En La Plata también las queremos vivas

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Por @pedrobelloni. Fotos: Violeta Martínez González.

“No le toques el culo a la chica, pendejo. ¿Qué hacés?”. Increíble, pero real. Se vio clarito. Un chico de unos veintipico de años, con pantalones de colores estilo escocés, campera de abrigo y pelo corto, caminaba de la mano de una chica con la misma edad pero menos colores, mochila Jansport negra y campera gris. Un joven cubierto con una bandera que decía UJS pasó corriendo por al lado, estiró la mano y le tocó el culo. Fue en la calle 51, casi a la altura de la Plaza San Martín.

La convocatoria empezó días antes, pero el 3 de junio no hay red social que no esté inundada del hashtag #NiUnaMenos, acompañado a veces de fotos, otras incluso de un vídeo. ¿Cuánta gente concentró en Plaza Moreno? ¿Más de 5.000 personas? ¿Más de 10.000? La empleada de una panadería ubicada en el centro, sobre calle 8, dijo que este año hubo mucha más gente que el año pasado: vendió todos los bizcochos de avena que hizo.

La cajera de la panadería, señora de pelo corto, rubio teñido, sombras negras y uñas blancas, preguntó: “¿Todos estos están por las mujeres que les pegan?”. El tono de la pregunta no pareció el de una persona curiosa, quizás por eso nadie le contestó. Repitió la pregunta. El que se llevaba los últimos bizcochos de avena le contestó.

—Sí.

***

Las voces del escenario hicieron eco en la plaza y sus alrededores, dos o tres no quisieron perderse nada, y saltaron las rejas del monumento de San Martín para ver mejor, otros lograron lo difícil y subieron a la altura de la estatua, a los pies del caballo del general. La mujer que hablaba era la madre de una víctima de violencia de género, a la que el novio mató cinco años atrás. No pudo disimular ni soportar la situación: se largó a llorar cuando dijo “necesitamos que los hombres se comprometan para que la lucha no sea en vano”.

niunamenos3Le siguió otra mujer un poco más joven, que además de nombrar más víctimas, hizo responsable a los gobernantes por destinar nada más que un 0,0055% del presupuesto a políticas de género. La chica que vino después agregó a los gobernantes anteriores para afirmar finalmente la ausencia del estado y la necesidad de tomar medidas con urgencia.

A diez metros de la estatua y a unos treinta de la muchedumbre en el escenario, siete amigos y amigas se repartieron una tambora, un par de tambores alegres y unas maracas para cantar algunas cumbias colombianas, que algún oyente casual amagó a bailar. No se entendía mucho qué cantaban, pero en una que otra estrofa se podía -apenas- escuchar la palabra “Macri”.

La primera convocatoria a marchar comenzó en 2015 desde las redes sociales, después del crimen de Chiara Páez, en la localidad santafesina de Rufino. Esta movilización pidió, entre otras cosas, la implementación del Plan Nacional de Acción para la prevención, asistencia y erradicación de la violencia contra las mujeres, contemplado en la ley 26.485. Este año se agregaron otros temas como el aborto legal, más presencia del estado o la seguridad laboral para el colectivo LGTBI.

Cuando se acercaron a la plaza, sobre 53 y 12, algunos autos vieron las calles cortadas pero ya no se podía hacer marcha atrás, entre bocinazos esperaron que la oficial de tránsito le diera paso a la gente que quería cruzar, después dieron la vuelta en U sobre la otra mano y se fueron. Nacho, un estudiante de Bellas Artes, le dijo a sus compañeros de marcha que “le parecen unos pelotudos bárbaros los que no tienen motivos y aun así no marcharon”.

Ya en la procesión, caminaron por diagonal 74 hasta que en calle 8, se bajó el acompañante de un Peugeot 307 rojo, un hombre vestido de buzo negro con el escudo de Estudiantes, con la intención de pedir que abran paso. El conductor, un hombre de pelo canoso, arrugas y facciones duras, empezó a asomar la trompa por un hueco, hasta que algunos manifestantes se dieron cuenta y formaron una barrera humana que no lo dejó avanzar: “Dejenlo pasar, tenemos que ir al hospital urgente”, insistió el fanático pincha, que ante la negativa no tuvo más que volver a meterse en el auto, no sin antes gritarse con un hombre de pelo largo y gris.

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Algunas agrupaciones concentraron en la fiscalía de 13 y 48, el resto directamente en Plaza Moreno. Cerca de las siete de la tarde, una vez todas juntas, empezó la caminata y los distintos cantos se entrecruzaron. La Unión de Juventud Socialista cantó durante casi todo el trayecto y sin interrupciones, “Ni uuuuna menos, ni uuuuna menos. Basta de feeemicidios, viivaas nos quereeemos”. Una cuadra antes de llegar a San Martín, en el cruce de 8 y 51, el centro de estudiantes de periodismo se frenó unos minutos, y mientras dejaba avanzar a la agrupación de adelante, cantó la marcha peronista, acompañada de un ritmo de tambores y zicus, que el grupo de pueblos originarios tocaba.

Terminó la marcha. Vuelta a casa. La televisión sigue su curso: empezó la Copa América, los panelistas se siguen gritando de una esquina a la otra y las bailarinas del fondo hacen su mejor sonrisa para recibir a la protagonista de la noche. Tiene 17 años y, en un momento de la semana que la audiencia decae, bailó con casi 20 puntos de rating. Al final del día, parece un 3 de junio más.

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