Enamorados de lo intenso

Por Matías Máximo.

Reseña de El paraíso de los solos (Milena Caserola) de Agustín Romero. 

En El paraíso de los solos suena Radiohead de fondo, se lee a Bolaño y las playas levantan un viento que golpea. Existe el amor hasta su estado más denso y mortífero: porque los sentidos de ese amor solo se refuerzan con la ausencia y la posibilidad de la pérdida. En la primera novela del trelewense Agustín Romero, si no hay qué decir, existen demasiadas razones para callar.

tapas finalSevero tiene 26 años y trabaja en un videoclub. Cuando está con su novia María imagina su verdadera felicidad y goce junto a un hombre y lo vive como un “alambrado eléctrico” que le impide acercarse. Coge pero no acaba. “A su vez cuando cogía con hombres me sentía culpable y no pedía otra guarida que María”, dice Severo, que vive empalagado de un existencialismo patagónico culposo.

Un día llega Lars, “el alemán”, y ya no hay dudas de que seguir con María es cagarla y jugar con su tiempo. Lars completa un panorama ya melodramático. Sus padres murieron en un accidente de autos y está solo. Dice “yo no me enamoro” y parece que miente. Así le clava cuchillos a Severo, que está entregado a los ‘sí’ y los ‘no’ porque no le importa sufrir: siente que vale la pena y que es mejor estar mal que no estar.

El alemán lo enloquece en preguntas que se filtran en los párrafos: ¿Qué estará haciendo ahora?¿Se estará cogiendo a otro?¿A otra? Los diálogos tienen una carga filosófica que ofrece dos lecturas: frenarse a preguntar o pasar de largo con la otra historia, la del amor trágico.

-Las palabras empiezan a ejercer un efecto extraño en mí cuando las repito muchas veces, establezco un contacto ilusorio con el lenguaje -dice Severo.

-Estás loco, es todo ilusorio menos el lenguaje, por eso duele -contesta el otro.

Uno de los personajes de La náusea de Sartre tiene una vida rutinaria hasta que empieza a sentir un asco que lo conmueve. Los paseos sinsentido y las horas de biblioteca se justifican con esa náusea: la existencia. Más acá Severo es un sartreano patagónico, que camina por su íntimirritante Trelew “donde el tiempo no transcurre, donde los relojes cuelgan de las paredes solo para exagerar nuestra condición humana, el inexorable deterioro de nuestra biología”.

En la contratapa la también trelewense y hiphopera Sara Hebe dice que “una playa llamada paradójicamente Unión es el escenario que contiene a estos personajes desamparados, devastados” y agrega que “estamos juntos en el paraíso de los solos”.

En Unión está el sexo en el mar y adentro de las carpas. La playa tiene las secuencias más excitantes del relato en el que a falta de bolichongos y saunas prevalecen el yire y los baños públicos.

El viento en la playa parece el mismo que tejió las horcas de Los suicidas del fin del mundo de Leila Guerriero: esa quietud que perturba en el sur y late como el encierro desquiciado de El Resplandor. ¿Será que todos los caminos de la soledad llevan a lo mortífero? No. También está la introspección que alimenta, como la de Juan L. Ortiz en el éxtasis de los silencios entrerrianos. O la de Emily Dickinson acumulando sus poemarios en un baúl hasta la muerte. Por eso Severo también escribe poesías. Y se pregunta si algo tiene sentido en un mundo lleno de interpretaciones y pijas.

Lo dice Severo: “Todo cae bajo el plomo de un realismo perverso. De a poco, Playa Unión se sustrae de un género fantástico al que falsamente pertenecía, de un desierto poblado de seres imaginarios que ahora son verdaderos y temibles fantasmas, policías del Apocalipsis, las versiones más terribles del género humano”.

Escaparse, hacer las valijas, irse lejos, retorcerse de la angustia, olvidar lo doloroso que puede ser el amor, enamorarse otra vez. Todo a la par en un terreno fuera del tiempo que no contempla la estabilidad, que deprecia la tibieza de lo impersonal en las grandes ciudades y se perturba en el infierno grande de los pueblos. Entonces: el paraíso de los solos es el único lugar de vida posible para estos enamorados de lo intenso.

 

El paraíso de los solos
Milena Caserola
238 páginas
2014

LECTURAS RELACIONADAS

1 Response

  1. Muchas pero muchas ganas de leer esta novela después de leer esta reseña.

Deja un comentario