España revive en el Bajo Flores

Por Miguel Cuesta Díaz.

Un gallego llega a Argentina y se enamora de Deportivo Español.

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Cuando llegué a Buenos Aires solo sabía tres cosas relacionadas a mi país: que los chistes de gallegos son muy graciosos, que hay bodegones gallegos donde se come muy bien y que algunos viejecitos hablan con tonada ibérica. Me costó unos meses enterarme de que hay un equipo que se llama Deportivo Español. Ese que Adrián, con el aire tozudo de los emigrantes españoles de antes, llama el más grande de los modestos.

“¿Sabés por qué Español no es el quinto equipo más grande de Argentina? Porque se fundó demasiado tarde”, me dijo aquella tarde en La Glorieta.

El Gallego compitió 15 temporadas en Primera, fue subcampeón en 1986 y 1992, participó en la Libertadores y logró vencer a Boca y River. Pero como sucede con tantos equipos chicos que rozan la gloria a costa del sonrojo de los grandes, llegó un momento en que el club tocó fondo. En 1998 Deportivo Español descendió de categoría. En 2003 no pudo hacer frente a las deudas y la sede social cerró sus puertas. El club estuvo al borde de la desaparición hasta 2007, cuando parte de sus instalaciones fueron rescatadas gracias a un acuerdo con el Gobierno de Buenos Aires, presidido entonces por Jorge Telerman.

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De los 20.000 socios que alguna vez tuvo el club, sólo unos 2.000 permanecen en 2015. Para esos 2.000 hacer el aguante, más que una pasión futbolera, es una resistencia anclada en la memoria y un filtro para entender el mundo: Deportivo Español es una forma de vida.

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−Sí, estamos en La Glorieta, te esperamos acá.

Al otro lado del celular habla Eñe. En La Glorieta, que es la parte de atrás de la confitería del club, varios hinchas consumen los minutos de la previa futbolera entre cervezas. En torno a una mesa redonda, de cemento, se sientan Adrián, Héber, Guaje, Viti, Ariel, Fatiga… Esta tarde Deportivo Español juega contra Brown de Adrogué por un partido de la B Metropolitana.

Eñe luce barba y una boina gris como las que recorrieron las cabezas de los emigrantes europeos que llegaban al puerto de Buenos Aires. Es músico y con su banda El Violinista del Amor y los Pibes que Miraban, que suena como si Nick Cave y Ennio Morricone se fueran de copas, ha llevado algunos himnos libertarios de la Guerra Civil Española como el ¡Ay Carmela! a espacios tan dispares como el Konex, la Villa 31 o la librería Ateneo.

−La primera vez que vine a la cancha fue en 2007, con la reapertura del club. Traje a mi abuelo, que es gallego, de las Rías Baixas, porque me parecía que él tenía que vivir esto, que pertenecía acá. Él siempre mantuvo contacto con la gente de Español, lo que pasa es que al llegar a la Argentina trabajó como albañil en una de las ampliaciones del Monumental y se hizo hincha de River.

El Club Deportivo Español nació el 12 de octubre de 1956, tras una reunión mantenida por una mayoría de gallegos y asturianos. Por pocos votos no adoptaron el nombre de Unión Española, un histórico del fútbol chileno. La primera sede se situó en el sótano del bar La Mezquita, a escasos metros de la Avenida de Mayo. En aquella época los barcos de pasajeros que llegaban de las costas españolas se contaban por miles.

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−Español fue fundado entre republicanos y franquistas por amor al fútbol, más allá de sus diferencias políticas: por eso mismo el escudo porta el azul y blanco de la bandera de Argentina y el rojo de ambos bandos –así lo especifica Xoán Manuel Negreira, otro hincha que es además militante de La Lorca, una de las agrupaciones políticas que han promovido la querella argentina contra los crímenes del Franquismo.

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En la sede social del Club Deportivo Español, ubicada en la avenida Santiago de Compostela del Bajo Flores, todo está limpio y ordenado pero las formas parecen fosilizadas. En la secretaría actualizan los abonos pagos a lapicera y tachón. En una pared del bar subsisten, ya descoloridos, algunos carteles de una campaña turística que realizó el Gobierno de España en los años 90: de cuando los partidos políticos españoles contactaban con la institución para buscar votos en ultramar.

En un salón aledaño un grupo de jóvenes entrena Yin-Tao con el maestro Coki Manzano, un hincha que abandonó los excesos de la barra brava y como Cutty, el boxeador de la serie The Wire, ha montado una escuela de defensa personal para alejar a los pibes de las esquinas. Guaje vive cerca del club, a dos cuadras, en una casa que construyeron sus abuelos.

−Yo soy de Español porque crecí acá. Antes el barrio estaba muy poco poblado y no había mucho que hacer, aparte de hinchar las bolas en el club. Entonces sólo había fábricas, talleres mecánicos y tres ranchos no más, allá detrás de la cancha.

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Él conoce bien el barrio, este Bajo Flores donde después de 2001 surgió otro Bajo Flores de asentamientos precarios, talleres de costura ilegales y desidia general, mientras las puertas de la entidad permanecían cerradas.

Para un barrio de aluvión migratorio –primero de origen español e italiano, después latinoamericano y coreano- la presencia de un centro deportivo se puede develar como un elemento articulador. No resulta anecdótico que los jóvenes de las categorías inferiores de Deportivo Español tengan rasgos andinos o asiáticos. Ni que el equipo amateur Bolivia Fútbol Club juegue de alquiler en la cancha del Gallego.

El estadio Nueva España es la cancha mejor acondicionada del Ascenso. Tiene una capacidad para 34.000 espectadores aunque esta tarde, como casi todas las presentes, la asistencia no llegará ni a la décima parte.

−Mi tío Guille -empieza Eñe entusiasta, mientras mira el terreno de juego- fue arquero de varios equipos del Ascenso. También atajó en el Sporting de Gijón de los años 70: era el suplente de Castro, el hermano de Quini. Guillermo Esperante -expresa con una pausa nostálgica-. Se vestía con vincha, camisa de colores, pantalón violeta y mangas acampanadas, como Loco Gatti. Imagina la barra, ¡cómo lo cargarían a los gritos!

Hoy quienes gastarían bromas sobre el alarde glam del tío de Eñe sólo podrían ser los hinchas locales, mientras la AFA mantenga la prohibición para el ingreso de las barras visitantes. Así es que el fondo opuesto está vacío y de este lado del estadio se impone una marea de banderas, pancartas, bufandas o gorritos pesqueros, todos en rojo y amarillo. En la Popular las camisetas de Español se confunden con las de la Selección Española.

− ¡Vamos Gallego, ponga más huevos, que te lo pide Bajo Flores entero! –arranca a bombo y platillo la gente de La 55, la barra brava local. La mayoría de ellos no tienen ancestros españoles: son pibes del barrio en busca de una identidad, de una causa común.

La Popular es como una gran familia: todos se conocen. Por allí anda Peluca, un tipo acelerado, cariñoso, que no para de moverse en su “gira tribunera”, como la define Eñe en el cómic que le dedica junto al dibujante Federico Pazos. Por allá se aproxima Walter, uno de esos elegantes del fútbol que con jogging y zapatillas blancas se comporta como dentro de un traje de tweed. Su voz profunda denota lo que hace: dirigir el programa de radio 100% Español.

Esta tarde falta Pola. En realidad no viene a la cancha desde aquella vez que se enfadó con la directiva y dijo que nunca más volvería. Pola diseña camisetas de fútbol y mantiene pieldeascenso.com.ar, un sitio especializado en casacas de equipos chicos. Su texto más leído es aquel donde recuerda que Boca, el único club argentino que nunca descendió de Primera, sí compitió en Segunda antes del profesionalismo: “Años de lucha y amor propio en las categorías bajas fueron el germen de lo que es hoy el poderoso equipo de la ribera”.

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En cada esquina del estadio aparecen rotulados nombres de futbolistas ilustres de Español: Pedro Catalano, que fue el arquero titular durante 18 temporadas y hoy forma parte del cuerpo técnico. Luis Moreno, que vistió la casaca roja durante toda su carrera. El uruguayo José Batista, el extranjero con más partidos jugados. José Luis ‘Puma’ Rodríguez, máximo goleador del club en Primera. También las dos fechas en que el equipo ascendió a la máxima categoría del fútbol nacional: 1966 y 1984.

Quien no es recordado en ningún tipo de gesta es un personaje decisivo en la trayectoria de la institución: Francisco Ríos Seoane. Presidente de Deportivo Español entre 1978 y 1996, fue quien adquirió en propiedad los terrenos, quien negoció los créditos para la construcción del estadio, de la pileta olímpica, de las canchas multideportivas, quien cumplió con los dos sueños de todo gallego en Argentina: llegar a Primera y tener en propiedad un terruño.

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Ríos Seoane era un empresario hecho a sí mismo, astuto y receloso, capaz de ir a muerte por lo suyo y destrozar a quien se lo quisiera quitar. En 1996 fue investigado por fraude, estafa y otros delitos, como prender fuego al bar del socio opositor Ignacio Torres con él adentro. Aquella vendetta a la gallega tuvo origen en la negativa de la junta directiva para vender el plantel deportivo y la ficha federativa de Español a Mauricio Macri, quien entonces pretendía fundar un nuevo equipo en Mar del Plata.

Cuando Macri abandonó el proyecto, tras ser elegido en 1995 presidente de Boca Juniors, la fatalidad ya se había apoderado del club. En 1998 el equipo descendió de categoría y dos años después fue declarado en quiebra. Tanto poder había acumulado la personalidad de Ríos Seoane que sus circunstancias marcaron el auge y la caída del Gallego.

Fue durante aquellos años de burbuja económica y borrachera deportiva cuando la mayoría de los hinchas que todavía hoy hacen el aguante en la Popular conformaron sus identidades. El sociólogo Pablo Alabarces considera que detrás de la adscripción como hincha se sobreponen otras identidades “prefutboleras” y aspectos culturales de toda índole como la socialización infantil, el sentimiento de pertenencia o la conversación diaria: “Situaciones -especifica en su libro Peligro de gol- que involucran al propio observador, que recorren su cotidianeidad”.

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Adrián nació en Buenos Aires pero ha vivido algunos años en Asturias, la tierra de sus padres. Él se declara argentino y asturiano, se puede comunicar en bable, que es la lengua de sus ancestros, y es capaz de transitar de la tonada porteña a la ibérica.

−Mi infancia está ligada a este club -confirma Adrián con un silencio-. Mi padre se hizo socio de Español cuando llegó a Buenos Aires. De chico, cuando veníamos a la confitería, o a los partidos, me parecía que los demás hombres tenían que ser necesariamente camareros y asturianos, como mi padre, porque hablaban con el mismo tono y se comportaban de la misma forma.

Adrián detenta ese particular sentido de pertenencia de algunos expatriados, que adoptan una gestualidad y un vocabulario y un sistema de valores cuyo centro está corrido hacia un extremo tallado en pureza. Para Adrián, Deportivo Español significa raíces como quizá para su padre significó patria.

Cuando el cantante gijonés Nacho Vegas visitó Buenos Aires en mayo de 2013, Adrián lo contactó para decirle que si había alguien en Argentina que tenía que entrevistarlo era él, por ser ambos asturianos. Aquella entrevista, donde la conversación se desvía hacia la memoria y la resistencia, fue publicada en el diario Diagonal y en el blog de Adrián, visiegu.tumblr.com, donde además escribe poemas y relatos.

La historia de Héber no es menos particular. Su padre, sus hermanos, sus tíos son seguidores de Boca y sin ir más lejos le debe su nombre a un delantero del Xeneize, Ernesto ‘El Héber’ Mastrángelo. Pero de chico el recinto deportivo más próximo a su casa era el de Deportivo Español. Allí acudía con amigos del barrio, allí participó, incluso, en las categorías inferiores del equipo.

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−Yo me acuerdo de coincidir en la pileta con Adrián, con su primo Viti, con otra gente más grande, y después pasar a la cancha para ver el partido de fútbol contra algún equipo, entonces de Primera. Eso era lo que hacíamos habitualmente en el club, esa fue nuestra infancia. Eso es lo que somos.

En su ensayo Retromanía el crítico musical británico Simon Reynolds analiza cómo se producen el revivalismo y la adicción a lo retro en la música popular. En el epígrafe Atascados en el Pasado toma como ejemplo a Billy Childish, el extravagante artista inglés que graba canciones en cassette y dibuja con carbonilla no sólo como parte de un gesto estético, sino en sintonía con una concepción ética de la vida y del arte. En el manifiesto del Stuckismo, Childish expone su desafección hacia un presente coaccionado por la idea de progreso ilimitado, al tiempo que acepta los límites materiales como parte de una “búsqueda de la autenticidad”.

“Son stuck (apegados a, clavados en) –escribe Reynolds- porque pretenden rebobinar la cinta de la historia del pop y mantener apretado el botón de pausa en un momento determinado, con la esperanza de hacerlo durar para siempre. Pero también en el sentido de stuck on you (unido, fundido contigo): enamorados de aquí a la eternidad, imperecederamente fieles a un recuerdo dorado”.

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El viaje hacia la memoria puede ser una resistencia pasiva, estancada como matiza Reynolds, pero también puede derivar en acción. Si el pop remite a su propio pasado, la nostalgia de los hinchas de Español se da cita con fuerzas mayores: barrio, infancia, memoria familiar, tierra, orgullo.

“Hoy es domingo 9 de julio del año 2000. Hoy es el día que teníamos que abandonar las instalaciones del club y hoy es también mi cumpleaños. Soy un hombre” relata Adrián en La toma, una de las crónicas de su libro Relatos en Español donde reconstruye algunas de sus memorias vinculadas a la institución.

Los socios de Español lograron detener un primer intento de remate después de atrincherarse durante una semana en las instalaciones de la entidad. El 1 de agosto del 2000 la Ley de Fideicomiso que salvó de la quiebra al histórico Racing de Avellaneda sirvió para retrasar la resolución que afectaba a Deportivo Español hasta 2003, cuando los gallegos fueron finalmente expulsados de su terruño.

El 30 de abril de 2007 los hinchas de Español mantearon al presidente de turno, Mario Rodríguez San Martín, tras firmar con el Gobierno porteño su regreso a casa. Aquel día, cuando entraron al estadio, se encontraron un caballo de cartonero pastando a la altura del área de gol. En un gesto que sólo se puede definir de ingenuidad o de altura irónica, el propio presidente posó para la prensa, con traje y corbata, delante del animal.

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Héber, que es diseñador gráfico y un mordaz tuitero que comenta los partidos de Español en su cuenta @corderodedior, encuentra en el presente errabundo del club una fuente de creatividad. Así mantiene lujoiberico.tumblr.com, un blog colectivo donde él y sus compinches de grada retratan con fotos y crónicas el periplo de su equipo por la geografía modesta del fútbol nacional.

−Yo me había alejado del club, del fútbol en general, pero regresé poco antes de 2007 por ellos, por los chicos, para volver a compartir esta vivencia que es haber crecido en Español.

Héber, además, toca la batería en varios grupos del under porteño y deja un guiño al universo del Ascenso argentino con Darío Dubois Dúo, una banda de post-rock cuyo nombre rinde homenaje a un ex futbolista que jugaba con la cara pintada y tocaba en una banda de metal. Títulos como Cañuelas, Yupanqui Intermezzo o Riestra Suite  rastrean con humor tácito los equipos por los que pasó el ínclito delantero antes de morir y convertirse en un mártir del conurbano.

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El partido -¿quién seguía mirando el partido?- continúa en un 0-0 insípido, con un juego deslavazado por las pérdidas de tiempo. Un perro se pasea por la grada y busca calor sobre las piernas de los hinchas. Es uno de los protegidos del encargado del parking, a quien una voz proclama como “el señor de los perros”.

A falta de 15 minutos para el pitido final se ve acceder al estadio a un hombre cojo, con el pelo cano y alborotado, que se apoya sobre la valla metálica para ver el partido.

−Ya llegó Linye, el hincha número uno de Español –dice Héber sobre Manuel, un hombre inválido quien nadie sabe cómo pero llega a todos los partidos: los de local y los de visitante. Algunos creen que su padre fue uno de los fundadores del club.

Para las últimas jugadas Adrián también se encarama a la valla, cerca de la portería rival, en un ritual que repite desde aquella vez que logró poner nervioso al arquero de Ituzaingó y Español marcó un gol que sirvió para evitar el descenso. La estratagema no funciona esta vez y el partido finaliza en empate.

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−Acá seguimos los que quedamos, el reto está en convencer a los que se fueron para que regresen -expone Adrián con ojos melancólicos-. Para que las mesas de la confitería vuelvan a estar ocupadas cada día.

−El problema –replica su primo Viti- es que ahora la gente se reúne en los centros regionales repartidos por Buenos Aires: el gallego, el asturiano, el leonés…

−Pero te digo una cosa –retoma Adrián corajudo-: vale que hemos tocado fondo, pero Español no es el quinto más grande de Argentina porque se fundó demasiado tarde. Porque muchos emigrantes españoles participaron antes en la fundación de San Lorenzo o de Independiente… Quiero decir, gente hay, sólo hay que moverse.

Las palabras de Adrián esconden un último aliento, como si el descalabro externo no encontrara reflejo en su interior, donde todavía existe una continuidad con los sueños dorados de un adolescente.

El orgullo de pertenecer a un equipo humilde, construido desde abajo, pone a Español en línea con una filosofía de vida donde más que la fe, importan los mantras: “Desde chicos y para siempre esto es el club para nosotros. Sentimiento, pertenencia y amistad. Nunca nos tendrán”, expresa Héber en uno de sus tuits.

Estar ahí es una forma de resistencia que, de manera sutil, se configura como una potencia constructora y articula la entera existencia.

Cada uno de ellos se ha convertido en una extensión del Gallego.

Ellos ya no son ellos. Ellos son Deportivo Español.

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