José Miel, algo más que el fin de una trilogía

Jose Miel Volumen 1
Un guiño a una generación de nostálgicos La Mantis Religiosa Volumen 1 — última entrega de la trilogía de José Miel -nos propone un viaje lisérgico hacia un tiempo mejor, contrariamente a lo que aboga la canción emblema de Pescado Rabioso “Aunque me fuercen, yo nunca voy a decir que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor”.
Melodías, riffs y un dueto de voces emulan paisajes conocidos y amados, con los que crecimos y nos hicimos adultos. Las mejores formaciones spinetteanas: Almendra, Invisible y Pescado Rabioso están ahí, sobrevuelan de forma explícita o subrepticia.
“Tus ojos (el fin)”, el primer tema del álbum, resume esta idea de homenaje a los sesenta y setenta de nuestro rock. “Quizás el pasado se quedó atrás” canta Sebastián Díaz Romero en una canción hiper rockera. “Crucificados”, el segundo track, nos sumerge en un mundo onírico de alabanzas y ofrendas que nos recuerda por qué la trilogía de José Miel se llama La Mantis Religiosa. El tercer tema, el más beat del volumen, lleva el nombre femenino de “Wanda”, y guarda vínculos con otra empresa de Luis Alberto, el álbum doble que el power trío Los Socios del Desierto nos legó a fines de los noventa, en especial con aquella hermosa canción que, casualmente o no, tiene como título el nombre masculino “Tony” — un homenaje que Spinetta rindió a un digitopunturista japonés amigo suyo. En el caso de José Miel, la letra habla de un “mundo sin dios”, “acobardado”, “un jardín de nada”. La banda construye una poesía castanedista o mitológica; cualquiera sea el término es su sello propio, una lírica cargada de un mundo mágico. Los temas 4 y 5 merecen un acápite aparte.
LA TRILOGÍA
En la trilogía — conformada además por un Volumen 3, el tomo acústico de la obra y un Volumen 2, un álbum propio del pop, con sonidos familiares a la música de Virus — está presente en el grupo conformado por los hermanos Leandro (bajo, teclado y coros) y Sebastián Díaz Romero (guitarra y voz), y acompañado por Nicolás Feu (batería), una obstinada búsqueda por hacer “música bonita”.
Esa intención se materializa por ejemplo en el tema “Almagro”, una joya beat que la banda se permite hacer en formato instrumental en el primer álbum de la trilogía. También la encontramos en la prolijidad con la que se ejecutan las piezas que componen este proyecto: cada una con su lógica propia, con sus sonidos y géneros característicos, con una organización planeada, movimientos y pausas genuinos y nada despreciables. La tarea de hacer música bella tiene que ver con “dar matices de luz”, cuenta Sebastián, “La música que suena bien, permite que la presión en el aire vibre bien”.
¿La decisión de hacer una trilogía responde también a esa búsqueda? La elección de dividir la obra en géneros: acústico, pop y rock, la poesía, la obsesión por los ciclos, ¿podrían tener lugar en otro proyecto que no fuera una trilogía? . Existe en ese acto de emprender algo voluminoso, una disposición a contradecir las reglas que pauta la industria de la música. Una decisión y un riesgo. El riesgo de mantenerse al margen, de luchar contra viento y marea para que — por ejemplo — una emisora radial decida pasar un tema instrumental o bien una canción cuya duración supera los cinco o seis minutos. Según el cantante de José Miel, esa elección no es solo artística; tiene que ver con un modo de concebir la vida, “permite ciertos márgenes de libertad que de otra manera no serían posibles”.
Ese deseo de libertad, notable en toda la trilogía, aparece de manera descarnada en el final del Volumen 1, particularmente en “El final de los tiempos”.
EL FIN
José Miel parece entender bien el inconformismo que nos alberga a la generación de nostálgicos y nos entrega una pieza interminable e inquietante, que viene a resumir muchas de las decisiones estéticas y artísticas que ya enumeramos. “El final de los tiempos” abona la idea de que este grupo no puede definirse como una banda indie pop a secas. Es un tema tan extenso como intenso; escupitajos rockeros propios de un power trío enardecen nuestros oídos, y las pausas imponen una escucha atenta. Como si esa atmósfera no fuese suficiente, José Miel busca ayuda en una figura mítica del rock nacional, el poeta y artista multifacético Miguel Grinberg, quien se encarga de desgranar aquello que la canción vaticina: “Toda luz te espera vestida de todo final te enseña /Todo vendrá a renacer / No pasa nada en la cultura”.
Grinberg cumple el rol de guía en este viaje que emprendimos los nostálgicos, recitando un poema como si fuera un manifiesto vanguardista. Movimientos, ciclos, salidas, huidas, lo real, lo fugaz y lo eterno, el cielo, el fin del mundo, los comienzos, el naufragio, Merton, las pérdidas, los ídolos, el presente, son algunas de las imágenes que transmite Miguel con su voz inconfundible.
En esta última entrega “Queríamos volver a las fuentes, a ese primer amor” cuenta Sebastián, a esa etapa donde “escuchar un disco era un mundo visceral. Donde la energía que se vivía en esos momentos estaba en el aire y se impregnaba en los discos (…) y es también el lugar para los sabios “donde ellos nos guíen hacia ese camino de retorno a casa”.
Así es como José Miel levanta de los escombros una suerte de pasado mágico que quienes crecimos escuchando la inmensa obra de Luis Alberto Spinetta agradecemos como si nos proveyeran de necesarios dosis de alcaloides sonoros. La poesía de Grinberg no puede ser casual. Ese pasado también está ahí de alguna manera.
“Nahual”, el último tema de este volumen, es una canción muy breve y la más “Invisible” de todas. Una poesía bella nos habla de la autenticidad y los disfraces del ser. Tanto en esta canción como en “Tus ojos” el grupo convocó al músico Héctor Soria como acompañante, una especie de maestro para los hermanos Díaz Romero. Otro deseo de libertad realizado.
“En ese caso toda esa búsqueda removió cosas que teníamos pendientes y era poder volver a hacer música con quien nos enseñó nuestros primeros acordes” dice Sebastián (…) Héctor Soria es un gran talento que espera ser descubierto”
“La luz nos guía aunque perdiste el cartel” canta José Miel en “El final” y los oyentes nostálgicos asentimos esperanzados, abrazando el cartel como si fuera un bebedero en el desierto en este presente que transitamos como si estuviéramos eternamente de paso.

Etiquetas: crítica, Disco, Folk, Grinberg, indie, Pop, Rock

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