Sororidad con limites: la ecuacion de la desigualdad

IMAGEN PRINCIPAL
Por: Florencia Loberche.

En términos teóricos antes de abordar en la “supuesta disyuntiva” de “trabajo sexual si” o “trabajo sexual no”, es necesario definir que es el trabajo y a que hace referencia el verbo trabajar.  Según la Real Academia Española, el infinitivo trabajar es una palabra que proviene del latín vulg. *tripaliāre ‘torturar’, der. del lat. tardío tripalium ‘instrumento de tortura compuesto de tres maderos’.

Ya el comienzo resulta un poco turbio, porque desde sus orígenes el termino está cargado peyorativamente con la idea de suplicio. Y si, ¿qué trabajo no es tortura, tormento, dolor o sufrimiento dentro de un sistema capitalista, patriarcal y crecientemente desigual? Probablemente muy pocos, como también lo es la capacidad de elección que tenemos los individuos de tener un trabajo digno y formal dentro de la estructura desigual y machista que nos conforma. Esta pregunta va a acompañar todo el análisis siguiente; pero ahora, volvamos al punto anterior: la definición del trabajo. Según la concepción marxista, Marx (1867) define al trabajo señalando que:

 

El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y las manos, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. (Marx, 1867, p. 70).

 

A su vez, la fuerza de trabajo o capacidad de trabajo, según Marx (1867), es: el conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que éste pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase” (p.70). Hasta acá vamos bien. Por ende, podríamos identificar una rápida y simple definición en relación al termino y a la idea del trabajo: trabajar es poner en funcionamiento nuestras facultades físicas (brazos, piernas, manos, cabeza, entre otras partes del cuerpo) y mentales que existen en nuestra corporeidad, para obtener una retribución.

Por ahora todo parecería ser sencillo; pero ¿cuál es el problema que se plantea al momento de debatir la regulación del trabajo sexual? Antes de intentar responder a esta pregunta, es importante mencionar que este debate no suele tener oídos dentro de la esfera pública mediática y masiva, por el contrario, se da al interior del movimiento feminista en donde podemos ver una puja interna por la cual, a priori, hay dos bandos: lxs abolicionistas que quieren abolir el trabajo sexual y lxs que quieren regularlo. Digo “dos bandos” no alentando a una grieta o rivalidad (aunque la hay) en torno al tema, es una forma de expresar que hay dos fundamentos muy contrapuestos y chocantes. Este debate siempre estuvo presente dentro de la agenda del feminismo y hasta llevo a que en el año 2016 (después de 12 años) el Encuentro Nacional de Mujeres incluya un taller dedicado a discutir las problemáticas de las Trabajadoras Sexuales. Este hecho es de suma importancia para este debate, ya que no es posible pensar en la posibilidad de ampliar derechos para lxs trabajadorxs sexuales si no se les “permite” ocupar un espacio en la escena política para que se puedan debatir y problematizar estas cuestiones y sus reclamos tengan voz. Entonces, ¿qué es lo que produce que a lxs trabajadorxs sexuales se lxs excluya e invisibilice durante todo este periodo tanto en el marco de las luchas del movimiento feminista como en la esfera política y social? Si me permiten, me propuse plantear tres tipos ideales que sirvan para ordenar el argumento e intentar “responder” a la pregunta inicial:  en primer lugar, el AMBITO LEGAL, en segundo lugar, el AMBITO INSTITUCIONAL y en tercer lugar el AMBITO SOCIAL Y POLITICO.

En primer lugar, dentro del ámbito legal, se asocia al trabajo sexual como una relación directa y causal con la trata de personas. Es relevante aclarar que el ámbito legal hace referencia al límite entre lo que podemos hacer y lo que no podemos hacer. Contemplada esta aclaración, en abril del 2008 el Congreso Nacional sancionó la Ley 26.364 “Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas”, esta ley tipifica como delito penal “la captación, el transporte y/o traslado – ya sea dentro del país, desde, o hacia el exterior, la acogida o la recepción de personas con fines de explotación” existiendo explotación en los siguientes casos: 1) condiciones de esclavitud o servidumbre 2) trabajos o servicios forzados 3) comercio sexual 4) extracción ilícita de órganos o tejidos. Cuando la víctima fuere mayor de 18 años, la ley añade como condición para la comprobación del delito que “mediare engaño, fraude, violencia, amenaza, o cualquier medio de intimidación o coerción, abuso de autoridad o de una situación de vulnerabilidad, concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre la víctima, aun cuando existiere asentimiento de esta”. AMMAR. (2014). Investigación – ¿Cómo las políticas anti-trata criminalizan el Trabajo Sexual?: http://www.ammar.org.ar/IMG/pdf/informe-ammar.pdf. Pero después de cuatro años (en diciembre 2012), esta es modificada por la Ley 26.842 “Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas”. Al ser modificada finalmente excluye los medios comisivos del tipo penal y establece que “el consentimiento dado por la víctima de la trata y explotación de personas no constituirá en ningún caso causal de eximición de responsabilidad penal, civil o administrativa de los autores, partícipes, cooperadores o instigadores.” La inclusión de la expresión (“aun con el consentimiento de la víctima”) remite a una perspectiva en la cual la prostitución es considerada una forma de violencia contra las mujeres y que, por ende, no admite lugar alguno para que una mujer mayor de edad migre voluntariamente a los fines de insertarse en el mercado del sexo. En lenguaje coloquial, esto significa que cualquier mujer que con su consentimiento decida ejercer la prostitución será considerada como una forma de violencia contra las mujeres. Acá tenemos un primer aspecto de carácter legal en donde se penaliza a las mujeres que deciden por su propio cuerpo como quieren ejercer su fuerza de trabajo, que como bien dije al comienzo, esta incluye nuestras facultades mentales y físicas (manos, piernas, brazos, cabeza, etc), entonces si seguimos esta línea de análisis, ¿Por qué el trabajo sexual no se considera un trabajo? ¿Acaso no vale por igual la fuerza productiva que ponen en movimiento lxs trabajadorxs sexuales? ¿Hay diferencias en las distintas partes del cuerpo? Por supuesto que sí, un brazo no es igual que una pierna, y no solo no es igual, si no que tienen funciones diferentes. Pero, al fin y al cabo, no importa que parte del cuerpo uses para trabajar, ya que todas las partes funcionan como un movimiento que ponemos en práctica al momento de ofrecer nuestra fuerza de trabajo, entonces en este sentido, todas las partes se vuelven homogéneas e iguales, es decir, que una cabeza o un pie son tomados con iguales condiciones para ejercer nuestra fuerza física. Claramente, el problema tiene un tinte ideológico, porque hay una primacía de las ideas sobre los derechos. Sin ir más lejos, este debate se asemeja mucho al que hay en relación con la legalización del aborto en Argentina. Digo que hay planteamientos similares porque: en primer lugar, se penaliza la decisión que ejercemos las mujeres y las personas trans sobre nuestros cuerpos, es decir, la decisión voluntaria y autónoma de ejercer el trabajo sexual y, en el caso de practicar un aborto, por elegir no ser madres más allá de las razones que tengamos para no hacerlo. En segundo lugar, se confunde la trata de personas con el trabajo sexual. La trata de personas con fines de explotación sexual es un delito contra la libertad de las personas, que implica engaño, coacción, violencia, explotación y esclavitud. El trabajo sexual es una decisión autónoma y personal ejercida voluntariamente por personas mayores de edad que deciden brindar servicios sexuales a cambio de una remuneración. Noe Gall y Constanza San Pedro (2020, febrero 14). Página 12. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/247160-entre-trabajo-sexual-y-abolicionismo-hay-algo-mas-que-una-gr. En este sentido las justificaciones y los señalamientos son muy similares con respecto al debate en torno a la legalización del aborto, ya que este problema solo se mantiene en un plano simplista donde se discute “aborto si” o “aborto no”, pero justamente la problemática no es esa. La cuestión en jaque no es “trabajo sexual si” o “trabajo sexual no”, sino que lo que exigen lxs trabajadorxs sexuales son derechos laborales para aquellas personas que SI quieran ejercer el trabajo, ya que sin este reconocimiento por parte del Estado argentino y sin el marco legal lxs trabajadorxs sexuales se ven forzadas a ejercer su trabajo en la clandestinidad, sin aportes jubilatorios, sin obra social y sufriendo un estigma tan grave, que en algunos casos, arrastra a muchxs a la muerte. En la imagen 1 se puede visualizar el registro nacional de la cantidad de femicidios que sufrieron las trabajadoras sexuales desde el año 1996 hasta el año 2016, formando un total de 20 años. Las principales causas son la violencia institucional y el estigma social que existe hacia las mujeres que ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero. Estos crímenes presentan algunos patrones similares: hostigamiento, amenazas y maltrato policial, pedido de coimas, torturas salvajes y muerte. AMMAR. (2016). Registro Nacional de Femicidios de Trabajadoras Sexuales en Argentina 1996 – marzo 2016:  http://www.ammar.org.ar/IMG/pdf/registro_nacional_de_femicidios_de_trabajadoras_sexuales_en_argentina_1996-marzo_2016.pdf .

IMAGEN 1

IMAGEN 1

En segundo lugar, dentro del ámbito institucional es posible rastrear testimonios de lxs propixs trabajadorxs sexuales en donde se afirma contundentemente como la clandestinidad funciona como una estrategia de violencia institucional por parte, principalmente, de las fuerzas de seguridad. Estas últimas, a) recurren a la discriminación por ser trabajadoras sexuales, personas trans y migrantes b) a su vez se las incrimina de delitos externos (como tráfico de drogas) que no cometieron para justificar su detención c) utilizan el abuso de la autoridad para detener, extorsionar, y ejercer violencia psicológica y física a lxs trabajadorxs sexuales d) realizan requisas arbitrarias que ponen a lxs trabajadorxs en una condición de inferioridad en donde muchas veces se las abusa sexualmente y no se lxs respeta por su identidad de género e) se las obliga a la modalidad de “coima” que obliga a lxs trabajadorxs a pagar un monto particular a las fuerzas de seguridad para que lxs dejen trabajar en determinada zona. Solamente con estos pequeños ejemplos, podemos dar cuenta de cómo la clandestinidad produce directa y causalmente estas situaciones de abuso de poder y de autoridad, que podemos simplemente vislumbrar con algunos testimonios de mujeres que son trabajadoras sexuales en Argentina. AMMAR. (2017). Informe: una mirada hacia la relación entre las fuerzas de seguridad y las trabajadoras sexuales en nuestro país: http://www.ammar.org.ar/IMG/pdf/informe-nac.-ddhh-ammar-.pdf.

“Y en uno de esos allanamientos, me acuerdo que cayó la policía y el miedo que teníamos era que la policía te empapelara, o sea que te pusiera la cocaína. O al boliche y que después no tuviéramos más lugar en el que laburar.” (MTS espacio cerrado, Argentina).

 “A mí me llevaron a un hotel, como yo trabajo en la puerta de una pizzería, me llevaron a un hotel y una [policía] mujer te revisa toda. Tenes que sacarte todo y te revisan, te sacan el corpiño, te abren la boca, el oído, te sacan la bombacha, te abren la cola.” (MTS, espacio público, Argentina).

“Me mandaba mensajes, me quería cobrar 4000 (266 USD) pesos de arreglo. Varias veces le pagamos, 2000 (133 USD) era pasable pero después 4000 más los 4000 por semana del alquiler (…) nadie sabe para qué, a la policía le pagas, pero no sabes para qué carajo les pagas a ellos, esa es la pura verdad” (MTS espacio cerrado, Argentina)

En el cuadro 2 podemos ver la cantidad de veces que las mujeres fueron detenidas por ser trabajadoras sexuales durante el año 2016, en donde podemos apreciar, que el 54% (más de la mitad) de las trabajadoras sexuales fueron detenidas entre 1 y 3 veces al año, mientras que el 13% fueron detenidas más de 6 veces en el año.

IMAGEN 2

El cuadro 3 todavía es más perverso. En el podemos ver cuál es el promedio causal de las detenciones a mujeres trabajadoras sexuales durante el 2016. En el grafico es posible observar que en el 52% (otra vez mas de la mitad) de los casos las trabajadoras fueron increpadas por averiguación de antecedentes mientras que solo el 7% de los casos fue por un operativo anti-trata, desorden en la vía publica y (este es el más contundente) sin explicación de las fuerzas de seguridad, es decir, se las detuvo sin razón ni justificación.

CUADRO 3

IMAGEN 3

Para finalizar con esta parte del análisis, en el cuadro 4 podemos ver que situaciones ocurrieron en el marco de las detenciones a las mujeres trabajadoras sexuales. El 73% afirma que le hablaron con lenguaje inapropiado en contraposición con un 27% que afirma que no. Por otro lado, el 58% afirma que le exigieron el pago de coimas en contraposición con un 42% que afirma que no.  Los resultados de las encuestas son contundentes y reafirman como la clandestinidad produce mecanismos de violencia de diferentes indoles (psicológicas, físicas, sexuales, etc) para con lxs trabajadorxs sexuales.

CUADRO 4:

IMAGEN 4

En tercer, y último lugar, dentro del ámbito político y social, es posible detectar argumentos que se manifiestan en contra de la regulación del trabajo sexual en Argentina que se mezclan de una forma perversa con supuestos morales e ideológicos que en algunos casos, rozan la individualidad. El jueves 4 de junio se puso nuevamente a la luz del debate la discusión sobre si el trabajo sexual debe ser o no considerado como un trabajo. El mismo surgió a partir de que el trabajo sexual fue (por unas horas) reconocido por el Estado. El Ministerio de Desarrollo social de la Nación creo el Registro Nacional de Trabajadorxs de la Economía Popular ReNaTEP que reconoce los trabajos a partir de saberes y oficios, en donde el trabajo sexual está incluido. Gracias a este registro, lxs trabajadorxs sexuales van a poder acceder a aportes jubilatorios, obra social, bancarización, comercialización y facturación formalizada. El problema surgió después de hacer pública esta noticia. Luego de unas horas, el ministro de desarrollo social Daniel Arroyo dio de baja y elimino la categoría de “trabajadoras sexuales” del registro. Esto genero muchísima polémica dentro del ámbito político y social en donde nuevamente lxs trabajadorxs sexuales hicieron oír su voz. El problema que hay dentro de este entramado es que se confunde el interés particular con el interés general, ya lo dijo Ofelia Fernández, la legisladora más joven de América Latina, muy pronunciadamente en el debate acerca de la legalización del aborto: “Una sociedad más justa no la voy a construir hablando de mí misma, la voy a construir militando la libertad de los otros y las otras”. Este manifiesto político, puso en jaque la manera de pensar al llamado “bien común” a la hora de legislar, ya que durante el debate sobre la legalización del aborto uno de los argumentos que circularon por la esfera social y política era: “yo no estoy de acuerdo con el aborto y no quiero que se legalice” y justamente muchos de los argumentos de lxs abolicionistas están fundados sobre el mismo eje moral e individual en donde se oponen al regulacionismo del trabajo sexual por no estar de acuerdo con la práctica. Entonces, ¿Cómo hacemos para construir más derechos para un sector históricamente relegado, si todavía seguimos confundiendo el interés particular, que está cargado de ideologías, presupuestos del sentido común y concepciones sobre el mundo de la vida, por sobre el interés general? Este punto no es menor, porque esa confusión produce consecuencias extremas en miles y miles de trabajadorxs sexuales que viven en situaciones muy críticas, en donde muchas veces no tienen para darle de comer a sus hijxs, no les alcanza el dinero para pagar un alquiler (sobrevalorado en precio debido a la clandestinidad), no tienen acceso a una obra social, no pueden realizar aportes jubilatorios, tienen que soportar abusos psicológicos, sexuales y físicos, tienen que vivir bajo la sombra del estigma social que las obliga a registrar su trabajo bajo categorías ilusorias o inventadas porque TODAVIA el trabajo sexual en Argentina es penalizado, entre otras cosas. ¿Cómo es posible, entonces, construir un feminismo que tiene una sororidad con limites? ¿Cómo es posible ampliar derechos en un mundo crecientemente desigual si nuestros juicios de valor se imponen junto con la individualidad? Es fundamental hacer este ejercicio reflexivo porque en el medio de este debate sobre si el trabajo sexual debería ser considerado o no un trabajo, hay miles de trabajadorxs sexuales que están sufriendo de manera crónica, histórica y sistemática la marginalidad y el abandono del Estado. No es menor mencionar que esta iniciativa llevada a cabo por el Ministerio de Desarrollo Social surgió en medio de la pandemia del Covid-19 que tiene alcance mundial y que llevo a muchos países a una profunda crisis y, en algunos casos, a una gran tragedia por la cantidad de muertes que lleva arrastrada consigo. En estos términos, cualquier trabajo informal, clandestino o “no regularizado” es doblemente golpeado ya que si no está registrado como tal no puede recibir ningún tipo de ayuda o asistencia por parte del Estado. En esta línea, lxs trabajadorxs sexuales dentro de este contexto de pandemia no pueden ejercer su trabajo debido al aislamiento social obligatorio lo que lxs obliga a vivir en condiciones límites.

Si algo hizo esta pandemia fue romper paradigmas que se habían gestado en la economía política y social de la Argentina y puso al descubierto muchísimas realidades que nos afectan día a día a todxs lxs que integramos el espacio social. Para que la justicia social sea un hecho que podamos celebrar como bandera, es necesario ahondar en la problemática de las desigualdades y la informalidad que hoy en día golpea a sectores muy vulnerables. La única verdad es la realidad, y la realidad que viven lxs trabajadorxs sexuales de hoy en día es la verdad que más nos tendría que atemorizar en los términos de una justicia inexistente.

Referencias: Karl Marx, 1867, El Capital: tomo 1, Hamburgo.

Discusión (0)

No hay comentarios para este documento aún.

La generación de comentarios ha sido deactivada en este documento.