Y en eso llegó Fidel

y si cayera Cuba caeríamos,

y vendríamos para levantarla,

y si florece con todas sus flores

florecerá con nuestra propia savia.

Extracto de Canción de Gesta, Pablo Neruda.

El pasado sábado amanecimos con un cielo gris que lloraba: el día anterior a las 22:30, hora cubana, cerraba los ojos por última vez el Comandante Fidel Castro Ruz. Ese mismo día se conmemoraba el aniversario número sesenta de que el yate Granma zarpara de Tuxpan, en México. Aquel que llevó la marea rebelde a las playas cubanas para liberarla el 1 de enero de 1959.  

Ese hombre no aplicó fórmulas políticas; fue dialéctico y pragmático. Su sed de justicia lo llevó a liderar el Movimiento 26 de Julio, a penetrar la isla con un discurso comunista y erradicar la dependencia como colonia que sólo servía para endulzar el té de las damas estadounidenses. No tenía un cómo, sino un qué bien claro: libertad. Y el camino que encontró fue el de la unión de la masa explotada capaz de defenderse del avance del capitalismo esclavizante, en la idea de ser libres. Así lo quiso y así lo logró, con la estrella roja como una Estrella de Belén, en su cielo comunista.

Y así pudo mantener la Revolución con optimismo: “la revolución no ha enseñado a odiar, se basa en ideas y no en fanatismos, no en chovinismos (…) se educa en los sentimientos de amistad y solidaridad, (…) sentimientos internacionalistas”. Y son estas ideas las que iluminan al mundo y podrán salvarlo: “ideas justas, las que pueden traer la paz al mundo (…) las que pueden poner solución a la violencia. Por eso hablamos de la Batalla de Ideas”. [1]

Durante más de medio siglo empoderó a su pueblo y sirvió de ejemplo a los disidentes del sistema capitalista; a aquellos que vivieron la desolación posterior a la Segunda Guerra Mundial, a quienes se enfrentaron a los fusiles en los 70’ y a nosotros, los jóvenes que no vimos el Muro de Berlín caer, pero sí vemos a las democracias nacionales temblar y resquebrajarse. Ya no luchamos por quitar fronteras físico-políticas, sino las ideológicas y manteniendo despierta la utopía de la Patria Grande. Pues no es utopía por ser imposible, sino porque nos mueve el horizonte más allá, nos obliga a seguir andando.

Continuará siendo ejemplo de lucha y perseverancia. Aún luego de celebrar sus noventa años, su juicio se mantenía intacto y la luz vital nunca dejó de brillar en su mirada. En la sesión de clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba,  comenzaba a despedirse, el líder de la Revolución quien luchó incansablemente, en marcha indetenible.

Pero el hombre no muere por su ausencia física,  zarpa nuevamente para revolucionar otros mares. Seas bienvenido a aquel basto océano, de la historia, que te ha absuelto. VIVA FIDEL, dicen las calles habaneras, pero no es sólo al hombre a quien le hablan. CUBA LIBRE, es lo que celebran.

 

 

 

[1] Fragmentos del Discurso pronunciado por Fidel Castro, en la Facultad de Derecho, Buenos Aires, Argentina, 26 de mayo del 2003

 

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