Este mundo existe

mundocruel 450Por @joelcuenca.

“La mariconería es siempre una subversión”, dice Eduardo Alegría en el epígrafe de Mundo Cruel, de Luis Negrón. Se trata de un libro compuesto por once cuentos de temática homosexual, en el que se narran historias que están atravesadas por odio, amor, desesperación, lujuria, deseo, muerte y crimen. Hay sentimientos y sensaciones que confluyen y explotan al unísono dando como resultado desenlaces inesperados. Pero, por encima de todo, estos cuentos están impregnados por todas clases prejuicios y estereotipos, de esos que el patriarcado se encargó de construir e instalar para estigmatizar a una comunidad.

El escritor puertorriqueño ha logrado contar historias que si bien son únicas por sus particularidades, también son de fácil identificación para la población homosexual. Por eso, abordar la lectura de Mundo cruel es sumergirse en ese (sub) mundo marginalizado por el patriarcado. Ese mundo en el que suceden montones de cosas, atroces, terribles, en el que se sufre mucho, pero en el que también se vive con alegría, se consolidan vínculos sanos y en donde es posible vivir una intensa historia de amor. Es aquí donde la capacidad narrativa del escritor recrea ese lado del “mundo gay” que está “oculto” a los ojos de la sociedad, un mundo en el que se puede amar, donde a pesar de la discriminación que sufren las personas homosexuales, se puede ser alegre, se puede ser feliz.

Negrón ha organizado los cuentos de tal manera que los primeros dos corresponden a una etapa infanto-juvenil, mientras que el resto corresponde a una vida adulta y madura. Si bien, en principio, se puede apreciar ese orden cronológico bien marcado entre la niñez y adolescencia, por un lado, y la adultez-madurez, por el otro, el lector puede realizar un ejercicio interesante y en una relectura agrupar los cuentos de acuerdo a una serie o tópico que desarrollan. Al parecer, es este el modo más interesante y productivo de encarar la lectura, porque permite poner en juego la interpretación del lector y habilita un espacio de reflexión necesario sobre una realidad que está frente a nuestros ojos, pero que aun así no se puede o no se quiere comprender tal y como es. Entonces,Mundo cruel interpela al lector para que se mimetice con una realidad que existe, que está ahí, en todos lados, que lejos de ser invisibilizada por el patriarcado, ha sido estigmatizada, despreciada y se ha convertido en objeto maleable a conveniencia. Se ha hecho de la comunidad homosexual un depósito, en el que quién quiera puede vaciar su odio.

Los dos primeros relatos, “Mujercitas” y “El elegido”, junto con “muchos o cómo a veces la lengua es bruja”, cristaliza la opresión que ejerce el entorno sobre el cuerpo del homosexual, cómo los personajes crean estigmas y estereotipos a partir de prejuicios. Prejuicios que se fundamentan mediante una empiria “incuestionable”: cómo se visten, cómo caminan, qué tan lindos son, etc.

El relato “El jardín” narra una historia de amor intensa, posible y transcendental que, a pesar de la enfermedad, a pesar del virus que siempre se ha endosado a la homosexualidad, los protagonistas logran vivirla con felicidad.

Claro, tampoco pueden faltar los cuentos que hablen del “yire”, del ligar entre desconocidos, o no tanto, ya que muchos personajes son habitúes de esas playas que describe el narrador. La promiscuidad también es parte deMundo cruel, que sus protagonistas la viven sin culpa, ya sea porque son parte del despertar sexual del adolescente que necesita satisfacerse con quien sea en donde sea, ya sea porque es parte de la vorágine de vivir una sexualidad oculta, disonante a la heteronormatividad.

Pero los límites de la heteronormatividad, en el libro de Luis Negrón, no son infranqueables, al contrario, se pueden cruzar. Por eso, en el cuento “Junito”, un padre heterosexual, está dispuesto a dejar el lugar dónde ha vivido toda su vida con tal que su hijo, que quizás sea gay, no sufra ningún tipo de discriminación o, por lo menos, que sea lo menos posible. No sólo es una muestra de que el amor derriba prejuicios, también es un motor para repensar(se) las conductas. El protagonista narra en primera persona que él también discriminaba, porque es “bien macho” y lo invertido le parecía mal, porque al “bien macho” todo lo que no se ajuste a sus parámetros debe parecerle mal y, en consecuencia, despreciarlo. Pero ver que su hijo puede ser gay lo hace reflexionar y cambiar de posición.

Los homosexuales –la mayoría- de Mundo cruel no se ocultan, se asumen como tal, reconocen su identidad y la reivindican. Por este motivo, el libro hace honor a su epígrafe porque en su conjunto revolucionan la estabilidad patriarcal tan sólidamente construida, la denuncian, la enfrentan, la golpean, la ridiculizan porque arremeten contra esos fundamentos irracionales en los cuales se basan para estigmatizar. La ponen en evidencia, la dejan en cuerda floja, inestable, a punto de desmoronarse –por lo menos por el rato que dura la lectura-. Los cuentos visibilizan otra cara del mundo que marginalizó el patriarcado, un mundo cruel que padecen los homosexuales, porque está lleno de discriminación, opresión y odio, pero que tiene todos los condimentos de un mundo feliz que no resignaron, porque hay amor, familia, amistad y alegría.

Dicen que no hay que juzgar al libro por su portada, ni para bien ni para mal. Sin embargo, la editorial Páprika hizo un trabajo perfecto –si es que existe tal cosa- con el libro en tanto objeto material que se corresponde con la excelencia sustancial que se desarrolla página tras página. En esa tapa colorinche hay personas, de todo tipo y color, de cualquier orientación sexual, imposible discernirlo; simplemente son: personas.

reseña

 

LECTURAS RELACIONADAS

Deja un comentario