Teresita

Labuela, vivía en un departamento que abajo tenía un parque de juegos, así que ir a su casa ya era el mejor plan. Tenía camas ruidosas de metal, con respaldos grandes y cuando era chiquita, nos acostábamos a dormir, me tapaba “hasta el cuellito, abuela” y en medio de los chirridos de la cama me hacía rezar cantando “ángel de la guarda, dulce compañía, no me dejes sola ni de noche ni de día”… yo ni siquiera estoy bautizada. No creo en Dios. Pero si lo pedía labuela cantando no había mucho que cuestionarse. Era re divertido.

 

Más de grande ya es otra cosa: Abuela, ayudame a encontrar la llave que la volví a perder. Abuela, hoy tengo miedo a la oscuridad, pero “por suerte” hoy estás acá conmigo, (menos mal). Abuela, tengo un ataque de pánico, ayudame a decidir, a comprar, a pedir, a jugar, a entender, a zafar, a llorar, a todo.

 

Cada tanto nos charlamos algo con labuela Teresita. Le cuento, que se yo, cosas, le pido otras.

En una de nuestras tardes tomando algún té o café… te pregunto, como si hoy fuese ayer, o viceversa:

¿Me querés explicar, abuela, cómo se te ocurre irte tan rápido? ¿Justo hoy? Vos que siempre llegabas tarde a todos lados. ¿Te acordás que llegaste tarde al casamiento de tu hija -mi mamá – porque “Juanpablito (otro de tus 7 hijos, de treinta y pico) tenía ganas de hacer caca”?.

 

Y ese día de abril (¿o marzo?), no me diste tiempo ni al suspiro, te fuiste. La puta que los parió, ¿con qué cara te me vas así? ¿nadie te enseñó que las abuelas tienen que vivir, al menos 18 años de sus nietos y que las madres directamente no se mueren?.

Lo que pasa es que labuela no te daba tiempo, para nada. Te resolvía, te festejaba, te llenaba el día de alegría. Tenía un gestito con el brazo, como si estuviese por sacarte a bailar. Yo le cantaba para que siga contenta.

 

Labuela Teresita tenía una presencia tan fuerte, y tan alegre, que la recuerdo como si fuese hoy, pero cuando se fué, yo tenía casi 5 años. Hoy tengo 25.

 

Desde siempre, al menos una vez por semana, o por mes, hablamos, me cuenta su vida post mortem y yo le comparto mis andanzas. Y siempre le pido, algo (que se quede otro rato), porque es labuela.

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