Aceptar la ficción y subirse al Titanic

Capitan 3

Por Denise Menache

Capitán, de Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob, narra la historia de Nicolás Molinari, un director de teatro retirado que quiere estrenar una nueva obra. A pesar de que nadie se interesa por su nuevo trabajo, con la convicción de un Quijote, el dramaturgo busca hacerse oír.

Es un teatro que piensa sobre el teatro. Una obra que, tanto en el universo de la ficción como en la realidad, se lleva a cabo en el hogar de la compañía

Capitán es la nueva propuesta teatral de la dupla Mendilaharzu-Jakob, que se presenta actualmente en Timbre 4, mítico teatro porteño, ubicado en Boedo y México.

El ingreso a la sala se produce por donde se llevará a cabo la representación. Una vez acomodados los espectadores en las gradas, se comienza a creer en la ficción. El recinto se transforma en la casa de Nicolás Molinari (interpretado por José María Marcos), un director de teatro que, refugiado en sus cuatro paredes, comienza los ensayos de su nueva obra, su regreso a las tablas. Para este proyecto, cuenta con la ayuda de su asistente profesional y personal (Laura Lértora) y de dos actrices que soportarán sus gritos y caprichos (Marisa Hermida y Magui Grondona). Las entradas y salidas al living de Molinari, se completan con la presencia de Gaspar (Hernán Grinstein), su hijo, quien pareciera estar sumergido en su propio mundo: el del dinero, la especulación y el ajedrez. Los personajes comenzarán a involucrarse y como en una telaraña se envolverán entre ellos y lo que los rodea.

capitan 1

El proyecto teatral que se desarrolla en aquel living, es la embarcación que imagina Molinari, y de la cual se considera capitán. Este proyecto, que pareciera ser firme en un principio, comienza a tambalear. Podemos sentirlo a nivel visual, la escenografía se va despojando. Los personajes se llevan los libros que Molinari ya no quiere, resabios de un pasado del cual elige quedarse con lo mejor.   A medida que se relaja el peso, aumenta la tensión. El barco avanza pero la marea es fuerte y hace tambalear la nave. En un juego de ausencias y presencias, que podemos pensar como el corazón de la obra, oímos hablar de Arturo Heller, que es a la vez discípulo y enemigo de nuestro capitán; un generador de males  exitosos, enmarcados dentro del Teatro Documental, al que Molinari se encargará de destrozar con risas, gritos e ironías. Este personaje cobra de a poco una presencia excepcional a pesar nunca manifiestarse como cuerpo presente en la escena. Heller se opone y complementa a Molinari, quien no hará más que rebajarse buscando estar por encima de su opositor. En este enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo vemos la decadencia de Molinari. Las medias mojadas, los eternos mensajes telefónicos, una entrevista desopilante en la radio.

La obra que se está ensayando en ese living es otra gran ausencia presente. Nunca asistimos a un ensayo, no presenciamos más que la primer didascalia del texto –recitada por la asistente- y tampoco vemos más que parte del vestuario. Sin embargo, y en concordancia con las elipsis (un tiempo que pasa y pasa) es como si conociéramos  de memoria la dinámica del elenco y la obra que será (o no) representada. Todos aceptamos la ficción y subimos al Titanic que imagina Molinari.

Nos invita como espectadores a jugar desde la inacción, no quedar afuera de nada. Nos interpela desde el chiste, desde un guiño: los personajes nombran la cuarta pared de la escena, señalando a las gradas, donde estamos los espectadores, con nuestras risas, ocultos pero presentes.

El espacio construido va más allá de lo que vemos. El “fuera de campo” (pedimos prestado al cine este concepto) es clarísimo. Podemos imaginar la habitación de Molinari, la cocina con la licuadora, la calle. Estos espacios son nombrados y cobran una presencia descomunal. Se juega con nuestro imaginario, se nombra actores que podrían ser –o no- personajes populares, personalidades que creemos conocer. Es un teatro que piensa sobre el teatro. Una obra que, tanto en el universo de la ficción como en la realidad, se lleva a cabo en el hogar de la compañía. En esa embarcación que avanza frente a viento y marea vemos un proyecto. No el de Nicolás Molinari, sino el de Jakob, Mendilaharzu, y todo el equipo de Capitán. Un teatro que lucha por ser, frente a todo, por existir y reflexionar; por pisar fuerte, sobre los charcos.

La cita es en Teatro Timbre 4 , los viernes 23.30hs y sábados 20.30hs. Las localidades salen $120 (menores de 28 abonan la mitad).

Fotos: Giampaolo Samá

banner-02

LECTURAS RELACIONADAS

Deja un comentario