El problema es el lenguaje

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Por @salvadormarinaro. Fotos: Nuestra Sabiduría.

Laureano Segovia está sentado en la pirca de una casa en la ciudad de Tartagal. El viento levanta polvo y molesta los ojos, atardece, todavía el calor es sofocante. Segovia mira las piedras de la calle, hace varios minutos que no dice una palabra: el grabador sigue marcando las horas, los segundos. Un hombre moreno, curtido por el sol, cruza la vereda:

-Am’Te- le dice marcando los sonidos que surgen de lo profundo de la garganta.

Segovia apenas levanta una mano para saludarlo. Vuelve a mirar al frente.

-Se está haciendo tarde- le digo.

Él afirma con la cabeza.

Al cabo de unos minutos, levanta los ojos. Tiene las cejas pobladas, la mirada dura.

-Mire, Marinaro. Yo escribo para que wichí tenga libro. Porque así lo dicta mi corazón- me dice y señala su pecho. En el mundo wichí, allí nacen las palabras verdaderas.

***

[VER MÁS: ¿PARA QUÉ SIRVE UNA ENTREVISTA?]

***

Laureano Segovia es, probablemente, el primer escritor wichí de la Argentina. Aunque cada uno de esos términos esconde un problema: decir escritor es decir Occidente, es proclamar el prestigio de la palabra escrita sobre la palabra dicha; es afirmar una educación, un rol social, un estilo de concebir la expresión artística. Más aún, si agregamos las palabras “primero” y “probablemente”.

Lo cierto es que Segovia escribe, publica libros y pertenece a una cultura que conoció las letras avanzado el siglo XX, siempre acompañadas de delegados de gobierno, capataces de estancia, predicadores protestantes y académicos que venían de los confines del mundo.

mkoff-viaje-01Tiene sesenta años y ha dedicado las últimas dos décadas a recolectar historias de su pueblo y las comunidades originarias que viven a la orilla del Pilcomayo, al extremo norte de nuestro país y en el sur de Bolivia y Paraguay.

Sus libros son recopilaciones de mitos, cosmogonías, viejas costumbres y también relatos del pasado reciente, como la sequía del río Pilcomayo o la toma del puente de Misión La Paz al promediar la década de los noventa.

Sus publicaciones (la mayoría versiones bilingües en wichí y castellano) mantienen ese particular español que combina el sustrato indígena junto a la ortografía inglesa, ya que los anglicanos fueron los primeros en codificar aquella lengua.

A mediados de los años noventa, decidió montar el taller Otichuna, es decir “recuerdo”. Segovia es carpintero y concibe a la memoria como un trabajo paciente, que hay que descubrir, limpiar y reparar. Las paredes de su taller están colmadas de antiguos casettes, todos ellos con grabaciones de los más ancianos de su pueblo, apilados del piso hasta el techo.

***

-Hace mucho tiempo, los wichí éramos sólo hombres. No había mujeres, porque vivían en cielo. Por las nubes andaban- dice y señala un ventilador que gira en el techo, con parsimonia- entonces los hombres salían a mariscar. Salíamos a mariscar.

Estamos en el almacén del pueblo, que además de vender frutas, verduras y todo tipo de conservas, anuncia un menú del día en una pizarra. Hay dos mesas de plástico, pintadas de rojo y blanco, donde puede leerse el logo de Coca-Cola. A la izquierda dos hombres comen en silencio. Segovia toma un caldo de papas y osobuco que se deshilacha cada vez que presiona con la cuchara. Lleva puesta una gorra de los New York Yankees.

-¿Mariscar?

-Si. Mariscar. Juntar lo que te da el monte. Como mieles -pronuncia las eses con respeto- yusca, raíces. Antes el monte te daba todo…

-¿Antes no había mujeres?

-No. Vivían en cielo. Cuando los hombres volvían de mariscar, ellas con una escalera bajaban y robaban comida. Entonces hombres, deciden poner loro como celador para que les avise. Esas cosas contaban los viejos.

Habla lentamente, esperando cada palabra.

-Entonces, ¿qué pasa? -se pregunta- Las mujeres engañan loro y se quedan con comida. “Pero, ¡pucha che!” dicen los hombres. Entonces, ponen perro como celador…Y también se quedan sin comida… Entonces, Tojwak -el más astuto de los wichí- les dice “escuchen compadres, yo me quedo a vigilar”.

Un perro flaco cruza la puerta del almacén y se acerca a Segovia. Él toma un pedazo de pan y se lo da en el hocico. Después vuelve a comer.

Al cabo de unos minutos, le pregunto:

-¿No continúa?

-¿Qué cosa?

-La historia de Tojwak.

Toma una cucharada del caldo.

-Sí… Tojwak atrapa mujeres… Con una red de pesca.

***

El primer libro de Segovia, Lhatetsel: nuestras raíces: nuestros antepasados publicado en 1996, fue por mucho tiempo el único ejemplar escrito en su lengua que no fuera la Biblia o material de difusión de los anglicanos. Hasta el día de hoy existen varios conflictos en torno a la lengua de los pueblos originarios. Las escuelas bilingües son recientes en la provincia de Salta y no hay capacitación para los maestros que decidan dar clases en estas latitudes.mkoff-viaje-11

“Por mucho tiempo, los padres wichí no quisieron enseñar idioma a sus hijos. Piensan que les va a ir mejor si aprenden sólo la lengua de los blancos. Les da vergüenza que hablen como indios” dice Omar Guisano. Es uno de los operadores de la radio La Voz Indígena de Tartagal, en cuya programación conviven las lenguas wichí, chorote y guaraní. Afirma que la difusión de los idiomas es muy reciente, desde hace poco tiempo la gente ha empezado a apreciarlas.

Él y Segovia no hablan de “lengua” o “lenguaje”, sino de idioma; tampoco dicen “originario”, sino indio. A veces, cierta corrección entorpece las cosas.

***

Segovia vuelve a tomar un poco de caldo.

-¿Qué sucedió después?- le pregunto.

Cruza las manos delante suyo y pronuncia cada palabra en voz baja.

-Tojwak las atrapa… Pero a estas mujeres no se las podía usar…

-¿Usar?

-Sí. Usar. No se las podía usar porque tenían dientes. Dientes ahí abajo. ¿Cómo dice el castellano?

-¿Qué cosa?

-Ahí abajo. De las mujeres –mira hacia un costado, quizás por vergüenza.

-¿Piernas? ¿Rodillas?…. ¿Sexo? ¿Vagina?

-Eso. Vagina. No se las podía usar porque tenían dientes en la vagina. Y uno se lastimaba… ¿Cómo dice el castellano?

-¿Qué?

-Lo del hombre. Lo que tienen los hombres ahí abajo

-¿Pene?

-Sí. Uno se lastimaba el pene… Entonces, Tojwak dijo “Escúchenme, muchachos, yo tengo pene de piedra voy primero con todas las mujeres y después van ustedes”. Así Tojwak estuvo primero con mujeres y después cada uno tomó esposa.

***

-Los ingleses me pusieron el nombre de Laureano. Antes nadie tenía nombre en idioma.

Segovia nació en Misión San Andrés, en la orilla formoseña del río Pilcomayo, una de las misiones que fundaron los anglicanos en el norte argentino a principios del siglo XX. Antes de su llegada, los wichí vivían en sociedades dispersas, que eran diezmadas por el ejército de los tres países que se encontraban en la frontera.

-Un hombre viejo contaba historia sobre cuando los militares mataban wichí. Eran historias de la gente de antes.

En los libros de Segovia se recuerdan las grandes matanzas a principios de siglo. Durante la Guerra del Gran Chaco (1932-1935) los ejércitos paraguayos y bolivianos reclutaban a los indios o los asesinaban para que el bando enemigo no los cooptara. La política argentina era aún peor: fusilamientos colectivos, matanzas comunitarias o razias para proveer mano de obra semiesclava a los ingenios eran moneda corriente.

Alfred Metraux, un etnógrafo suizo, viajó a Misión San Andrés a principios de la década del 30 y en su diario anotó: “los niños indígenas les tienen mucho miedo a los argentinos, y los indios les explican todo el tiempo que nosotros no somos argentinos”. Esa relación entre la vida y lo que está apunto de desaparecer, la palabra y el olvido y la literatura como una estrategia para conjurar la falta de memoria está presente en cada línea de la obra Segovia.

mkoff-diego-y-lucho-01Es probable que las matanzas se detuvieran (o más bien, disminuyeran) ante la presencia inglesa, aunque el costo de esta protección fue alto. La South American Missionary Society llegó a la orilla del río a fines de los años veinte y fundó tres misiones: San Andrés, El Toba y Pilagá. Congregó a los wichís en distintas comunidades y les enseñaron a defenderse.

Pero la moral recién llegada del norte les prohibió cantar, beber alcohol y bailar. Segovia cree que, a partir de ese momento, los viejos dejaron de contar sus historias. Los largos ciclos de relatos, como el de Tojwak, se fueron perdiendo y su lugar fue ocupado por la lectura del evangelio.

Segovia dice que tomó contacto con los ingleses cuando era un niño.

-Yo tenía ocho años cuando llegaron ingleses. Yo vive en casa de ellos. Muchos, muchos años estudié con ellos. Buscaba leña, cargaba agua.

***

-Venían camiones y levantaban a familias enteras para llevar a trabajar.

Durante su niñez, Segovia trabajó como leñador. Talaba quebracho colorado para hacer postes que se usaban en los alambrados de las nuevas fincas que se distribuyeron la zona. Los pastizales eran buenos para el ganado y la tierra, generosa para las frutas.

-Teníamos una vida muy difícil. A veces, hacía un poste por día, pero no tenía buen precio, el patrón pagaba poco. El dinero alcanzaba para un kilo de harina y medio de azúcar. A veces iba juntando algunos pesitos para poder comprar una camisa, un pantalón, zapatillas y gorra. Así estuve hachando hasta que tuve 15 años.

Después, trabajó como jornalero de las grandes estancias y por último, como casero de los padres anglicanos. Los padres le enseñaron a leer y escribir. La escritura, en el mundo wichí, se presentó enmarcado en una compleja situación: nuevas religiones, nuevas costumbres, nuevas prohibiciones y el avance de las estancias sobre las tierras de los indio.

En ese momento, los anglicanos habían iniciado la traducción de la Biblia. María Dasso y Zelda Franceschi afirman que se trató de una adaptación a una cultura que no conocía ni los términos ni las relaciones sociales ni siquiera el lenguaje escrito. “La palabra que equivalía al “profeta” o “predicador” fue traducido como o-thamet-wos, el significado de dicha expresión en lengua wichí es “mi palabra hace” o bien así como hace es la palabra”, afirman.

Segovia colaboró en aquella traducción.

***

Cuando le pregunto cómo decidió publicar sus recopilaciones, Segovia recuerda una asamblea de Lhaka Honhat, una agrupación que reunió a los pueblos de la zona para reclamar por el derecho a la tierra. La reunión de 1995 se realizó en la localidad de San Luis, se encontraron los asesores legales de las comunidades, antropólogos, caciques, líderes criollos y hombres considerados sabios por las comunidades, entre ellos Segovia.

-Entonces los ministros de Ulloa -interventor militar durante la última dictadura y después electo gobernador de Salta entre 1991 y 1995- dicen que quieren saber la verdad. Si nosotros, indios y criollos, de verdad vivimos acá. De verdad, somos de acá. Cuando le dijimos que sí, el pidió ver libro. Un libro.

Segovia se quita la gorra de los Yankees. Y me mira.

-Ningún abuelo levanta la mano. Me da lástima. Mucha lástima. Pero los criollos viejos levantan la mano con libro. Esto ha escrito mi abuelo, decían, esto ha escrito mi abuela. Nuestros abuelos no sabían leer. No sabían escribir.

-¿Y usted qué hizo?libros-chaco-04

-Esa noche, no dormí. Pasé en vela, diciendo “pucha, che, qué voy a hacer”. Hasta que me dije yo sé escribir, puedo hacer un libro. Yo puedo darle un libro a wichí.

Un libro. Una huella histórica. Un antecedente que sirviera en los juicios por la posesión de las tierras.

-Ahora, los wichí tienen libro- dice.

***

-El río y el monte mantenían a los paisanos, porque de ahí nosotros sacábamos nuestro alimento. Y así era. Pero el río, hoy ya no es lo mismo.

A medidos de la década del setenta, el río [tewok] empezó a crecer. Del lado paraguayo, el gobierno militar realizó una canalización que incrementó el cauce en la parte argentina y una de las peores sequías que recuerdan las comunidades del Paraguay.

-Pero en el río ya no había peces -recuerda.

Las aguas del Pilcomayo, de un color pardo, acarrea toneladas de sedimentos por año; mueve piedras, árboles y cambia de curso habitualmente. Las misiones de San Andrés y El Toba quedaron bajo el agua, al igual que otras localidades sobre la orilla del Pilcomayo. Sus habitantes tuvieron que migrar, algunos como Segovia fueron a Misión La Paz en la provincia de Salta; otros se fueron hacia el sur, Buenos Aires.

Algunos años después, los padres anglicanos dejaron la región cuando estalló la Guerra de Malvinas. Por ese entonces, los criollos avanzaron sobre la región que era apta para el cultivo de soja, iniciaron los desmontes y el río se volvió cada vez más traicionero. Las inundaciones acompañaban meses de sequía y el pueblo wichí se vio cada vez más abandonado y a la deriva.

-Antes tomábamos agua del río y agua de lluvia y con eso no más siempre vivíamos y nunca nos enfermaba el agua.

Pero a principios de 1992, el río dejó de ser su padre, como decían los viejos. Hubo un brote de cólera en la zona y el hijo de Segovia y su nuera fueron los primeros muertos en la Argentina.

-Y yo me pregunto, ¿por qué no me pasó a mí? Si yo comí, bebí lo mismo. Si yo estuve al lado de ellos.

***

Hacia fines de siglo, Segovia era reconocido entre las comunidades vecinas por su interés en las costumbres y anécdotas de los más viejos. Recorría los pueblos cercanos con una bicicleta y entrevistaba a todo aquel que supiera contar historias, como lo hacían antes que llegaran los ingleses. Un antropólogo le regaló una máquina de escribir y otra investigadora, un grabador.

Fueron años de grandes conflictos para el pueblo wichí. Sumado a los años de pleito por las tierras, un plan de gobierno se propuso realizar un puente entre Misión La Paz y Pozo de Hoyos en Paraguay. Prometieron hacer de aquel paraje árido, una localidad atravesada por el comercio internacional.

Pero circulaba un rumor: el gobierno quería trasladar a las comunidades lejos del río, para construir las dependencias de los gendarmes, las oficinas de frontera y alejar, definitivamente, a los indios de las tierras que solicitaban.

-Pero el río son los peces, de allí venimos. Sin el río, morimos. El monte y el río son nuestros padres.

El conflicto por la construcción del puente escondía el conflicto global con la provincia de Salta por la titularidad de las tierras. Las distintas comunidades se reunieron en la Asamblea Lhaka Honhat y exigieron por vía judicial las tierras que habían habitado por varias generaciones.

La justicia provincial prolongó por muchos años el conflicto hasta que Lhaka Honhat, acompañada por el Centro de Estudios Legales y Sociales, llevó el juicio a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La sentencia favorable a las comunidades se considera como ejemplar en otros casos de posesión comunitaria; la provincia de Salta todavía les debe la titularidad.

charla-salta-03-A veces viene la gente para hacernos entrevista, viene gente de todas partes, de muy lejos. Ellos quieren saber ¿pero para qué quieren saber nuestras costumbres? ¿Cómo pueden ayudarnos?

Los libros de Segovia recuperan estas historias, la toma del puente, las reuniones de Lhaka Honhat, las huelgas de hambre y el conflicto por las tierras, como una mirada wichí de los sucesos del pasado cercano y su propia memoria de aquellos eventos. Como una versión propia de la historia reciente.

La construcción del puente finalizó al año siguiente. Hoy está prácticamente intransitado. Sólo los jóvenes de la comunidad lo utilizan para llamar por el celular. Dicen que allí tienen buena señal.

***

Segovia se siente incómodo en el pequeño bodegón donde realizamos la entrevista. Pago el almuerzo, él se levanta y empieza a caminar sin dirección alguna. Trato de seguirlo y le hago algunas preguntas mientras caminamos. Él responde con monosílabos.

Deja de caminar y se sienta en la pirca de una casa. Me siento al lado y percibo su silencio. Un silencio calmo, expresivo.

-¿Sabe?-me dice después de varios minutos- Quizás tengo algo de blanco.

-¿Algo de blanco?

-Sí, de blanco. La gente de acá no habla. No le gusta hablar. En cambio, mi trabajo es hacerlos hablar, como hace usted conmigo. Mi trabajo es de blanco.

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