Y vos, ¿qué salís a buscar?

El sábado estuve en un boliche del centro y mientras sacaba fotos observaba la conducta de la gente. A la izquierda veía un grupo de más de 30 años borrachos que bailaban como si los problemas por llegar a fin de mes no existieran, o como si no importara que el domingo había que presenciar la reunión familiar por Pascuas. Quizás al otro día les iba a doler hasta el alma, pero mientras tanto se movían eufóricos. Atrás de ellos, un grupito de ecuatorianos festejando un cumpleaños. También muy alegres, incluso me dijeron que el cumpleañero había ingerido como 27 shots en menos de un día. Si hay algo que al latinoamericano le sobra es aguante.
Y yo mientras tanto, aprovechaba para sacarles fotos. Cuando están desinhibidos por el alcohol es más fácil. Hasta el que hace un rato me había dicho que no podía aparecer en la foto porque había salido sin avisarle a su novia, ahora posaba como el rey de la noche.
Cerca de las cuatro de la mañana apagué la cámara por un rato y me acerqué a la barra. Pero igual seguía observando. Hasta que se me acercó un flaco al que le había sacado una foto unos minutos atrás. Tenía un fernet en la mano y mientras tomaba, nos pusimos a charlar. Después de que cada uno sabía una cuota mínima de información sobre el otro, la charla se puso bastante reflexiva.
-¿No te parece que la gente sale a buscar algo cuando sale? –me preguntó-. Digo, que sale a buscar algo, a alguien, no sé…. Pero que en esa persona que sale hay una expectativa…- mientras movía la mano y se tocaba el pecho, como si me intentara explicar que esa búsqueda tenía que ver con los sentimientos.
– Puede ser, hoy es sábado, hasta hace un rato estaba lloviendo y hace un poco de frío… creo que quedarse viendo una película no era mal plan.- intenté seguirle esa teoría que me estaba explicando. En definitiva, yo también coincidía con eso que decía.
– A mi me causa gracia cuando las chicas dicen que salen sólo para divertirse con sus amigas. Si te querés divertir, no sé, andá al Parque de la Costa – se reía, mientras buscaba que yo también me riera para que aprobara su hipótesis-. Mirá allá, las chicas están todas producidas, se maquillan, se visten lindas. Ojo, los pibes también… eso es porque están buscando algo.
Ahí me permití disentir con el flaco. Las chicas no siempre se ponen lindas para un tercero, a veces prevalece más el ponerse linda para una, a veces las chicas también necesitamos enamorarnos un poco de nosotras mismas.
Sin embargo, el flaco continuó:
-Lo digo porque a mi también me pasa, yo cuando salgo es porque también salgo a buscar algo. No me refiero a satisfacer una necesidad, sino a encontrar complicidad en alguien.
-Lo malo de eso es cuando se vuelve a casa… Volvés con las manos vacías, no conseguiste lo que querías. No conseguiste eso que lograra romperte la cabeza.- respondí, y si bien creí que sonaba un tanto exagerada, el flaco asintió con la cabeza como si le hubiera leído la mente.
-Lo peor es que a todos nos gustaría tener a ese alguien por quien dejar todo. Yo creo que el 90% de las personas que están hoy acá, tienen a ESA persona por la cual dejarían todo. Porque si esa persona que vos querés te da bola, vos dejás todo. Dejás todos los problemas de lado, la facultad, el laburo, la familia, el dinero, todo eso te empieza a importar poco y nada.

Yo, que desde hace bastante estoy en el intento de des-enamorarme de alguien que rompió todos mis esquemas, sentía que los ojos se me empañaban, y que si seguía en esa situación iba a terminar marcando un número de celular y cometiendo un sincericidio. 

Veía que la charla se estaba poniendo bastante interesante pero muy dramática para un sábado a las cuatro de la mañana en un boliche que explotaba de gente mientras sonaba la cumbia al palo. Tampoco descartaba que toda ese relato cuasi romántico sea una estrategia o chamuyo para intentar levantarme, así que me despedí del flaco y seguí sacando fotos.
Cuando volvía a casa no podía dejar de pensar en esa conversación. Es más, hasta me hizo replantear que salí a buscar yo esa noche. Quizás no salí a sacar fotos. Ni salí a hacer unos mangos. Salí a conocer historias y a guardar anécdotas como éstas, porque en definitiva eso es algo que el dinero no puede comprar.

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