Un Siddhartha paisa

Por Gustavo Arias

“Amigos de toda la Argentina, este es mi amigo Tito Bonazzola, que hoy salió desde Bragado, provincia de Buenos Aires, con destino San Martín de los Andes, Neuquén. Mil y pico de kilómetros a caballo. A todos, les pido que lo miren y saluden. Pregúntenle cómo va y ayúdenlo si necesita algo. Los primeros trancos de un sueño que se hace realidad”, escribió Gustavo Triviño el 7 de agosto en su perfil de Facebook, publicando una foto de Tito y sus dos caballos. Por ese entonces, ni Traviño, ni Tito, ni nadie, sabían que con el correr de las semanas, la travesía sería vista y admirada por miles de paisanos de todo el país. No obstante, esa primera publicación se hizo viral. En pocos minutos, un centenar de personas, supieron que alguien a caballo, Tito, emprendía su largo viaje. ¿Es por un sueño? ¿Cómo un hombre se anima a viajar tantos kilómetros en caballo pudiendo hacerlo en auto, avión, colectivo, moto, incluso bicicleta? Mientras un multitud pensaba, Tito montado en uno de sus caballos, Titán y el Porteño, comenzaba el viaje, y sus amigos y familiares a esperar no del todo convencido de la peripecia.

El paisano como le gusta que lo llamen a Tito, vio la luz en Lobos, provincia de Buenos Aires. A los pocos años de vida la familia se trasladó a San Martín de los Andes, y desde allí, fue criado en la comunidad Mapuche Curruhuinca. En su niñez vivió en el barrio Las Rosas, en las afueras de la ciudad, más tarde se instaló en el campo de su tío, en el paraje Quila Quina, a orillas del Lago Lácar. Allí, en un claro lo bastante grande, armó el campo de jineteada con el que se hizo popularmente conocido.

—Indudablemente, para cuando Tito termine su viaje habrá cumplido una hazaña que quizás, inspire versos de poetas y de algún payador— decía Carlos Gómez en su programa radial “La Pampa jinetea y canta”, y luego rematando con una copla—;  Si este es Tito Bonazzola el que hace de cabalgante que con un sueño pujante, cual bandera se enarbola. Ahí dejo una copla, sola, que por la patria se expande y anda por donde ande, de la vida al desarrollo, un buen viaje para el criollo.

Muchos comentarios de aliento, deseándole suerte, incluso expresando los sentimientos que genera que un gaucho viaje desde Buenos Aires hasta San Martín de los Andes a caballo, solo. Semejante travesía, hacerla en el 2017 con rutas, autopistas, con miles de autos andando a más de cien kilómetros por hora tratando de llegar a cualquier lugar antes que caiga el día. Lo que Tito demoraría 45 días montando, máquinas voladoras hacen el mismo viaje en apenas dos horas, por todo, este gaucho despertó pasiones a lo largo y ancho del país.

“¡Se me escapan unas lágrimas de alegría, emoción! Vamos a acompañar tranco a tranco!”, escribió su hermana Carolina Bonazzola. “Qué grande Tito, que paisano toro. Suerte en esta camperiada”, escribió Miguel Namour. “Suerte paisano. Pegue un grito cuando llegue x Neuquén. Salió medio desabrigado palfrio que hace pa estos lados”, comentaba Jesús Antipan. “¿Alguien sabe qué camino ha tomado? Soy de Carlos Casares por si pasa por acá y precisa algo o, para alcanzarlo con unos mates tan siquiera”, decía Jorge Rosales. “Buen viaje amigo. Si pasas por el novecientos serás bien recibido”, decía otro. “Me llena el alma saber que quedan de estos paisanos de tanto coraje. Mucha suerte y quédese tranquilo que seguro lo van a esperar en cada poblao que pase, y viva la patria”, decía Néstor Gutiérrez. “Campero humilde y amigo es el Tito. La patria se hizo a pata y a pata se defiende. Que la Virgen de Luján y el Gauchito Gil te acompañen”.

A las 12 hs del 8 de agosto, Gustavo Traviño comunicó que Tito había llegado a French, una estación de Carlos Casares, y que allí pasaría el día.

Ya desde los primeros kilómetros estuvo acompañado. Jorge Rosales lo invitó con un almuerzo, mates, un lugar para pasar la noche. Tranquearon hasta que el sol se perdió en el monte. Al otro día la despedida fue breve, había que seguir viaje, abrazos, mates, suerte, hasta los pingos se habían amadrinado. Pero Tito debía continuar. Avanzaba solo por las pampas bonaerenses, agradecido de los días, del buen pasto y del agua para su animales. ¿Qué pensaría Tito? Cuando volvió a comunicarse ya era 10 de agosto, el pueblo que se hizo popularmente conocido por la canción de María Elena Walsh, Pehuajó, no vio llegar a la tortuga, lo vio llegar a Tito Bonazzola. Los que lo vieron, dicen que pasó raudo, a cobijarse bajo el techo de la Shell, llovía. La primera lluvia desde que salió, que lo sorprendió y hasta lo hizo repensar si seguir viaje. Pero como venía sin apuro, esperó a que amanezca, a que lo peine la luz para decidir. Con el primer claro, y despejado, al alba Tito alistó al Porteño, después a Titán, mientras los empleados de FullTrack le servían un café caliente y unas medialunas. Comido y bebido, se fue rumbo al siguiente pueblo.

Poco más de 40 kilómetros de camino solitario. Al síncopa de las herraduras sonando de las ocho patas andando. Caminando los caminos. Recibiendo cada tanto algún bocinazo aislado en son de saludo. Veía la línea de allá lejos, del horizonte, que cada metro que avanzaba ella se corría un poco más para atrás. Solo iba. Pensando. Por ahí entonaba una melodía silbando. Cayendo la noche, venía Tito arremangado con su par de ojos grandes, medio con sed, listo para brindar con los amigos que lo recibieron en Juan José Paso. Y que tan pronto llegó, comenzó la guitarreada, el humo, parrilla lista, asado al fuego.

“El Tito ya viene tranqueando por los pagos de Trenque Lauquen, si lo ven salúdenlo es un paisa que viene cumpliendo un sueño rumbo a San Martín de los Andes. Pregúntenle si necesita algo, aparte de alentarlo para que llegue a cumplir su sueño y que la virgen y el tatita Dios lo proteja”, decía Seba Porma la mañana del 12 de agosto. Tito continuaba su travesía recibiendo saludos de los compañeros de ruta que pasaban, autos, camiones. Para la noche del 12, la ruta se puso gélida, lo arrastró con una bocanada de aire frío. El cansancio comenzaba a sentirse. Amarró las riendas en un caño de parador 404 de la Ruta 5. Ahí pasó la noche. Se acurrucó entre sus trapos a ver la huella en el horizonte hasta que se perdía en el monte.

El 14 de agosto ya pisaba suelo pampeano. Iba llegando a Catriló cuando Nany Berón, una pampeana lo interceptó para cebarle unos mates y entregarle una vianda que le había preparado. Para ese momento Tito ya se había convertido en el gaucho más famoso del año. Había recorrido hasta entonces 227 kilómetros. Radios y canales de televisión locales lo esperaban con ansiedad para entrevistarlo. El programa “Mateando con la paisa”, con la agrupación “Entre pelo”, fueron los primeros en entrevistarlo. La notera con su teléfono entrevistó a Tito que desde su montura, a una orilla de la ruta, respondió contento.

—¿Cómo va paisano en este viaje?

—Buen día, mi nombre es Matías pero me dicen Tito y voy con viaje a San Martín de los Andes, a la comunidad Mapuche Curruhuinca, que está a 13 kilómetros de la ciudad de San Martín.

—¿Cuántos kilómetros te queda?

—No menos de mil doscientos me deben quedar. Hice trescientos recién y son mil quinientos y algo más.

Más tarde, ese día, Oscar Valentín Franco, conductor del programa “La mateada del roca”, lo entrevistó  entre bizcochos y mates.

—Acá tenemos a un representante de la huella que viene viajando, Tito Bonazzola. Cuéntenos Tito como es que viene haciendo un viaje tan exigente.

—Así es. Ya hace una semana que vengo. Es unir Bragado con mi lugar. Con suerte tardaré 30 días más. A mediado de Septiembre creo que ya voy a estar llegando si todo sale bien.

Seguido de la entrevista remataron con un asado, junto a la Comisión del Centro Tradicionalista Amanecer Argentino. Al día siguiente cuando clareó, Tito preparó los caballos, la montura, ensilló y se despidió de la gente para continuar. Para las doce del mediodía se lo volvió a ver tomando un mate a la vera de la ruta en el paraje Lonquimay.

Más tarde, Blanca Nieves Contreras, comunicó en el perfil de Tito que ya había llegado a Santa Rosa al atardecer y que allí se quedaría dos días a descansar los caballos, y que ya lo esperaban unos gaucho con la comida lista. “Si no hay coraje, no hay guerra”, pensaba Tito.

El 19 tempranito encaró nuevamente la ruta. Lo despidió una multitud de gauchos pampeanos. Allí se quedaron mirando como se hacía chiquito a medida que se alejaba. José Lucas Melo escribiría tras la partida, “en cada tranco que dan esos pingos se va demostrando que el gaucho está presente en cada metro de la argentina. Gracias Tito por mostrar esa argentina profunda que tenemos”. Había salido de Santa Rosa cubierto por una bandera Argentina a modo de capa. Para muchos, ya era un súper héroe. Las radios locales de los pueblos por los que pasaban, lo veneraban. El Siddhartha paisano, de Lobos, que quería llegar a Quila Quina.

Despuntando la ruta iba Tito pensando momento a momento, en qué hacer al otro día, a donde quería llegar, como quería llegar, cómo se las arreglaría con la comida, el agua, para él y para los caballos. Se acordaba unos versos cada tanto y los recitaba al aire, fuerte, después se ponía mudo, ciego de mirando tanto al frente. ¿Cómo estaría todos?, pensaba un rato. ¿Qué voy a hacer cuando llegué?, pensaba otro rato.

Pasando por Ataliva Roca, El Carancho, el 22 de agosto hubo nuevas noticias. Iba tranqueando por los pagos de Chacharramendi calculando que en nueve días más estaría por Río Negro. El 25 de agosto, Mauro Namuncurá se lo cruzó en la ruta y no dudó en pararse a tomarse una foto con Tito, a darle aliento, a compartir un momento con él, unos mates, comida, y más tarde escribiría: “En la locura de viajar nos encontramos en el camino con este gran amigo a 20 kilómetros más o menos de La Reforma, La Pampa. Él se encuentra bien, pero uno de los caballos un poco enfermo”.

La Reforma, 25 de Mayo, Catriel, Barda del medio, Villa Manzano, San Patricio del Chañar, Tratayen. Varios días anduvo rumbeando en soledad hasta llegar el 30 a la localidad de Añelo, donde su prima Analía Bustos con toda su familia lo hospedaron. Para festejar el paso del pariente, cocinaron el mejor ejemplar del corral de los cerdos, que fue a parar patiabierto al horno de barro. En diálogo con una radio local, Tito contaba su sorpresa al ver la cadena solidaria de la gente y de los gauchos que se había armado en las redes sociales. Que te salga un puestero de tras de un alambre a ofrecerse acompañarme unos kilómetros. A darme unos mates, unas galletas, charlar, desearme suerte. Los camioneros siempre preguntando si estoy bien, si necesito algo. Gente que me ha recibido en su casa. Estoy muy agradecido, decía Tito. El Intendente de Añelo, Darío Díaz, lo recibió junto a las agrupaciones gauchas. Para la noche la familia Bravo lo recibió con un cordero listo. Al otro día salió para el paraje Sausal Bonito, donde su amigo Ramón lo estaba esperando. A Titán que había comenzado a fatigarse, lo dejó en Añelo, para que no sufra, tenía adenitis equina —moquillo—. Don Juan Bravo le prestó un caballo carguero para que siga, al que no le puso nombre, uno blanco, joven, fuerte, un tordillo que llevaba la carpa, otra frazada, la bolsa de dormir, una pava, mate, una parrillita y utensilio.

Se lo volvió a ver el 4 de septiembre, sentado en una silla verde, junto a otros gauchos haciendo la ronda el mate, cerca de Cutral Co, en un paraje donde los Zalazar lo recibieron. Y se ve que lo atendieron bien, alimentaron bien a los caballos. En una fotografía aparece Tito abrazando una media res que cuelga del techo de un rancho. “Hubiese sabido que ibas a ligar tantos asado me iba con vos hermano”, se reía Guillermo Pueblas. “Dele paisano que para muchos que se fue cruzando por la huella lo admiran”, decía otro. Para el 6 de septiembre Tito llegó al predio Robinson Freire. De noche lo esperaron en la matera con el fuego encendido, parrilla cubierta y pollo al disco con verduras y hongos de pino. Con las botellas sin pico, Fernet con Coca, con hielo, para que el gaucho se humecte el garguero. Al otro día lo vieron a Tito cabalgar, iba pasando El Marucho, en dirección al paraje La Amarga, a unos 70 kilómetros de Zapala. Allí se quedó una noche a descansar, acompañado por otro par de gauchos amigos. Rayando el alba arrancó otra cabalgata. Diez kilómetros por cada hora y media avanzaba. Poco más de seis horas arriba del caballo todos los días desde que salió para poder llegar para mediados de septiembre a San Martín de los Andes. Todos los días 35, 40 kilómetros y para parar… donde le toque parar. Tras varias horas de andar y con el sol picando, cansado, ya habiendo recorrido más de mil kilómetros, en El Salitral lo esperaron su hijos y su hermana. Hasta allí ya había recorrido 1.377 kilómetros.

El 11 de septiembre Carolina Bonazzola decía que su hermano Tito, llegaría, si Dios quería, al puente de La Rinconada. A medida que se acercaba el final del viaje, muchos de los que lo venían siguiendo comenzaron a organizarse para recibirlo. Algunos preguntaban qué vino le gusta, dónde sería la fiesta. Los medios de San Martín de los Andes, ya se hacían eco de la inminente llegada. Todos los parajes cercanos, gauchos, agrupaciones, estaban expectantes. Otros muchos curiosos también, y más, porque venía a caballo, en un tiempo en que hacer trayectos en el menor tiempo posible es la meta. En un tiempo donde no se ve ni se oye que alguien cabalgue más de 1.300 kilómetros. Pasaron varias decenas de años para volver a oír que un gaucho viaje tanto, y solo con dos caballo. Eso era antes, cuando el número del año comenzaba con uno, ahora en 2017, solamente Tito lo podría hacer.

El gobierno Municipal de Junín de los Andes, a través de la Subsecretaría de cultura invitó  a medios y público a recibir a Tito, que llegaría el 12 cerca del mediodía. El lugar donde se disponían a espera, fue en la Feria Franca del payador Walter Von Puttkamer —apellido raro para ser payador—. Los Von Puttkamer hacían la cuenta regresiva con publicaciones; en minutos llega, el gaucho viene bien, ya está todo listo, allá viene. Allá haciéndose grande metro a metro se acercaba Tito emponchado, de boina, en el Porteño y con el otro carguero aún sin nombre. Junín estaba de fiesta. Un centenar de vecinos se acercó a recibirlo. Sonaban payadas, alguna chacarera, un locutor relatando la llegada, los aplausos, se olía el aroma frito de las empanadas, se veían los pañuelos al aire, algunas lágrimas, elogios, más versos. Tito escoltado por otros gauchos llegó. Un puñado de fotógrafos aficionados disparaba, intentado capturar los instantes, tanto que parecían japoneses. En pocos minutos, las redes sociales estaban empapeladas con el rostro rebosante de alegría de Tito masticando una deliciosa empanada frita.

Mientras aparecían fotografías de Tito, en la entrada de Junín, con gauchos, con niños, levantando la bandera argentina, comiendo, en el Porteño, entre otras tantas, en San Martín de los Andes, se preparaban para recibirlo. “Mañana a las 9 debe de andar llegando”, decía uno. En el campo de Quila Quina ya esperaba la carne y la bebida en el frío. El amigo fiel de Tito, Trompilla, estaba ansioso esperando que llegue, emocionado, gritando a viva voz, viva la patria, viva la jineteada y la tradición. La noche del 15 para el 16, Tito la pasó entre amigos, en la zona de Chapelco Chico. Esa noche no pudo dormirse como todas las otras. Terminaba el viaje. Le faltaban unos 25 kilómetros para llegar a su casa, pero ya había hecho más de 1.400 kilómetros. Por la mañana, se ató al cuello una bandera de su gaucho guía, el Gauchito Gil, se subió al Porteño y acompañado por un par de paisanos partió rumbo a transitar los últimos kilómetros. En una de las tantas rotondas, ya en San Martín de los Andes, la banda del ejército entonaba con sus vientos y sus tambores el himno cuando lo vieron llegar. Una multitud se hizo presente. Gauchos de toda la zona. Julio, un vecino de Tito de Quila Quina, había salido a las seis de la mañana para llegar allí  a las 10, para recibir a su amigo.

—Ya sabía yo que estaba un poco loco este Tito. Gran amigo. Yo no podría hacer lo que hizo él, me pierdo ahí no más, si no se leer, no sé si ese cartel de allá me dice que doble para allá o para allá —decía Julio, el artesano de madera, desde su caballo, con su poncho azul, con ojos tristones y humedecidos.

—No… No. Yo tampoco puedo, ya se me pasó la carretilla, ya estoy viejo para eso. Además como dice el amigo Julio, no le entiendo a los carteles —decía Juan Carlos, otro vecino y amigo de Tito.

Para las once de la mañana, en medio de la muchedumbre, entre caballos y gauchos, llegó la Intendente para entregarle un mate, y un diploma que decía “bienvenido Tito Bonazzola a San Martín de los Andes”. Hubo fotos, entrevistas, abrazos. En caravana escoltando a los muchos gauchos, encabezados por Tito, encararon para el centro, a la plaza, donde Florindo Blanco, lo esperó y dijo unas palabras que emocionaron a más de un gaucho curtido.

—Estoy contento de haber llegado hasta acá, de haber cumplido con lo que me propuse. Hice el viaje para demostrar que en San Martín también hay gente campera. Siempre se habla del turismo, de la nieve, y otras tantas cosas más, pero esta ciudad se creó de la mano de gente campera, de muchas familias tradicionalistas que hoy casi no se ven, no se escuchan.

Terminado el acto, los gauchos, paisanos, amigos y familia de Tito partieron rumbo a Quila Quina donde sería la fiesta bienvenida. Ese sábado 16 de septiembre había llegado y atravesado San Martín de los Andes un hombre, de 33 años, nacido en Lobos, criado la cordillera de los andes, jinete, del que se sabe poco, que hizo un viaje de más de 40 días recorriendo 1423 kilómetros, que organiza las jineteadas, que es un gran amigo, buena gente, no mucho más. Así y todo, para muchos, se convirtió en un referente, alguien que atravesó los límites de la tecnología, la modernización, se volvió atrás para hacerlo como se hacía antes, viajar sin más compañeros que la soledad y dos caballos. A la pregunta que todos se hicieron ¿viajó por un sueño? No, simplemente lo hizo porque tenía ganas de hacerlo. Porque un día se despertó con esas ganas. Porque nadie hacía muchos, demasiados años, lo hacía. Quizás, simplemente lo hizo porque es Tito Bonazzola. Pero… ¿Qué hace?, ¿qué come?, ¿dónde vive?, ¿de qué trabaja?, ¿quién es Tito?

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