General Idea: el virus del arte llegó para quedarse

Por primera vez llegó a Buenos Aires una exposición retrospectiva del colectivo canadiense General Idea. Curada por Agustín Pérez Rubio, la muestra de 120 obras recorre los 25 años de trayectoria del grupo; atravesados por la vanguardia, la cultura de masas, el sexo, el género y el sida.

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Texto y fotos de Mariana Cecillon (@marucecillon)

El virus llegó para quedarse, al menos hasta el 26 de junio. Si el Malba hoy parece reivindicar una polémica anacrónica, empapelado con el acrónimo AIDS à la façon de Robert Indiana y ocupado por cápsulas de pastillas gigantes, es porque el curador español Agustín Pérez Rubio desembarcó por primera vez en Buenos Aires el legado del trío canadiense General Idea. Tiempo Partido abarca algunas de las piezas más representativas de los 25 años de creatividad, ironía, lucha y angustia de AA Bronson (Michael Tims), Felix Patz (Ronald Gabe) y Jorge Zontal (Slobodan Saia-Levy).

El grupo comenzó a gestarse en la década del 60, en un Toronto aburrido y aislado de la escena artística mundial. AA Bronson recuerda que por aquel entonces la contracultura en ebullición estaba compuesta por el teatro underground, la “prensa pequeña” y la música. Y que había un claro vacío respecto del arte; un vacío que ellos podían –y lograrían– llenar. Para acceder a la escena artística que latía alrededor del mundo, se insertaron en la red del mail art, un canal que usaban varios artistas latinoamericanos y de Europa del Este para escapar a la censura en sus países. Los seudónimos que adoptaron Tims, Gabe y Saia-Levy surgieron como una consecuencia de esta práctica. En su charla abierta, previa a la inauguración de la muestra, con Agustín Pérez Rubio, AA Bronson explicó: “Nosotros simplemente estábamos aburridos, pero simpatizábamos con esa lucha política de los artistas que vivían bajo regímenes dictatoriales ya que éramos muy críticos con la cultura que nos rodeaba”.

La disposición de la muestra en el Malba nos invita a empezar por el final. Fin de siècle (1990) es la única instalación que ocupa toda una sala del primer piso del museo. A los lejos, bañadas por un blanco que opone resistencia a la vista, encontramos tres pequeñas focas rodeadas de placas de telgopor que representan los glaciares. El segundo reflejo, luego del parpadeo frenético, es, quizás, asociar la instalación al deshielo de los polos y la consciencia ecológica. Pero bastará conocer la historia del grupo y detenerse un poco más en el sentimiento de angustia y vacío que genera el espacio para identificar la triple representación masculina que atraviesa varias piezas de General Idea y asociar el blanco helado de una clínica de hospital con los diagnósticos de HIV positivo de Patz y Zontal en 1989 y 1990. Dado el contexto en el que fue concebida, la metáfora es excelente: lejos de estar en peligro de extinción, en los 90 el gobierno canadiense ofrecía ayuda financiera para reducir la población de focas y, al mismo tiempo, fue la década de auge de la crisis de la enfermedad que afectaba cada vez más personas, y no sólo homosexuales como se quiso hacer creer en sus primeros años. Así, la instalación subraya también la idea de que “algunas vidas son más importantes que otras”, y mientras la inocencia de tres pequeñas focas inspira ternura y compasión, el efecto no sería el mismo con –en palabras de Zontal– “tres homosexuales de mediana edad”.

El segundo piso, que acoge el resto de la muestra, propone un recorrido cronológico que empieza con los beauty pageants (1971-1984) y las Showcards Series (1975-1979) y termina con AIDS (1987) pero también nos impone, en un primer momento, el proyecto final de los artistas. Las paredes del pasillo llevan incrustadas miles de cápsulas blancas de fibra de vidrio con una fina línea azul. One Year of AZT (1991) nos enfrenta al desafío de la vida con SIDA: vivir rodeados de pastillas que ordenan el paso del tiempo, en una atmósfera de clínica y con la muerte al acecho. El AZT (azidothymidine) fue la primera droga aprobada por los Estados Unidos para pacientes de sida, a pesar de sus conocidos y tóxicos efectos secundarios, y consecuentemente era la droga que tomaba en aquel entonces Patz, 5 veces al día. Si alguien se detuviera a contarlas concluiría que hay 1 825 píldoras en total dispuestas a modo de calendario mensual: la dosis anual que consumió el artista antes de morir.

Finalmente, la última sala del segundo piso completa la selección de trabajos vinculados con el activismo contra el SIDA y evidencia el sentido de obligación por marcar la agenda de la opinión pública y romper con el tabú en el que se encontraba atrapada la enfermedad, incluso antes de que dos de sus miembros fueran diagnosticados como portadores. Desde 1984, cuando el sida emergía como una pandemia global que afectaba a una mayoría de hombres homosexuales y cuando la homofobia guiaba las políticas del gobierno estadounidense, General Idea decidió hacer visible aquello que no podía seguir siendo ignorado. Al mejor estilo de William Burroughs y su concepto de “imagen como virus” el colectivo jugó con la icónica imagen pop de Robert Indiana, LOVE (1966) y la reemplazó por el acrónimo AIDS. El primer cuadro de acrílico sobre tela fue presentado en 1987 pero progresivamente cambió de dimensiones, de formatos (videos, esculturas, llaveros…) y se multiplicó para mostrar hasta qué punto el virus podía infectarlo todo y a todos.

Pero el grupo comenzó a trabajar con la imagen como virus varios años antes, desde el lanzamiento de FILE Magazine en 1972. Copiaron el logo de la revista americana LIFE, sabiendo que si la gente la encontraba familiar la leería y, además, instaurando un juego de palabras entre el arte que imita la vida y la vida que imita el arte. Querían que la revista fuera un virus dentro del sistema de comunicación; entonces la publicación jugaba con los límites entre realidad y ficción, y permitió que el grupo creara, en 26 publicaciones, su propia mitología.

Inspirados también por Marshall McLuhan y su teoría “el medio es le mensaje”, su primera etapa estuvo fuertemente marcada por los concursos de belleza como una metáfora que cuestionaba el mundo del arte: el modo en el que el arte era creado, aprobado, seleccionado y adorado. “La competencia por la belleza es lo que sucede cuando un artista hace arte”, explicó AA Bronson en el auditorio del Malba. A través de fotografías, mail art y performances, The 1971 Miss General Idea Pageant (1971) recreaba un concurso de belleza ficticio de principio a fin: desde reglas hasta verdaderos participantes y finalmente una ceremonia de premiación.

A partir de 1984 la figura de Miss General Idea quedó atrás y fue reemplazada por los poodles: primero en la ruinas de Pavilion (1981), luego en P is for Poodle (1983-1989) un autorretrato en colores pastel de Bronson, Patz y Zontal con orejas de perro y, en su punto culmine, con Mondo Kane Cama Sutra (1984), una serie de diez cuadros negros con tres poodles de colores flúor en diferentes posiciones sexuales. El poodle era una figura que en el mainstream norteamericano estaba vinculada con la homosexualidad y era un dispositivo recurrente en los trabajos de General Idea para presionar a la crítica y forzarla a referirse a la sexualidad en su obra.

General Idea dejó de trabajar en 1994, luego de las muertes de Felix Patz y Jorge Zontal. Hoy, el niño que a los 3 años le dijo a su madre que quería ser artista pero que sentía que el arte no estaba haciendo nada por la gente y que quizás debería dedicarse a la arquitectura, tiene 70 años y aún se le hace un nudo en la garganta cuando recuerda a sus amigos. Los fármacos aún dominan nuestras vidas y los problemas de género, lejos de simplificarse, se multiplicaron.  Pero General Idea todavía inspira, desde la retrospección, la idea de que el arte puede invadirlo todo, como un virus, y convertirse en un ente de transformación social.

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