Yuta Feminista

Esta es la historia de una transformación. La de una mujer que se saca el uniforme de Comisaria y muestra las tetas en el Monumento a la Bandera.

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El Botón,  la cana, el rati, la yuta, el bigote, la gorra, el vigilante. Una profesión que se estudia tres años, su función es “la paz social y el orden público”.

– Lo mío fue una necesidad de independencia económica para poder solventarme y no pedir nada a nadie; ni siquiera dije “uy, esto es un trabajo seguro” ¡no! era el aquí, ahora y rajarme.

Mariela tiene sobre la mesa un sello que dice Comisaria,  varios esmaltes de uñas, un tarro lleno de lapiceras, un termo con una calco que dice “Paremos el acoso callejero” y un libro titulado “Sana tu cuerpo”.

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En Argentina, la provincia de Santa Fe es un territorio con forma de bota. Cinco de cada cien habitantes de la provincia son policías. Mariela es del departamento de Vera que está a 424 kilómetros y cinco horas de la ciudad de Rosario. En el 98, Mariela viaja a Rosario y comienza a ser parte del treinta por ciento de mujeres policías del total en la provincia.

No es lo mismo ser poli en el centro hacia el norte que del centro hacia el sur  de Santa Fe. Del centro al sur ser policía está relacionado a la historia argentina: uniforme y botas, abuso de poder, represión y delitos de lesa humanidad realizados “en nombre del Estado” entre 1976 y 1983. Del centro al norte, el policía es mecánico, como el papá de Mariela o es policía y tiene una quinta, como su abuelo. El único destino para las mujeres es casarse y tener hijos.

– No quería ser como mi mamá. Fue un instinto de libertad, de intentar otra cosa, porque tampoco sabía cómo me iba a ir. No volví más.

El abuelo, el papá, los tíos, el primo y el hermano de Mariela, todos son policías. “Lo único que tenemos en común, es el arma y la vestimenta, nada más.”

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“La negra” como le suelen decir quienes la conocen, está rozando el metro noventa, tiene rulos salvajes y un hablar pausado. Una presencia potente, es lo único que tiene a sus veintiún años.

Cuando ingresa al Instituto de Seguridad Pública de Santa Fe, le pagan quinientos pesos aproximadamente para los gastos de: traslado, material pedagógico e indumentaria. Doscientos cincuenta pesos se van en el alquiler. “Los tres de formación nos suma como antigüedad. Porque tenemos estado policial cuándo somos cadetes pero no activos”. En diciembre del 2000 se recibe de Técnica Superior en Seguridad Pública y Ciudadana.

No les enseñan a manejar situaciones de violencia, les enseñan leyes y códigos. En el tercer año los llevan dos o tres veces los llevan a practicar tiro. Cuando se reciben, les dan el arma. Está con ellos para siempre.

Antes de salir a la calle, para su primera recorrida, Mariela recuerda a un profesor que junta los dedos de la mano y los lleva a su cabeza de forma reiterada como si estuviera depositando algo:

– Vos tenés tu arma, vos tenés tu arma, vos tenés arma.

En enero de 2001 el Papa Juan Pablo II da comienzo a un nuevo milenio, mientras que  George Bush es el nuevo Presidente de los Estados Unidos.

Argentina, es el país que  tendrá cinco presidentes en un mes, mientras que en Santa Fe un expiloto del automovilismo ejerce su cargo de Gobernador.

En la ciudad de San Lorenzo, el hijo de un policía infringe el Código de faltas. Mientras que Mariela y su compañera hacen la recorrida nocturna. Está meando en una plaza, por eso se lo llevan detenido.

“Nadie nos dijo que hicimos lo correcto. Hay una falta de criterios, de cómo legitimar las intervenciones ¿Cuál es la vara? La tipa te lleva al pibe que está meando en la plaza y el comando no te trae al tipo que está cagando a palos a la mujer”.

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Alberto Quesada, jefe de Mariela, la cita en la oficina para ofrecerle y designarle un cargo en el Centro de orientación a la víctima de violencia familiar y sexual en San Lorenzo. A los 22 años siendo oficial, lo único que la sedujo fue estar a cargo de personal. Esto la ayudaría con los ascensos.

En la  Comisaría de la mujer, como se conoce al Centro, siempre fueron mujeres, no más de cuatro. La permanencia para cumplir el cargo y luego irse, es de dos años.

“Yo estuve 12 años, entonces tenía seis veces la cabeza quemada”.

fuego.jpg Estereotipos. “El varón en la casa debe usar su fuerza física para arreglar las cosas que se rompen, la mujer debe esperar al hombre con la comida lista para cuando él vuelva de trabajar”

 

Cada quince días vuelve el embarcado, esconde silenciosamente un dolor de espalda que lo deja hacer mínimos movimientos. La mujer espera que él cumpla con el rol de varón en la casa. Tras la insistencia, el hombre se sube a una silla, le tira la columna. Se baja, agarra la silla de madera y la parte en pedazos sobre el piso. La mujer quiebra en llanto, llama por teléfono a la comisaría de Fray Luis Beltrán, el hombre está llorando  en el suelo en posición fetal. La llamada fue transferida. Suena el teléfono, atiende Mariela.

“La primera guardia que me había tocado fue un sábado. Era una situación un conflicto interpersonal por falta de comunicación.”

“No era una pareja violenta. En una que sí, que rompa una silla no es nada, un golpe no es nada. Fue un hecho violento en ese matrimonio”

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“Nunca niegues lo que hacés, pero nunca vayas uniformada a un lugar” ese es el consejo que le da el amigo anticana de la familia, antes de empezar a estudiar psicología, teniendo un año de oficial.

Cacerolas, saqueos, corrida bancaria. De la Rúa declara estado de sitio, dos días intensos de protestas que se llevan varios muertos y un presidente que deja la Casa Rosada en un helicóptero. Tras diez años de vigencia se pone fin a la Ley de Convertibilidad. La inflación y el desempleo suben, menos los sueldos que están estáticos antes de la crisis.

En el 2002 la crisis sigue doliendo. Mariela necesita entender por qué las mujeres que llegan al Centro con el ojo negro, vuelven con sus parejas y otra vez, vuelven al Centro con el ojo negro. Empieza a estudiar Psicología en la Universidad pública, hay días en los que va a cursar y no hay clases. Una crisis insostenible para una joven que lleva pocas horas de sueño, que vive en zona norte lejos de la ciudad universitaria, la Siberia como se la conoce.

– Como no pude continuar con la facultad, me empecé a capacitar en atención a la víctima, aprendí mucho. Fue por autodidacta, por inquieta, no me cerraban estas cosas y averigüé todo esto, tenía la práctica todo el tiempo.

Mariela no sabe que cuatro años más tarde, volverá a estudiar Psicología.

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Romina tiene cuatro hijos, dos nenas que viven con ella y dos nenes que están con el padre. Viene de una familia humilde, “ella no habla mucho”. Romina era trabajadora sexual hasta que consiguió un trabajo de limpieza en la casa de Pastorutti.

Así se conocen.

Comienzan a estar juntos en el 2010, dos años intensos de la pareja. Él la sigue hasta en el baño, esconde los documentos de los hijos de Romina. Pastorutti le tiene prohibido mandar mensajes y mucho menos puede comunicarse con su hermana: la tiene presa.

Romina se va.

– Si no volvés a casa te voy a pegar un tiro.

Suele llamar por teléfono a los hermanos de ella diciéndoles que “algo le va a hacer”.

En la madrugada del 10 de abril del 2012, Pastorutti se acerca a la casa del papá de Romina, donde está viviendo, tira piedras y pide que vuelva con él. A las 8: 39  Romina se acerca al Centro en San Lorenzo para denunciar la amenaza y ratificar el pedido de la prohibición de acercamiento.

El mes anterior, Romina lo había denunciado a Pastorutti porque merodeaba en la casa del padre, reclamando que vuelva con él. Si no lo hacía “le iba a matar a alguien que más quiera”.

Una y mil veces Romina le explica que ya no quiere volver con él.

Romina vuelve.

En Febrero de 2013 la relación comienza a tensarse aún más. Romina decide separarse, se siente mejor por tener la asignación universal por hijo. A él eso lo enoja, lo prende en furia.

Romina se va.

“Lo que me pasó, fue ser testigo de una muerte anunciada. Yo no podía seguir trabajando en asistencia pensando que cada denuncia era un potencial femicidio”.

El 24 de agosto de 2017, día del juicio oral en Tribunales de Rosario, Miguel Pastorutti sentado en la silla, esposado con las manos unidas, su cara sumergida en piel arrugada, con una nariz grande, un lunar sobre la ceja derecha, su cabellera con pelos grises dispersos, y un pullover rayado como usaban los presos dijo:  “Pido perdón. Uno no nace para esto. Pero lo que no pasa en la vida, pasa en un segundo”. El 9 de diciembre de 2013 a Romina le pasó la vida en veinticinco puñaladas y fuego en la mitad de su cuerpo.

“La fiscala  Herrera me dijo “tu testimonio es importantísimo porque le vas a dar vida a Romina”, ese día me fui sin voz”.

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Existen nueve jerarquías, Mariela está por rendir la quinta para ascender a Comisaria.

Todos sus compañeros esperan que Mariela presente un proyecto sobre violencia porque es “lo único que sabe”. Mariela sabe que nunca hará lo que ellos esperan.

Presentó el proyecto “Somos lo que somos con lo que hicieron de nosotros” bajo el seudónimo “Álvaro Linera García” para que no influya en el jurado el nombre de quién lo presenta, no se conoce la autoría hasta el día de la defensa.

–       ¿Y cuándo nació tu vocación?

Es la pregunta del jurado. Se paraliza, abre los ojos grandes y se toca el corazón para saber si está ahí.

–       Guau, qué pregunta.

Mariela nunca registró si tenía alguna vocación. Pasan algunos segundos y responde:

–      Creo que en el Centro de atención de la víctima, ante el dolor de los otros.

“Salí primera, y la defensa del proyecto fue calificada con 100 puntitos”.

Nunca nadie sacó ese puntaje, nunca nadie le preguntó a Mariela el tema de su proyecto. Nunca entienden cómo es tan impecable en su labor y al mismo tiempo es: la “loquita” que muestra las tetas y con el puño de la mano alza al pañuelo verde en el Monumento Nacional a la Bandera.

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Mientras su trabajo es cumplir con la ley, escribe su tesis de psicología sin respetar las normas APA.

“No puedo escindirme de mi formación de policía. Cuando escucho, escucho caratulando, observo detalles como lo que en la justicia te piden. Como psicóloga,  también la escucha es distinta. Es un poco caótico con todas las escuchas que hago. Sería una psicóloga feminista, porque ya soy feminista, me siento psicóloga.  Si bien, me falta la norma, ya lo soy”

En el medio del 32º Encuentro Nacional de  Mujeres en Rosario y la pasión por escribir su tesis, le cae la idea de hacer un congreso para todas las mujeres policías con el fin de capacitarse en perspectiva de género. Idea que fue cajoneada por la burocracia, idea que no esperó a la burocracia y cayó en las manos correctas.

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– Tengo 20 años en esto, que soy la excepción a la regla, ya lo acepté

Mariela sabe que cuando cumpla sus treinta años de servicio, en el acto de retiro frente a sus compañeros y compañeras, se cambiará la gorra por el pañuelo verde.

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