¿Por qué mi hermano gana más que yo?

anamaria

Por  Paloma Bianchetti (@palomabianchetti)

Son las 10 de la mañana. Los pasos retumban cada vez más cerca, como también las órdenes que les da a los empleados: muevan ese maniquí, prendan la luz  del sector mujeres, entre otras tantas. Finalmente se detiene, me observa y me dice: “Vení, mejor pasemos a la oficina”.

Giesso S.A. es una empresa familiar del rubro textil, fundada en 1884. Durante tres generaciones fue dirigida por los varones del clan, hasta que llegó Ana María Giesso para transformar y erradicar la tradición patriarcal.

Ana, de 77 años, es una mujer tan segura como intimidante. Se define a ella misma como tremenda y asegura que sin su carácter no hubiese logrado abrir paso a su carrera en el mundo laboral, un mundo que solía ser patrimonio único de los hombres.

Ferviente defensora de la educación pública, Ana terminó el secundario en el Colegio Lenguas Vivas y comenzó la carrera de profesorado en la misma institución. “Se usaba trabajar de maestra”, señala. Pero fiel a su estilo transgresor para la época, abandonó los estudios y se inscribió en la carrera universitaria de traductorado público. A los 21 años se casó con su actual pareja y un año después, junto al nacimiento de su primer hijo, comenzó su camino dentro de la empresa familiar. Hoy es reconocida –por la Universidad Torcuato Di Tella– como una de las 100 mujeres líderes de la Argentina .

En la empresa también trabaja su hermano, “El elegido”, como le decía Ana. Él había sido seleccionado como el único miembro familiar para continuar con el legado empresarial.

—¿Por qué mi hermano gana más que yo? —le solía preguntar Ana a su padre.

—Porque es varón —le respondía él.

Las discusiones con su padre fueron una constante.

Pero con el pasar de los años su hermano se abrió de la empresa. “El Elegido decidió que no era para él y comenzó su emprendimiento. Él era hippie, un creativo”, cuenta Ana entre risas. “No sé si a mi papá eso le dolió, no lo sé y tampoco me importa”,  sentencia la mujer con un gesto firme. Fue por aquella decisión de su hermano que Ana quedó al frente de la empresa. Recuerda que, una vez, su padre le dijo: “Es increíble que seas mujer y estés dirigiendo esto”. Ana asegura haberse quedado en silencio, contemplándolo con desconcierto y afirma que su padre pertenecía a otra generación, siendo este el único justificativo que encuentra para aquellas palabras.

Al preguntarle si en esa época estaba mal visto que las mujeres trabajasen, ella responde: “No lo sé, esa parte no me llegó. Pero yo era tremenda y lo que veía mal era que no trabajaran”. Asegura haberse sentido muy confiada con la educación que había recibido. Y agrega: “A las que no trabajaban no les tenía envidia; que le tuviesen que pedir plata a su marido para comprarse medias y bombachas me parecía un horror”.

Siendo partidaria de que el trabajo se puede llevar a cabo de igual manera, ya sea por hombres o por mujeres, Ana sostiene que en Giesso no hay diferencias salariales. Y reafirma: “Si yo estoy acá es porque ya no hay desigualdades de género en la empresa”. De todas formas, reconoce que la temática de la maternidad suele hacerse presente a la hora de tomar a alguien pero también afirma que los tiempos han cambiado; que hoy se puede trabajar de manera flexible y que las personas ya no suelen formar familias numerosas. Y comenta: “Yo tengo clarísimo que no tuve más de dos hijos porque quería trabajar, lo necesitaba”.

Luego de batallar por años, asegura que jamás se volvió a sentir discriminada por ser mujer en el ámbito laboral. ‘’Al contrario, me sentí admirada. Pero te vuelvo a decir que yo soy tremenda”, sentencia Ana.

—Me gustaría tener más tiempo para ir a las charlas que me invitan y conocer cómo piensan las nuevas generaciones -comenta Ana —pero mientras tanto mi consejo para ellas es: formación y esfuerzo, eso es lo que yo hice.

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