"Tengo una inquietud por la comprensión del otro"

Cae la tarde de un viernes de primavera rebelde. El cielo gris y encapotado enfría la ciudad de las diagolanes. El teléfono será el puente comunicacional que unirá distancias. Del otro lado, a las 16 horas, atenderá un emblema de la cultura tanguera. Bastarán tres rings para el encuentro. Inconfundible, cálida, personal, intensa, pasional y con presencia. Así sonará la voz de Adriana, ‘la Gata’ Varela.

“El tango me lo hizo descubrir el Polaco (Goyeneche) en la película ‘Sur’. Yo no tenía nada de tanguera ni de tango. Cuando vi al Polaco en esa película, me aluciné. Me pareció súper rock and roll”, será la primera definición contundente que hará Varela sobre cómo se topó con este género musical. En tanto, no tendrá tapujos en plantarse, analizar la actualidad nacional  y remarcar su compromiso social. “Estoy preocupada por la desaparición de Santiago Maldonado” remarcó.

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-¿Pasaba algo en especial en tu vida para que hayas ido a buscar al tango?

No. Yo estaba como siempre: Inquieta. Siempre fui una mina muy inquieta, de búsqueda, de investigación. Siempre me gustó investigar dentro de la medicina, de hecho soy fonoaudióloga, estudié psicoanálisis, lingüística. Entonces para mí siempre fue un motor la investigación. En ese momento estaba separada, tenía dos niñitos y con ellos hice todo el recorrido tanguero. Con gente maravillosa como el Polaco y muchos otros que me los cuidaban mientras yo cantaba.

-¿Hay algo que una tu rol como fonoaudióloga con la cantante?

Por supuesto porque para mí el lenguaje, más allá de la voz (ésta para mí es un tema aparte porque tiene que ver con lo que hablaba Freud de las pulsiones más fuertes), es un rollo que tengo en la cabeza. El lenguaje lo siento como una obsesión que está en mi ADN. La tarea de comprender lo que se me dice y decir o cantar de manera que se comprenda, es muy importante. Y eso tiene que ver –no con la fonoaudiología- con algo anterior que me llevó a la fonoaudiología: Es la inquietud que tengo por la comprensión del otro.

-¿Empatía?

Terminaría en la empatía. Tal cual. La empatía es importantísima. Si no hay empatía no hay nada.

-Y cuando hablas del lenguaje, imagino que cantar un tango debe ser algo fuerte que no sólo requiere de la voz sino también del cuerpo, ¿Cómo es esa experiencia?

Mucho. Es muy visceral. Yo siempre digo que el tango implica tensión. Cantar un tango no es algo melodioso y nada más. Ni es algo liviano. Hay que tener una postura corporal de plantarse. Eso es algo que también lo tiene el rock. Es emitir con la voz una serie de rítmica que es fuerte. Por eso se necesita una actitud corporal no muy suave. Yo para descansar esa actitud, a veces me siento para cantar los tangos más dulces y melodiosos. Y cuando tengo que cantar un tango más fuerte y agresivo, ahí me tengo que parar porque la postura es otra.

-¿Cómo fue entrar en un mundo (el tanguero) que era muy de los hombres?

Los que más me ayudaron fueron justamente ‘los grandes’, como el Polaco. Y ellos jamás tuvieron conmigo una postura machista.

-¿Qué recuerdos tenés del Polaco Goyeneche?

Permanente. Lo tengo en fotos, en muñequitos de madera que me han hecho. En el corazón, lo tengo. Hablo con su señora, su hijo. Los recuerdos de él son millones. Pero lo que más me falta de él es al momento de cantar un tema nuevo. Ahí me voy a un libro o a una página y enseguida me acuerdo que él me decía “No! Llámame a mí porque están equivocadas”. Y era verdad lo que me decía. Me falta el corrector parlante y viviente.

-Has dicho que te gusta cantar tangos que rescatan el barrio, ¿Cómo es eso?

Claro, es que eso es lo que me pasó con el tango, me cautivó lo marginal del tango. No lo que queda bien. En la época del rock, el tango quería ser fino y entrar en los salones de los ricos. Eso no estaba mal pero a mí no me atraía. Por eso el rock, sí. Porque éste era despojado, protestón. Entonces, el tango me atrajo desde lo marginal. Los márgenes a todos los niveles. Márgenes portuarios, orilleros y barriales. Porque en algún momento a la clase media le daba vergüenza el barrio. Y yo rescaté lo que aparentemente daba vergüenza.

-¿Cómo sentís el compromiso social como artista?

Perfectamente bien. Estoy comprometida hace mucho tiempo. No tengo ninguna contradicción en ese sentido de decir ‘digo o no digo’. Estoy muy preocupada. Muy preocupada. Lo de Santiago Maldonado es un icono. Santiago es Santiago pero también en la época tan infame del proceso, empezaron por uno.

Y del tema económico, yo no tengo la misma posibilidad de comprar lo mismo que antes –tampoco me interesa- pero si yo no lo tengo, imagínate el resto. Tarifas es otro tema que me preocupa.

 

Entrevista realizada para www.laperinola.net

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