Ser otro y nunca uno

El premio Goncourt solo puede ganarse una vez en la vida, es el galardón más importante otorgado en la literatura francesa y se entrega como reconocimiento a la mejor novela local del año. En 1976 lo recibió Émile Ajar tras publicar La Vie devant soi (La vida ante sí). Esta historia, de fuerte contenido humanista, cruda, cálida y esperanzadora, fue aclamada por la crítica, que aprovechó para augurar grandes libros de este joven e innovador escritor, quien se proponía renovar la literatura francesa y rescatarla del ahogo que generaban en ella los libros trasnochados de antiguos ganadores del mismo premio, en particular del autor Romain Gary. Sin embargo, Ajar escribió solo dos novelas más y murió en 1980 a los 6 años de edad. La realidad es que murió a los 66 años, si se toma en cuenta la polémica de que la Academia Goncourt, contra sus estrictas leyes, ha galardonado dos veces al mismo escritor: Émile Ajar no era otro que un seudónimo de Romain Gary, que era otro de los nombres de Roman Kacew.

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Desde que nació, Roman Kacew, negó todo lo que fuera único. Las sucesivas luchas políticas y militares que se llevaron a cabo en Europa del este entre 1914 y 1920 hicieron tatuajes en su inconsciente mientras las fronteras de su país natal, Lituania, cambiaban constantemente. La Lituania rusa lo vio nacer en Vilna y a los 9 años la Lituania polaca lo vio irse de Wilno en su primer viaje fuera de la ciudad. Varsovia lo recibió como el hijo no reconocido de un hombre de negocios judío ruso mientras su madre contaba la historia de que era el hijo secreto de un famoso actor ruso de la época. A los 13 años se ubicó definitivamente en Francia, donde adoptaría la ciudadanía y el idioma local agregándolo a su materno yidish, polaco y ruso, aprendería también alemán y español. Kacew cumplió 15 años y desplegaba un repertorio de: seis idiomas aprendidos en cuatro ciudades, experiencias de vida en tres países, dos padres que nunca conoció y la decisión definitiva de ser escritor.

Francia le cambió el nombre a Romain Gary. A sus veinte años peleo en la segunda Gran Guerra europea, valiéndose varias condecoraciones y publicando su primera novela, Educación europea. El poliglotismo y un rechazo a las guerras lo encaminó hacia una carrera diplomática exitosa, sin embargo, su marcada tendencia bohemia y sus actitudes críticas a la sociedad no le permitieron llegar a ser embajador de Francia, pero le abrieron las puertas a la publicación de más de 36 novelas. Su carrera le permitió escribir y publicar en ciudades desde La Paz, Sofía, Nueva York hasta la ciudad que cambiaría todo, Los Ángeles.

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Desempeñándose como Cónsul de Francia en Los Ángeles, conoció a la mujer que le daría una nueva vida y, como siempre es en el amor, se la quitaría: Jean Seberg. No fueron los escándalos explotados por la prensa, dado que ambos estaban casados mientras no escondían su romance, sino la edad lo que más tarde generaría en Gary una frustración constante. Pasados los 50 años, siendo ella 20 años mas joven, Romain planteria en su libro Próxima parada: última estación, la problemática de la impotencia sexual en un hombre mayor que no puede satisfacer a una joven de la cual esta perdidamente enamorado.

Romain Gary publicó casi un libro por año desde 1945, con cuatro seudónimos distintos, ganándose varios internacionales incluido el premio Gouncurt en 1958 por Las raíces del cielo, una obra adelantada a su época, así como la mayoría de sus libros, centrada en la defensa de la fauna africana, las manipulaciones que ejercen los gobiernos de Europa sobre ese continente y una apología a los valores humanos como la nobleza, la honestidad y el valor. A tal punto se comprometió con estos valores que en boca de uno de sus personajes dice: “No me importa que me den un premio Nobel, porque nunca crearan uno a la Humanidad”.

Insistiendo en ser otro y siguiendo su fórmula vital de ser siempre más que uno, creó el seudónimo de Émile Ajar, un escritor que ganó tanta notoriedad en contraposición a sus libros pasados de moda que la crítica literaria francesa llegó al punto de acusar a Gary de imitarlo, cuando en realidad era el mismo. A raíz de este evento y luego de haber ganado gran fama con ese nombre tras publicar Mimos y su segunda novela, con la que ganaría el premio Goncourt por segunda vez en 1975, Romain hizo un trato con su sobrino para que se presente en la ceremonia como cara de Émile Ajar y otro pacto con su editor para que publique, póstumo, La vida y muerte de Émile Ajar,  donde revela la verdad tras el seudónimo y deja en ridículo tanto a la prensa literaria como a la Academia Gouncourt.

Kacew, Gary, Ajar, conocieron el final de su historia en 1980, un año después de la muerte de Seberg, quien, mientras la literatura sucedía, se transformó en el amor de su vida. La actriz norteamericana vivía bajo la constante presión de ser vigilada por el FBI tras haberse relacionado con las Panteras Negras, partido que luchó contra la violencia y brutalidad policíaca ejercida sobre la gente de color en Estados Unidos, y con el eterno dolor de haber perdido a su primer hija al nacer, lo cual derivó en sucesivos tratamientos psiquiátricos por tentativa de suicidio, que Gary pagaba para evitar lo inevitable. Un año después de que Jean muriera a los 40 años de edad por sobredosis de barbitúricos en lo que la policía determino un suicidio, Gary se vistió prolijamente con su pijama, se metió en la cama y se disparó en la boca, poniendo un punto final a su historia.

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