Fútbol y violencia: hacerse cargo

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Por @javimusi.

Hace unos días, en una conferencia de prensa, el entrenador de River Marcelo Gallardo, mientras le consultaban por la situación crítica de Arruabarrena en Boca, nos dejó una frase para reflexionar acerca del fútbol Argentino: “Cada vez estamos más enfermos, hay una locura tremenda, se exagera todo”.

Venimos de un verano agitado en cuanto a hechos violentos ligados al fútbol, el ejemplo más claro es el partido “amistoso” disputado entre Estudiantes de La Plata y Gimnasia de La Plata, donde sucedió lo que el Fútbol Argentino, nos viene anticipando hace ya un tiempo: hechos de violencia dentro de la cancha y entre propios jugadores, quienes terminaron mostrando una imagen vergonzosa y nefasta para nuestro fútbol.
Pero más allá de ese hecho puntual vienen pasando cosas que exceden lo estrictamente futbolístico. Desde el gas pimienta hasta los expulsados y la pelea que hubo en el primer River-Boca de verano que vienen sucediendo situaciones que nos hacen replantear un poco el “mundo del fútbol” del cual todos formamos parte (periodistas, jugadores, hinchas, entrenadores, dirigentes…etc).

Podemos pensar en sanciones fuertes, desde los propios clubes y desde la Asociación de Fútbol Argentino, lo cual apacigua el repudio de la opinión pública por los hechos acontecidos. Sin embargo, más allá de esas medidas disciplinarias, considero que todos los que integramos la maquinaria del fútbol deberíamos tener cierta autocrítica y hacer un mea culpa debido a la violencia que generamos desde nuestros lugares.

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Para intentar entender el problema entrevistamos a José Garriga Zucal que es Doctor en Antropología Social, investigador del Conicet y durante cuatro años convivió con la barra de huracán para estudiar la “Cultura del aguante” y el funcionamiento de las barras en el fútbol argentino.

¿Qué opinas de los hechos violentos acontecidos en los partidos de verano? y ¿Cuáles crees que son las causas de tal nivel de nerviosismo e intolerancia que existe en el fútbol Argentino?

Los últimos hechos de violencia no son ninguna novedad, se ajustan a las mismas lógicas que viene registrándose en los últimos años.

Sabemos que estudiaste durante mucho tiempo al comportamiento de las hinchadas del Fútbol: ¿Qué relación tienen las barras con los futbolístas y con los dirigentes?

Las barras tienen múltiples relaciones con futbolistas y dirigentes. En algunas oportunidades estas relaciones son consensuadas e intercambian apoyos por dinero. Otras veces los barras aprietan a los jugadores y dirigentes. De las dos formas la barra se hace con estas relaciones de recursos materiales que sirven para su organización.

¿Cómo crees que influyen los distintos actores que intervienen en el mundo del fútbol a que se produzcan situaciones como las que venimos observando últimamente? ¿Qué injerencia tienen los medios de comunicación en la reproducción de una supuesta cultura futbolera?

Considero que todos los actores del mundo del fútbol somos responsables de la violencia; con grados diferentes, obvio. Antes que nada hay que mencionar que son muchos los actores que cometen actos violentos en el fútbol y que, de ningún modo, podemos reducir la violencia a un solo actor. Entonces, las barras tienen acciones violentas pero también la policía, los espectadores que no son parte de las barras, los dirigentes, los jugadores, etc. Por otro lado, en muchas oportunidades los actores legitiman las prácticas confundiendo a la violencia con parte del folklore del fútbol. Esto sucede con muchos periodistas, que a veces, reproducen lógicas violentas.

¿Cómo pensás que pueden solucionarse estos problemas?

Es necesario trabajar en el tema con políticas públicas integrales que aborden a todos los actores del mundo del fútbol. Trabajar con las barras, la policía, los espectadores que no son parte de las barras, los dirigentes, los jugadores, etc. Entendiendo que no hay soluciones mágicas es relevante pensar un proyecto con medidas a largo, a mediano y a corto plazo. Hay que trabajar con las barras en formas de inclusión al espectáculo deportivo que deslegitimicen la violencia, que hagan centro en el fervor, en la pasión excluyendo toda forma de violencia. Hay que trabajar con las fuerzas de seguridad para que sean más eficaces en la prevención de la violencia y con los medios de comunicación, dirigentes y espectadores para que no reproduzcan la legitimidad de la violencia.

En conclusión podemos decir que vivimos en una sociedad que se encuentra inmersa en una intolerancia constante por distintas cuestiones y el fútbol se transforma en un exponente más de esta realidad. Pero nada de todo esto es novedoso ya que viene pasando hace mucho tiempo y todos los actores que intervienen tienen su grado de responsabilidad y aportan su granito de arena para que estas cosas sucedan.

De esta manera, las sanciones que puede haber hacia los implicados en los últimos hechos de violencia son válidas, pero en el marco de una restructuración profunda y una reglamentación de políticas públicas que oficien de control, aborden la problemática y eviten todo tipo de prácticas que puedan provocar directa o indirectamente conductas violentas en un espectáculo deportivo.

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