Artaud, la medicina como tortura

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Por @yuke (Julieta Benedetto).

Expulsado de la pensión donde vive, Fabio recala en el hospital donde agonizó hasta pensar morir. Aún enfermo fue externado, porque el lugar ya no presta más atención. No le presta más atención. Está con un texto que le quiere dar al médico, con el que pretende dialogar. Un texto que escribe en hojas sueltas en el excusado. En el baño tapado. En el psiquiàtrico desguazado sobre el que avanza una playa de estacionamiento. El maltrato, la violencia, la desidia. El esqueleto que da cuenta de una crisis que sucede en la realidad de esta ciudad, al mismo tiempo, unas cuadras más al sur del Centro Cultural San Martìn.

Artaud, obra teatral que dirige Sergio Boris, dentro del Ciclo Invocaciones,  tiene como punto de partida la compilación de “Las cartas desde Rodez”, que Antonin escribió en 1945 a su médico  psiquiatra Henri Parisot. De ahí la perspectiva de esta obra que aborda con sordidez, humor y encanto un campo complejo y que se encuentra en crisis -tanto antes como ahora- en nuestras sociedades: el de la salud mental, los hospitales psiquiátricos y las fronteras entre salud y enfermedad, locura y lucidez.

En Artaud hay un propuesta teatral muy contundente, que está en línea de continuidad con otra obra Boris, “Viejo solo y puto”. En ambas el lenguaje es muy rudimentario, circular, con frases que se repiten y vuelven a un mismo punto, y a la vez hay un cuerpo escénico que funciona como una máquina que va hacia un montón de otros lugares.  No es casualidad que Mercedes Halfon y Carolina Martin Ferro, que gestaron el Ciclo Invocaciones,  hayan convocado a Boris para que dirija en la IV invocación a Artaud, quien rechazaba la supremacía de la lengua sobre el gesto y buscaba que la lengua se confunda con la puesta. Que quede expresado lo dicho en lo visual. En este sentido el director dirá que “la locura lo recorre todo en la obra, es algo muy difícil. Lo que me interesa es que la locura este en el proceso, en el relato y no en un personaje”.

Son 5 personajes, y cada uno parece tener un estilo de actuación diferente. Citas, referencias, universos. Está increíble Marta, el personaje que interpreta Elvira Onetto, que aparece como un angel hollywodense, como si fuera Gina Rolands. La belleza está condenada en ese cuerpo, entre tanta oscuridad, densitud, sordidez. César, un interno convertido en ordenanza interpretado por Rafael Solano parece un personaje de un teatro costumbrista que, desacostumbrado, solo recuerda unos pocos parlamentos con los que responde a una pregunta recurrente “¿Qué pasa, César?”,  con lo que cuida su lugar que, aunque espurio, es mejor que el de Fabio.

Nacho -Pablo de Nito-, el psiquiatra que aún tiene algo de control del lugar, a las mujeres  y lentes de sol, mientras espera que alguien atienda la situación de abandono en que se encuentra la institución –aguarda que vengan a “corroborar”-, aprovecha y saca su rédito, su tajada.  La novia Moni -que también lo fue de Fabio- encarnada por Verónica Schnek trabaja en el estacionamiento y completa la escena junto a Fabio, interpretado por Diego Cremonesi- que remite a Artaud en su forma desgarbada. Fabio parece ocupar el lugar de una ausencia y la heladera, el rol de personaje principal, que interviene sonoramente, a partir de un trabajo que realizó Carmen Baliero.

Todo que ver con Artaud, la medicina como tortura, como crueldad. Esto dice el personaje de Fabio  al psiquiatra “es un dolor que me podrías haber evitado”. La sordidez tiene que ver con eso con un no lugar para el que la esta pasando fatal.  La enfermedad le permite por momentos escribir, pensar algo, hacer un poco de obra, en los intersticios de cierto recorrido en el dolor, en los momentos de alivio, que encuentra solo en el baño.  La enfermedad no está subrayada en Fabio, vuelve al hospital porque no tiene lugar en la pensión donde estaba.

La obra roza lo sexual en una pendiente de la puesta y en el escote de Marta, momentos de una fuerza de pulsión vital y amorosa como necesidad primaria, en medio de la sordidez y los malos olores. A pesar del maltrato del que es víctima y de su malestar, Fabio no pierde la entereza, cierta dignidad que tiene que ver con algo genuino. La obra logra una expresión de algo genuino.

El despojo que habita el escenario de la sala Alberdi habla de la crisis psiquiátrica. Los objetos vencidos, anacrónicos. Hay espacios clausurados, vaciados, ventanas sin vidrios.  Queda solo el esqueleto del edificio, un baño que no funciona, y una explanada donde funcionaba un pabellón que ahora está convertido en playa de estacionamiento.  El trabajo escenográfico fue realizado junto a Ariel Vaccaro y la asistencia de dirección está a cargo de Adrián Silver.

Jueves y Viernes a las 21 . En el Centro Cultural San Martín, Sala Alberdi. Sarmiento 1551.
Entradas $ 90 | Hasta el 06-11-2015

Ficha técnica

Actúan: Diego Cremonesi, Pablo De Nito, Elvira Onetto, Verónica Schneck, Rafael Solano
Vestuario: Magda Banach
Iluminación: Matías Sendón
Diseño de escenografía: Ariel Vaccaro
Diseño sonoro: Carmen Baliero
Realización escenográfica: Ariel Vaccaro
Sonido: Marcos I Zoppi
Asistencia de dirección: Adrián Silver
Producción ejecutiva: María Laura Santos
Producción general: Carolina Martin Ferro
Dirección: Sergio Boris

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