Yo que no tengo.

Yo no tengo HIV pero cogí y la chupé sin forro.
Lo hice en tríos y orgías de cuarenta tipos y quince minas.
Yo nunca tuve que vivir en carne propia leer un test positivo: soy de los que tuvo la gracia divina de dar siempre en el agujero indicado. También soy de los que anduvo por el mundo prejuicioso y airoso de tanta ignorancia. Después los años me volvieron más empático y curioso y fui matando un montón de fantasmas que rondaban el virus.
La vida también me sirvió de amigos, gente conocida de la peor y la mejor calaña que pudo haber germinado esta tierra; gente que, indudablemente, no tuvo mi suerte pero corre con otra mejor: la de superarse -cada vez- hasta volverse indetectable.
Hoy, por suerte, no me molestaría en absoluto tener HIV, lo que no quiere decir que vaya por el mundo cogiendo a pelo para ver qué bicho me puedo pescar porque hoy – lamentablemente hoy – tener HIV sólo es caro y ni te cuento si el Estado, además, te la vuelta la cara.
Hoy le tengo más respeto a otras cosas; a quedar mudo por el HPV, por ejemplo, o a que una hepatitis fulmínica me deje el hígado de moño. Pero lo que más me asusta es que el mismo sistema que fabrica los males te mire de reojo, como si lo único de su competencia fuera sentir piedad. Como si un HIV positivo la necesitara para algo cuando lo único que precisa es un cóctel farmacológico que cuesta un huevo, deja los ojos amarillos una buena temporada y los devuelve a la cresta de la ola.
Me da miedo que mis afectos no reciban la medicación un mes: ¿Por qué tienen que pagar los platos que no rompieron?, ¿Por qué tienen que pagar con la salud la falta de educación y la horda de prejuicios? ¿Por qué deberían andar con la pija en el culo cuando no les da la gana?
Yo, ciudadano de a pie, no tengo mucho que reclamar porque me chupa un huevo – en especial ahora- el Estado y la República. Es que cuando hay que hacer bandera nos envolvemos en ella y la enarbolamos el primero de diciembre pero cuando se trata de la humanidad hacemos un charco de agua.
Y digo todo esto porque no tengo HIV. Caso contrario -seguro- sería menos modesto.
Y reniego porque no quiero un Estado que los deje solos en plena batalla.

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