Tiempos violentos

Así se tradujo en Latinoamérica el nombre de “Pulp Fiction”, la película que Quentin Tarantino presentó en el Festival de Cannes en mayo de 1994. No trata sobre guerras ni atentados, sino de un par de brillantes personajes en busca de un maletín, con diálogos exquisitos, sin problemas a la hora de apretar el gatillo de una Magnum. No eran ciudadanos comunes con armas, sino asesinos a sueldo construyendo una “ficción de papel” que se convirtió en uno de los clásicos ineludibles del cine. La violencia protagonizada por Uma Thurman, John Travolta y Samuel Jackson, no es más que una forma de desandar la trama. Los verdaderos tiempos violentos se cocinan, desde bastante antes, fuera de las pantallas.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, un conjunto de 50 países de todo el planeta se pusieron de acuerdo para crear en 1945 la Organización de Naciones Unidas (ONU), nombre elegido por una frase del presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, quien unos años antes usó por primera vez la expresión “Naciones unidas”. La Carta, a la que cada país miembro adhiere, tiene como uno de los principios fundamentales la paz entre los Estados como base de la convivencia global.

En la última Asamblea Anual, realizada entre el 19 y el 25 de septiembre de este año, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dijo: “No habrá otra opción que destruir totalmente a Corea del Norte si el régimen de Pyongyang persiste con las amenazas nucleares”. Y se permitió, además, dar un concepto sobre el organismo para afirmar el protagonismo de su país en la decisión: “El éxito de la ONU depende de la fortaleza de sus miembros”. El líder norcoreano Kim Jong-Un no tardó en responder: “Domesticaré con fuego al viejo estadounidense mentalmente trastornado”. Lo trató de perro asustado y mostró a la población una animación con una prueba de misiles al territorio estadounidense.

Tal vez sea ese el enfrentamiento que más atención se lleve, por lo que significa lo nuclear en cuestiones bélicas. La convivencia entre países, está a la vista, no existe. Que lo haya dicho Trump, acelera el entendimiento: los organismos plurinacionales están por debajo de las decisiones de las potencias imperiales, como sucedió antes de la ONU (cuando existía la Sociedad de las Naciones, que tampoco pudo cumplir su principio de paz pos Primera Guerra Mundial) y también después, en un suceder de guerras que no alcanzaríamos a enumerar.

Solo este año hay guerras en Siria, Iraq, Afganistán, Libia y Ucrania. Y hay conflictos armados en Yemen, Turquía, Armenia, India, Pakistán, China, entre otros. Es decir, en buena parte de África y Asia, y también en territorio europeo.

En junio de 2007, en el marco de la ONU, se aprobó la resolución que declara el 2 de octubre Día de la No Violencia, en homenaje a Mahatma Gandhi, el líder independentista de India que promovió esa filosofía de la resistencia. Como símbolo de la fecha, en la entrada de la sede de la ONU en Nueva York, se puede ver la escultura del artista sueco Karl Fredrik Reutersward, “El arma anudada”. El inciso 2 de la resolución “invita a todos los Estados Miembros, a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, a las organizaciones regionales y no gubernamentales y a los particulares a celebrar de manera apropiada el Día Internacional de la No Violencia y a difundir el mensaje de la no violencia por medios como las actividades educativas y de sensibilización de la opinión pública”.

Este último 2 de octubre, la violencia que desborda tanto en discursos como en territorios liberados entre países, pero que se pierde en lo cotidiano de los medios, se visibilizó en títulos con hechos de fronteras adentro. En la ciudad de Las Vegas, en Estados Unidos, donde año a año se anotan “la mayor masacre” en la sociedad más armada del mundo, un hombre de 64 años disparó contra las 20 mil personas que asistían a un recital de música country asesinando al menos a 59 personas e hiriendo a más de 500. El pueblo catalán, en España, fue reprimido violentamente por decisión del gobierno central de Mariano Rajoy que buscaba impedir el referendum sobre la autonomía de Catalunya.

En Argentina, mientras tanto, se realizó una nueva movilización para reclamar la aparición con vida de Santiago Maldonado, desaparecido desde el 1 de agosto luego de una represión de la Gendarmería en territorio mapuche, en un caso en el que también la ONU y la CIDH exigieron al Estado una respuesta. Ambos organismos, al mismo tiempo pero en Jujuy, fueron ignorados al revocarle la prisión domiciliaria (por ahora en proceso de apelación) a la militante social y diputada del Parlasur, Milagro Sala.

Los tiempos violentos que en 1994 titulaban una película, en la actualidad son el marco de las decisiones gubernamentales de una buena cantidad de países. Hasta poder refundar ese marco de convivencia en todos los niveles, solo quedará mantener la exigencia de paz, de memoria, verdad y justicia, de libertad y de respuesta a la pregunta –que también se volvió mundial– de ¿Dónde está Santiago Maldonado?

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