El esfuerzo por Messi

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Por @javimusi.

La noticia es que Messi ganó el balón de oro, pero: ¿qué hay detrás de eso? ¿Por qué Messi gana todo lo que se le presenta y es reconocido de todas partes del mundo? ¿Por qué aún muchas personas en Argentina lo discuten? No creo poder responder todas esas preguntas pero aunque sea intentaré hacer un breve análisis y expresar mis inquietudes al respecto.

Messi es el mejor jugador del mundo hace muchos años. No nació en una villa, ni se crió en un potrero. Nació en Rosario, creció en una familia de clase media y desde chiquito ama jugar al fútbol. Ya a los 12 años era una jugadorazo y hasta tuvo la posibilidad de jugar en River, pero se enfrentó a la frustración de que lo rechacen por no poder costear el tratamiento que necesitaba: tenía un problema de crecimiento. Después: lo que todos sabemos, se fue a Barcelona y se formó como persona y futbolista en España.

Los argentinos somos muy prejuiciosos y exitistas, y el fútbol es un claro reflejo, pero elevado a la enésima potencia debido al fanatismo: machismo, frases para la tribuna, gente que te pisa la cabeza para poder llegar, periodistas que venden jugadores y muchas otras cosas que ni siquiera nos enteramos. Dentro de ese mundo oscuro y de negocios, hay personas que todavía creen en el juego y en “jugar a la pelota” como un escape, Lionel Messi es uno de ellos.

En toda discusión futbolística, sobrevuela lo siguiente: “Hasta que no gane un mundial no lo vamos a terminar de querer, todo lo que hace no sirve de nada si no gana una Copa del Mundo”. Pero muchachos, el fútbol no es tan simple como parece: los jugadores que lo acompañan son distintos que los que teníamos en el 78 y el 86, los rivales también y nosotros, los hinchas, no ayudamos ni un poco para que se pueda ganar algo.

Miro fútbol desde chico. Bah, no miro, soy fanático, y, como toda persona que consume fútbol, me veo programas de deportes todos los días y participo de comentarios de café (y asado, y cerveza). Hasta hace muy poco era un crítico de Messi, pensaba como “ellos”. Creía que todo lo que Messi lograba no valía la pena si no ganaba un Mundial, no entendía por qué en el Barcelona rompía records de todo tipo y en la selección no lograba rendir de la misma forma. Pensaba que en los partidos importantes con Argentina se “achicaba”, que no corría lo suficiente y que no tenía lo que hay que tener para ser un gran jugador.

Sin embargo, hubo un momento en que me di cuenta que estábamos hablando de un jugador único y que para poder entenderlo había que sacarse todo tipo de prejuicios futboleros y exitistas que nos hicieron estar confundidos.  Fue la semifinal de ida de la Champions 2015. Barcelona se enfrentaba al Bayer Munich de Pep Guardiola, nada más y nada menos que el DT que lo puso a Messi en lo más alto del mundo. Cualquiera hubiera creído que Pep sabía cómo marcarlo, pero Lio no solo fue la figura, sino que hizo un gol tremendo dejando en ridículo al defensor Boateng, que luego se transformó en miles de memes.

Para querer y valorar a Messi tenemos que hacer un esfuerzo extra: no es el estereotipo de ídolo que nos contaron, no metió un gol con la mano, ni hizo trampa para ganar un partido, no viene de la pobreza ni es carismático en las declaraciones, no tiene grandes vicios, no sale a gritarle al mundo que es el mejor.

Messi es tan grande que nos exige ese esfuerzo. Lo digo por experiencia.

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