Vos con ese perro no entrás

maxi2

Por  Diego Ángel Beccani.

Una retinitis pigmentaria lo dejó ciego a los 30 años. Como también tenía problemas auditivos, tuvo que recurrir a un perro guía para poder desplazarse en la calle. En septiembre de 2011, un chofer lo agredió por subirse al colectivo con Bandit, su lazarillo. Sin quedarse de brazos cruzados, Maximiliano Marc impulsó la Ley Nacional de Perros Guía y de Asistencia, promulgada en junio de 2013.

A los 18 meses de vida, a Maximiliano Marc le detectaron meningitis, una enfermedad que le produjo hipoacusia bilateral: del oído derecho no escucha nada; del izquierdo, un 70 por ciento. Cuando no oía algo, apelaba a la vista; compensaba un sentido con otro, hasta que la irrupción de una retinitis pigmentaria en su adolescencia se lo impidió: a los 30 años perdió completamente la visión.

–Hasta se me hizo difícil salir a la calle. No podía distinguir si los autos venían de la izquierda o de la derecha.

A unos metros, su perro Bandit yace tendido en el frío piso de madera de la espaciosa oficina. Trabaja en la Subsecretaría de Inclusión para Personas con Discapacidad del Gobierno de Santa Fe y le quedan cuatro materias para recibirse de psicólogo.

Maxi odia que les digan “lazarillos” a los perros guía. A diferencia de otros ciegos, él no acostumbra usar lentes de sol. Sus ojos, grandes y acuosos, emiten una mirada sincera.

Bandit es un labrador negro de 7 años. En el cuello lleva un collar rojo, de donde cuelga una chapita de metal con el número del microchip que lleva implantado en el lomo por la fundación que lo entrenó: 11707.

Para salir a la calle, Maxi le conecta una horquilla a la arandela del ahorque, sobre la cual reposa un cartel amarillo con una inscripción: No me toquen, estoy trabajando.

***

A pesar de que nunca vio la cara del colectivero que lo insultaba, Maxi se lo imagina con el entrecejo fruncido, enojado vaya uno a saber por qué. Era septiembre de 2011. Acompañado de Bandit, quería ir a la terminal de ómnibus Mariano Moreno para sacar un pasaje con destino a Buenos Aires.

En la parada de la intersección de Santa Fe y San Martín, en la zona centro de Rosario, Maxi aguardaba paciente. Hizo señas, y el colectivo 121, mitad naranja, mitad gris, frenó más atrás. Cuando se acercó a la puerta, disponiéndose a subir, escucho caminar a una persona con discapacidad motriz.

Cedió el paso, esperó unos segundos y ascendió cuidadosamente por la escalerita, como quien cruza, cauteloso, un campo minado.

– ¡La puta que te parió, pibe! –prorrumpió el chofer del colectivo en un grito ensordecedor–. ¡Vos con ese perro no entrás!

Aunque sorprendido, Maxi sabía que estaba amparado por una normativa local que contempla la libre circulación de perros lazarillos, tanto en ambientes públicos como privados.

–Soy una persona ciega, voy con un perro guía –respondió–: Además, hay una ordenanza municipal que lo permite.

Al momento de inclinarse para ubicarse en un asiento, el chofer lo volteó del hombro, volvió a reiterar su negativa y le palmeó con suavidad la cara. Parecía querer provocarlo.

Los usuarios del transporte estaban mudos. Petrificados en sus asientos. Cada tanto se producía un cruce de miradas entre los pasajeros. Fue entonces cuando Maxi llamó por teléfono a la Guardia Urbana Municipal, pero no obtuvo una respuesta satisfactoria: lo dijeron que radicara la denuncia en la comisaría más cercana. Después de la insistencia de algunos pasajeros para que el colectivo arrancara, fueron a la seccional 3era. La denuncia, sin embargo, no prosperó.

Unos días después, un amigo de la adolescencia le hizo una pregunta.

–¿Y qué pensás hacer para cambiar la realidad?.

***

— Ese hecho de discriminación fue el detonante –dice– Me marcó mal

Comenzó a golpear puertas. Nadie contestaba. Decidido a no aceptar un “no” como respuesta, se postuló para hablar sobre perros guía en un congreso sobre Discapacidad organizado en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa –cuyo nombre, en ese entonces, era Bernardino Rivadavia–.

Tras varias tentativas infructuosas, insistió hasta que consiguió el espacio. Luego de su disertación le presentaron a Silvia Troccoli, subsecretaria de Inclusión de la Provincia de Santa Fe. En esa oportunidad, Maxi le comentó que, a partir del incidente que había tenido con un chofer de colectivo, estaba organizando el 1º Encuentro Nacional de Usuarios de Perros Guía de Argentina, con el propósito de concientizar a la ciudadanía sobre la importante –y vital– tarea de los animales de asistencia.

La fecha escogida, del 2 al 5 de diciembre, no fue casual, sino con motivo del Día Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que se celebra el 3 del mismo mes.

Maxi juntó firmas y presentó un proyecto de ley  que estipulaba el libre acceso, circulación y permanencia de personas con discapacidad visual acompañadas por animales entrenados a todos los ámbitos públicos y privados dentro de la provincia. Poco después, el proyecto se convirtió en la Ley Provincial N° 13.315.

En febrero de 2012 recibió un llamado de un productor de “Desde la vida”, un programa de la TV Pública que se emitía los sábados al mediodía.

–Maxi, quiero grabar un especial sobre vos y los perros guía.

Sin consultarlo con nadie, armó un bolsito y viajó a Capital Federal. Luego, varias provincias del interior del país lo contactaron para que expusiera su iniciativa. Maxi no desechó ninguna invitación.

–La primera fue de Formosa.

No hizo cursos de oratoria ni se capacitó para hablar en público. Sin ningún tipo de preparación, enfrentó a un auditorio colmado por 450 personas. Recuerda el crujido de sus pasos sobre el escenario de madera y la agradable violencia de los aplausos que descendían de las gradas y se replicaban en el eco de la sala.

Días después, al enterarse de la historia, la producción del programa “Los unos y los otros”, transmitido por el canal América y bajo la conducción de Andrea Polliti, también lo invitó a Maxi. Unas pocas apariciones televisivas bastaron para instalar el tema en Capital Federal.

–Con ese programa llegó el apoyo político que necesitábamos –dice acodado en una mesa de madera.

Egos y diferencias ideológicas a un lado, las diputadas nacionales Silvia Majdalani (PRO), Ivana Bianchi (Frente Peronista) y Mariana Juri (UCR) –tres sectores políticos disímiles– unificaron consensos en torno a la iniciativa de Maxi e impulsaron la Ley Nacional de Perros Guía y de Asistencia, sancionada por unanimidad en mayo de 2013.

Hasta la fecha, Maxi logró la sanción de la Ley Provincial de Perros Guía en las provincias de Santa Fe, Formosa, Entre Ríos, San Juan, Chaco y San Luis; además de las ordenanzas municipales en las ciudades de San Pedro, Carmen de Areco, Paraná, Firmat, Resistencia, Santa Rosa y Villa Mercedes. El corolario fue la aprobación de la Ley Nacional el 22 de mayo de 2013.

–Ese momento no me lo olvido más.

banner-02

LECTURAS RELACIONADAS

2 Responses

  1. ¡Muy buena!
    Trabajamos la ley en un curso de tenencia responsable en la UNICEN. La compartiré con el grupo.

  2. Imagen de perfil de Zaida paz Zaida paz dice:

    muy buena!! y si no te vas a quedar con la bronca de sentirte rechazado algo hay que hacer porque uno no es solo aveces son muchos y siempre las personas mas vulnerables de esta sociedad parecen los culpables de todo.
    que enferma que esta!! no? que cree que los culpables son las victimas y los que realizan actos de maldad parece que todo bien.

Deja un comentario