Cinco balazos por una tenencia

Por @lucyenelcielo.

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El español Domingo Expósito Moreno llegó a Argentina para buscar a su hija: la justicia le había retirado la custodia a la madre. Una semana antes de volver a su país, lo mataron de cinco balazos en la puerta de la casa. A punto de cumplirse un año del crimen, Carolina Gayá, la última pareja, busca justicia. 

La noche del miércoles 25 de junio de 2014 el viento soplaba como solo lo hace en Comodoro Rivadavia: tan fuerte que parece que va a arrancar árboles y techos enteros. Los faroles del Renault Clío iluminaron el portón de rejas blancas de la casa de Carolina Gayá y su novio Domingo Expósito Moreno estacionó sobre la entrada de autos.

— ¿Qué hace ese auto acá? —preguntó Carolina que iba sentada en asiento del acompañante señalando  un Gol Volkswagen verde  que estaba estacionado del otro lado de la calle. Con ella iba Tiziano, su hijo de cuatros años semidormido en brazos.

Domingo miró por el espejo retrovisor y lo reconoció. Le pareció raro que ese auto estuviese en frente de la casa que compartía con su novia  a esa hora y en marcha.

— ¿Qué hacemos?

—Bajemos — dijo Carolina—. Debe ser Sergio, él anda en ese Gol verde.

Sergio es Solis, la pareja de la ex mujer de Domingo, Nadia. Y Nadia Kesen es la madre de África, la hija de Domingo, que en ese momento tenía cinco años.

—O pueden ser los flacos que estaban ese día en el departamento de Nadia, ¿te acordas? —Se hizo un silencio en el auto. Los dos se miraron— . Bueno, ya está, si me tengo que cagar a trompadas me cago a trompadas. Pero entra vos con Tizi primero, yo te acompaño y vuelvo a salir.

El lunes de la semana siguiente, tras dos años de luchar para recuperar la tenencia de su hija que había sido traída a Argentina por su madre en 2010 sin su conocimiento, y de forma ilegal, Domingo iba a volver a España para tramitar la restitución de la chica. No pudo hacerlo.

Del Gol bajó un hombre encapuchado, vestido de negro de pies a cabeza. Sin medir palabra cruzó la calle entre la oscuridad y el viento. Apenas se le veían los ojos; una mirada certera como la de un cazador. Tenía los brazos extendido y apuntaba un arma.

“Lo va a asustar. Le va a disparar. Me va a disparar a mí, o a Tiziano”, pensó Carolina mientras tomaba la mano de su hijo y se escondía detrás de la camioneta del vecino. Se abrazaron. El auto no les dejaba ver la escena de terror. Cerraron los ojos.

Cinco explosiones estallaron en sus oídos. Fueron cinco disparos ensordecedores, uno atrás del otro. Después las pisadas y el auto que aceleró y se fue.

—¡Ayuda! ¡Llamen a alguien! ¡Me lo mataron, me lo mataron! —gritó Carolina parada en medio de la calle vacía junto al cuerpo de su novio.

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El 25 de junio de 2015 se cumple un año del crimen. Carolina Gayá es la única testigo. Desde la primera vez que declaró, señala como responsables a Nadia Kesen, ex esposa y madre de la pequeña hija de Domingo y a su pareja, Sergio Solis.

En un fallo de febrero de 2014, la justicia argentina dijo que Domingo debería estar a cargo de su hija. Su ex esposa tenía una denuncia por sustracción ilegal de menor radicada en España en 2010, por lo que volver podía traerle serios problemas con la justicia española.

Para Carolina, la pareja empezó a planear el crimen luego del primer fallo de la justicia. La prueba es el Volkswagen verde que usó el asesino y que era manejado por Sergio Solis.  A esto se suman mensajes de computadoras y celulares secuestrados de la casa de los acusados que los comprometen. Aunque existen numerosas pruebas, a diez meses del crimen la causa no está formalizada ni hay detenidos.

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Carolina Gayá tiene 34 años. A pesar de todo lo que pasó durante los últimos meses, sus ojos color miel transmiten calma. Nacida y criada en Comodoro Rivadavia, sus pasiones siempre fueron el flamenco y las danzas españolas. Trabaja como profesora en su estudio, donde  pasa las tardes rodeada de espejos, música y chicas de todas la edades. África Expósito Kesen empezó a tomar clases de flamenco con ella cuando apenas tenía cuatro años. Carolina la recuerda como una nena cariñosa y desinhibida. Era distinta por ser la alumna nacida en Andalucía, la cuna del flamenco. Hasta donde sabía, la madre de la nena era argentina y la mandaba a danzas para que no pierda sus raíces.

El primer día de clases de febrero de 2012 el estudio de danzas se llenó de nenas con polleras a lunares. África llegó de la mano de un hombre alto de barba candado y cabello largo recogido en una cola. Empezaba su segundo año en la escuela de danzas. “Yo no lo había visto nunca, pero era el calco de Afri”, recuerda Carolina sobre la primera vez que vió a Domingo Expósito Moreno.

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En octubre de 2010 Domingo notó que su ex pareja estaba moviendo papeles. Se acercó al juzgado y pidió que le quitaran el pasaporte de la niña. Temía que Nadia se la llevara a Argentina.

“Estoy en Argentina, no vayas a buscar a Afri, después te cuento”, decía el SMS que recibió Domingo la mañana de l7 de noviembre de 2010. Llamó varias veces al teléfono de Nadia pero daba apagado. Ese día le tocaba buscar a su hija. Fue al departamento donde vivía la madre, tocó el timbre, golpeó la puerta pero nadie contestó.

Después de hacer la denuncia por sustracción ilegal de menores y de varios intentos por comunicarse con su hija o con la madre, el primero que le atendió un teléfono en Argentina fue el abuelo de África. Le confirmó que las dos estaban con la familia materna en Comodoro Rivadavia y que iban a quedarse ahí. A partir de ese momento el contacto con su hija fue complicado. Era Nadia la que decidía cuándo le ponía a África al teléfono o vía Skype. Fue a través de un perfil falso de Facebook que Domingo pudo saber un poco más del día a día de su hija en fotos. Cuando se ponía en contacto con Nadia, ella le exigía que le enviara los papeles necesarios para tramitar la nacionalidad argentina de la nena. Si no lo hacía, no volvería a verla.

“Mi tío que era pura alegría solo lloraba. Le habían quitado a su niña, era inconsolable”, dice Jessica sobre los meses que siguieron a la huida de madre e hija. Domingo denunció a su ex esposa por sustracción ilegal de menor y pidió que le dieran la tenencia de su hija. Las pericias psicológicas que le hicieron antes de otorgársela determinaron que se encontraba bajo un síndrome ansioso-depresivo. En 2011 le otorgó la tenencia de África. Pero la nena seguía en Argentina. “Nosotros lo apoyamos en todo momento, sobretodo mi abuela que lo acompañaba al juzgado y a todos los sitios donde tenía que asistir por la lucha de la niña”, recuerda Jessica. “Mi tío decidió irse a Comodoro porque era la única manera de ver a su niña, la única manera de ser feliz”.

 

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Con los documentos que le otorgaban la tenencia de su hija en una carpeta, algunas fotos y unas pocas pertenencias, Domingo llegó a Comodoro Rivadavia en febrero de 2012. Ahí se Recontró con su hija. La encontró más grande y la reconoció más parecida a él. Ya no era la niñita que apenas podía caminar. Habían pasado un año y dos meses desde la última vez que la vio.

Atrás habían quedado su trabajo como mozo en un bar de la costa mediterránea, la banda en la que tocaba, la familia y los amigos. Había vendido un auto y todo lo que tenía. Con ello pensaba sustentarse hasta regresar a España con su hija. En Comodoro Domingo se alojó en casa de los abuelos de África y se dispuso a recuperar el tiempo perdido. Por las tardes llevaba a su hija al jardín y a las clases de baile.

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Domingo y Carolina se enamoraron el primer día de clases en el estudio de danzas. Pero fue la distancia lo que ayudó a que los sentimientos salieran a flote. En abril de 2012 Domingo tuvo que volver a España .A su regreso en septiembre, Carolina lo esperaba en el aeropuerto. La pareja se instaló definitivamente en la casa de ella en Santa Cruz al 580. Durante lo que quedaba de 2012 y el resto del 2013 Carolina y Domingo lograron tener una rutina como familia. “Afri pasaba dos veces por semana y fin de semana por medio con nosotros, igual que mi hijo. Habíamos logrado que los nenes estén juntos. Se amaban, hicieron una relación de hermanos porque se llevan un año de diferencia”, cuenta Carolina, y su voz se  vuelve alegre al recordar las épocas en la casa.

Afuera en el patio hay una pelo pincho. Adentro Tiziano de cinco años juega bajo la atenta mirada de su abuelo.Es verano y la radio pronosticó para hoy 30 grados, pero Carolina no va a la playa. Dice que la costa le recuerda demasiado a Domingo.

 

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Entre 2012 y 2014 Carolina y Domingo viajaron varias veces a Chile. Cruzaban la frontera cada tres meses, iban a Coyhaique o Chile Chico, donde se quedaban algún fin de semana para después regresar a Comodoro. Así  él podía renovar su visa turista mientras seguía esperando que se aprobara la restitución de África.

Durante las audiencias en el juzgado de familia la relación entre Nadia y Domingo  volvió a tornarse tensa.  En febrero de 2014 la justicia falló a favor de Domingo. La jueza Verónica Roberts ordenó que padre, madre e hija viajen inmediatamente a España. “Yo me voy a ir a  España, pero vos a tu hija no la ves más”, fueron las palabras de Nadia esa tarde en la puerta del Juzgado de Familia. Hasta el día de su asesinato Domingo no volvería a ver a África.

Carolina y Domingo desarrollaron una rutina de persecución en los meses que siguieron. Ella  lo acompañaba a la casa donde vivían Nadia y su hija, un edificio de tres pisos y ladrillos a la vista ubicado en la intersección de España y Rivadavia. Él bajaba, tocaba el portero, esperaba. Nadie atendía. Otras veces atendía la madre de Nadia o algún pariente que les decía que ella no estaba.

Carolina Gaya.

Carolina Gaya.

Los días de franco Domingo pasaba horas estacionado en la esquina del edificio esperando que su hija saliera por la puerta de madera. Una vez la vio de lejos, vestida con el uniforme del colegio subiendo a la camioneta Toyota gris de la madre. En otra ocasión fue a la escuela, pero Nadia se enteró y dejó de enviarla a clases. El 31 de mayo de 2014  África cumplió seis años y su padre no pudo verla ni comunicarse por teléfono.

En  la primera fecha para viajar a España, Nadia y su hija no se presentaron en el aeropuerto. Domingo tuvo que regresar a casa con la valija cerrada y los pasajes en la mano. La jueza determinó una segunda fecha para que los tres viajen: lunes 30 de junio de 2014. Unos días antes, Domingo recibió una llamada. Era su hija del otro lado del teléfono. No podía creerlo.

—Papi yo no quiero viajar a España— le dijo la nena.

—Hija tenemos que viajar, pero volvemos enseguida.

—Pero…yo no quiero que le hagas cosas malas a mi mamá.

—Yo no le voy a hacer nada malo a tu mamá. ¿Quién te dijo eso?

La comunicación se cortó. Esa fue la última vez que tuvieron contacto.

***

El 25 de junio Carolina terminó de dar clases cerca de las ocho de la noche. Domingo pasó a buscarla por el estudio de danzas. Mientras esperaba que ella cerrara se sentó a tocar el cajón como lo hacía siempre que estaban solos. Necesitaba descargarse, estaba nervioso. Hacía días tenía miedo de que Nadia se fugara otra vez con la nena. De que se fueran a Chile o a un campo que tenía la familia en Córdoba. Esa misma tarde más temprano había ido a la comisaría a dejar el pedido de la jueza para que le entregue a la nena antes de viajar. Llevaba cuatro meses sin verla. Ahí lo trataron mal. Esperó tres horas y no le permitieron usar el baño. Fue la misma comisaría donde más tarde esa noche, shockeada y acompañada por sus padres, Carolina declaró como única testigo del crimen.

***

Es viernes a las seis de la tarde y Carolina camina por el centro de la ciudad sosteniendo un globo blanco que dice “Justicias x Domi”. Lleva shorts y remera y viene acompañada por alumnas de danza, amigos y familiares. Con pancartas y globos blancos avanzan bajo el sol cortando avenida San Martín mientras los curiosos los miran pasar. Pocos en la ciudad saben que hoy, 25 de enero de 2015, se cumplen siete meses del asesinato de Domingo Expósito Moreno, el español que vino a buscar a su hija y lo mataron. Lo sabrán mañana, cuando la noticia sea tapa de los dos diarios de la ciudad. Mientras la causa a cargo del fiscal Adrián Cabrera de la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia espera ser formalizada, a veces, Carolina se cruza en la fila del banco con el que ella cree que fue el asesino de su pareja.

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*Actualización 8/10/2015*

Esta mañana, a un año y cuatro meses del crimen de Domingo Expósito Moreno, tras varios allanamientos en Comodoro Rivadavia detuvieron a cinco personas sospechadas de haber participado en el asesinato. También había una orden de arresto para Nadia Kessen, ex mujer de Expósito y madre de Africa, pero no la encontraron en su casa y ahora tiene pedido de captura. Se cree que está fuera de la ciudad. Uno de los cinco detenidos es el novio de Kessen, principal acusado por Carolina Gayá, y sospechado de haber planeado el asesinato del español junto a Kessen.

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