El día más largo de tu vida

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Texto y fotos: Melina Menéndez.

El Iron Man es la máxima distancia posible para un triatlón: 4 kilómetros de natación, 180 de ciclismo y 42 a pie. Qué pasa por la cabeza de una persona que decide practicar un deporte en el que no alcanza con entrenar seis veces por semana.

Para hablar con Fabián Beltrán hay que buscarlo en su lugar: el Reynado. Un lunes a las nueve y media de la noche, el agua deja de moverse. Y él, en un pequeño espacio de paredes de Durlok decoradas con fotos de nenas sonrientes y dibujos infantiles, tiene su trono disfrazado de escritorio, de cara a la ventana: de cara a la pileta. Detrás de él, cuelga una lista titulada “Equipo Masters”, que detalla nombres, apellidos y talles. Fabián tiene cincuenta años, el pelo abundante y canoso, el rostro amable y surcado; trae un reloj deportivo y una remera amarillo chirriante con letras verdes: “Iron Man 2014”. Fabián Beltrán, director del club de natación y equipo deportivo Reynado, se prepara para contar su historia.

En el 84, a los 20, conoció a un colega, Sergio Rodríguez, que lo metió en el triatlón, una prueba atlética que consta de tres disciplinas: natación, ciclismo y una carrera a pie. “Un deporte nuevo, acá en Argentina apenas había alguna que otra carrera. Cuando debuté, salí último del agua. El entrenamiento no estaba sistematizado, como ahora, que resulta más fácil guiar a la gente”. En el 88, con su esposa pusieron una escuela de natación. En esta época alquilaban, ahora tienen su propia pileta, la que construyeron con sus socios, Reynado. En 2001 se preparó para su primer Iron Man, pero un desgarro en el gemelo izquierdo hizo que no lo pudiera correr. El Iron Man, comúnmente traducido como “el hombre de hierro” es la máxima distancia posible para un triatlón: casi cuatro kilómetros de natación, ciento ochenta kilómetros de ciclismo y una maratón a pie de cuarenta y dos kilómetros más. Para merecer el título no solo alcanza con completar las distancias, sino que se debe lograrlo, como máximo, en diecisiete horas. El Iron Man es la coronación máxima para cualquier triatleta.

“Es el día más largo de tu vida”, dice Fabián.

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Fabián Beltrán, líder del equipo Reynado.

 

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Para participar en Hawaii (el mundial de los Iron Man, ya que estas distancias no tienen participación en los juegos olímpicos) hay que clasificar previamente en alguna de las veinticuatro réplicas realizadas en dieciséis países del mundo. El año pasado el Hombre de Hierro celebrado en Florianópolis, Brasil, el más accesible para los argentinos, contaba con cincuenta plazas disponibles, repartidas entre los mejores de cada categoría (divididas por sexo y por edad). Cinco argentinos clasificaron, entre ellos, Santiago Beltrán, el chacalito, hijo de Fabián.

Este año, del team Reynado, de aproximadamente cincuenta integrantes entre activos, lesionados y retirados temporalmente, solo ocho se decidieron por la participación en Brasil. Darío “Kape” Capelletti, el entrenador del equipo, Jorge Leiva y Gabriela Inglese, pareja hace tres años, Yamil Miller, alias “el chino”, Jorge Santos, residente de Chascomús, José Luis Menéndez, el único que lo corre por primera vez y Fabián y su hijo.

“En las primeras carreras pensás mucho en tu familia. Después viene el ‘para qué estoy acá’, y esas cosas”, reflexiona Fabián. “Hay mucho de ego. Quería demostrar que lo podía terminar. Soy muy competitivo”, agrega.

En el primer Iron Man de la historia participaron quince hombres. El primer “hombre de hierro” fue Gordon Haller, con un tiempo de once horas, cuarenta y seis minutos y cincuenta y ocho segundos. Casi doce horas de esfuerzo físico continuo. La primera vez que participó, en 2002, Fabián Beltrán tardó nueve horas y clasificó, inesperadamente, para ir a Hawaii. “Tuve dos o tres años que califiqué y no iba. Ir a Hawaii era un exceso. Lo podía pagar, pero no me parecía justo, prefería usar esa plata con mi familia”.

iron man 3“Hasta que en 2005 surgió la posibilidad y fui”. Participó junto a otros dos mil del mundo que calificaron, entre los ochenta mil que intentaron. “Hawaii tiene mítica y mística. Todos hablan en distintos idiomas pero sentimos lo mismo. Nos entendemos igual”.

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Bajo el título “Evitar errores antes del Iron Man” el sitio web del club de entrenamiento Tria Max, destinado a atletas amateur, enumera sugerencias: “El error más común cuando se aproxima el gran día es intentar terminar todo lo que no se hizo antes, en tres semanas”. Dice que si planificaste tardar diez horas, pero entrenaste seis veces por semana, más que para tu mejor marca, estarás para poder llegar a la meta.

Seis veces por semana no alcanza.

Para completar el entrenamiento se debe cumplir con un 70% del plan de actividad física. Un domingo normal de práctica para el team Reynado, ya en la recta final, tiene una rutina específica: se levantan a las seis y media de la mañana, desayunan, se visten con las calzas acolchonadas para la bicicleta, las zapatillas de ciclismo símil zapatos de tap, la remera del club con bolsillo incorporado en la espalda y lo rellenan con un puñado de almendras, un gel tipo suplemento dietario, un sándwich bien envuelto, el celular y las llaves del garaje. Agarran las caramañolas (la “botellita” de la bicicleta) y salen, cada uno por su lado, pero hacia el mismo lugar.

El que vive más lejos sale de Liniers, algunos se suman en Ciudadela, como Fabián, otros en Ramos Mejía. Los de Ramos pasan, de forma obligada, por delante del boliche más grande de la zona, Pinar de Rocha. En la primera mañana de un domingo, un grupo de jóvenes sale del boliche. Y los ven venir. Casi disfrazados, con cascos y anteojos, en sus bicicletas con tecnología de punta. Concentrados. Y los miran, les gritan, levantan las manos para que les devuelvan el saludo. Van despacio, porque a cuarenta kilómetros por hora, velocidad que alcanzan durante su entrenamiento, el roce podría matarlos.

La distancia hasta General Rodríguez, ida y vuelta, es el estándar de entrenamiento: ochenta kilómetros. Un “fondo de bici”, usual en esta etapa, significa entre ciento ochenta y doscientos kilómetros. Para cumplir con el plan deberán ir y venir desde Ramos Mejía hasta Capilla del Monte, Luján. Juran que, ahora, el recorrido lo hacen enteramente por la colectora. Pero antes, se tentaban con volver por la autopista. El cambio se dio cuando Mario Ukaski, de sesenta y dos años, miembro del team, pagó el precio de romper las reglas. Se fracturó el fémur en tres partes luego de que una camioneta lo rozara: cayó rodando por la autopista. A un año del accidente, Ukaski los espera, a modo sorpresa, a sus compañeros de equipo con bebida y comida a la mitad de su “fondo de bici”. Y ellos le juran, aunque a veces no cumplan: “ahora no lo hacemos más”.

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El mismo domingo que se levantaron a las seis y media volverán a sus casas a las cuatro de la tarde.

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“Te privás de muchas cosas y privás de muchas cosas a tu entorno más querido. El apoyo está, pero también te genera tus conflictos, porque vos te podés ir un domingo de las ocho a las cuatro de la tarde pero cuando eso se continúa todos los años tiene que haber un consenso familiar, sino no se puede sostener”, cuenta Beltrán.

Su familia entiende, dice. Su esposa es profesora de educación física y su hijo triatlonista, como él. A sus dos hijas menores, protagonistas sonrientes de las fotos de su oficina, no las menciona.

El tiempo se pasa con el equipo. “Hemos logrado la convivencia de chicos de dieciocho años con personas de más de sesenta. Estar al frente de un grupo donde se comparte, se viaja, me da mucho orgullo. El equipo, los ocho, partirá a Brasil el último fin de semana de Mayo. Sin Beltrán que abandonó en el Iron Man de Florianópolis 2015.

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