El cuarto propio de las trabajadoras sexuales

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Por @charomr (Charo Márquez).

Este fin de semana se realizó el 31º Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario. Pueden leer una nota preciosa y justa de Florencia Alcaraz en este mismo sitio.

Ya es martes pero no queremos volver a la rutina sin destacar una de las novedades de esta edición del evento político más importante del país: se hizo, por primera vez en mucho tiempo, un taller de Mujer y Trabajo Sexual.

El ENM ha ido incorporando, a lo largo de los años y las etapas políticas del país, distintos talleres que reflejan la capacidad de adaptación del movimiento de mujeres y la voluntad de contener dentro de sí a todo el amplio espectro que lo compone. Así fue como entraron las mujeres de sectores populares, las feminidades trans, las indígenas.

¿Y las putas?

Entraron cuando quisieron. Al taller de Mujeres en Situación de Prostitución.

Es una distinción compleja que está dividiendo las aguas del feminismo en todo el mundo. No vamos a entrar en esta oportunidad en el debate, sino que vamos a hacer una recorrida por la construcción y puesta en acto de este taller que le dio espacio a las trabajadoras sexuales.

El año pasado, en Mar del Plata, activistas de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina) participaron del Taller de Mujeres en Situación de Prostitución, en el cual muchas coincidían en que el trabajo sexual no es trabajo, no es digno, no debe ser regulado sino que debe ser erradicado, junto con la facilitación para brindarle a quienes están esa situación, una nueva oportunidad laboral y vital.

 

Tras dos días de discusión y de no haberse sentido identificadas con los debates planteados y la manera de encararlos, AMMAR solicitó a la comisión organizadora del 31º ENM que se abra un taller que contemple sus reclamos y su identidad política: “porque queremos dejar de explicar por qué ejercemos esta labor y consideramos importante respetar las identidades de los distintos grupos de mujeres. Estamos a favor de mantener el taller Mujeres en Situación de Prostitución, donde las compañeras analicen las dificultades que a ellas las atraviesan pero también proponemos otro grupo que aborde las nuestras.  De esta forma será posible enfocarnos en cómo enfrentar y superar la Violencia Institucional que nos aqueja cotidianamente, por la vigencia de artículos contravencionales que penalizan el ejercicio del trabajo sexual en la vía pública y el impacto de las políticas anti-trata en nuestra labor“.

 

trabajadoras2Unos meses antes de la realización del ENM se confirmó la apertura del taller y empezó una campaña de convocatoria y de preparación: las prostitutas iban a coordinar su primer taller, en la misma ciudad en la que fue asesinada su compañera Sandra Cabrera en 2003. A través de las redes sociales y en las actividades públicas se invitó a todas las trabajadoras sexuales y aliadas que quisieran participar a inscribirse. Así, una semana de ir a Rosario se tenía previsto usar tres aulas con setenta asistentes cada una. Se realizó en la CTA un Pre-Encuentro para prepararse para la dinámica y poder debatir, usar ese primer espacio como un cuarto propio para realmente poner en común experiencias, expectativas y demandas del sector.

 

No todo es color de rosas, nunca lo es. Había rumores de que iban a ir compañeras con otras posiciones a intentar cambiar el eje, a devolver el discurso a la dicotomía: prostitución-trabajo sexual. Pero, salvo excepciones no pasó.

 

El sábado a la tarde, tras el acto de apertura llegaron a la Facultad de Humanidades y ya había demasiada gente para las aulas asignadas. Finalmente se utilizaron seis salones abarrotados de trabajadoras sexuales, aliadas, activistas, curiosas y mujeres con preguntas, muchas.

 

Cada uno de los talleres fue coordinado por una trabajadora sexual, acompañada de aliadas. Es una decisión política de AMMAR, darle ese lugar de relevancia a quienes viven la estigmatización y persecución institucional. Para que puedan contar, con su voz propia, con su lenguaje, con sus adjetivos toda su experiencia. La gratificación de hacer el trabajo que eligen, pero también la violencia inscripta en el cuerpo a fuego por las fuerzas de seguridad a lo largo de toda su vida profesional. Había compañeras de distintos puntos del país y trayectorias y prácticas laborales. No todas las prostitutas son iguales.

 

Pese a lo que pensaban antes de llegar a Rosario, la discusión no giró en torno a la contradicción de posiciones. Se generó un clima de diálogo y de escucha. Hubo momentos de testimonios en primera persona de la discriminación que siguen sufriendo, la persecución en sus entornos laborales, las legislaciones represivas que en distintos lugares de nuestro país hacen cada vez más difícil y precaria su actividad.

 

También hubo momentos para la alegría y la emoción cuando tres pibas dijeron, por primera vez, en su propia versión de la salida del clóset, que ejercen el trabajo sexual. Chicas que participan de organizaciones políticas y sociales pero no se animaban a decirles a sus propixs compañerxs cuál es su forma de sustento. Hubo aplausos y ovación por la valentía y para darles apoyo.

 

Una prostituta joven, platense dijo algo que quizá muchas no habían escuchado nunca y quedó resonando en las cabezas: “nunca cogí tan rico como desde que soy trabajadora sexual”. Porque también hay intimidad, placer, goce.

 

En otro taller, una chica planteó que cuando pensamos en las trabajadoras sexuales siempre nos imaginamos mujeres cis y heterosexuales que tienen clientes varones, blancos y heterosexuales, pero que dentro del sector hay distintas identidades sexuales y de género, tanto del lado de la oferta como de la demanda. Y que esas identidades también deben ser reconocidas y respetadas, así como la identidad política de trabajadora sexual.

 

En todos los talleres hubo mujeres que habían llegado con dudas e incluso con posiciones tomadas que no consideraban que fuera digno el ejercicio del trabajo sexual y se fueron con otra visión. Si tomáramos lo que sucede en los encuentros de mujeres como una muestra de la sociedad en general (aunque la Sociología no funcione del todo así) podríamos decir, aventurarnos a decir que algo está cambiando en favor del trabajo sexual.

 

Al finalizar la jornada del domingo se redactaron las conclusiones a las que arribaron por consenso en cada taller. La primera fue la continuidad de la realización del taller en las siguientes ediciones del ENM.

 

Para llevar el debate a todos lados, se propuso hacer campañas de difusión y sensibilización sobre el trabajo sexual. Y también dar talleres para quienes se quieren iniciar en el oficio, como una mujer que había ido con sus bebé de meses y quería empezar a desempeñarse como prostituta pero no sabía cómo porque no es algo que se enseñe en la facultad o en un terciario.

En todas las aulas, por unanimidad, exigieron la derogación de los artículos contravencionales, edictos y toda la legislación que criminalice, persiga y estigmatice el trabajo sexual y sus entornos laborales. En este mismo sentido plantearon la necesidad de que se regule el ejercicio laboral.

 

Quedan muchas cosas por resolver, y una ley por aprobar, pero el movimiento de mujeres ya no es el mismo después de este taller. Las putas feministas ya tienen su cuarto propio y llegaron para quedarse.

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