Sobre la sobriedad y lucidez sociopolitica del cineasta Ken Loach*

Este prolífico, consecuente y comprometido artista nos da una bocanada de esperanza para que no se nos olvide que los pueblos no tienen bandera, él , junto a su amigo y guionista Paul Laverty.

El habla, y sus palabras atraviesan el océano y nos dan una caricia en el corazón, sus 31 filmes siempre hablan del oprimido, de la clase trabajadora, las injusticias sociales y la lucha diaria de la gente, la opresión y la criminalidad del militarismo y todas esas cosas que laceran el corazón de la humanidad, y estando aquí, en Inglaterra, país al cual vuelvo por motivos de familiares, es vital un acercamiento a este hombre para mi, como argentino, sudamericano y anti-imperialista…

Entonces, desde su universalismo libertario, me (nos) marca el camino a aventurarnos en la historia de esta isla y las opresiones de la clase dominante hacia sus mismos habitantes (hacia el mundo, lamentablemente, ya lo sabemos), nos enseña o recuerda el sufrimiento de los mineros, los paisanos revelados contra la tirania realista, la horrible invasión a Irlanda y un largo etcétera apasionante que nos recuerda la hermandad de los pueblos…

Ken viene de ganar su segunda Palma de Oro en el festival de Cannes, la primera la había ganado con “The wind that shakes the barley” (El viento que agita la cebada) un pantallazo a lo que fue la invasión inglesa a Irlanda, un filme crudo y terrible pero a la vez un canto necesario a la verdad, esta vez lo hizo con su ultimo film: “I, Daniel Blake” donde nos muestra el funcionamiento de la burocracia estatal y el desvirtuado y salvaje del sistema de “ayudas” del gobierno que recorta presupuestos sociales para volcarlo en la industria de la guerra.

En los filmes de Ken, encontramos menores desamparados, familias con problemas, adultos que aparecen para ayudar, gente de a pie que lucha por sobrevivir, lejos de la crueldad sin esperanza del cine moderno de “protesta” las obras de Loach nos llenan el corazón por su ternura y humanidad, son elaboradas con situaciones cotidianas, y, así, viéndolo reflejado, nos ayuda a limpiarnos los ojos y el corazón, para volver a estar atentos al dolor ajeno, nos dan una cuota de esperanza en estos tiempos tan difíciles y salvajes que nos tocan vivir.

Y, entonces, desde Inglaterra nos llega este grito libertario de amor: El prójimo si importa! (la patria es el otro)

 

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