El bronce eterno

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El prestigioso orfebre Juan Carlos Pallarols fue el encargado de diseñar el bastón presidencial de los mandatarios argentinos en los últimos 32 años. La racha se cortó en 2015: Mauricio Macri lo devolvió. Ahora tiene una nueva misión: Dos rosas por la Paz, una obra de arte que transforma balas de la guerra de Malvinas en dos flores de bronce que serán ofrendadas a los caídos.

Dos rosas de bronce serán ofrendadas a los caídos en la guerra de Malvinas.

Por @florenmartire. Fotos: Kaolian Santos Cabrera.

Defensa al 1094. Siendo vasta la nomenclatura callejera, exactamente en Defensa queda el taller del célebre Juan Carlos Pallarols. Todos lo presentan como maestro aunque en su tarjeta personal él se describe como aprendiz de orfebres (la s del plural está agregada con tinta). En el descanso de la escalera, una armadura negra de caballero introduce en lo que será un descubrimiento continuo. En el salón principal del primer piso está todo listo para dar inicio al encuentro.

El encuentro se llama ceremonia de fundición y es el modo en que se va materializando la iniciativa “Dos rosas por la Paz” de Pallarols: elaborar colectivamente dos rosas de bronce en memoria de los caídos de ambos bandos en la guerra de Malvinas. Una se llevará al cementerio de Darwin y otra al de San Carlos, donde están los restos de los combatientes argentinos y británicos.

 

I

Sobre la mesa ratona de vidrio descansa el bastón presidencial que Mauricio Macri le devolvió a Pallarols, en el cual brilla un pequeño 2015. A su lado, la banda presidencial. En el centro de la mesa, una vajilla reluciente y, hacia el otro costado, una delicada rosa modelo, de plata como la vajilla, encima de vainas diseminadas. Familiares, veteranos y ex soldados combatientes tienen lugares asignados a su alrededor. El resto de los participantes, que puede ser cualquiera, permanece de pie. Julián Bernatene es el más perfecto asistente que puede tener el orfebre en este proyecto y tras subrayar que la obra se trata de “una ofrenda a los caídos de todos los países y de todas las guerras” abre la reunión.

El dueño de casa está de espaldas al gigante óleo del general San Martín que él mismo pintó, cuyo sable es copia fiel del original que fue y vino durante un mes, bien custodiado, para lograr el retrato. De palabras justas y con escarapela en el pecho, Pallarols resalta que el proyecto se hace “entre todos”, en sintonía con el estilo que lo caracteriza de forjar sus obras durante recorridos a cualquier punto del país y con la intervención de muchas manos. Proyectando las flores en el Atlántico Sur, dice: “Ojalá eso se pueda convertir en un templo de la solidaridad y la reconciliación del mundo entero”. Acto seguido le otorga la palabra a la señora de pelo blanco a su derecha.

– Yo no puedo decir nada –dice la señora, con las manos juntas sobre las rodillas juntas.

– ¿Su nombre? – acierta, suave y dantesco, el orfebre.

– Raquel de Ugalde – contesta ella, y de repente la voz le brota con fuerza-: Y estoy luchando por la identificación de mi hijo. El soldado Daniel Alberto Ugalde. Es todo lo que puedo decir. Y gracias maestro por su trabajo.

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Raquel es la única mujer en esa ronda (la otra soy yo, pero esa es otra historia). Tiene ojos grises tipo dilatados y bien celestes hacia los bordes. Fue en 2009 a Malvinas. No encontró la tumba de su hijo en Darwin. Sin embargo, estaba identificado antes de que cambiaran las antiguas cruces por las blancas.

– Espero poder ver su nombre antes de que me muera – me dice con lágrimas en esos ojos y en la garganta y hasta en el pecho-. Tengo 81 años.

A la izquierda del maestro estaba alguien a quien, asombrosamente, más de uno se inclinó para saludar. Aldo Rico. El mismo que dirigió la Compañía de Comandos 602 en Malvinas, el mismo que años después comandó los levantamientos militares mientras la democracia se recuperaba, el mismo que incursionó en la política de San Miguel a fines de los 90. En el medio, es decir, entre Raquel y Aldo, hubo muchas voces. Lo de ceremonia fue tomando forma: confesiones, lágrimas, aplausos. Visiones contrapuestas, aunque qué es Malvinas sino eso. A su turno, el ex soldado combatiente Carlos Saccon dijo que el silencio también era un modo de hablar y que iba a usar su lugar como orador para rendir un minuto de silencio a los caídos. A su turno, el excarapintada manifestó que a los caídos él no los honraba con silencio sino con un toque de diana. En el medio, entonces, hubo tipos como el teniente retirado José Martiniano Duarte que dijeron que si dios les da “otra oportunidad” van a “saber merecerla” o que ya estarían agarrando el fusil si habría que volver a hacer la guerra. Otros, en cambio, de una firme convicción antibelicista, dijeron que el tiempo los hizo entender que no existen las fronteras y que la humanidad está por encima de cualquier territorio.

 

II

La banda y el bastón y el óleo del general sólo eran una porción. También decoraban los rincones un gorro de granadero; pelotas entre las que resaltaba una de la selección con la firma de Maradona; un cuadro de una batalla (según un entendido, de la Campaña del Desierto); dos cabezas de caballos colgadas de una pared. No tan a la vista, en un cuadro mediano, un mapa blanco y negro de las Islas Malvinas allí nombradas como Îles Malouines porque hasta Francia las reclamó alguna vez. El hall y la ronda de voces quedaron atrás para pasar al taller, la segunda parte de la ceremonia.

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Los ojos no dan abasto para registrar tanto objeto por doquier. Hay infinidad de pinzas y destornilladores ultra ordenados sobre las paredes; también serruchos y perforadoras, entre otras herramientas más específicas. Piezas de artesanías, cruces, santos, ángeles, campanas, colmillos y cuadros apilados en el piso son el marco del espacio, bien iluminado, donde se forjan los pétalos. Esta es la séptima ceremonia de fundición y paradójicamente no se enciende el fuego como en las anteriores. Sin embargo, cada participante encuentra el momento preciso de acercarse a la mesa rústica de madera donde, como antes en la ratona, se hallan dispersas las vainas. La diferencia es que en esta hay una tabla y un pequeño martillo para trabajar los pétalos de bronce dándoles golpes sobre los bordes.

Las vainas servidas son el metal que se derrite, en este caso, para obtener los lingotes de bronce, modelar los pétalos y cincelarlos hasta llegar a la rosa. Muchas de las vainas que se utilizan fueron traídas de Malvinas por distintas personas y otorgadas a Pallarols. Julián, en una descripción del proyecto, explicó esta conversión: así como en épocas de guerra se han fundido obras de arte y joyas para hacer municiones, en esta oportunidad, a la inversa, se funden restos de municiones para hacer una artesanía. Mientras todos se mueven en el taller, Julián permanece abstraído en un rincón. Lleva un saco azul aterciopelado y el flequillo negro le cae revuelto sobre la frente. Además de ser el perfecto asistente de Pallarols, es un artista.

pallarols3Mientras todos se mueven, al lado de la pared donde conviven una postal de Borges, un pin de Néstor y Cristina, imágenes de los Beatles y el rostro de Lennon, además de viejos instrumentos musicales, al lado de la pared Julián traza con tinta negra las memorias de la jornada y le suma ilustraciones de página completa. Entre esas páginas aparecen retratados familiares de caídos, las islas, las rosas. Cuenta que es uno de los tres libros de Actas que se están haciendo en simultáneo, de acuerdo a la lógica itinerante del proyecto. Por ejemplo, en ese momento, Stephen Woods, un ciudadano británico residente en Argentina, se encontraba en Londres con una de las Actas tejiendo vínculos y registrando las firmas de quienes se van sumando por aquel punto del mapa. Claro, además de las crónicas y los dibujos, se busca dejar constancia con nombre, parentesco, documento y firma de los participantes; léase, ciudadanos del mundo. En esta jornada se asentó el número 1042 y la intención es llegar a 10.000. Cifra que no exige nadie pero que es una apuesta propia para que la obra sea expansiva y participativa.

***

Pregunto por qué. De algo no había duda: el carácter simbólico de la obra de arte que trasciende el tiempo y el espacio, porque a quién se le olvidará (en un futuro) la historia de las rosas de bronce en memoria de los caídos en una guerra. Ya Roberto Arlt inmortalizó la rosa de cobre desde la literatura y estas cobrarán forma tangible y serán hermosas en sus 82 centímetros. Le pregunto por qué sobre lo colectivo. La respuesta de Pallarols no es explícita y eso la vuelve más significativa. Responde que la máscara de Eva Perón, la cual le fue encargada tras su muerte, la forjó con la ayuda de los ciudadanos y que después recorrió el país para hacer el bastón de Raúl Alfonsín. Así empezó el trajín. Entonces supo que lo colectivo, como tal, requiere de la dedicación de unos cuantos y sobre todo del trabajo manual, que es su abc. En su taller (fijo o itinerante) nada se reemplaza por ninguna tecnología que pueda acelerar o facilitar la cosa. Se usan las manos, un colectivo de dedos. Valor doblemente agregado.

En más de un momento me pregunté cómo era posible que confluyeran en ese espacio, aunque sólo por un rato, personas tan diversas. Había algo que nucleaba, era claro, las “Dos rosas por la Paz”; aunque quedó en evidencia en la ronda de oradores que la paz no era tan determinante para algunos. Rozo la armadura del caballero y dejo el caserón de San Telmo pensando que el relato colectivo sobre Malvinas, ese que necesitamos construir según Juan Cruz Vazquez[1], continúa aún muy lejos; y que más allá de discutir en qué punto Malvinas constituye o no una proposición perfecta para nuestro nacionalismo, como trabajó Vicente Palermo[2], engloba y representa la sociedad compleja y contradictoria que somos, donde los derechos humanos siguen estando en una vereda y el pensamiento militar en otra. De vuelta en la calle Defensa me retumba esta palabra. Defensa: “acción y efecto de defender o defenderse”, según la Real Academia Española. ¿Defender qué? Espero que sea, maestro, defender la humanidad, la vida, la paz. ¿Defenderse de qué? Defenderse de quienes las ponen en duda, pero hacerlo con paz, con vida, con humanidad.

[1] VAZQUEZ, Juan Cruz (2010), “Malvinas en el Bicentenario: en busca del relato colectivo”, en Romero, Agustín (compilador), La Cuestión Malvinas en el marco del Bicentenario.

[2] PALERMO, Vicente (2007), Sal en las heridas. Las Malvinas en la cultura argentina contemporánea.

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