poder mediada no sólo por el género sino también por la adultez de ese varón.

No sabemos qué hora es cuando L.G parece haberse comunicado a través de su cuenta de Facebook. Dice que está bien, que está en una casa, que la cuida y alimenta una señora pero que no puede volver. La hipótesis de trata se instala sin anestesia y el frío se vuelve más frío.

“Menos mal que las tengo a ustedes, porque hay gente que no tiene a nadie. Mirá si no tenía a nadie. Hoy me preguntaba el chico este de dónde es que saqué tantas mujeres”, dice Gloria, la tía de L.G. Sonríe, y nos enseña cómo es eso de endurecerse sin perder la ternura. Ella tiene la tutela legal de sus dos sobrinas porque ambas fueron abusadas por el marido de su hermana. Tiene además otros hijos pero no recibe ayuda del Estado. Tiene la piel y la mirada de quien ha vivido siempre con lo justo.

Ya son más de las 20 y estamos sobre calle 8, en las escaleras de tribunales. Alguien pide un cigarrillo y buscamos todas, hasta las que no fumamos. Una cruza a comprar y otra prepara el encendedor. Las acciones son, en todos los casos, coordinadas, conjuntas.

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Volvemos a repasar los pasos de L.G y los nuestros, los de la fiscalía y el juez. La voz de un hombre dice que quizá se fue voluntariamente. Nosotras nos preguntamos cómo es posible hablar de consentimiento cuando no hay posibilidad de decisión soberana, cuando hablamos de una menor de 14 años con más de un derecho vulnerado, con un Estado y un sistema judicial que la revictimiza sistemáticamente.

El dilema de este violento oficio

Pasó un día y medio y todavía el fiscal aguarda que Facebook apruebe la orden de rastreo del IP desde el que se comunicó L.G. La espera desespera y por la noche siempre todo es peor. ¿Estará bien? ¿Dónde pasará la noche? ¿Tendrá miedo, frío o ambas?

Muchas somos periodistas y nos preguntamos si hay que empezar a difundir o no el caso. ¿En qué momento se empieza a difundir la búsqueda de una mujer? ¿Ayudamos si lo hacemos, o empeoramos todo? ¿La exponemos a un mayor peligro? ¿Cuál es el rol de los medios de comunicación en este circuito?

Las redes sociales son un arma de doble filo, pero suelen ser más efectivas que todo lo demás. Aunque la experiencia reciente indica que las búsquedas viralizadas no han dado con la vida sino con la muerte de esas mujeres.

La pregunta que nos hacemos es si difundir ayuda o acelera el accionar de los machos hijos fieles del Patriarcado, que nos secuestran, nos violan, nos torturan y cuando se dan cuenta que nos están buscando, nos matan y nos tiran como basura.

Una de nosotras se va y le deja la campera a otra que se queda. Seguimos ahí, juntas. En el feminismo no hay nombres propios, los nombres son las causas. Hoy, la que se va, la que se queda y también la que no pudo venir, todas nos llamamos L.G.

La guardia sigue y ya es sábado. Tenemos una actividad en Villa Elvira, organizada y pensada entre mujeres a las que no las frenaron dos fines de semana con lluvia. Apenas el barro de la plaza se secó, allí nos encontramos. Tortas fritas, sopa paraguaya, chori, mate y un inflable lleno de niños y niñas enmarcan la escena en la que Flavia va y viene con el teléfono. Sabemos que la llamó el juez. Todas seguimos con nuestras tareas y de reojo miramos la cara de la compañera que va y viene. El corazón se nos va a la boca, baja y vuelve a subir. “Le pusieron un señuelo al pedófilo y cayó, si la tiene lo van a hacen hablar. La vamos a salvar. Siento que la vamos a salvar”. Las palabras tienen una mezcla entre convicción, amor y miedo.

El señuelo es un Facebook inventado de una nena, que le escribe al sospechoso para encontrarse, él accede inmediatamente y llega a un punto de encuentro convencido de que otra vez va a poder hacer lo que quiera con uno de nuestros cuerpos. Pero no, esta vez no. La nena es en realidad el operativo que busca a L.G. Allanan la casa y no hay rastros. Pero da un nombre de una mujer, una supuesta tía, dice que L.G está con ella. El nombre nos suena. L.G la mencionó en una de sus comunicaciones.

“¿Cómo que no lo detuvieron? No tenía a L.G, bueno, pero a este tipo lo apretás un poco y encontramos a otra”, se enoja una de nosotras mientras en Villa Elvira está por arrancar la asamblea de mujeres. Por un rato largo no tenemos novedades. No sabemos si es el silencio del juez o el frío, pero algo nos hace doler los huesos. En ronda y con pasta frola casera en mano, hablamos de maternidad, migraciones y violencias. Hablamos de la necesidad de estar organizadas y de cuánto necesitamos de la otra, de las otras.

17240675_1335645109811784_116622638675581413_o—¿Cumpas, alguna novedad de L.G?

La pregunta se repite cada media hora en el grupo de whatsapp Frente de Mujeres Unidad Ciudadana La Plata. La asamblea terminó y estamos en una esquina, adentro del auto, frotando las manos con los pantalones para calentar los dedos. Flavia la llama a Gloria y le pregunta si hay alguna tía en la familia con el nombre que dio el pedófilo. Contesta que no. Ninguna de nosotras se anima a decir nada, pero sentimos que la estamos perdiendo.

Abrazos y feminismo

Es media mañana del lunes siguiente. Muchas están trabajando cuando llega al grupo una foto del abrazo entre Flavia y Silvina segundos después de recibir el llamado con la noticia: “Apareció L.G y está en buen estado”. Gritamos, nos abrazamos, lloramos pero de emoción. Todavía no conocemos detalles pero sabemos que la encontramos antes que se la lleven en un micro a no sabemos dónde. Se la arrancamos de las manos. Esta vez no pudieron.

Son las 15 y nos vamos encontrando todas en la puerta de la Municipalidad de La Plata para  una nueva Asamblea Feminista La Plata, Berisso y Ensenada. Somos mujeres diferentes de distintos espacios políticos, sociales, culturales y otras que no pertenecemos a ninguna organización. Somos las que “renovamos nuestro compromiso con la lucha por la igualdad y la justicia de género, en el marco ineludible de la lucha por una patria justa, libre y soberana”. Somos compañeras sororas y hoy además nos encontramos para gritar de emoción por la buena noticia. “La salvamos”, “lo logramos”, “que emoción compañeras”, “una buena”. Con toda esa energía en el cuerpo, entregamos un documento al intendente platense Julio Garro, exigiendo entre otras cosas un presupuesto acorde a las políticas de género en la región.

Alguna muestra desde un teléfono el título de un portal de noticias que nos indigna a todas: “Gracias a un operativo policial hallaron a L.G, la chica buscada desde el 22 de mayo en La Plata”. No solo se desconoce o se decide omitir el inmenso trabajo de la red feminista sino que además ponen su nombre y apellido, dando detalles de su persona entre otras cosas que exponen y violan la intimidad de la joven.

En ronda charlamos un rato sobre el rol de los medios mientras nos abrazamos para combatir el frío. Muchas de las que estamos ahí somos comunicadoras y ejercemos un periodismo no sexista con perspectiva de género.

Se hace de noche otra vez pero L.G ya está en su casa. Hace frío otra vez, pero estamos tan contentas que no nos importa. Un mate feo y lavado va y viene. “Compañeras, hoy le ganamos al Patriarcado”, grita la que tiene el termo y La Manada estalla en aplausos.

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