Civilización y barbarie frente a la diversidad cultural

indios

 

Por Malena Castilla

El día 12 de octubre del año 1492 es reconocido como el momento en que los españoles descubrieron América. Actualmente celebramos este día en un contexto de constantes atropellos y maltratos a las comunidades indígenas que aún habitan en nuestro país.

A partir de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, tras acompañar una protesta de una comunidad mapuche en la Patagonia, las noticias sobre desalojos, represiones y difamaciones a los pueblos son constantes. Esto no es una novedad en nuestro país, ya que desde la mal llamada “Conquista de América” (que no fue una conquista sino que fue la apropiación de las Américas) los pueblos sufren diferentes agravios, entre los que se encuentran humillaciones culturales y usurpaciones territoriales.

Es importante, por ello, comprender que los maltratos efectuados en el contexto actual no son más que proyectos de país que se gestan desde la consolidación de nuestro Estado Nación y que son construidos a partir de un discurso unificador  y discriminador.

Desde el 3 de noviembre del año 2010, por Decreto Presidencial 1584/2010, firmado por la ex presidenta Cristina Kirchner, comenzó llamarse “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” a lo que antes conocíamos como el “Día de la Raza”.  Este cambio de nombre para referir al 12 de octubre tiene diferentes significaciones que es importante mencionar. Por un lado hablar de razas hace referencia a una cuestión biologicista, donde se entiende a los pueblos indígenas como una “raza” diferente a la “nuestra”. Conceptos como “raza” o “nuestra” no pueden aplicarse en un contexto cultural como el que vivimos en la actualidad, donde uno de cada cuatro habitantes de la Región Metropolitana de Buenos Aires es indígena según los datos del Censo 2010.

Por otro lado, al pensar en el 12 de octubre, varias imágenes vienen a mi mente: Cristóbal Colón llegando a las Américas con sus famosas embarcaciones (La Niña, La Pinta y Santa María), la imagen que de chicos nos mostraban en las escuelas de “indios”, como eran llamados, vestidos con taparrabos y felices ante la llegada de los españoles y, por último, la dicha de que en este día en el año 1492 se descubrió un nuevo continente. El nuestro.

Ahora bien, desarmemos estas imágenes para comprender por qué hoy celebramos el día del respeto a la diversidad cultural y no el día de la raza.

Por un lado la conquista de América no fue tan feliz como a veces nos enseñaron y nosotros, lamentablemente, aún enseñamos. Los indígenas con sus taparrabos no estaban alegres por ser descubiertos. Todo lo contrario, las matanzas de los miembros de las comunidades, las violaciones y la explotación fueron las principales aberraciones que realizó la corona española en nuestro territorio con una cruz en una mano y armas letales en la otra. La necesidad de oro y tierras generó que los españoles se instalen en la zona utilizando a los indígenas como mano de obra barata. Así, infelizmente, se generó el virreinato de la Plata, donde los españoles gobernaban.

Mucho después, con rebeliones y una independencia en nuestro haber, cerca del año 1860, la República Argentina se consolidó como un Estado Nación. Es decir, se estableció que un territorio determinado, separado por límites físicos de otros territorios vecinos, iba a formar parte de la Nación Argentina. En este sentido, la independencia de la corona española y las fronteras establecidas con otros países limítrofes (Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil) eran un hecho. Pero aún quedaban indígenas dentro de la República -habían acompañado y luchado en estas rebeliones y batallas por la independencia-  que serían, una vez más, considerados argentinos. Aquellos pueblos étnicos que eran libres y circulaban por el continente ahora tenían fronteras que no podían cruzar y nuevos enemigos.

En el año 1876, el entonces Presidente Nicolás Avellaneda dictó la ley de Inmigración y Colonización. Dicha ley les otorgaba tierras a aquellos inmigrantes (preferentemente europeos) para trabajar en Argentina. En este sentido, muchas de estas tierras, ocupadas por comunidades indígenas, se volvieron campos de batalla otra vez.

En esta nueva nación, dichas poblaciones se habían convertido para aquellos gobernantes en “razas salvajes” que habitaban los territorios donde pretendían instalar a los migrantes europeos que poblarían el territorio Argentino. De este modo, los mapuches, los qom, los guaraníes, los mocovíes, los onas, los collas, todos, eran enemigos de la patria, una patria completamente racista y conservadora. Una patria que nació llena de sangre indígena: La Zanja de Alsina construida, en el año 1876, como un sistema de fosas con fortines que tenía como único objetivo cercar a las comunidades de indígenas, emplazada en el oeste de la Provincia de Buenos Aires; la Conquista del Desierto en la Patagonia y la Pampa en el año 1878; la guerra en el norte del país con las instalaciones de fortines y reducciones, fueron, entre otros, los mayores genocidios a los pueblos originarios llevados a cabo por el Estado Nacional.

No solo eran balas y sangre, sino que también se elaboró un discurso contra el indígena, que fue tan contundente que hasta hoy en día perdura. Este discurso del “indio salvaje”, “el indio enemigo”, “el indio terrorista”, se estableció en todos los ámbitos e instituciones que existían. La institución más fuerte que repitió este discurso fue la Escuela, de la mano de otro presidente: Domingo Faustino Sarmiento. Dicho presidente escribió un libro titulado “Facundo, Civilización y Barbarie en las Pampas Argentinas” (1854) donde hablaba de la barbarie que habitaba en esta región del país y que era necesario “civilizar” a la población indígena y gaucha para “progresar” como nación. El afán “civilizatorio” que encaró el Estado Nación se basaba en la invisibilización y homogeneización de este sector poblacional que negaba la diversidad cultural.

Los años pasaron y el discurso civilizatorio caló hondo. Muchos de nosotros crecimos en las escuelas repitiéndolo y actuando como indígenas en los actos del 12 de octubre, donde nos pintaban la cara con corcho quemado a pesar de que las poblaciones originarias que habitan en nuestro país no son negras. La imagen de una raza salvaje, negra y homogénea era efectiva para negar los derechos que les pertenecían históricamente a estos pueblos.

Hace pocos años se comenzó a discutir el rol que ocuparon los indígenas en la historia argentina. Actualmente, la discusión acerca de si los mapuches son argentinos o chilenos hace referencia a este discurso elaborado durante la consolidación del Estado Nación. En el año 2013 sucedió un hecho significativo: la estatua de Cristóbal Colón que estaba detrás de la Casa de Gobierno fue reemplazada por la de Juana Azurduy, una mujer que luchó por la independencia de nuestro país junto a los batallones indígenas, una mujer que quería una patria india y mestiza. El pasado mes de mayo, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires aprobó la mudanza de la escultura de Juana a un parque que se construirá frente al Centro Cultural Kirchner.

Estamos en una época donde el discurso conservador y racista vuelve a tener peso, dando lugar a la discusión acerca de la “verdadera” pertenencia territorial de un pueblo. Este tipo de discursos, o actos, no hacen más que continuar discriminando y hablando del poco respeto que existe hacia nuestros pueblos. Hablar del mapuche como chilenos, por ejemplo, forma parte de un conjunto de justificaciones necesarias para llevar a cabo las matanzas y explotaciones que se produjeron durante los últimos 525 años de historia.

Por eso, cuando hablamos y pensamos a los indígenas como una “raza” diferente a la “nuestra”, lo único que hacemos es repetir este discurso homogeneizador que implementaron los constructores de nuestra Nación, negando y matando cualquier tipo de diversidad que existiera. Nosotros no somos más que el producto de la historia, una historia indígena, migrante, mestiza y gaucha. Nosotros somos los hijos de esos inmigrantes que vinieron de los barcos pero también hijos de esos pueblos que dieron batalla a los españoles bajados de las tres carabelas.

Hoy se celebra el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” pero todos nosotros, desde el lugar que nos toque ocupar, como comunicadores, vecinos, padres, docentes, compañeros de trabajo o simples publicadores de mensajes en las redes sociales, debemos discutir con estos discursos que invisibilizan y buscan negar nuestra propia identidad.

bannercronica

LECTURAS RELACIONADAS

Deja un comentario